Yordanovden, la epifanía búlgara

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El próximo miércoles –es decir, hoy–, mientras esté repasando por la tarde el texto y las fotografías de nuestra primera entrada de 2021, en muchos rincones del mundo millones de niños estarán disfrutando de los regalos que les trajeron los Reyes Magos. Todos se habrán despertado con ilusiones renovadas y una sola idea en la cabeza: el regalo que durante meses han deseado.

Siempre he tenido la sensación de que hasta después del día de Reyes la Navidad no acaba y el nuevo año no empieza a rodar. Sin embargo, el tiempo no para y el mundo ha comenzado una nueva vuelta al Sol mientras nosotros reposamos la resaca de la anterior. Es como si la vida, experta en pasarse la vida cambiando sin parar, nos cogiera cada año una semana de ventaja. Este nuevo año quizá un poco más.

Después de los Reyes, con las últimas reuniones familiares y los últimos atracones, es cuando empiezan a entrar en vigor todos aquellos buenos propósitos de Año Nuevo. Algo así deben de pensar en Bulgaria, donde el 6 de enero, mientras nosotros conmemoramos la adoración de los Reyes Magos a Jesús abriendo regalos, miles de familias estarán alrededor de algún río o lago viendo como los jóvenes solteros reciben al año lanzándose semidesnudos a las aguas congeladas.

Hablamos de Yordanovden, Día del Jordán, y se celebra el bautizo del Jesús adulto por parte de su primo, San Juan Bautista, en el río Jordán. La tradición indica que un sacerdote debe rociar un poco de agua sobre los hombres dispuestos a asistir al ritual y posteriormente lanzará una cruz al agua. En ese momento, los solteros saltarán e intentarán ser quienes la encuentren a cambio de buena suerte y salud por el resto del año. Durante el festejo se mezcla devoción popular y cierta superstición. De ahí que sea habitual que los bañistas arrojen agua hacia el público, ya que se cree que las gotas lanzadas son sagradas porque el río se considera bautizado.

El pueblo de Kalofer, en la provincia del Plovdiv, es, sin duda, el mejor lugar para conocer esta tradición. Las celebraciones incluyen danzas, canciones populares y trajes tradicionales dentro de las gélidas aguas del río Tundza. Además, se trata del lugar natal del gran poeta y revolucionario búlgaro Hristo Botev, nacido precisamente un 6 de enero. Esta conjunción de factores y casualidades han supuesto que Yordanovden en Kalofer supere el ámbito de lo religioso para convertirse en un destino turístico. Me pregunto cómo harán en esta edición con el tema de la pandemia y las mascarillas. Martina me contará que la edición de este año se ha celebrado como si nada. Incluso por primera vez una mujer se lanzó al agua para bailar horo (baile tradicional búlgaro) junto a los hombres solteros.

 

 

La única vez que asistí a las celebraciones de Yornadovden en Bulgaria no fue en Kalofer y sí en Sofía. Recuerdo que, por entonces, el 2015 comenzaba de igual manera que ahora lo hace 2021 en la sierra castellana. Después de una copiosa nevada, los primeros días del año amanecían con un sol que pelaba y un frío resplandeciente.

Desde bien temprano podías cruzarte con gente paseando en los parques de alrededor de la Universidad o con ancianos vendiendo y haciendo tiempo en la entrada de la catedral Alexander Nevski. Es frecuente que en los días de festividad religiosa la gente se acerque a rezar y ahumar las paredes del templo ortodoxo con finas velas que colocan en grandes candelabros.

 

 

Una vez dentro me encontré con Diado Dobri (el abuelo Dobri), un mediático y carismático anciano de larga barba, cabello blancos y ropa tradicional hecha a mano que con más de 100 años continuaba haciendo a pie los veinte kilómetros que separan su pueblo, Baylovo, de la capital. Había cedido todas sus posesiones a la Iglesia y vivía de lo que le daban. En algún momento fue el único mendigo al que se le permitió mendigar dentro de la Catedral Nevsky. Escribo en pasado porque el buen hombre falleció, pero, a quien le interese, existe un documental que cuenta la historia de su vida llamado “El ángel silencioso” y muchos artículos y videos sobre él en Internet.

 

 

De la catedral fui a Druzhba, donde hay un lago en dirección al aeropuerto. Allí tendrían lugar las celebraciones y mucho antes ya había cientos de personas que cogían sitio cerca de una plataforma que habían colocado en la orilla del lago. El cielo se había cerrado y el frío empezaba a picar. Recuerdo un tipo que caminaba en medio del lago congelado y al fondo los bloques de pisos de la época comunista. Me parecía estar observando una escena de Fargo.

 

 

Hicieron un hueco en el lago justo en frente de la plataforma para que los jóvenes pudieran tirarse a por la cruz. Parecían sardinas en lata tiritando. Sin embargo, su entusiasmo y vitalidad eran sorprendentes y encomiable. ¿El secreto? Me lo podía imaginar, pero un señor mayor con los mofletes colorados y la mirada un tanto difusa, me lo acabó por confirmar: “La clave para obtener el valor que se necesita para entrar en el agua congelada está en unos particulares “ejercicios de calentamiento” – ya sean divinos o terrenales – con abundancia de vino y aguardiente.

 

 

Pues eso, hagamos casos a los búlgaros, que de esto saben, y brindemos por el año nuevo que con una semana de retraso comienza para espantar las malas vibraciones que nos ha dejado 2020. Айде, наздраве, да сте живи и здрави!

Y felicidades para los llamados Yordán, Yordanka, Bozhidar, Bozhana, Bogdán o Boyán y nombres derivados, porque hoy es su santo. A todos Честит Имен Ден!

 

Joe Manzanov es periodista y fotógrafo independiente. Además de en Portugal, Brasil, Italia y Países Bajos, ha vivido casi seis años en Bulgaria. Le gusta viajar, la crónica periodística, la fotografía documental, la gastronomía y vivir en general.

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