Bar Mitzvah en Pitigliano

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En el siglo XVI Pitigliano era la capital del pequeño condado gobernado por una rama de los Orsini, parientes directos de Pierfrancesco Orsini, el Duque de Bomarzo, protagonista de la novela de Manuel Mújica Laínez. Como testigo imponente de aquellos tiempos de esplendor señorial quedan en la ciudad la rocca de los Orsini y el acueducto de Sangallo. En 1556 Niccoló IV Orsini, que era favorable a la presencia de los judíos en sus tierras, donó a su médico personal, el judío David de Pomis, un terreno para hacer un cementerio judío. En 1598 fue construida la sinagoga, y si hay sinagoga y cementerio ya hay comunidad judía. En 1608 el condado de Pitigliano fue anexionado al Gran Ducado de Toscana y en 1622 los Medici crearon el gueto judío (recordemos que en la ciudad de Livorno los judíos no vivían en un gueto, al contrario de lo que sucedía en casi todas las comunidades hebraicas de Toscana). La inteligencia política de los soberanos del estado toscano, primero los Medici y luego los Lorena, les llevó a proteger especialmente a sus comunidades judías como minorías selectas que servían, mediante su laboriosidad, sus habilidades profesionales y comerciales y sus contactos internacionales y en toda Italia, de catalizadores de la vida económica y del comercio. En el siglo XIX la comunidad judía de Pitigliano llegó a suponer una quinta parte de la población total. El esplendor de aquella comunidad llevó a los judíos de Livorno a referirse a ella como “La pequeña Jerusalén de Toscana”. En 1861, tras la unificación de Italia, los judíos del nuevo estado obtuvieron además de la nacionalidad italiana su emancipación y una libertad de circulación de la que carecían. Muchos de ellos abandonaron la pequeña Jerusalén de Toscana para trasladarse a centros de la vida judía italiana más importantes como Siena, Florencia, Livorno, Roma o Venecia.

Cuando visité esta pequeña maravilla arquitectónica y urbanística asentada sobre el tufo volcánico, no pude dejar de lado algo que hace muchos años que me propongo hacer cuando viajo, sea en Italia, en Marruecos, en Turquía, en Polonia, en los Balcanes: visitar las reliquias de la vida judía en esas ciudades. Naturalmente, en Pitigliano visité el complejo de la sinagoga, con todos sus servicios adyacentes que daban la razón de ser a una comunidad judía, en particular si era tan floreciente como aquella: el horno, el baño ritual, la carnicería, la escuela talmúdica, el cementerio. En el pequeño museo de la Sinagoga me detuve a contemplar algunas fotografías que me hablaban del esplendor, de la fe y de la esperanza de aquella comunidad. Del mismo modo que las fotografías de los judíos de Tánger y Tetuán de principios del siglo XX, aquellas fotos me transmitían confianza, orgullo por el progreso material y el bienestar alcanzado.

Una de las fotos que más llamó mi atención estaba datada en 1934. Se trataba de una Bar Mitzvah o ceremonia de entrada como adultos en la comunidad de varios varones. Los indudables beneficios traídos por la emancipación, la pujanza cultural y el decidido apoyo de sus gobernantes (en la sinagoga había varias placas que recordaban las visitas de los soberanos de Toscana a la comunidad de Pitigliano) parecían inspirar a aquellos rostros que miran con complacencia y seguridad a la cámara. Como en las fotos de las bodas de la burguesía ilustrada italiana y europea, todo el mundo está de punta en blanco, las poses rezuman pundonor y orgullo de pertenencia a la nación italiana que les había acogido sin reservas en su seno.

Esa foto representa el canto de cisne de un mundo a punto de desaparecer. En 1938 comenzó en Italia el camino sin retorno de la legislación antisemita. Recordemos, merece la pena no olvidarlo: se prohibió el matrimonio entre los italianos y los judíos; que los judíos pudiesen entrar en Italia; que judíos emplearan a nacionales de raza aria; que todas las administraciones públicas y empresas privadas de carácter público –tales como bancos y compañías de seguros– empleasen a judíos. Se retiró la ciudadanía italiana concedida a judíos en el extranjero con fecha posterior a 1919. Se prohibió a los judíos trabajar como abogado o periodista y la inscripción de los niños judíos escuelas públicas. La mayor parte de quienes aparecen en esa fotografía no volvieron nunca de Auschwitz y los pocos que regresaron nunca volvieron realmente.

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