Basura marítima

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Fotografía: Pedro Pozas Terrados

Existen numerosas campañas, tanto de ecologistas como institucionales, en las que se pide al ciudadano encarecidamente que tiren los plásticos a los contenedores de envases para su reciclado y de esa forma que no caigan al mar y sea éste el basurero. Hasta aquí me parece responsable que cada uno de nosotros seleccione el tipo de residuos desde casa y así hacer que el sistema sea más sencillo y eficaz a la hora de reciclar.

Pero algo falla en todo esto. No por parte del ciudadano que en su mayoría separa los residuos y lleva a los contenedores la selección que desde su propio domicilio realiza. Sino por parte de las propias administraciones y de su  pasotismo abusivo que existe a la hora de realizar un seguimiento real de las empresas de reciclado que contratan. En algunas campañas se culpabiliza a los ciudadanos de no reciclar y que sus residuos lleguen al mar contaminando las costas y produciendo lesiones a los animales marinos por la gestión del plástico al confundirlo con comida. ¿Pero quién es responsable de  las basuras y plásticos que llegan al mar? ¿El ciudadano de Madrid o de Cáceres que dista del mar cientos de kilómetros? En muchas ocasiones se intenta responsabilizar a quien no tiene culpa para ocultar la desidia y la irresponsabilidad de las administraciones encargadas del control de los residuos y salen al paso realizando campañas de información, cuando ellas no están cumpliendo en absoluto con su cometido y su obligación.

Ya se ha denunciado en varias ocasiones lo que ocurre con el creciente incendio de vertederos y centros de reciclaje, que son gestionados por contratos con los organismos oficiales. Uno de los últimos conocidos fue el ocurrido en el vertedero de Colmenar Viejo que se encuentra entre dicho término municipal y Tres Cantos de Madrid. Un vertedero donde existía polémica y se estaba denunciando de forma reiterada incluso ante la Fiscalía de Medio Ambiente.

Juan López de Uralde, en septiembre de 2018 representante de EQUO y hoy Diputado de Podemos, declaró en “El salto”: “Por un lado, las empresas cobran por la recepción de esos residuos y, por otro, en vez de tratarlos y reciclarlos, que implica un gasto, los residuos se queman y se cobra el seguro correspondiente”. Pero los incendios han seguido produciéndose de forma continuada y cada vez ha ido aumentando, sin que nadie dé una explicación

Exigen al ciudadano…¿pero quién exige a la administración? De quién es la culpa de estos incendios ¿del ciudadano o del organismo oficial que debe velar por el control de los residuos?

Retomando el hilo del ejemplo que al principio comentaba en cuanto a que una persona de Madrid no puede contaminar el mar, tiene que quedar claro que existen muchas otras fuentes de contaminación que nada dicen de ellas ni se realiza ninguna campaña de concienciación y vigilancia. Me refiero por ejemplo a los ríos que llegan al mar y portan en sus cauces numerosos contaminantes, desde aguas residuales que son vertidas por los municipios o empresas que se instalan junto a los ríos sin ningún tipo de control, la falta de limpieza de sus cauces muchas veces ensuciadas por elementos externos como lluvias, DANAS (Depresión Aislada en Niveles Altos), vertidos de construcción y en un pequeño porcentaje, la falta de civismo de algunas personas. La limpieza exhaustiva corresponde a las Cuencas Hidrográficas pero también a los Municipios por donde el cauce transita. Volvemos a lo mismo. La responsabilidad principal es de las Administraciones públicas.

Fotografía: Pedro Pozas Terrados

Pero aún hay más. Los océanos y los mares no pueden ser vigilados de forma constante y sobre todo cuando los millones de barcos de todo tipo que navegan por sus aguas encontrándose en aguas de nadie. Desde el Palacio de Magdalena, un edificio situado en la península de Magdalena, frente a la isla de Mouro en la ciudad de Santander y que es muy visitado por turistas al estar en lo alto y divisar una gran extensión de mar y la entrada al puerto de la ciudad, fui testigo directo de cómo un barco de gran porte limpiaba sus bodegas con agua de mar que expulsaba posteriormente, dejando una mancha gris contaminante. Desde donde me encontraba, la mancha era muy visible por lo que de forma inmediata se lo notifiqué a las Autoridades y en poco tiempo una lancha de la Guardia Civil y otra del Servicio Fiscal, llevaron al barco a puerto intervenido por los agentes. Esta vez su error fue hacerlo cerca de la costa… ¿pero cuántas limpiezas se realizan fuera de la vista de curiosos y de las Autoridades a millas de distancia de la costa o fuera de miradas molestas?

Paseando por las playas, nos encontramos infinidad de residuos que el mar devuelve a la costa. Residuos como cuerdas empleadas para la navegación, latas de aceite, botes negros de alquitrán, redes, peces muertos además de otros objetos muchos identificables como latas y botellas. Lógicamente, esta basura no procede de los habitantes de Madrid o de cualquier ciudad del interior. Ni tampoco del bañista que tiene al salir de la playa unos contenedores para echar los desperdicios. Claramente vienen de esos ríos sin limpieza, pero sobre todo por los barcos que de forma continua navegan por las costas. Lanchas de pequeña, mediana y gran eslora que no se sabe donde llevan sus residuos o si son tirados directamente al mar. Barcos pesqueros que para algunos parece que el mar es la bolsa de residuos que deberían llevar y ser obligatoria en todas las embarcaciones que salgan al mar. He visto también, como en la llegada de algunos barcos pesqueros, sobre todo los de arrastre que suben a sus cubiertas todo tipo de suciedad del mar además de peces, ya que rastrillan el fondo alterando y destruyendo los fondos marinos, en el mismo puerto, tiraban al mar todo aquello que no les interesaba, plástico, botellas, etc. en lugar de echarlo a un contenedor de residuos.

Se debería de regularizar y extremar vigilancia para la basura marítima de la que nadie habla y que procede de barcos de recreo, yates, trasatlánticos, pesqueros, de transporte, petroleros, etc. Nuevamente la responsabilidad recae en los organismos oficiales y la culpabilidad en los dirigentes políticos, tanto nacionales como autonómicos.

Si, el ciudadano tiene responsabilidades y debe ayudar a conservar nuestro entorno y los ecosistemas en los que disfrutamos, pero las administraciones no pueden escudarse en las malas prácticas de algunas personas, para ocultar como lo está haciendo sus obligaciones, en un acto de verdadero cinismo y poco respeto a la sociedad que paga por sus servicios.

Fotografía: Pedro Pozas Terrados

La mar, como algunos nos gusta llamarla en femenino, es un paraíso,  pero también, es un  elemento esencial para nuestras vidas y la regulación del clima de nuestra Tierra junto con los bosques tropicales y el reino vegetal. La vida humana y de muchas otras especies, depende del respeto que tengamos a ella.

Me decía un gran amigo y un sabio llamado Linden y que alguna vez hablaré de él de forma extensa que:

“Para conducir un coche, hace falta un permiso y conocer las reglas de tráfico. Pero para conducir el mundo… ¿qué hace falta?…NADA…solamente una gran capacidad verbal y estar en una lista de partido. ¿No debería exigirse a los que deben conducir el mundo que conozcan la biología  y las reglas de la naturaleza? Es uno de los errores más graves de las democracias del mundo”

Pedro Pozas Terrados es escritor, naturalista, dibujante, poeta, investigador, crítico, aventurero, animalista, ecologista y amante de la vida en todas sus formas. Director Ejecutivo del Proyecto Gran Simio en España y miembro del Comité Español de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), ambos cargos desempeñados de forma altruista. Ha escrito once libros, coautor de seis más. Posee doce cuadernos de campo (dibujos en lápiz) además de 400 láminas de dibujo y 50 en acuarela. Sostiene que la Tierra tiene que ser un ente jurídico con derechos propios recogidos en todas las constituciones de los gobiernos. Que los grandes simios deben ser considerados personas no humanas con sus derechos básicos y que todos los seres vivos tienen que ser respetados y tratados como seres sintientes.

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