‘Boyhood’, crecer frente a la pantalla

0
276

 

La variable tiempo es sin lugar a dudas una de las obsesiones que queda en evidencia en Boyhood, la última película de Richard Linklater, que fue estrenada de forma gradual en Estados Unidos, llegó a las pantallas españolas el fin pasado fin de semana y aún tiene pendiente su estreno en varios países. No es la primera vez que el director intenta plasmar el paso del tiempo. Esa podría decirse que es una de las muchas obsesiones que tiene. Otra de éstas, son las conversaciones extensas en la que se ven envueltos sus personajes. Esto se manifiesta en Slacker, uno de los primeros trabajos de este director texano autodidacta, y también en la trilogía Antes del amanecer, Antes del atardecer y “Antes del anochecer, en la cuál el diálogo es lugar de juego, seducción, y también de encuentro entre sus personajes principales, Jesse y Celine.

 

En sus comienzos, Linklater no se sintió intimidado por las barreras de hacer cine. Ahorró dinero y se compró una cámara de Super 8, un proyector y algunos equipos de montaje. Comenzó con cortos, experimentos y películas independientes de muy bajo presupuesto, con la mirada puesta en eso que él quería contar. Fue reconocido por los premios Independent Spirit por Slacker (1991), Antes del amanecer (1995), Antes del atardecer (2004), y por Walking Life (2001), su película animada.

 

Su estilo destacó desde un primer momento por la falta de narrativas convencionales y su interés por captar de la forma más viva y real posible los sentimientos o pensamientos de uno o más personajes en un momento determinado.

 

El director es conocido, también, por no seguir al pie de la letra el guión. Linklater abre la posibilidad a los actores a aportar lo suyo con la premisa: cómo crees que tu personaje diría esta frase o idea. En su película Dazed and confused, por ejemplo, Matthew McConaughey, interpretando a David Wooderson, da la idea en un ensayo de incluir en una escena la ya famosa frase: alright alright alright (Bien, bien, bien). Y en el caso de la trilogía ya mencionada, los actores Ethan Hawke y a Julie Delpy colaboraron en el guión

 

Y del otro lado, hay un público esperando sus trabajos. Durante las primeras semanas del lanzamiento de Boyhood, en Nueva York, se agotaban desde temprano las entradas en los pocos cines que tenían la película en cartelera. Además, la gran cobertura que tuvo por parte de los medios estadounidenses y las redes sociales acrecentó la masa de gente ansiosa por verla. Algo similar sucedió en el Festival de cine de Tribeca, en abril del año pasado, donde para ver Antes de la medianoche había gente haciendo cola hasta con cinco horas de anticipación. ¿Será hora de decir que Richard Linklater se ha convertido en un director de culto? Según las cifras del sitio web Box Office Mojo, la película Boyhood ya lleva recaudados casi 30 millones de dólares a nivel mundial –contra los 4 millones aproximadamente que salió producirla, y que contó con el apoyo de la distribuidora de cine IFC–.

 

Boyhood, que comenzó a rodarse en el 2002, tiene la particularidad de haber sido filmada durante doce años. El director convocó y reunió al elenco cada año, durante ese período, para  filmar un fragmento de la película. El elenco está conformado por Ellar Coltrane, Patricia Arquette y Ethan Hawke, un actor, este último, presente en anteriores trabajos suyos. Las 2 horas 46 minutos que dura la película comprimen el paso del tiempo y registran la niñez de Mason, interpretado por Coltrane, desde los seis años hasta su transición a la edad adulta, cuando entra a la universidad.

 

El resultado es casi mágico. En la misma vemos cómo a Mason se le transforma la fisionomía de la cara y le empieza a crecer la barba. Impacta con la novedad, ya que en otras películas para representar varias etapas de la vida de un mismo personaje utilizan a varios actores. O si es un solo actor, trabajan con un equipo de expertos maquilladores, o incluso de animadores –como se hizo en el filme El curioso caso de Benjamin Button–.

 

Pero este no fue el caso de Boyhood. Linklater confió en el tiempo para lograr un resultado que ningún maquillador podría haber hecho con ese nivel de perfección. Coltrane quedó elegido para el papel de Mason cuando tenía cinco años y se comprometió a interpretar el papel durante más de una década y, también, a crecer frente a la pantalla. El director, por otro lado, tampoco sabía exactamente cómo iba a lucir Coltrane cuando cumpliera 18 años, en el momento del casting. En ese sentido, el trabajo fue una apuesta y un compromiso de las dos partes.

 

Lo mismo con el resto de los personajes. Arquette comenzó a rodar cuando tenía 34 años y terminó a mediados de sus cuarenta. “Uno no puede aferrarse a la belleza de su juventud”, dice la actriz a la revista New Yorker en una entrevista. “Algunas veces me llegaban mensajes de mis admiradores diciéndome: ‘¡Ya no eres sexy!’ Eso me hace reír. Entonces, ¿se supone que debo serlo? ¿Es ese acaso un acuerdo que hemos hecho?”, agrega. Es que mostrar cómo lidian sus personajes con el irremediable envejecimiento, y dejar en evidencia qué es lo que pasa cuando las agujas del reloj siguen funcionando, interesa a Linklater y quizás por eso es un tema que repite en sus películas.

 

El director expuso también a su hija, Lorelei Linklater –que interpreta a Samantha, hermana mayor de Mason–, a este proceso. En una de las primeras escenas Samantha hace de la irritante hermana mayor cuando por la mañana canta y baila a toda pastilla el tema Oops… I Did It Again, de Britney Spears, en el cuarto que comparte con su hermano.

 

Instantáneas de la vida diaria de este tipo son las que conforman la película Boyhood: cenas familiares, graduación y días de camping. Ethan Hawke y Patricia Arquete representan a una pareja separada que intenta criar a sus dos hijos de la mejor manera posible, a pesar de los errores o los inconvenientes que se encuentran en el camino.

 

Con respecto a las decisiones más técnicas, ante el desafío de filmar durante doce años, el director optó por utilizar 35 mm. De esta forma lograba continuidad visual, a pesar de los cambios tecnológicos digitales que podrían aparecer en el futuro.

 

Durante el proceso de la película, muchos elementos de la realidad impregnan la película. Coltrane ha dicho en entrevistas que en varias escenas de Boyhood usó su propia ropa, y que en la mayoría de los casos los cortes y peinados de pelo o usar esmalte de color en las uñas en ciertas escenas fueron decisiones suyas.

 

“Todos los elementos de la película están unidos a algo real”, dijo Linklater en una entrevista a la revista Time. Por eso, al elegir la banda sonora de la película el director prefirió elegir temas con los cuales el público pudo haber tenido una fuerte conexión emocional.

 

Para dar cabida a esta idea, reclutó y pidió a un pequeño grupo de jóvenes (hijos de amigos, extras que colaboraban en la película, etcétera) que escribieran historias sobre las canciones que más los marcaron durante cada temporada de los doce años en que fue filmada la película.

 

Linklater quería saber cuál era, por ejemplo, ese tema que sonaba en la radio de tu coche cuando estabas conduciendo de vuelta a casa, cuando acababas de cortar con tu novia o novio. Esa melodía que te tranquilizó y te aseguró que todo iba a volver a estar bien cuando atravesabas un mal momento.

 

La consulta la realizó al final de la filmación, para que resultara más asequible conseguir  los derechos derecho de las canciones, y también para asegurarse que los temas aguantaran el examen del tiempo. Para ver si, después de unos años, el público seguía recordándolas.

 

El efecto extraordinario de ver envejecer a Mason en pantalla probablemente es lo que suscita el afecto de los espectadores hacia el personaje. Sin embargo, y a pesar de los cambios físicos que él atraviesa, y de las circunstancias que lo rodean, hay algo de su carácter que parecería permanece en él todo el tiempo.

 

Lo cierto es que durante una entrevista le preguntaron a Linklater si iba a haber una segunda película en unos años sobre la vida de Mason, a lo que él respondió riendo: “Sabes, recién estaba pensando… ¿No sería grandioso si Mason termina la universidad, se sube a un tren y conoce a una chica en Europa?”. Las películas de Linklater parece como si estuvieran interconectadas, y nunca acabaran.

 

 

 

 

Teodelina Basavilbaso (Buenos Aires, 1987) es periodista. Desarrolló su carrera trabajando para el diario argentino La Nación. Actualmente reside en la ciudad de Nueva York, desde donde colabora con diarios y revistas latinoamericanas con artículos e investigaciones sobre cuestiones de interés general y el mundo del arte. En fronterad ha publicado El chileno Alejandro Zambra escribe la novela que creía que no escibiría. Salida de emergencia es su blog personal, sube sus fotos a su cuenta de Flickr y su Twitter es @TeodelinaB

Autor: Teodelina Basavilbaso