Arterofilia

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Exposicion

¿Qué es Arte?

 

 

En esta vida existen cuatro tipos de carta que todo el mundo teme recibir: una multa por orinar en la vía pública, que te convoquen para una mesa electoral, ‘Tengo una carta para ti’ de Isabel Gemio y finalmente la que recogí en mi buzón, una invitación para una exposición de arte contemporáneo.

 

   Mis conocimientos de arte no van más allá de cantar en la ‘Duchamp’. No obstante, lo más importante de estos actos es la puesta en escena. ¿Qué me pongo? La indumentaria debería mantener un equilibrio entre Buenafuente y Paco Clavel. De primeras pensé en el uniforme clásico de individuo maldito y traumatizado por una infancia llena de complejos y frustración: todo de negro, jersey de cuello vuelto incluido ¡Aaarrrggggh! ya me había vestido así para ir al teatro. La siguiente opción podría ser la de joven moderno que recicla del cubo de la ropa sucia o duerme con la ropa puesta, pero llevar el pelo sucio hace que la dentera me llegue hasta las ‘Ingres’.

 

   Un cajón por allí, una cosita por allá,… y de cabeza al espejo. Había algo que no cuadraba, no sé, parecía todo en su sitio, sin embargo, me faltaba un ‘Matisse’. El toque genial lo conseguí quitándome los pantalones, en plan Enfat Terrible de la moda. Mucho mejor así. Entonces sólo tenía que repasar algunas expresiones como «malditismo» o «es un poco kafkiano». Y por supuesto, citar a Kavafis y decir que te ha encantado lo último de Aki Kaurismäki (aunque lleve tiempo sin rodar).

 

   Antes de salir de casa, me propuse firmemente no decir LA FRASE.

 

   Cuando llegué a la galería de arte observé que había más gente sin pantalones, aunque debo reconocer que yo era el que mejor no los llevaba.

 

   No conocía a nadie, así que lo primero era visitar el catering y beberme un par de copas de vino a lo triscapellejo para socializarme. Hay gente que necesita el alcohol para relacionarse; y por otro lado están los ‘sociópetas’.

 

   Había de todo sobre la mesa: Bacon, unas Tania Hambrugueras con tomate Orlan, paté de Lapiero Manzoni (poco recomendable), Pollock con patatas y algo de Rothko de Reyes. Como no me decidía, empecé a picotear unos gusanitos un tanto rancios que estaban al lado del tiburón estilo Hirst. Cuando me detuvieron ya me había comido yo solito 400.000 euros ¡por los clavos de Christo! ¡¿A quién se le ocurre hacer una escultura  con restos de una fiesta de cumpleaños?!

 

   Y me mordí la lengua para no pronuciar LA FRASE.

 

   Aunque lo más bochornoso fue cuando unos encapuchados, armados con metralletas y explosivos, intentaron secuestrarnos. ¡La gente estaba entregada! Encantados con lo que suponían era una performance. ¡Cómo aplaudían! ¡Es Cindy Sherman!, gritó alguien. Críticos de revistas, comisarios, galeristas,… todos se interesaron mucho por estos ‘artistas’ que salieron escopetaos lamentándose de no haberlo intentado en un McDonalds.

 

   Antes de escabullirme sólo atiné a decirles: «Si exponéis en un museo, ponedle un título a la performance ¡por Dios!» Ahora nadie se los pone y ¡da un coraje no saber lo que estás viendo…!

 

   Atención: Cualquier parecido con la realidad, asusta.
Durante la escritura de este post no se dañó ninguna obra de arte. Todo se realizó con la ayuda de especialistas. Y si alguna vez acude a un museo o galería de arte no pronuncie LA FRASE: «Esto lo hace hasta un niño pequeño».

 

La Santísima Trinidad

«La Santísima Trinidad». Aportación de Cavecanem al mundo del arte.

Si tuviera un título noveliario sería de suspense o de humor y si pudiera viejar me gustaría llegar a los 90 con buena salud. Mi madre siempre me regañaba por ser un optimista, no por ver el vaso medio lleno o medio vacío, sino por creer que podía beber directamente de la botella. También desde pequeño empecé a desarrollar el gusto por la música, ya que carezco de oído y tacto para tocar cualquier instrumento. Me confieso disléxico habitual, de los que van al cine a leer y devora los bocadillos de los cómics. Así que, bienavenidos a este viaje en blogo porque la realidad que nos rodea es diferente según el cristal con el que se mira, pero quizá, haciendo la vista gorda, podamos verla sin cristal. Por tanto, lo que nos queda es tomarnos la vida con mucho rumor, que la certeza absoluta nunca la vamos a tener e, iluminados por la lámpara del genio, veamos las coincidencias y las coinfusiones cotidianas. Que ustedes lo pacen bien.