#5cosas por las que ha merecido la pena estar vivo esta semana (46)

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1.

La entrevista que le hace Ricardo Moya a Nacho Vegas en El Sentido de la Birrra #226

 

2.

 

El artículo de Bruno Galindo para Telos «Escenarios de un futuro por escribir». Aquí.

Un extracto:

«Escribir con pulso contemporáneo es hoy tan difícil como hacer dibujo lineal durante un terremoto: todo cambia a excesiva velocidad y la más audaz propuesta de hoy puede ser ampliada por la realidad del mañana. Esto vale para la ficción, pero también para el ensayo que deposita la mirada en el mañana. Especial desconcierto para un arte, el literario, donde es muy importante la pregunta qué hay que contar ahora. En este lugar extraño estamos ahora los que nos dedicamos a esto. Y quienes nos leen. Las nuevas preocupaciones de la literatura pasan por el asunto relativamente reciente —década o década y media— de la economía de la atención: la competencia es con los mil y un impactos que recibimos en las tres pantallas (ordenador, tablet y smartphone). A la tradicional intrusión publicitaria que llega por tierra, mar y aire, hay que sumarle ahora las ricas narrativas del audiovisual: llevamos años diciendo u oyendo decir que los equivalentes a las novelas del XIX están en Netflix. Y es verdad. Pocos autores hoy se atreverían a dejar fuera algún producto filmado a la hora de confesar sus fuentes de inspiración y disfrute. Es más, ¿en qué medida la escritura de nuestros originales no se desvía hacia —o al menos tiene en cuenta— la posibilidad, harto más lucrativa que la editorial, del guión cinematográfico?».

 

3.

La interpretación de Natalia Lacunza de su tema «Cuestión de suerte» para las Gallery Sessions.

 

 

4.

 

La entrevista a dos que Eduardo Bravo les realiza a Elizabeth Duval y Vicente Monroy para El Periódico de España. Aquí.

Un extracto:

«Madrid será la tumba y Los Alpes marítimos forman parte de Episodios nacionales, colección de Lengua de trapo inspirada en la obra de Galdós, que aborda la historia reciente de España desde 1978 hasta la actualidad. ¿Estos libros servirán para que las generaciones futuras entiendan cómo se vivió en las primeras décadas del siglo XXI?

V.M.: Elizabeth y yo hemos elegido los hechos más recientes de los publicados en la colección hasta el momento: el caso de Hogar Social y el atentado de las Ramblas, unos eventos históricos que, aunque han ocurrido hace solo dos o tres años, parece que ya han quedado atrás. En ese sentido, como individuos estamos muy presentes en la narración y eso nos distingue de esa idea del Episodio nacional como algo mítico sucedido hace muchos años. Además, los dos libros son sendos posicionamientos de izquierdas sobre la memoria histórica, lo que no deja de ser importante en un mercado cultural como el español, que se basa en el olvido cuando, en principio, la literatura es una forma de crear memoria. Ahora hay mogollón de escritores produciendo supuesta memoria histórica y lo que en realidad están produciendo es épica, cuando la historia española no ha tenido nunca épica y tampoco la tiene ahora. Por eso, la labor de un novelista contemporáneo comprometido con el arte y con su tiempo es luchar contra esa inflación histórica e intentar convertir todo ese material no en nostalgia, sino en memoria.

E.D.: Estoy totalmente de acuerdo con lo que dice Vicente. Gran parte de los libros actuales parecen objetos ahistóricos, que falsifican la historia porque, aunque se proyectan al pasado, se construyen radicalmente desde el presente reaccionario para dar una imagen ficcionada de aquella época con una clara intencionalidad política. Nuestros libros, por el contrario, dan testimonio sentimental de la época y muestran cómo se construyen determinadas subjetividades en un momento histórico particular, aunque sin afirmar que esta ficción histórica deba ser tratada como se tratan los documentos históricos.»

 

5.

La reseña escrita a cuatro manos por Keila Vall de la Ville y Gustavo Valle de Preámbulo, de Antonio López Ortega para Latin America Literature Today. Aquí.

Un extracto:

«Preámbulo es una historia tejida de nostalgias y melancolías.  Por eso tiene aromas a caramelo, a hoja de tabaco, a chocolate. Pero también a pérdidas, a ilusiones rotas, a desengaños. En ella se percibe la ingenuidad de una comunidad y sus ganas de salir adelante. Su lucha por dejar atrás el pueblo y alcanzar sus ambiciones. Aromas que quedan suspendidos en las numerosas escenas que pueblan esta historia telúrica en la que el destino permanece atado a la tierra que vio nacer a sus personajes, y el narrador, ya un joven en busca de su propio destino, relata su experiencia adolescente en un colegio de Caracas, sus estudios en los Estados Unidos y su problemática relación con el pasado rural, materializada en la primera experiencia laboral en un campo petrolero en Cardón. Así, la novela anticipa toda una generación que se formó y vivió alrededor de estos campamentos multinacionales establecidos en Venezuela durante la primera mitad del siglo XX. ¿Es esta historia el preámbulo para abordar desde la ficción la Venezuela de los campos petroleros, de la que apenas se vislumbran algunas señales?»

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