Zoltan

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Snchz no es hijo único, pero se le olvidó dejar en casa las orejas de Spock. Ya en directo siguió con las bromas friquis como si en vez de delante de toda España estuviera en el granero, donde un fiel toca el órgano cada vez que aparece, hecho que sucedió en Ferraz tras el debate...

 

Cada vez que veo las imágenes de un mitin me acuerdo de las reuniones friquis. Una vez alguien me habló de una cata de Fantas. Los mítines son una cata de Fantas a los que se acude disfrazado de trekkie. Yo he visto a Snchz en estos días hacer chistes para una parroquia vestida con plásticos de embalaje con burbujitas, de esas que les explotaban los protagonistas de ‘Tío, ¿dónde está mi coche?’ tras ser secuestrados por la secta de un hijo único que reunía a sus discípulos en el granero de sus padres, bajo el saludo en clave de  “Zoltan”.

 

Snchz no es hijo único, pero se le olvidó dejar en casa las orejas de Spock. Ya en directo siguió con las bromas friquis como si en vez de delante de toda España estuviera en el granero, donde un fiel toca el órgano cada vez que aparece, hecho que sucedió en Ferraz tras el debate. Que Ferraz es un granero de friquis cuyo dios es Zapatero es algo de lo que no se va a recuperar nunca el PSOE, más allá incluso de que Snchz no se vaya a recuperar (se lo vaticinó Rajoy con el dedo en alto) de la afirmación sobre la indecencia del presidente.

 

Ahí se rompió el partido, cómo no, donde el socialista, cansado de esperar, pulsó el botón de autodestrucción con la esperanza de llevarse por delante a su contertulio. Yo tenía un compañero de trabajo que al verte empezaba a hablar sin pausa y sin importarle si se le escuchaba o no. La prueba de ello es que, separados por un biombo, él me hablaba mientras trabajaba en su ordenador. Yo solía marcharme y cuando regresaba él seguía hablando sin percatarse de que no le hablaba a nadie.

 

Snchz ayer no le habló a nadie. Él tenía esa necesidad íntima y el error de Rajoy fue tratar de intervenir. El presidente debió haberse ido a tomar el fresco y, aunque casi lo consigue, no significarse con su: “Hasta ahí hemos llegado”, que es como la versión presidencial del ¿Por qué no te callas? Una reacción lograda por parte del líder de la oposición a fuerza de echar leña al fuego.

 

Lo bueno para Rajoy es que con la frase demostró que no era un plasma, quizá la respuesta más contundente que fue capaz de articular en todo el debate. Hasta entonces la velada había transcurrido como un sketch de Benny Hill: Snchz como el viejo calvo dando vueltas alrededor de Benny, quien de vez en cuando le daba con la palma abierta en la cabeza al pasar.

 

Con mi compañero de trabajo lo importante era no participar porque si no ya no había manera de librarte de él. Pero el presidente cayó en la trampa precisamente en su especialidad. Si la noche la había inundado Snchz de tópicos y lugares comunes, después de cazar a su presa la torturó (nos torturó) a base de redundancias que más que a Rajoy dejaron noqueado al moderador, quien ya hacía tiempo que había perdido el habla.

 

El asunto ya no lo podía salvar ni la retranca del presidente. Estaba Snchz tan arriba (sin ver a nadie alrededor) que se permitió decirle que le escuchara si quería aprender algo. Rajoy le respondió que le era difícil, y lo decía por él mismo. Pero Snchz siguió adelante con su plan de matraca y oídos sordos, como si se le escapara la vida mientras la de Rajoy, a pesar de haber caído en el juego, se abría camino como el girasol aquel de E. T. que se erguía en el laboratorio. Quizá no haya que preguntarse quién ganó el debate, sino quien fue capaz de salir de la Academia de Televisión sin el traje de burbujitas. Incluso me pareció oír a Snchz a la salida musitarle por toda respuesta a los micrófonos: “Zoltan”.