Atravesado por las fechas. San Sebastián I

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EL TIEMPO LLEGA SIEMPRE

Una saeta, un dardo, el tiempo.

San Sebastián atravesado por las fechas.

Año 2022. Enunciar esto, hace setenta años, era ciencia-ficción. “¿Qué año me has dicho?” En 1953, 2022 era el futuro. Se imaginaba uno naves espaciales visitando la Tierra. Surcado el cielo de la ciudad por utilitarios voladores. Robots de apariencia tan humana que te casas con uno y es el robot quien se divorcia de ti, por incompatibilidad de caracteres. Anulada la enfermedad, o el mundo enfermo. La libertad total, o la absoluta intromisión en todos y cada uno de los aspectos de tu vida. El fin de la creencia irracional, o el fin de la razón. Depende del lado del futuro en el que se sitúe cada cual. Desde el pasado, el futuro rara vez se nos muestra como resulta ser en el presente. No lo vemos venir. Hasta que no hay remedio. 1984. George Orwell la escribió entre 1947 y 1948. Sólo treinta y siete años tardó el tiempo en demostrar que las fuentes de Orwell estaban mal informadas. Mucho mejor el daimon, el genio inspirador, la dimensión profética de Huxley. Un mundo feliz se publicó en 1932. Noventa años después y hemos llegado. Cada cual es la nave que lo lleva por el tiempo. Al presente de cada cual, donde cada cual llega cada día, cada minuto, cada segundo. Hasta que ya no está. Por eso, muchos, Putin hoy, por ejemplo, pero también quienes se pretenden más chulos que Putin, se esfuerzan por la radicalidad de la igualdad sobre la unidad que es uno mismo: “Después de mí, el Diluvio” les parece poca garantía. El diluvio conmigo, ahora, es más seguro. Condición de mi hoy es descartar el mañana, que se me acaba, a , que no me pertenece. O mía, o de nadie.

En el día a día, mientras tanto, sorprende el número de gente dispuesta a negar el futuro de todos, la Sanidad, la Educación, lo público, convencida de que, así, se hacen merecedores de un ahora que no les va a tocar. Alineados con lo que uno no va a ser jamás en la vida y que, en ese no siendo, lo destruye: ¡allá yo!

El tiempo que nos viene no tiene buena cara.

Vuelves la vista atrás y era otra cosa.

1953.

Arranca el Festival de Cine de San Sebastián.

Don Camilo. Julien Duvivier. 1952

Don Camilo y El regreso de don Camilo.

Para saber seguro si la película que abrió San Sebastián fue Don Camilo, 1952, o El regreso de Don Camilo, 1953, ambas de Julien Duvivier, no hace falta ir hasta allí personalmente. Como cuando la policía te entra en casa, del pasado nos quedan los registros. Y los moratones. Una cierta ansiedad, que ves un uniforme y te pones nervioso. El pasado se queda para siempre. Pero depende mucho, lo que queda, de cómo se registra. El cine, en 1953. Primer Festival de Cine de San Sebastián. Don Camilo y Pepón, el alcalde comunista, enfrentados desde el mutuo respeto y el aprecio mutuo. Verosímil en razón de la honestidad con la que cada uno de ellos asume su misión. Hay gente así. Y, luego, que el mensaje no es tan diferente. El mensaje primero. Aunque el fin, generalmente, no justifique los principios. Lo cierto es que leías a Guareschi y al menos ese cura te caía simpático. Diferente era, entonces, con la policía. Más difícil, que un guardia inspirara afecto o tan siquiera confianza. Desazón, sí. Cierta incomodidad, que llega al que uno es hoy. Pese a esfuerzos notables, como 091, policía al habla, de José María Forqué, en 1960. No te lo acabas de creer. Claro que Adolfo Marsillach, como simpático, cuesta. Hasta haciendo de Ramón y Cajal, tan buena gente. Culturista, además. Cajal, no Marsillach. Y, una, que está escuchando, nos pregunta: “¿Adolfo Marsillach?” Pregunta otro: “¿Ramón y Cajal?” Cosas de entonces. De cuando se leía. Y se iba al cine. No leer a Guareschi, por ejemplo, es un error que se comete mucho en el presente. Eso dejará huella. Huella de luz, por el contrario, deja el cine. Tampoco a Wenceslao Fernández Flórez se le lee. En el 53 firma Rafael Gil La guerra de Dios. Diez años no son nada. Hace setenta.

La guerra de Dios. Rafael Gil. 1953

La guerra de Dios, primera Concha de Plata, ganó en San Sebastián. 1953. Mejor película. ¿Puede arreglarse todo con una vara y un santo encima? La respuesta de la película es que sí que se puede, pero plantear en 1953 la situación en la mina, los abusos, lo injusto de la ley, nos deja, hoy, fuera del tiempo. ¿Quién, hoy, se preocupa de eso? Igual es cosa de que se lee menos. O que se lee mal. O de que no se lee. No leer es algo que mucha gente hace por temor a la divinidad. ¿Y si se enfada Dios? “Un día se queman bibliotecas porque todo está en el Libro Sagrado y el resto, o es pernicioso, o es superfluo. Al día siguiente se quema a las personas. Se las lapida. Se las degüella. Se las decapita”, comenta quien escribe que, metido en estas fechas, las de San Sebastián asaeteado, va con espectador de Festivales. “Cada religión tiene sus preferencias. Los libros no le gustan a ninguna. Los otros libros, digo. A la que los otros libros más disgustan es a la religión del dinero, que leer te distrae de ganarlo y, sobre todo, distrae a los demás de hacértelo ganar”. “¡Vaya toalla!”, asiente espectador, en absoluto convencido.

¿Por qué los Libros Sagrados no molestan?

Dios escribe con renglones torcidos.

Los renglones torcidos de Dios. Oriol Paulo. 2022

La novela, le dice espectador a quien escribe, es de Torcuato Luca de Tena. Con prólogo de Vallejo Nájera. A Vallejo Nájera le gustaba meterse en las cabezas de la gente. Por eso se dedicó a la psiquiatría. Podía haberse hecho prestamista, sacerdote u hombre de derechas, pero se hizo psiquiatra, lo mismo que su padre. Y hombre de derechas. Lo mismo que su padre. Pero morigerado por el tiempo, que es de lo que están hechos los cambios. Mucho más agradable. Se parecen la Psiquiatría y los Libros Sagrados en que quieren invadir la cabeza de la gente y corregirle las desviaciones. Como la policía política, la patronal, la banca, que nos salvan de nosotros mismos. Las descargas eléctricas. Las duchas de agua fría. Las camisas de fuerza. Las torturas. Los psiquiatras como Nájera padre y Dios tienen vocación de agente de la ley. Perdón: de agente de la LEY: la que recoge el único libro que es bueno que se lea y por eso se llama religiones del libro a las tres religiones que han venido llenando los psiquiátricos, los calabozos, los cadalsos y las piras. “Exageras”, musita espectador. “Ellos también”, contesta quien escribe. El título Los renglones torcidos de Dios a Vallejo Nájera hijo debió de encantarle. Si no lo inspiró él. De Los renglones torcidos de Dios se hizo en 1983 otra película.

Los renglones torcidos de Dios. Tulio Demicheli. 1983

Las locas y los locos, un error (voluntario) de la divinidad. Si está del lado del que tienes que estar, como están el-y-los Libros Sagrados, como está determinada psiquiatría, como están los agentes de la ley, al loco y a la loca puede no irle finalmente tan mal. Leonora Carrington, por mencionar un nombre, que por los días de la Guerra Civil vio en Francisco Franco al salvador de Occidente y quiso decírselo en persona. No por eso, pero muy cerca de eso, el año 1940 encerraron a Leonora Carrington en un psiquiátrico de Santander. Muchos se quedan. Ella, de excelente familia, excelente educación, muy buenas relaciones, salió. Afortunadamente. Le debemos su pintura. Sus textos: libro maravilloso, la novela La corneta acústica, la novela La puerta de piedra, sus relatos, La debutante, a quien una hiena sustituye en su baile de presentación poniéndose la cara de la sirvienta, con la sangre todavía fresca. Las clases altas tienen con frecuencia un concepto liberal acerca de los rostros de las clases humildes.

“Este va a ser el año de Leonora Carrington”, le dice a quien escribe Javier Martín Domínguez.

“Ya verás como alguien saca a colación la anécdota de Franco”, comenta quien escribe.

“Pues seguro que sí”.

Javier Martín Domínguez es autor, en 2022 hace diez años, de Leonora Carrington. El juego surrealista.

Leonora Carrington. El juego surrealista. Javier Martín Domínguez. 2012

Fascinante, imprescindible, Leonora Carrington pasó por el psiquiátrico, cuya expresión más acabada es Bedlam, de Mark Robson.

Bedlam. Mark Robson. 1946

La psiquiatría cambia con el tiempo. Que ha mejorado mucho desde los tiempos de Bedlam, desde Vallejo Nájera hijo que, Mishima o el placer de morir escribió también sobre Mishima. San Sebastián, Mishima, fijaciones, disfrazarse de lo que a cada cual su realidad le niega. 2022, San Sebastián, con Los renglones torcidos de Dios. San Sebastián que, debutante, se vistió de cine en 1953. El año que se estrenaba Glen o Glenda.

 

Glen or Glenda. Ed Wood. 1953

“No es difícil de creer. Es difícil de aceptar”. Se acepta. Con naturalidad. Como leer a Leonora Carrington, a Wenceslao Fernández Flórez, a Guareschi, a Mishima, Huxley, Orwell, sería muy recomendable ir hoy al cine y que te pusieran Glen o Glenda. 1953. La guerra de Dios. 1953. ¿De verdad Glen o Glenda es del 53? ¿Qué le ha pasado al tiempo? Aunque, asimismo, hay cosas que no cambian.

La bestia de tiempos remotos (The Beast from 20.000 fathoms -la bestia que vino desde las 20.000 brazas-). Eugène Lourié. 1953

 

1953. Cuando el primer San Sebastián. Cuando, antes, ahora, confiemos en que después también, que haya un “después” (“no juguemos con eso”, pide espectador), la amenaza nuclear. En 1953, una explosión y el bicho que despierta de las profundidades.

En 1954, una explosión y al mundo le crecen las hormigas.

Them! James Withmore. 1954

APOCALIPSIS ATÓMICO Y OTROS ANIMALES

En 1964, al mundo le crecen los problemas.

Punto límite (Fail Safe). Sidney Lumet. 1964

En 1984, los problemas llaman a la puerta.

Threads. 1984. Mick Jackson, Karen Meagher, Reece Dinsdale, David Brierly, Rita May, Nicholas Lane. 1948.

Antes, en 1965, el problema entra en casa.

The War Game. Peter Watkins. 1965

En 1959, no hay problema. No quedan.

La hora final (On the Beach). Stanley Kramer. 1959

San Sebastián, 2022. San Sebastián debutó para el cine en 1953. En 1953 Them!, las hormigas gigantes, era ciencia-ficción. En 1953, 1954, 1959, 1964, 1965, 1984, 2022 era ciencia-ficción. En 1953, 1954, 1959, 1964, 1965, 1984, un conflicto nuclear era ciencia-ficción. En 2022 (“no juguemos con eso”, repite espectador) se vuelve loco el tiempo, se nos nubla. Un hongo que le crece al subconsciente. Cada cual es la nave que lo lleva al presente de cada cual, donde cada cual llega cada día, cada minuto, cada segundo. Hasta que ya no está. Hasta que no está el tiempo. Hasta que es tarde.

A Hard Rain Is a-Gonna Fall. Bob Dylan. 1963

Si el tiempo lo permite, 2022, Festival de Cine de San Sebastián, próxima entrega: Los Escandalizados, una secta. La presunción de culpabilidad. Sparta, de Ulrich Seidl. Pornomelancolía, de Manuel Abramovich. Y el escándalo, en serio. No adelantemos acontecimientos: el tiempo llega cuando llega. Si es que llega.

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