‘Cómo ser Bill Murray’, de Gavin Edwards

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Llámenme cursi si quieren. Las caídas de estilo ya no me asustan.

Digan lo que digan, mi pasión por Bill Murray quedará intacta.

Si mal no recuerdo, la primera vez que me enamoré de Bill fue viendo la película ¿Qué pasa con Bob? (What About Bob?, 1991). La clásica comedia americana que ponen en la televisión una tarde de verano, cuando hace demasiado calor para salir a la calle.

No habían pasado siquiera diez años del taquillazo Ghostbusters (1984), y Bill ya era una estrella hecha y derecha. Esta vez interpretaba a un maníaco paranoico con personalidad multifóbica en constante estado de pánico, Richard Dreyfuss era el psiquiatra que lo tenía en cura, el Dr. Leo Marvin, una verdadera eminencia en el ambiente. A pesar de las reticencias de Bob/Bill, el paciente demostraba desde la primera sesión una formidable precisión en el análisis de su estado psíquico y de los consiguientes disturbios psicosomáticos. A continuación veremos cómo a las preguntas lacónicas del doctor responde con abundancia de detalles.

—Tengo muchos problemas para desplazarme.

—Hábleme de desplazarse.

—Verá, mientras estoy en mi apartamiento estoy bien. Pero cuando salgo me vuelvo… raro.

—Hábleme de raro.

—Hablar de raro… Bueno pues, me entran mareos, nauseas, sudores fríos, sudores calientes, dificultades para respirar, dificultades para tragar, vista nublada, tembleque involuntario, manos muertas, labios entumecidos, sensibilidad en las uñas, incluso molestias en la pelvis.

Los primeros treinta minutos de la película son de una alucinante hilaridad, luego todo se convierte en un dramón tragicómico que no acaba de convencer. Y lo más extraño es que la antipatía y la irritación del doctor Marvin se reflejaba también en la vida real, seguramente impulsada por Murray que no se limitaba a los momentos de rodaje para fastidiar, de todas las formas posibles, al neurótico Dreyfuss. Quizás por eso la película se convertía pronto en una especie de locura circense en la que se revelaba que el eminente psiquiatra era en realidad un neurótico narcisista, sádico padre de familia, y hombre cuyos valores éticos dejaban mucho que desear; mientras que el enfermo mental resultaba ser una persona nada más un poco extravagante, pero en el fondo buena de corazón.

Pero si la película de Frank Oz fue reveladora, no era tanto por la moral que la historia quería dejar –si es que había una–, sino más bien por esos treintas minutos iniciales durante los cuales la mirada inocente de Bob, sus pasos inciertos hacia el estudio del doctor, y su miedo constante de que una bomba podía estallarle en la cabeza a cada persona que se le acercaba. Todo eso, la genialidad de los tiempos cómicos, las pausas perfectamente sincronizadas con una mímica inconfundible, la sonrisa desarmante y solo aparentemente boba y burlona. Pues, todo ello no formaba parte del personaje. Todo ello era Bill.

Así que si van de paseo por Estados Unidos y están fumando un pitillo, o comiendo unas patatas fritas, o simplemente mirando el horizonte, y se les acerca un hombre alto, con los pantalones largos y nada favorecedores, la camisa arrugada y el pelo descompuesto, no tengan miedo. No se asusten si con indiferencia despreocupada les roba una papa o da una calada a su pitillo, o les cubre los ojos preguntándoles; “¿Quién soy yo?”. No teman, porque ése es Bill. Quizá lo reconozcan y se queden estupefactos mirándolo, pues no se hagan ilusiones tampoco, porque con la misma indiferencia con la que ese hombre se acercó, con igual impasibilidad les dirá: “Nadie te va a creer”, antes de desvanecer rápidamente.

Ésas son solamente algunas de las anécdotas con las que Gavin Edwards, escritor y periodista para The New York Times y Rolling Stone, entre otros, rinde homenaje al actor. No es una biografía cualquiera, se podría definir más bien como una pieza narrativa de jazz en la que se celebra no solamente la filosofía de vida de Murray sino también la mismísima americanidad, en todas sus espléndidas contradicciones. Desde ser empleado en el Indian Hill Club como recogepelotas de golf, pasando por la Sorbona donde estudió Literatura Francesa y Filosofía. Hasta llegar a ser una estrella de blockbuster, colarse al funeral de Elvis Presley, ligar en japonés con los cocineros de sushi durante el rodaje de Lost in Translation... O gritar por las calles de Nueva York: “¡Cuidado, hay una langosta suelta!”, y al siguiente peatón aconsejarle: “Oiga, coja mantequilla caliente, ¡es la única forma de atraparlas!” (G. Edwards, 2016:49). La vida de Bill no los defraudará. Porque es sin duda alguna una de las películas que mejor ha interpretado.

 

Cómo ser Bill Murray, de Gavin Edwards
Traducción de Ismael Attrache
Primera edición: noviembre de 2016
Blackie Books
ISBN: 978-84-16290-71-0
https://blackiebooks.org/catalogo/como-ser-bill-murray/

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