Anna Politkovskaya: “Las vidas concretas de militares y civiles no le importan a Putin”

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Anna Politkovskaya vivía en el corredor de la muerte. Se sabía sentenciada, pero cuando la entrevisté en marzo de 2005 para el programa El Mundo en 24 horas de TVE no conocía la fecha de la ejecución. Nunca hizo el más mínimo movimiento para salir de ese corredor, a pesar de vivir angustiada por el destino de sus hijos.

Anna era de esas periodistas que consideran que su misión está por encima de su integridad personal. Vivía obsesionada por desvelar la verdad de lo que ocurría en Chechenia y mostrar al mundo el verdadero poder del Kremlin: el que ejerce Vladímir Putin y los servicios de seguridad del Estado.

Con aire triste y blindada por unas gafas de culo de vaso, tardé bastante tiempo en advertir que detrás de toda esa coraza se ocultaba una mujer bella. La entrevista, en un hotel de la calle Goya de Madrid, fue una charla serena a la que siguió una conversación intensa lejos del micrófono. Me desveló entonces las argucias del poder ruso para acabar con ella –cómo la envenenaron en un vuelo a Beslán y quién lo hizo– y hablamos de cómo informar desde Chechenia. Me prometió las coordenadas de los mejores contactos para reportajear en Chechenia esquivando la alargada sombra del Ejército ruso.

Comencé preguntándole por Pavel Levurda, un pobre soldado ruso muerto en Chechenia en circunstancias que el Ejército nunca ha querido aclarar. Para el generalato ruso Pavel no existe, es un número y una letra, el U-729.343. Su unidad le abandonó en pleno combate cuando se disponía a cubrir la retirada de unos camaradas machacados por los chechenos. Su cuerpo quedó inerte en el campo de batalla. Nadie ordenó evacuarlo. Y lo que es peor, nadie ordenó investigar su muerte.

 

¿Conocerá el señor Putin a Pavel Levurda? Lo que quiero preguntar es: ¿Dónde terminan las órdenes del Kremlin y dónde empiezan las iniciativas de los militares que están sobre el terreno?

Por supuesto que no conoce a Pavel Levurda. Ésta es la gran tragedia de nuestras vidas. Las vidas concretas de militares y civiles no importan. No le importan a Putin, y eso a pesar de que es el generalísimo de nuestras tropas. Yo pensaba antes que las órdenes que daba el Kremlin se tergiversaban en la medida en que se acercaban a Chechenia, pero ahora tengo una opinión diferente. Estoy convencida para ellos las vidas humanas no valen nada. Esto forma parte de nuestra tradición, la que no respeta la vida humana. Y también forma parte de nuestra manera de ganar las guerras, sin importar el número de víctimas.

 

Dos muertos en Irak es noticia. Cuatro muertos en Israel, también. En cambio, nunca se habla de Chechenia. ¿Qué pasa en Chechenia?

Lleva ocurriendo muchos años. Es una guerra congelada. A nadie le preocupa. Es una especie de guerra enquistada en la que a diario se echa en falta la vida de soldados y civiles que no sólo mueren, sino que también desaparecen. Ése es el gran problema de esta guerra en la que la gente desaparece sin dejar rastro. Yo también he estado viendo reportajes sobre Irak y sobre Israel, he escuchado a periodistas comentando estos actos terroristas, pero en Rusia nadie lo comenta. En Rusia las víctimas se consideran normales. La postura oficial es que debe haber víctimas y la postura de Occidente… No entiendo por qué es como es. No entiendo a Occidente todavía.

 

En Rusia, a cada brutal atentado de los terroristas le sucede un recorte de las libertades. ¿Hasta cuándo? ¿Ha servido para algo esta política de restricción de libertades?

En absoluto. No nos sentimos nada seguros. Es más, nos sentimos al borde de un nuevo acto terrorista. Acabo de enviar un mensaje a mis hijos para preguntarles si estaban vivos todavía. Nadie en Rusia cree que estos recortes de libertades sirvan para dar mayor seguridad a la población. Sólo sirven para fortalecer el poder autoritario de nuestro nuevo zar, aunque lo llamen presidente.

 

Usted actuó de mediadora durante la toma de rehenes en el teatro Dubrovka (en octubre de 2002). ¿Qué pretenden alcanzar realmente los terroristas?

Los que estaban en Dubrovka exigían la salida, aunque fuera parcial, de las tropas federales de Chechenia. Y puedo asegurar que su exigencia fue así porque yo misma la escuché de estas personas, que por cierto tenían muy bajo nivel intelectual. Con ellos era imposible negociar, ni hablar de cosas que fueran más allá de su elemental entendimiento. La mayor parte de ellos eran combatientes que llevaban muchísimo tiempo en el frente. El 24 de agosto estallaron dos aviones en el aire, un acto terrorista muy duro del que apenas se sabe algo. El objetivo de aquel acto no era muy claro. Es decir, estallar unos aviones y nada más… No se hizo ningún comentario. En cuanto a Beslán, la catástrofe con los rehenes en una escuela de Beslán, también se exigía la retirada de las tropas federales, el cese de las hostilidades y el comienzo de las negociaciones. Mi opinión es que hay una parte de combatientes de Chechenia que no quieren seguir guerreando y que quieren salir de este conflicto exigiendo por estos medios el fin de la guerra.

 

Usted dice que los terroristas tienen una escasa capacidad intelectual. ¿Quién está detrás?

No creo que las personas que están detrás de estos actos terroristas tengan un nivel intelectual mucho más alto. Pero eso no significa nada. Uno no puede elegir con quién tiene que llevar las negociaciones para salvar las vidas. Y muchas veces nos damos cuenta de que hay una parte de la población chechena que se manifiesta en contra de los actos terroristas y éstas son personas moderadas, con cierta educación. Con ellos es con los que hay que llevar a cabo las negociaciones y es por eso que nosotros insistimos tanto en que hay que comenzar las negociaciones ya. Estamos intentando convencer a la administración del presidente para que comiencen estas negociaciones porque los moderados son continuamente expulsados de las filas de la resistencia de Chechenia. Y pueden desaparecer del todo y entonces tendremos que negociar con los radicales. Y eso es tremendamente difícil.

 

Se dice que hay un gran distanciamiento entre Aslán Masjádov (líder separatista checheno abatido por las tropas rusas días después de esta entrevista) y Shamil Basáyev (jefe militar de la guerrilla chechena, asesinado tres meses después de esta entrevista)… ¿Está Rusia en posición de aprovechar esta grieta para solucionar el conflicto? 

Es cierto. No sólo se puede decir que estos dos líderes chechenos se han alejado, se puede decir que hay un abismo entre ellos. Y este abismo lleva mucho tiempo allí. Lo sé porque lo ha dicho Masjádov y también por mi experiencia. Esta escisión lleva desde 2001 cuando se hizo evidente que Masjádov consideraba que había que combatir a Rusia, pero no con todos los medios posibles, mientras que Basáyev siempre ha dicho que si matan a nuestros hijos hay que matar a los suyos. Tenemos que estar con Masjádov en contra de Basayev y esto es lo que defendemos, pero desgraciadamente ha habido muchas muestras de que Basáyev le conviene al presidente porque cada vez que hay descontento en la población le sigue un atentado terrorista. Putin ha sabido cobrar todos los dividendos posibles de todos estos actos terroristas cometidos por Basáyev y esto lo pueden preguntar a cualquier persona y así se lo dirá. No es que debamos conseguir las negociaciones ahora que es el mejor momento… El problema es que nos hemos demorado demasiado.

 

Los secuestros en extrañas circunstancias, la falta de presunción de inocencia, su envenenamiento en un avión rumbo a Beslán… Parece que en Rusia la mafia es más poderosa que el Estado… ¿O acaso es lo mismo?

Desde luego, en mi opinión es lo mismo. Esta lista de crímenes no es una lista de crímenes cometidos por la mafia sino por el Estado contra sus propios ciudadanos.

 

De modo que estamos ante un Estado que actúa con métodos mafiosos.

Sí, el Estado actúa como un criminal común. Yo entiendo su intención de introducir cierta claridad terminológica, pero realmente no sé cómo llamar a estas personas. Lo cierto es que en el poder en Rusia se encuentran personas que cometen delitos, crímenes… Podemos llamarles mafia o grupos de personas con inclinaciones criminales… No importa, pero es así. Lo cierto es que echo en falta un tribunal para juzgarles.

 

Poco a poco se impone en Occidente el perfil del presidente Putin como el de un personaje siniestro… Cuénteme ¿cómo es?

Putin no es mi marido, por lo tanto no puedo hablar sobre cómo es él en la vida privada. Sólo le puedo juzgar desde fuera. Desde fuera le veo como una persona con grandes complejos. Complejos personales. Y todos nosotros nos sentimos rehenes de estos complejos. Es una persona que no sabe rectificar. Y eso es una cualidad muy importante para un político. Por cierto, Yeltsin sí tenía esa capacidad de rectificar. Pero Putin es muy terco. Es… Parece que sufre por tener un físico tan insignificante. Yo diría que es una especie de macho en el fondo de su carácter, pero que su físico no da para eso. Por eso se producen cosas muy curiosas y ridículas… Los altos cargos de nuestro Gobierno son nombrados en función de si pueden hacer sombra físicamente al presidente o no. Y el resultado de esto es que tenemos a una serie de personas que no dan la talla ni siquiera físicamente.

 

Seguro que usted ni se podía imaginar hace ocho años que hoy iba a echar de menos a Yeltsin…

(Por primera vez en toda la entrevista Anna estalla en una sonrisa). Claro que no lo sospechábamos. Siempre decimos que hay que hablar con cuidado. Hay que criticar con cuidado a nuestros presidentes porque siempre puede salir uno peor. Y fuera como fuera, Yeltsin sí logró parar la primera guerra de Chechenia y en su mandato no hubo actos terroristas. Todo esto lo entendemos ahora, pero lo que pasa en la actualidad es que tenemos que pagar estas ambiciones personales de Putin con miles y miles de víctimas.

 

Tengo la percepción de que desde el nombramiento como secretaria de Estado de Condoleezza Rice, el Gobierno de Estados Unidos se muestra algo más crítico con la democracia rusa. Pero el otro día, durante la cumbre de Bratislava (reunión entre George W. Bush y Vladímir Putin), el presidente Putin defendió ante George Bush que la democracia tiene que tener sus propias peculiaridades según los países. Eso ¿qué significa?

No sé a qué particularidades se refería el presidente Putin. Antes también nos había hablado de que estamos construyendo una especie de democracia adaptada y refiriéndose a la democracia adaptada nos puso el ejemplo del dictador Bokassa, que se comía a sus adversarios políticos. Estas declaraciones de Yeltsin fueron como una bomba que estalló en nuestros oídos. Estuvimos a punto de desmayarnos al oírlo por el simple hecho de poner a Bokassa al lado de lo que se supone es la democracia rusa. En general, yo diría que si le pones adjetivos a la democracia ya no se puede hablar de democracia. Hay democracia o no hay democracia. Las democracias gobernables, adaptables, a lo Bokassa o a lo Putin son simplemente regímenes convenientes a aquellos dirigentes que se quieren perpetuar en el poder. Nuestra gente, la gente de Rusia, es igual que todas las gentes. Nosotros también queremos vivir en democracia.

 

Le pido que me responda desde la más profunda sinceridad. ¿En algún momento se ha sentido sola, ha sentido la soledad de los periodistas que cuestionan la política en Chechenia?

Sin duda, me he sentido sola muchas veces. He sentido esta injusticia de estar sola, una cruel injusticia. Por qué viajan siempre a Irak o a Palestina y nunca a Chechenia. La gente en Chechenia también necesita ayuda y apoyo. Lo mismo que necesitan en estos otros países. Si quiere una respuesta en clave personal le puedo decir que estoy muy cansada. No puedo apoyarme en nadie. Yo, con muchísimo gusto, dejaría de viajar a Chechenia, pero si no lo hago nadie va a viajar. Es muy duro, pero no puedo dejar de ir.

 

[Por su interés en esta hora, rescatamos esta entrevista con la periodista rusa asesinada que se celebró en Madrid, marzo de 2005].

José A. Guardiola (Madrid, 1963) es periodista. Entre 2005 y 2008 fue jefe de información Internacional de TVE y director de los programas El Mundo en 24 Horas, Sur a Norte y El ojo en la noticia. Entre 2008 y 2021, director y reportero del programa En Portada. Apasionado de los mapas, ha hecho coberturas internacionales en países como Ruanda, Chile, la antigua Yugoslavia, Afganistán, Israel, Brasil, Suráfrica, Estados Unidos, Irak, Venezuela, Bolivia, Colombia, Perú, Mozambique o Guinea Ecuatorial. Entre muchos otros, ha recibido los premios Internacional Cátedra Manu Leguineche, el Salvador de Madariaga, el News Grand Award del World Media Festival por Allende, caso cerrado y al mejor reportaje del Festival de Televisión de Hamburgo por Las cometas vuelan sobre Kabul.

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