Zhan Wang: la versatilidad de la roca en el arte contemporáneo chino

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Zhan Wang, alumno aventajado y escultor, comenzó su formación en la famosa Academia Central de Bellas Artes de Pekín. Tras sus estudios, impartió clases en ella, pero en la actualidad simplemente vive y trabaja en Pekín. Es justo decir que ahora está en su mejor momento. En sus primeras obras tendía a utilizar la figura de forma social y política. Hay una escultura de Mao a cuatro patas mientras sortea una cornisa; tanto la cornisa como la figura se presentan en un gris anodino. Tal vez el color sea una interpretación temática de las limitaciones físicas del comunismo chino. Otras de sus obras iniciales eran réplicas en acero inoxidable de rocas de los eruditos o Gongshi; rocas de orígenes muy distintos, como lechos fluviales o montañas.

Las extraordinarias piedras son valoradas por su forma y sus tonos, y Zhan Wang actualizó el concepto al fundirlas en acero inoxidable; no pocas de estas obras se expusieron al aire libre, como adorno delante de los edificios. El proyecto fue una revisión contemporánea de un género artístico con importantes inferencias clásicas.

La fascinación de Zhang Wang con la piedra se ha mantenido durante toda su carrera. Con el paso del tiempo, se ido volviendo más experimental en su trabajo, y ha variado el tamaño de la piedra, el tipo de roca utilizada y el concepto que hay detrás de la roca como arte. No es fácil conferirle una inclinación conceptual a un material tan denso y fiel a sí mismo como la roca. La roca no es más que un material: se resiste a cualquier inclinación conceptual porque, por sí sola, vive ante todo como sustancia, no como vehículo para una idea. Es necesaria una inspirada consciencia de la historia para transformar la piedra, compuesta solo de minerales y tierra endurecida, en un medio para la ilustración de conceptos, incluso de ideas abstractas como la longevidad, la representación simbólica de la naturaleza o el uso de la roca como material para formas culturales creadas por el hombre, como las esculturas.

Por lo general, en el caso de Zhan Wang, la inclinación por la roca como vehículo de pensamiento, en relación con un contexto social o incluso político, pone de relieve la existencia material de la roca. Debido a sus vínculos con la vastedad de la naturaleza, incluidos los meteoritos con el espacio exterior, la roca trasciende lo determinado únicamente por la actividad cultural humana. Debido al paso del tiempo, la mayoría de las esculturas de piedra que se encontraban a lo largo de los caminos que conducían a los templos de China, así como las obras tridimensionales en el interior de los templos, han desaparecido, víctimas de daños naturales o humanos o de robos. Pero, en cierto modo, el uso que Zhang Wang hace de la piedra tiene a menudo una inclinación simbólica y espiritual, en consonancia con las obras espirituales creadas cientos de años atrás.

Por tanto, es lógico pensar que el arte de Zhan Wang interioriza la influencia de los precedentes clásicos y, al mismo tiempo, incorpora nuevas ideas que sitúan la roca como material artístico útil en un contexto moderno. Las rocas, tan antiguas como el tiempo, se convierten así en el puente entre los albores de la cultura histórica y la cultura posterior, más orientada a las ideas, de la vida posmoderna. Sin embargo, curiosamente, la cultura clásica tiene en China un alcance muy largo: algunas de las obras que vemos hoy –en el arte de Xu Bing, Cai Guo Qiang y Hu Xiaoyuan– aluden a las antiguas prácticas artísticas, empleadas muchos siglos después en culturas contemporáneas, donde lo viejo se combina con lo nuevo.

Esa mezcla no solo une ideas difíciles de armonizar debido a las distancias temporales; como material, la roca también es capaz de abarcar lo muy antiguo y lo muy nuevo. Curiosamente, roca que es más antigua que la historia misma se convierte en plataforma o componente para obras muy nuevas. Zhan Wang domina la táctica de volver a colocar un material primigenio en un mundo en el que el material es utilizado de forma contemporánea, y alumbra abstracciones en las que no habíamos pensado antes.

Cuando este escritor conoció a Zhan Wang en 1999 el artista había emprendido un inusual pero elocuente proyecto: el desescombrado de edificios que habían sido demolidos para abrir espacio a las calles, construir otros más grandes o la reordenación de los barrios. Fue una época de asombrosos cambios en Pekín. Hubo calles que desaparecieron, literalmente, de la noche a la mañana. ¿De qué modo podría un conjunto escultórico de obras, o el concienzudo desescombrado de los edificios en toda la ciudad, hablarnos de la reordenación general del paisaje urbano? En esta actividad de incansable esfuerzo, aunque difícil de definir, hay implícito un mensaje crítico con el constante cambio arquitectónico que ha transformado de pronto el paisaje urbano. El desescombrado –un esfuerzo absurdo e inútil– adquiere su poder estético como performance presentada al público, lo cual dista mucho del énfasis en sus materiales. El concepto de Zhan Wang –ilustrar la vulnerabilidad de un paisaje urbano cambiante sirviéndose de la piedra, empleada en la construcción de los edificios– no hace hincapié en esta como material, sino que documenta una melancólica idea: la transformación física, constante y permanente, de la vida urbana, en nuevos términos.

Un notable ejemplo de escultura pública es Roca artificial n.º 17 (2016), expuesta al aire libre en una pequeña plaza, como parte del Museo Arthur M. Sackler de Arqueología de la Universidad de Pekín. Hay dos esculturas de gran tamaño; una es la obra de arte real, y la otra es la copia de Zhan Wang. Las obras son lo bastante parecidas para suscitar interés como copias la una de la otra: la réplica adquiere tanta importancia como el original que imita. Su similitud plantea con brillantez preguntas sobre lo real y la copia, lo históricamente determinado y la versión que se aproxima a lo real y que, sin embargo, también conserva su propia condición de real, lo que establece al mismo tiempo una verdad y una no verdad.

El entorno chino también difiere enormemente del estadounidense, que ve la duplicación como un proceso industrial y comercial, en vez de como un intento de recrear, de forma contemporánea, objetos y elementos que eran símbolos de refinamiento y que se remontan a muchísimos años atrás. Wang tiene el don de ver su copia como una versión que transforma el pasado, no como una mera imitación. De resultas, ambos objetos conservan un realismo que mantienen vivos tanto el original como la copia.

Abierto (2012) consiste en dos grandes esculturas de acero inoxidable definidas por unos intrincados remates macizos y dentados, y, por debajo, fragmentos densamente entrecruzados que hacen que la obra sea muy compleja, hasta el punto de ser misteriosa, que fusionan una caracterización dura de la naturaleza con la abstracción modernista.

Partícula n.º 23 (2022), de acero inoxidable, es una pequeña escultura de mesa formada más o menos por dos mitades, compuestas con fragmentos, en su mayoría de aspecto pétreo. Las partes exteriores tienen diferentes texturas, y parecen unidas unas a otras por los bordes. Da la sensación de que es enorme, pero, en realidad, la pieza es bastante pequeña, aunque los elementos afilados, que vienen a ser esculturas por sí mismos, afirman la inusual capacidad de Zhan Wang para las obras que pueden parecer grandes y pequeñas al mismo tiempo. La complejidad resultante es un guiño a la capacidad innata de la escultura moderna y contemporánea de crear formas complejas a pesar de que los componentes sean simples. Al mismo tiempo, a menudo la obra del artista mantiene una sencillez minimalista, que nos conduce a grupos de formas que muestran una deliberada contención en el sentido de la forma y la textura. Y esto es a pesar de que los contornos que componen Partícula n.º 23 son sumamente sencillos, por lo que Zhan Wang crea una escultura muy moderna a partir de medios muy limitados. Como es frecuente en su obra, el material se emplea para subrayar la abstracción, pero el material también se convierte en tema per se.

En la instalación de interior compuesta con utensilios de cocina de acero inoxidable y titulada Paisaje industrial: nuevo Pekín (2008), fila tras fila de sartenes marrones apiladas rodean un espacio ovalado, realzado por cuatro pilares que se elevan hasta el techo. En ese espacio, los materiales de vidrio translúcidos reflejan la luz, lo que contrasta con los pilares mates que los rodean. Había guardias aparentemente armados vigilando la instalación, lo que produce un efecto al mismo tiempo monumental y totalmente materialista. A los chinos, incluso a los imperialistas de hoy, no les sorprendería esta instalación, cuyas dimensiones épicas crean un mundo que trasciende la vida, a pesar de que el material –sartenes– sean algo tan funcional que no tengan sentido como componente del arte.

¿Qué podemos decir del nuevo arte que bebe de la grandeza del pasado, pero utiliza materiales baratos? El materialismo de la instalación es desconcertante, sobre todo al proceder de una cultura mundial tan históricamente consumada como es la de China. Zhan Wang utiliza las rocas para contrarrestar la baratura de los utensilios chinos, que, en el caso de la obra citada, se aleja de la roca en favor de objetos más comerciales. De modo que tenemos una mezcla de lo histórico y su dignidad, por un lado, y la cultura rápida y barata de la vida contemporánea, por el otro.

Hemos de recordar que la roca puede servir en el arte como mero material, desprovisto de significado intelectual o inferencias simbólicas. Pero si bien la roca adquiere significado esotérico, las implicaciones de la idea van más allá de la piedra a la que se asocia. En cierto modo, la gran instalación antes descrita es un monumento totalmente vacío, algo que parece importante solo por su tamaño, pero que en realidad carece de conceptos. Es una mera colección de artículos proletarios, cuyo valor comercial y de fabricación es tan escaso, que socavan la estructura formal de la obra. Sin embargo, esta es una época de populismo, donde la baratura de los materiales y la inteligencia conceptual que hay detrás de la obra son acogidos, en vez de evitados.

Además, Zhan Wang es un dibujante de gran talento. En Aperturas 2 de marzo: garabatos de visiones (2022), en tinta sobre papel, el artista ha creado un bello dibujo, definido por líneas blancas sobre negro, que llama la atención como abstracción y como conjunto de imágenes aparentemente relacionadas por su cercanía a la naturaleza. La pieza mantiene el lirismo tan característico de buena parte del imaginario clásico chino. De hecho, debe decirse que Wang se esfuerza por transformar el pulso clásico en unas imágenes más accesibles para el público contemporáneo. Lo antiguo influye sutilmente en un nuevo espíritu, pero, en el caso de Wang, la mirada lírica se transforma en una poesía del momento actual, que tiende al comercialismo y la facilidad de comprensión.

Hay otro dibujo con el mismo título que el descrito en primer lugar, con un sistema parecido de marcaje de líneas blancas sobre fondo negro que resulta igual de atractivo. Las líneas blancas, dispuesta en pequeños grupos, se conectan para crear conjuntos abstractos o, posiblemente, figurativos, pues se insinúan formas animales. Este dibujo también posee un lirismo sutil en el que la insinuación desempeña un papel primordial, que invita a la imaginación tanto como a la mirada.

El dibujo final es, de nuevo, en tinta sobre papel, y, como los demás, es de 2022. Esta obra no tiene el fondo negro. Por el contrario, la composición parece un interior lleno de formas arquitectónicas bellamente dispuestas. Las formas en sí mismas son abstractas, pero sugieren la construcción de componentes arquitectónicos básicos. Este trío de dibujos muestra lo versátil que es Wang. Es evidente que es un artista profundamente versado en todo el espectro de estilos, y eso lo convierte en un dibujante de gran talento.

Una de las mejores piezas de Zhan Wang es también la más sencilla: Más allá de las doce millas náuticas: roca flotante en mar abierto (2000). Realizada en acero inoxidable, una roca, del tamaño y la forma de un peñasco, flota a la deriva en mar abierto. En la foto, vemos que la obra flota directamente en medio de una mansa masa de agua. La línea del horizonte atraviesa el centro de la imagen; los pequeños golpes y agujeros de la escultura resaltan la sensación de una compleja superficie tridimensional, en vez de la perfección de un exterior perfectamente liso. La pieza es metafísica, e incluso ligeramente humorística en su apariencia, pero tal vez la idea de que el aislamiento es común a todos nosotros sirva como moraleja de la obra. Uno no tiene a Zhan Wang por un artista que trabaje con lo simbólico o moralizante, pero algunas de sus obras tienen un peso ético, en el sentido de que el arte siempre se puede extrapolar más allá de su forma para convertirse en una muestra social de significado. Esto difiere del excesivo énfasis en la política. Es probable que Zhan Wang no lo sugiera a propósito, pero no es difícil atribuir ideas afines a lo que transmite la forma en sí.

Zhan Wang ha tenido que recorrer un estrecho camino, dados los caprichos que exige la profesión escultórica. No ha salido de China durante todo su periodo activo, y sigue fiel a una mezcla asombrosamente acertada de historia del arte clásico chino y las virtudes del arte contemporáneo. Esta mezcla plantea una inquietud mayor: hasta qué punto puede una gran cultura clásica como la china puede encontrar su ventana al presente, donde el populismo, ayudado por la tecnología, ha tomado el control de la vida.

La situación actual, pues, solo ofrece un muro de piedra para quienes quieren mantener vivo algo del pasado de China. La memoria pertenece a los ordenadores, no a quienes utilizarían el estudio para asegurar que se pueda seguir accediendo al pasado para conocerlo. Pero, por desgracia, en China, y cada vez más en todo el mundo, la consciencia histórica está siendo rebasada por el entretenimiento, un cambio cultural que parece estar condenando a la propia memoria. Esto debe se debe considerar una pérdida, que Zhan Wang trata de revertir.

Como muchos artistas potentes activos del momento, Zhan Wang utiliza las ideas para enmarcar y esclarecer las obras dirigidas a la indagación metafísica. Pero el arte no utiliza palabras para definir abiertamente sus creencias, indirectas en su presentación. La imagen puede ser muy elocuente, pero esa elocuencia no se puede comprender si el lenguaje no se puede utilizar activamente para ampliar el significado de la imagen. En su lugar, lo que sí persiste es el interés metafórico del valor visual de la obra. Ese valor, en manos de Zhan Wang, resulta ser conceptual y metafísico, como indica el uso de la piedra, el más simple de los materiales. La ironía que subyace a la labor del artista es que su obra suele estar orientada a las ideas, mientras que la roca es lo más fáctico y realista que puede haber.

En el drama tácito de su peso ctónico, la roca, como material, se conjunta bien con los efectos antiguos, al ser a menudo el material de dichos efectos. Wang busca una descripción ajustada a la realidad, si no una respuesta permanente, a la continuidad cultural, al aislamiento personal y al daño causado por la modernización física. El tiempo no puede salvar los daños; de hecho, el paso del tiempo intensifica la dificultad. Pero la roca es duradera, crea su propio valor como medio que conduce a una existencia que tuvo lugar mucho antes del pasado identificable. De modo que el artista ha establecido una continuidad histórica empleando un material que existe desde que existen los materiales.

A la larga, la importancia de Zhan Wang se basa en la medida en que puede transformar lo que ya ha tenido lugar en lo que está ocurriendo en el momento actual. Creo que está tendiendo puentes entre extremos distantes del tiempo, a los que normalmente la tecnología impide el contacto. Pero ¿y si la tecnología no apareciera para nada, como ocurre a menudo en la obra del artista? Por el contrario, el material se emplea para imitar el pasado, para ser aceptado como es, tanto en términos físicos como filosóficos. En cualquier caso, lo que cuenta es el valor imaginativo del material. Al continuar su búsqueda de una apreciación contemplativa de la piedra como material escultórico primario, Zhan Wang aporta una nueva apreciación de algo antiguo, y consigue así una auténtica innovación en un conjunto de obras motivadas por una aguda inteligencia y un concepto de la piedra como su material propio, al menos en la misma medida que como vehículo de inquietudes conceptuales.

 

Traducción: Verónica Puertollano

 

Original text in English