Yo también interactúo con locales

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En este largo verano sin posts (y en parte sin ordenador, voilà) me han pasado bastantes cosas lingüísticamente hablando, como no podía ser menos. Y mira tú qué desgracia para mí, las dos más atroces perpetradas en El País. Una en la publicidad. “Consigue con El País una tableta Android 4.0 con pantalla capacitativa de 7’’. ¿Capacitativa? Creía que los periódicos, y sus directores en particular, tenían poderío y derecho de corrección de todos los originales, incluidos los publicitarios. Ah, claro, a lo mejor es que les importa un bledo su lengua, que seguro que no tiene nada que ver con la gran cultura. Qué tonta… Pero donde ya me desfondé fue con el suplemento de moda y lujo de los sábados. Era un reportaje sobre la tendencia (apuesto a que decía cool y trendy varias veces) al intercambio de apartamentos particulares como forma de vacaciones. Y ponía varios ejemplos. Una de las ventajas destacadas era la de la posibilidad de “interactuar con locales”. ¿Cabe mayor pedantería? Aaaajj! Lo primero que te viene  a la mente es que te están hablando de locales (comerciales, por ejemplo). Pero luego una, que sabe un poquito de inglés, cae en la cuenta de que se trata de los locals, es decir, ¡la gente del barrio, los vecinos, los moradores, los naturales de la ciudad, sus habitantes! Y claro, por otra parte, ¿para qué relacionarte con la gente de cualquier lugar, si puedes interactuar con ellos? ¡es que no hay color!

Los Juegos Olímpicos también han dado mucho juego; he oído decir muchas veces a nuestros cronistas –casi siempre en un estado preocupante de estrés patriótico- que tal deportista o tal equipo se medía a tal otro, o que esos mismos ganaban de tantos puntos. Pero no es así. Los deportistas, y todos los que no lo somos, nos medimos con, y los que ganan –o los que pierden- lo hacen por tantos puntos, o goles o tantos. Es uno de tantos misterios de la lengua este fenómeno, ya que luego la gente corriente no usa el ganar de ni el medirse a. Bueno, quizá los más bobos sí. Es como si hablar con corrección fuera poco, y hubiera que introducir novedades a cualquier precio, para distinguirse, novedades en general mal copiadas de algún sitio. También oí un día un potencializar que me dejó contra las cuerdas. Lo suyo era un potenciar como una casa, pero claro, mejor cuanto más larga sea la palabra, ya nos lo ha demostrado Aurelio Arteta hasta la saciedad.

Soy coruñesa con algo de portuguesa, recriada en Madrid. Como tengo tendencia a la dispersión, estudié Ciencias Políticas. Aparte de varios oficios de supervivencia, he sido socióloga, traductora, documentalista y, finalmente, editora y redactora en El País durante veinte años. En mi primer colegio de monjas tuve la suerte de aprender bien latín. Pasar de las monjas al instituto público Beatriz Galindo de Madrid, donde enseñaban Gerardo Diego, Manuel de Terán, Luis Gil…, fue definitivo para cambiar de fase. Creo que si falla el lenguaje, falla el pensamiento y falla la razón.