Zoolander, el Che y hasta Napoleón

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En las últimas visitas del embajador Iglesias a Euskadi y Catalunya hemos podido verle cumplir otro sueño. Esta legislatura sólo va a servir para hacer realidad unos cuantos anhelos personales, egos muy grandes que necesitan, sobre todo, vistosas parafernalias estéticas. El exhibicionismo es la principal motivación. Yo diría que todo lo demás es accesorio, tanto como los ochenta y pocos diputados del partido en el Gobierno gracias a los cuales pueden eternizarse debido a la dificultad de alcanzar acuerdos: es la situación perfecta para dedicarse a dar vueltas en helicóptero y posar.

 

La agenda del doctor Sánchez es una agenda de modelo. Es la agenda de un Zoolander. La de Iglesias es parecida, pero es más bien una agenda mussolínica, menos blanda, el pronto de macho, como si le viéramos mayormente bajándose de trenes donde le espera una sonriente delegación nazi. Muchas veces parece un pantera negra, rodeado a distancia por su séquito como si éste tuviera prohibido penetrar en su aura. Adopta un ademán militar, como si llevara pistolas en las cachas. Tiene un aire muy Maduro, de avanzar triunfante en loor de falsas multitudes.

 

Me recuerda al Che Guevara de Benicio del Toro llegando a los pueblos de Sierra Maestra camino de La Habana. Un cowboy comunista entrando a los saloons capitalistas. Todo ese vestuario suyo de supermercado es un uniforme verde con el que atraviesa las nuevas fronteras de sus sueños hasta la victoria, siempre. La ilusión que debió alcanzar niveles de fantasía histórica cuando se encontró con Junqueras en su papel de Napoleón en Elba. Lo estoy viendo recibir a ese Che de juguete con levita y calzas en sus aposentos de Lledoners.

 

El Che reuniéndose con Napoleón y Zoolander y sus maniquíes rociándose en la gasolinera en pleno delirio. Esta es una legislatura Halloween, con sus protagonistas permanentemente disfrazados pidiendo por las casas algo más que caramelos. El pacto del doctor Sánchez (doctor, príncipe, rey, modelo, piloto, donante…) con Iglesias no es un pacto político sino un pacto de hedonismo, un pacto de mutua satisfacción de caprichosas necesidades materiales y personales (a pesar de todas las demás inherentes connotaciones), que en realidad han sido siempre el mayor objetivo de los líderes de izquierda.

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