Bolaño por sí mismo

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All the people we used to know they’re an illusion to me now.

Bob Dylan

Hace otra vida, un amigo regresó de Santiago de Chile y me regaló un libro extraño, supongo que inencontrable al día de hoy, un libro que después de dieciséis años no ha perdido una sola gota de sana acidez, claridad y sofisticación intelectuales que ya quisieran tener muchas y muchos autores niños y no tan niños terribles, reivindicadores profesionales de cuantas causas políticamente correctas ustedes gusten, y siempre, invariablemente, ellas y ellos echados a la sombra, durmiendo la siesta al amparo del más parroquiano, huero, vacío literario.

En verdad estamos sobreviviendo en el desierto. El consejo aquel de Churchill, si estás atorado en el infierno sigue caminando, no sirve para mucho que digamos. Mejor volver a tomar del librero aquel obsequio lejano y escuchar de nuevo esa estrafalaria voz que, a su personal manera, prefirió salir del infierno por su propio pie y mirar hacia otro lado: “¿Pero cuál era el pinche cielo de México? La alegría asumida o lo que está detrás de la alegría, los gestos vacíos o lo que se enconde (para sobrevivir) detrás de los gestos vacíos.” (Los detectives salvajes).

* El silencio de Rulfo no plantea preguntas, es hasta un silencio entrañable, es cotidiano. Después del postre, ¿qué coños vas a comer?

* El espectáculo de la literatura es de risa. Yo me parto asistiendo a sus canalladas y miserias, es como ir a ver una sesión de teatro del absurdo.

* Lo interesante del crítico literario, y allí es donde pido creación de la crítica literaria, creación en todos los niveles además, es que se asuma como lector, y como lector endémico, capaz de argumentar una lectura, de proponer diversas lecturas, vaya, como algo totalmente distinto de lo que suele ser la crítica, que es como una exégesis o una diatriba.

* La verdad es que, hasta el momento en que yo vivía en México, Fuentes y Paz estaban, como se dice en España, a partir un piñón, uno era el zar y el otro el zarevich, y se querían muchísimo. Yo supongo que Fuentes aún quiere a Paz, si es que Fuentes puede querer a alguien, que ése es otro tema.

* Me hubiera gustado que Mario Santiago leyera Los detectives salvajes. Ésa era una de mis intenciones: que él leyera la novela y se riera, que nos riéramos juntos. Pero Mario murió justo un día después de que yo acabara de corregirla, algo que no deja de ser inquietante y que habla del destino y del inextricable sentido del humor del destino.

* Escribir no es lo más importante; lo importante es leer, y yo no podría pasarme un año sin leer nada.

* En dosis muy pequeñas, somos bipolares, y estamos cotidianamente abiertos al goce y al sufrimiento.

* Por descontado, no creo que la literatura esté agotada. Eso no va a suceder jamás, al menos mientras los seres humanos puedan hablar. La literatura se alimenta de la oralidad, del habla de la tribu, de la jerga de la tribu. Las voces entrecruzadas y superpuestas que se pueden oír en un autobús, por ejemplo, probablemente contengan más energía que la mayor parte de los poemas que hoy se escriben en Santiago.

* Antes que yo hubo otros escritores que se sentaron a la misma mesa, que trabajaron con los mismos materiales, pluma, tinta, máquina de escribir, computadora. Escritores enormes a los que leo y releo. Imposible sentir arrogancia. Ahí sólo cabe sentir temor o humildad. Yo no siento temor.

* De una u otra manera, todos estamos anclados a un libro. Una biblioteca es como una metáfora del ser humano o de lo mejor del ser humano, tal como un campo de concentración es una metáfora de lo peor. La biblioteca es la generosidad total.

*La verdad es que para mí, y quiero ser muy sincero, la idea de la revolución ya estaba devaluada cuando yo tenía 20 años. A esa edad era trotskista y lo que veía en la Unión Soviética era una contrarrevolución. Nunca tuve la sensación de estar apoyado por la dirección de la historia. Al contrario, me sentía bastante aplastado.

* Latinoamérica es como el manicomio de Europa. Tal vez, originalmente, se pensó en Latinoamérica como el hospital de Europa, o como el granero de Europa. Pero ahora es el manicomio. Un manicomio salvaje, empobrecido, violento, en donde, pese al caos y a la corrupción, si uno abre bien los ojos, es posible ver la sombra del Louvre.

* Siempre quise ser un escritor político, de izquierda, claro está, pero los escritores políticos de izquierda me parecen infames. Si yo hubiera sido Robespierre, o no, mejor Danton, en una de ésas los enviaba a todos a la guillotina. Latinoamérica, entre sus muchas desgracias, también ha contado con un plantel de escritores de izquierda verdaderamente miserables. Quiero decir, miserables como escritores. Y ahora tiendo a pensar que también fueron miserables como hombres.

* Borges dice que hay intraducibles. Creo que pone el ejemplo de Quevedo. Se podría agregar a García Lorca o a otros. No obstante eso, una obra como El Quijote podría resistir hasta el peor traductor. Es más: podría resistir la mutilación, la pérdida de numerosos páginas y hasta una lluvia de mierda.

* ¿Qué es un escritor mayor y qué es un escritor menor? Dentro de cuatro millones de años o de diez millones de años va a desaparecer el escritor más miserable del momento en Santiago de Chile, pero también va a desaparecer Shakespeare, va a desaparecer Cervantes. Todos estamos condenados al olvido, a la desaparición no sólo física, sino a la desaparición total: no hay inmortalidad.

* Yo soy de los que creen que el ser humano está condenado a la derrota, a la derrota sin apelaciones, pero hay que salir y dar la pelea y darla, además, de la mejor forma posible, de cara y limpiamente, sin pedir cuartel (porque además no te lo darán) e intentar caer como un valiente, y que eso es nuestra victoria.

* En mi casa no tengo televisión y no tengo radio. Sólo tengo un computador y un walkman, pues cuando escribo escucho música, básicamente rock tipo Lou Reed o David Bowie. He llegado a la conclusión de que en los inviernos en que estoy escribiendo, cuando hay cinco grados bajo cero, a mí no me da frío. Y si me da frío es porque hay algo que no está funcionando. Ahí lo que hago es meterme en la cama. Me meto bajo las mantas y me pongo a leer.

Bruno H. Piché es ensayista y narrador. Ha sido editor, periodista, diplomático y promotor cultural. Realizó estudios en la Concordia University de Montreal, El Colegio de México, King’s College de Londres, Instituto de Investigaciones Sociales UNAM Es autor de los libros Robinson ante el abismo, Noviembre, El taller de no ficción, Los hechos y La mala costumbre de la esperanza. Su novela más reciente, 'La mala costumbre de la esperanza', (2018), apareció bajo el sello editorial de Literatura Random House. En 2015 publicó la novela 'Los hechos', acerca de la cual Juan Villoro escribió: “Bruno H. Piché entiende la historia del mundo como una diáspora: datos en fuga que al articularse conectan la vida pública con la esfera privada. Podemos escapar de nosotros mismos pero no de Los hechos, es decir, del flujo incontenible de la historia.”  

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