5 cosas por las que ha valido la pena seguir vivo esta semana (37)

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1.

La entrevista de Juan Carlos Morales a Miguel Ángel Hernández en el programa “Diálogo y espejo” de rtve, aquí, a cuenta de su dietario Aquí y ahora (Fórcola)

 

 

2.

 

La obra “Something personal”, de Anna Filipović.

 

 

3.

El poema “Cómo avanzar a la par que el paisaje”, de Miriam Reyes, contenido en su libro Haz lo que te digo (Bartleby, 2015)

Dice así:

 

Ayudaba la humedad a llevar la aridez de dentro

yo no la veía pero había ahora no hay ayuda externa.

La aridez se extiende y esconde lo que hay debajo:

este lugar y yo este momento y yo

somos una misma superficie.

Sigo diciendo yo pero sé que ahora significa arena y se asienta

sobre los libros los muebles las baldosas

cubriendo la apariencia familiar que solían tener los objetos

y su compañía.

El escenario es así:

cerrada la puerta por dentro

la calle un ejercicio imposible

apenas un rectángulo en cada habitación

algo que está ante mí y de lo que no puedo formar parte

como la vida de los demás o lo que fui.

No lo llamaría ventana.

Nada entra ni sale de aquí.

Aquí era yo

atravesando ciudades y desiertos

sin encontrar nada que pudiera llamar mi lugar o mi atención

o concordar con la realidad al menos en tiempo.

Tiempo de qué

cuando no toca sembrar ni toca recoger

tiempo de nada.

Mientras el paisaje no hace excepciones

el paisaje el paisaje que no se detiene.

 

 

4.

“Los cielos cabizbajos”, el adelanto del nuevo disco de Lagartija Nick, que saldrá a la venta después del verano.

 

 

 

5.

El artículo de Zach Baron para GQ “The unsolved mystery of the Malibu Creek murder”, sobre un extraño asesinato sucedido en Malibú y una serie de inquietantes incidentes sucedidos -aun sin resolver- en el área de Malibú (California) y de cómo hay un control estatal por mantener la narrativa de un condado “aparentemente” tranquilo.

Un extracto:

“There is something so incongruent about violence striking an area this beautiful and celebrity-filled that many of these stories don’t make it beyond the local papers. But the incidents, nevertheless, persist. Four days prior to the death of the man in the tent, a man driving his Tesla at about 4:30 a.m. down Malibu Canyon Road reports being shot at. By July, residents of the area are regularly reporting hearing gunshots echoing through the hills and advising one another to lock their windows and doors. One couple, living in a particularly remote house in the hills above the ocean, arm themselves with two shotguns for the purpose of home protection; they join their neighbors at the local gun range one weekend, practicing for what may yet come. Maybe the man in the tent was a one-off thing. But the alternative—that the killing was simply random—is worse, residents of the area begin to understand. Could you just die from being in the wrong place at the wrong time? You could, couldn’t you? People in Malibu liked to think sudden, violent death was something that happened elsewhere. But maybe that wasn’t true.

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