
Diario de una guerra en Europa. Ucrania 2022-2025, 11
(25 de octubre, martes)
Las fuerzas ucranianas están a diez kilómetros de Jersón, donde en contra de los que se dice, los rusos no están retirándose sino atrincherándose en la ciudad. El escenario que se espera es la repetición de lo sucedido en Mariúpol, es decir, una batalla urbana.
El avance ucraniano en este frente Sur también se dirige hacia la estratégica ciudad de Nova Kajovka, a 40 kilómetros al norte de Jersón, en la orilla oriental del Dniéper, donde se encuentra una de las mayores presas de Ucrania, que suministra agua a Crimea, y una central hidroeléctrica necesaria para el funcionamiento de la planta nuclear de Zaporiyia. Ciertamente, estamos ante los prolegómenos de una batalla urbana y en días importantes, y la escasa información que trasciende así lo confirma. La caída de Jersón y un posterior avance ucraniano hacia la cercana Crimea, dejaría aislada a la península, quedando dependiente del puente de Kerch. Ahora queda lejos la posibilidad de crear aquel corredor de Transnistria del que se hablaba hace meses, lo que dejaría a esta república prorrusa en el mismo limbo geográfico en el que está ahora.
En lo que ahora Rusia llama Territorios Unidos, especialmente en los oblast de Jersón y Zaporiyia ocupados en parte durante la guerra, se están dando deportaciones forzosas de población, un método estalinista por el que los rusos tienen una notable querencia. Otro horror de la guerra que se ceba en la población civil.
Parece evidente que todas las maniobras de Rusia en los últimos días, desde los rumores de un supuesto empleo de la “bomba sucia” por los ucranianos a las propuestas de negociación de hoy del portavoz del Kremlin, Dimitri Peskov, en una mesa con Francia, Estados Unidos y el Papa, no son más que ardides dilatorios. El objetivo de Rusia es ganar tiempo hasta la primavera para reforzar su arsenal, crear un nuevo ejército y aprovechar el buen tiempo para lanzar una ofensiva contra unos ucranianos a los que un invierno, sin electricidad y bajo los bombardeos, y tras más de un año de guerra, habrá quebrantado la moral.
(26 de octubre, miércoles)
Según Zelenski, los combates alrededor de Bajmut, en el Donbás, están siendo feroces. Sin embargo, hoy, por primera vez, el ministerio de Defensa ucraniano ha declarado que el ataque en el sur y en el Donbás se ha complicado a causa del mal tiempo. Ahora sí parece que el invierno está llegando a Ucrania.
Mientras anuncia que Rusia inicia unas maniobras nucleares, Putin advierte que el riesgo de un conflicto mundial sigue siendo muy alto. La provocación de Moscú en los últimos días, cada vez más intensa, está encaminada a confundir y quizás a advertir del posible empleo de un arma nuclear o química en Jersón, de donde sabe que acabará retirándose no tardando mucho.
Adam Michnik ha reconocido que tampoco pensaba que Rusia acabara atacando Ucrania. Otro ingenuo como yo.
Parece que la pomposamente llamada Línea Wagner solo tiene de tal el nombre, pues no es más que una línea de trincheras o, mejor, zanjas, con unos dientes antitanques cuya efectividad real es nula, como se demostró, por citar algún ejemplo, con la Línea Sigfrido. No es ni siquiera disuasoria. ¿Para que emprende Rusia ahora, cuando llega el invierno y las trincheras se inundan, una empresa defensiva de escasa eficacia?
(27 de octubre, jueves)
Bombardeos de drones rusos sobre estaciones distribuidoras de electricidad en las regiones de Cherkassi, Zaporiyia y Kiev. El resultado es el incremento de las restricciones en el suministro de electricidad en estas provincias, ya casi reducido al mínimo.
El efecto buscado por Rusia con su despliegue en Bielorrusia desde hace semanas se ha alcanzado: los ucranianos se han visto obligados a desplegar tropas al norte de Kiev para hacer frente a un posible ataque ruso. Esta distracción de tropas se produce en unos momentos críticos, cuando está a punto de empezar la batalla por Jersón, lo que representa una contrariedad para los planes de Kiev. Un ataque desde Bielorrusia supondría una implicación de este país en el conflicto de manera abierta.
Aunque la lluvia y las dificultades del terreno han ralentizado el avance ucraniano, las fuerzas de Zelenski están a punto de tomar el aeropuerto internacional de Chornobaivka, junto a Jersón y a poca distancia del puente Antonovsky sobre el Dniéper, que se encuentra casi en ruinas. La realidad es que Jersón está a un tiro de piedra de las vanguardias ucranianas.
Las noticias apuntan a que Jersón será el escenario de una batalla urbana, pues las tropas rusas se estarían atrincherando para rechazar el ataque ucraniano. La llegada de las lluvias y la bajada de temperaturas que se espera de un momento a otro, dificultarán los combates y las maniobras, especialmente de los atacantes. Los despliegues por campo abierto, en un terreno convertido en un lodazal, son impensables, de manera que las unidades blindadas solo se pueden desplazar por carretera, sin posibilidad de desplegarse, lo que limita su potencia de fuego y les hace más vulnerable a los ataques aéreos. Si Ucrania quiere tomar Jersón y mantener la iniciativa, las operaciones deben culminar cuanto antes. Un combate urbano en el invierno de Ucrania remite a la ya muy aludida batalla de Stalingrado.
El reclutamiento de la Compañía Wagner en las prisiones rusas incluye a enfermos infecciosos. Todo es posible dadas las carencias del ejército ruso. Esta medida, como la aprobada hoy por la Duma. que permitirá reclutar a condenados por delitos graves, da idea de su difícil situación.
Madrid, al igual que toda España, con temperaturas de finales de agosto. Hay una extraña descoordinación entre las fechas y la luz, propias de otoño, con el calor anómalo que está haciendo. Es asunto de actualidad pues abre todos los informativos y las primeras páginas de los periódicos. En Ucrania tampoco ha llegado el invierno, pues las temperaturas en Kiev son relativamente suaves, con máximas de doce grados, aunque las imágenes del frente ya hablan de otra estación. Esta situación favorece a los ucranianos, embarcados en operaciones de importancia.
La intervención de Vladimir Putin hoy en el foro de discusión política Valdái, en Moscú, no deja lugar dudas ante el futuro. No solo niega la existencia de Ucrania como Estado –«fue un Estado artificial creado por los bolcheviques»–, que considera que forma parte de Rusia, sino que anuncia que estamos ante una «frontera histórica, la década más peligrosa, impredecible e importante desde la Segunda Guerra Mundial”. Se arroga la condición de defensor de los valores tradicionales frente a los de Occidente, que llama «neoliberales». Un Occidente, en alusión a Estados Unidos, «que quiere exterminar todo aquello que no les gusta». Por si aún hubiera alguna duda acerca de la distancia de Rusia respecto de Europa, remacha asegurando absurdamente que “los nazis quemaron los libros y en Occidente ahora han venido a prohibir a Tchaikovski y Dostoievski”. Dureza en el tono y en el contenido que alejan la posibilidad de unas negociaciones y aun más de un acuerdo, que confirma que la guerra se alargará y que el futuro de la sociedad rusa se distancia de una Europa en la que, al contrario de lo que sucedía en los días la Guerra Fría, ni siquiera está presente a través de los países que formaban parte del Pacto de Varsovia. Una intervención dura que no augura ninguna rebaja de la tensión.
(28 de octubre, viernes)
Colean las declaraciones realizadas ayer por Putin y hoy el anti occidentalismo se ha incrementado tras la reunión de los ministros de Asuntos Exteriores de Rusia y China.
Importante éxito del ejército ucraniano en Lugansk, donde han tomado un importante centro logístico de distribución, lo que obligará a los rusos a retirarse del sector y consolidará la recuperación del Donbás por Ucrania.
(29 de octubre, sábado)
Según Moscú, varios barcos rusos anclados en Sebastopol han sido atacados por drones ucranianos, manejados por asesores británicos. El supuesto ataque ha servido para que Rusia se retire del acuerdo de exportación de cereales por el Mar Negro alcanzado en Estambul.
Amplio y buen artículo de Cristian Segura para El País desde el frente de Jersón. Afirma que la verdadera batalla de Jersón se libra en Nova Kajovka, una ciudad de 45.000 habitantes a orillas del río Dniéper, a 40 kilómetros de la capital de la provincia. Es un centro estratégico cuya caída dejaría sin abastecimiento a Jersón y a las fuerzas rusas en la orilla izquierda del Dniéper y en aprietos a Crimea, pues su presa hidroeléctrica abastece a esta región. De todas formas, el propio Zelenski ha declarado que no se espera tomar Jersón hasta finales de año. Por su parte, las fuerzas rusas se atrincheran en la ciudad esperando el ataque de los ucranianos, ya casi a la vista.
(30 de octubre, domingo)
Los rastros que dejan los rusos en los lugares del frente de Jersón que recuperan los ucranianos hablan de saqueos, de violencia, de ejército de ocupación. Entre los soldados hay odio a los americanos, a los ingleses y a los que llaman eurogays, sin olvidar a los ucranianos, a los que consideran nazis.
Los drones navales que han atacado la flota rusa en Sebastopol parece que tenían navegadores canadienses. Si el ataque ciertamente se ha producido, lo normal es que haya sido Ucrania. La obsesión por lo que ahora, en jerga periodística, se llama ataques de falsa bandera, es exagerada. Por otra parte, la eficacia de estos drones navales
Rusia afirma que sus tropas han rechazado los ataques ucranianos en Lugansk, Járkov y Jersón. Una muestra más de la habitual guerra de comunicados relativos a las operaciones.
Parece que ya se han reclutado los trescientos mil soldados que Moscú tenía previsto movilizar, y que se han desplegado al menos ochenta mil. Todos ellos, sin entrenamiento ni equipo. De nuevo se pone en evidencia su condición de carne de cañón.
La sensación de estos días es que estamos en momentos de espera, previos a acontecimientos de importancia.
El distanciamiento entre Estados Unidos y Arabia Saudí, algo inaudito en medio siglo al menos, sugiere los cambios que se están produciendo en el orden mundial y en las relaciones internacionales. Decía Blinken que el mundo surgido tras el final de la Guerra Fría había desparecido, y todo apunta a que así es. ¿Estamos en una nueva época o es quizás la vuelta a una Guerra Fría postcomunista tras el paréntesis de 1989?
(31 de octubre, lunes)
Bombardeo masivo de centrales eléctricas en casi toda Ucrania. Kiev, sin luz ni agua, al igual que Zaporiyia y Járkov. Los misiles han llegado incluso a Lvov. El objetivo es incrementar el malestar de la población civil a causa de las dificultades de vida, de manera que la opinión exija al gobierno la negociación de un alto el fuego.
La incapacidad militar de Rusia para resolver la guerra en el terreno la ha llevado a la estrategia del bombardeo de centros logísticos e infraestructuras, pero también de las ciudades, y a intensificar el conflicto en el ámbito de los hidrocarburos, de la energía y de los cereales. Todo, acompañado de una retórica agresiva. Es el sufrimiento de la población civil como arma de guerra. Una estrategia del siglo pasado, es decir, antigua.
NOVIEMBRE
(1 de noviembre, martes)
En Ucrania, donde ya ha llegado el otoño que aquí aún se despereza, comienza el décimo mes de guerra. Nadie sospechaba que el conflicto abierto en febrero llegaría a convertirse en esto, en una guerra convencional propia del pasado siglo.
En una nueva declaración en la que las amenazas de tono desafiante persisten, Putin ha confirmado que el bombardeo de ayer sobre varias ciudades de Ucrania para interrumpir su suministro eléctrico, es una represalia por el llevado a cabo contra la flota rusa en Sebastopol.
Desde hace unos días, Moscú insiste en responsabilizar al Reino Unido de planear y ejecutar el atentado contra el Nord Stream. Es este un asunto confuso.
Las imágenes que llegan del frente de Jersón y de Zaporiyia ya muestran campos embarrados, bañados por un sol declinante y una luz que anticipa el frío. El terreno dista de ser favorable para los movimientos, es decir, para la ofensiva, aunque todo indica que se avecina un enfrentamiento en la zona. Así se desprende de la evacuación llevada a cabo por las autoridades prorrusas de Jersón en localidades de la orilla oriental del Dniéper. La amenaza de inundaciones procedentes de la presa de Nueva Kajovka ha llevado a adoptar la medida. El ISW insiste en que los ucranianos podrían tomar Jersón antes de fin de año, aunque reconoce que Rusia está reforzando sus fuerzas en la zona. Si ahora los ucranianos tuvieran fuerzas para atacar Melitópol sería una sorpresa considerable que, en caso de tener éxito, dejaría aisladas a las fuerzas de Jersón y les pondría a las puertas de Crimea y de Mariúpol. De todas formas, es una maniobra de grandes dimensiones para la cual los ucranianos no disponen de efectivos y que además quizás les dejaría expuestos en otros frentes.
En Rusia la represión se incrementa: censura de Wikipedia y persecución de opositores a la guerra como el movimiento Vesná.
En Ucrania han canonizado dos armas claves, San HIMARS y San Javelín. Tanto es así que, a la imagen de Santa María Magdalena, patrona de Ucrania, la representan ahora con un misil Javelín en los brazos. Una iconografía votiva que diría es más propia de la cultura mexicana, pero que refleja la importancia de ambas armas en el conflicto ucraniano.
(2 de noviembre, miércoles)
La táctica rusa de lo que Kiev llama terrorismo energético mediante el bombardeo selectivo de centrales e infraestructuras, está dando sus frutos pues en toda Ucrania hay enormes dificultades de abastecimiento de agua, electricidad y gas. Sus efectos sobre la moral de la población de momento son poco importantes. Otra cosa será si continúan.
Irán ha enviado a Rusia drones y misiles balísticos. Todos los analistas insisten en la gran capacidad de estos medios pues están diseñados para traspasar el escudo antiaéreo de Israel. Los iraníes tendrán ocasión de comprobar su eficacia ante unas defensas antiaéreas mucho más débiles que las israelíes. De todas formas, la tensión crece y se extiende a Oriente Medio. La implicación iraní en el conflicto está dándole una nueva dimensión y creando una alianza peligrosa que habla del aislamiento internacional de los dos regímenes y de sus semejanzas.
Parece que Rusia, gracias al despliegue de los contingentes reunidos con la movilización de hace unos meses, al comienzo de las lluvias y a las escasa fuerzas de que dispone Ucrania, ha logrado estabilizar el frente. Es este el objetivo esencial de Rusia. Aguantar en las líneas fijadas hasta la primavera, cuando, recuperadas las pérdidas de hombres y material, se lanzaría una nueva ofensiva que no descarto tenga como objetivo de nuevo Kiev. Mientras, las guerras del hambre con el grano y de la energía continuarán al igual que los bombardeos sobre objetivos estratégicos de Ucrania. La duda está si el almacén de misiles y drones de Rusia puede permitírselo, pues según noticias de hoy, Rusia ha empleado 250 misiles y 220 drones contra objetivos en Ucrania, lo que ha dejado a sus reservas bastante reducidas. De todas formas, el asunto de las limitaciones rusas de misiles de crucero es un asunto recurrente desde hace meses y los hechos demuestra que siguen contando con medios para continuar su estrategia de bombardeo.
Hoy en Kiev hace seis grados al mediodía y está nuboso, de manera que ya cabe hablar de otoño, aunque con más previsiones de lluvia que de frío. El mal tiempo ya está llegando y limitará la actividad en el campo de batalla, como está sucediendo en los últimos días, en que las operaciones prácticamente se han detenido.
Muy buen artículo, claro y esclarecedor, en El País de Helena Legarda titulado Pekín no abandonará a Moscú. Queda claro que China contempla a Occidente y a Estados Unidos como el adversario estratégico y a Rusia como un aliado indispensable. A pesar de las reticencias hacia la invasión de Ucrania, la cercanía entre Xi Jinping y Putin se mantiene, sin olvidar que ambos comparten idéntica voluntad de transformar el nuevo orden mundial, suprimiendo el liderazgo de Occidente. Es evidente que en ningún momento Pekín ha contemplado la posibilidad de mediar en el conflicto, ni aun menos de presionar a Rusia en ningún sentido. Califica Helena Legarda la posición de China de «aparente neutralidad retórica», pues comparte el discurso de Moscú al señalar a Estados Unidos como responsable de la crisis a causa de la tensión provocada debido a la ampliación de la OTAN desde 1989.
Guerra del grano. Algunos, muy pocos, han citado el dicho de los grandes propietarios castellanos de finales del siglo XIX, muy expresivo de la situación. Para vender bien el trigo de Tierra de Campos tenía que haber agua, sol y guerra en Sebastopol. Es un recuerdo de la guerra de Crimea que cerró el puerto e impidió la exportación de grano ruso que se vendía a precio más bajo. Su lugar lo ocupó el trigo castellano, de inferior calidad y más caro, que al restablecerse las exportaciones de nuevo desplazó a la producción nacional.
(3 de noviembre, jueves)
Proliferan los análisis acerca del llamado general Invierno, que ahora han descubierto los analistas, aplicándolo con algo de desmesura. Todo son discusiones acerca de cómo afectará el mal tiempo a la guerra, y eso que todavía estamos en otoño.
La noticia del día es la supuesta retirada rusa de Jersón, según declara el líder prorruso del gobierno títere de la provincia. El abandono de la ciudad, de la que los ucranianos parece que están a doce kilómetros, plantea muchos interrogantes. Las tropas rusas van a trasladarse a la ribera oriental del Dniéper, a la ciudad de donde ya se ha arriado la bandera. Una maniobra que choca con las declaraciones de Kiev de hace unos días según la cual los rusos estarían enviando fuerzas a Jersón, donde se aprestaban a su defensa. ¿Será una trampa para atraer a los ucranianos a una ciudad en la que solo permanece una población antirrusa y destruirla, de acuerdo con la estrategia y los métodos empleados en Siria? En ese caso ¿emplearía Moscú medios convencionales o cabe la posibilidad, ciertamente improbable, de que utilicen armamento nuclear táctico, como se está diciendo? ¿Se preparan en realidad los rusos para una larga guerra urbana y resistir como los ucranianos en Mariúpol?
La conversión, que no declaración, de Jersón como ciudad abierta es un acontecimiento incomprensible y por tanto, oscuro. Veremos. Le Monde no lo recoge, pero The New York Times da la noticia ampliamente.
El Secretario de Defensa americano alaba la capacidad operativa del ejercito ucraniano y asegura que le ve en condiciones de llevar a cabo operaciones complejas.
Me pregunto si se puede aplicar a Ucrania –ese microcosmos de lo que fue la diversidad europea, el razonamiento de Milán Kundera dedicado a la que fue Europa del Este bajo control soviético. Esta Europa, según el escritor checoslovaco, era culturalmente occidental, políticamente oriental y geográficamente central. En el caso de Ucrania creo que predomina lo oriental, lo eslavo, siendo en lo geográfico periférica. Si, como dice Kundera, Europa se apoya en dos patas, el cristianismo y la Ilustración, en Ucrania estos dos pilares son la Iglesia Ortodoxa y el mundo eslavo. Es una Europa muy fronteriza, a veces algo diluida.
(4 de noviembre, viernes)
Ahora se han hecho públicas las tremendas imágenes y audios de la entrada de las fuerzas rusas en Bucha, en el pasado mes de marzo. Es la representación de una carnicería. Cada vez recuerda más al Oradour -sur-Glane del verano de 1944 o a la aldea vietnamita de My Lai en 1968. Es el mismo instinto asesino, la escenificación de unos crímenes de guerra que horrorizan y repugnan.
Reproduzco las declaraciones de Vladímir Putin. Según el presidente ruso, Moscú siempre ha tratado a la población ucrania «con respeto y calidez», a la par que ha reconocido que el «choque» con el «régimen neonazi» de Ucrania era «inevitable» a causa del apoyo prestado por los aliados occidentales de Kiev.» Sigue la creación del constructo de la Ucrania nazi y de la Operación Militar Especial, es decir, del argumentario oficial de Moscú.
Kiev y otras ciudades están en su mayor parte a oscuras tras la ofensiva de bombardeos rusos del mes pasado.
Zelenski rompe la niebla informativa de los últimos días en relación con las operaciones militares. En las ciudades de Bajmut y Soledar, en la provincia de Donetsk, se están produciendo intensos combates. El contraataque ruso, parece que realizado por fuerzas de la Compañía Wagner, está siendo contenido por las fuerzas ucranianas, que emplean material capturado.
En Jersón continua la ofensiva ucraniana, aunque cada vez se teme más que la supuesta retirada rusa de la capital sea una trampa para atraer a las fuerzas ucranianas a un campo de batalla urbano, en el que los defensores cuentan con ventaja.
Firmes declaraciones de Zelenski a El País: en las que afirma que la anexión de territorios ucranianos por Rusia impide todo posible dialogo. Solo se contempla la retirada de las fuerzas de Moscú. No queda claro si incluye Crimea. Sin duda es una imprecisión buscada.
Xi Jinping ha criticado las amenazas rusas de emplear armamento nuclear con ocasión de la visita del canciller alemán. Ahora en Pekín ha llegado el turno de distanciarse de Moscú. es la diplomacia oriental.
Buenas noticias para Kiev: Estados Unidos va a modernizar sus carros de combates y sus misiles antiaéreos.
Ya ha llegado el otoño. Por vez primera, frío
(5 de noviembre, sábado)
Noticias confusas alrededor de Jersón, que no impiden aventurar que se avecinan acontecimientos. Kiev mantiene un espeso silenció informativo alrededor de las operaciones, aunque ha señalado su desconfianza hacia la evacuación de la ciudad. Los civiles están siendo trasladados por los rusos, mientras que la noticia de la retirada de sus tropas se ve antes como una estrategia para atraer a las fuerzas ucranianas a un entorno que ya han preparado para su defensa. Se destaca la presencia de una importante quinta columna ucraniana, que estaría organizándose ante la llegada de las tropas de Kiev.
Las represalias ucranianas contra los colaboracionistas en los territorios ocupados son despiadadas. Un juez de Donetsk ha sido tiroteado en un atentado. A Ucrania le aguarda una reconstrucción no solo fisca y material, sino también moral y social. Curar y cerrar las heridas de lo que también está siendo una guerra civil. El parecido con la Francia de la Ocupación es innegable.
Debe ser por mimetismo con Ucrania, pero las calefacciones están retrasando su encendido. Es el temor a la factura del gas.
(6 de noviembre, domingo)
Cuando Kiev está prácticamente a oscuras por los bombardeos rusos y Jersón por las acciones ucranianas, ha saltado la noticia filtrada por The Washington Post: Estados Unidos ha pedido a Ucrania en privado que contemple la posibilidad de entablar conversaciones con Rusia. Es decir, que el gobierno de Kiev se plantee una opción para acabar la guerra diferente de la victoria militar que preconiza Zelenski. Las futuras elecciones legislativas americanas, la inflación y la crisis energética y alimentaria, están afectando a los países europeos y a Estados Unidos.
Tal día como hoy, en 1941, en el frente del centro, donde se encontraban las fuerzas alemanas al mando de von Bock, cayeron las primeras heladas de lo que en solo unos días iba a ser el invierno más frío del siglo. De momento, ni siquiera el invierno ha llegado ni a Madrid, ni a Ucrania. Solo se aprecian atisbos, retazos de frío, más intensos allí que aquí. Hasta en el clima, las espadas están en alto. Putin, que hubiera necesitado un invierno temprano y riguroso, como el de 1941 que salvó a Moscú de la embestida de la Wehrmacht, o el de 1812, que obligo a Napoleón a retirarse de Moscú, ve como el tiempo también le niega.
(7 de noviembre, lunes)
Rumores encontrados acerca de una posible evacuación masiva de Kiev a causa de la posible falta de suministro eléctrico. En la capital, la población habitual de 3 millones y medio de habitantes, se ha incrementado durante la guerra debido a la llegada de refugiados hasta casi 4 millones y medio. ¿Dónde los van a evacuar? ¿Hay refugios en mejores condiciones? ¿Cómo se haría el traslado? Muchas preguntas. La realidad es que, en Kiev, con 4 grados al mediodía, el invierno es una amenaza considerable dadas las condiciones de la ciudad, prácticamente sin suministro de electricidad.
Los frentes, incluidos el muy tenso de Jersón, están estabilizados. La realidad es que no se sabe ni donde ni con qué objetivo, se producirá la ofensiva ucraniana; probablemente tenga lugar con la llegada de las primeras heladas que permitan maniobrar fuera de las carreteras a las unidades y también cuando hayan llegado a Ucrania los nuevos envíos de armamento occidental. Puede ser en dirección a Mariúpol o Melitópol, en el Donbás o en el propio Jersón, ya semivacío, donde parece ahora menos probable que hace unas semanas.
Se diría que la tensión nuclear se rebaja tras las declaraciones de China y la firmeza de Occidente. Probablemente haya sido todo retórica rusa.
Ucrania ha recibido hoy sistemas de defensa antiaéreos de Noruega.
Noticia de The New York Times acerca del creciente ascendiente de Yevgueni Prigozhin, el propietario de la Compañía Wagner, hombre de negocios y antiguo convicto por robo, amigo de Putin. Su influencia en el Kremlin choca con la jerarquía militar y se le señala como responsable de incitar a la destitución de varios altos mandos rusos. Una prueba más de la debilidad institucional de Rusia, que afecta a las propias fuerzas armadas.
(8 de noviembre, martes)
La tensión entre Washington y Moscú parece que está algo embridada pues ambos países reconocen la existencia de contactos desde hace meses con objeto de rebajar la tensión. Los contactos se refieren especialmente a lo que pueda afectar a las armas nucleares estratégicas y a su regulación por el tratado START. Creo que el asunto del empleo de armas nucleares ha estado más controlado de lo que parecía.
Noticias de la construcción de dientes antitanques por Rusia en Mariúpol. Se habla de esos picos de hormigón, de su utilidad defensiva más que relativa, como de una Línea Maginot. Lo más relevante es que es una muestra el temor de Rusia a un ataque. Estos trabajos de fortificación revelan que el mando ruso considera a la ciudad un objetivo de la ofensiva ucraniana.
La cuestión de los posibles contactos de Kiev y Moscú con vistas a unas conversaciones de para un alto el fuego se complica. A pesar de la supuesta recomendación de Estados Unidos a Zelenski para establecer algún tipo de interlocución con Rusia, parece que no hay ninguna novedad al respecto. Así se desprende de las palabras del secretario del Consejo de Seguridad ucranio, Oleksiy Danilov, quien ha afirmado que restaurar la integridad territorial del país es la principal condición para reanudar las negociaciones de paz con Moscú.
Como ayer, y como diría Erich María Remarque, sin novedad en el frente. Ni siquiera ha habido bombardeos rusos. Las temperaturas han bajado y durante la noche la oscuridad es cada vez más densa en las ciudades ucranianas.
El asunto dominante son las elecciones americanas y el temor a que el previsible triunfo republicano en el Congreso y en el Senado, con la larga sombra de Trump al fondo, interrumpan la ayuda militar a Ucrania. Sin el apoyo estadounidense, Kiev no podría hacer frente a Rusia, lo que daría un giro radical al conflicto en favor de Moscú. Es una evidencia que todos los observadores lo saben, de ahí la atención con que se contemplan las elecciones americanas. En los próximos días saldremos de dudas.
(9 de noviembre, miércoles)
La noticia ha saltado a primera hora de la tarde: el ministro de Defensa ruso, Serguéi Shoigú, ha anunciado la retirada de las fuerzas rusas de la orilla occidental del río Dniéper, incluido el abandono de Jersón. Se trata de un repliegue en toda regla que tiene aires de derrota, aunque ciertamente evita una debacle rusa. Es evidente que la voluntad de resistir que debe impulsar permanecer en Jersón y enfrentarse a los ucranianos, no existe entre los rusos. Ahora, las operaciones entran en otra dimensión, pues las fuerzas rusas están atrincheradas al otro lado del Dniéper, en la orilla oriental, protegidas por el rio. Atravesarlo bajo el fuego es una maniobra compleja que exige unas capacidades que no tienen las fuerzas ucranianas.
Por el contrario, el frente del Donbás sigue activo. Kiev ha declarado que ha intensificado su ofensiva en Lugansk y Donetsk, donde parece que los combates no han cesado las últimas semanas. ¿Será en esta zona donde se lance la ofensiva ucraniana? Sin duda es uno de los escenarios esenciales, pues el portavoz del Kremlin, el televisivo Dimitri Peskov, ha realizado a cabo una visita sorpresa a la región de Lugansk.
El vicegobernador prorruso de la provincia de Jersón, Kirill Stremousov, ha muerto este miércoles en un supuesto accidente de coche, según ha anunciado Moscú. Evidentemente, todas las especulaciones están disparadas, sobre todo teniendo en cuenta la serie de atentados y ejecuciones de los últimos meses sufridas por los partidarios de Rusia.
Los lazos entre Rusia e Irán no hacen más que estrecharse.
(10 de noviembre, jueves)
La noticia de la retirada rusa de Jersón y en el Donbás ha cambiado radicalmente el panorama de la guerra y ha causado un terremoto. La decisión de abandonar Jersón, adoptada en una reunión con una teatralidad exagerada e impostada entre el ministro de Defensa Sergei Shoigú y el general Serguéi Surovikin, se ha retransmitido en directo. Lo más ridículo ha sido la llamada a la voluntad de preservar la vida de los soldados rusos, así como de la población civil. En realidad, la necesidad de llevar a cabo una retirada ordenada, sin pérdidas excesivas, explica esta maniobra. Es, en el argot militar, una corrección del frente.
Aunque los ucranianos desconfían de las declaraciones rusas, el hecho es que avanzan hacia Jersón, de donde están a ocho kilómetros. La retirada rusa necesitará tiempo para cruzar el Dniéper de manera ordenada, teniendo en cuenta que los ucranianos han bombardeado sistemáticamente los puentes desde hace meses. Se dice que la ciudad está minada y quedará bajo el fuego ruso desde la otra orilla del río. A pesar de que es una derrota sin paliativos, el hecho es que Rusia ha corregido sus líneas y mejorado el despliegue de sus tropas con esta retirada. De esta manera se encuentra en mejor disposición de hacer frente a una más que previsible ofensiva ucraniana. Un ataque que parece que puede tener como objetivo Melitópol, con la intención de cortar el corredor que une Crimea y el Donbás. Sin embargo, con los rusos atrincherados en la orilla oriental, cruzar el Dniéper será a partir de ahora muy complicado.
¿Quién se acuerda ahora de la consideración de Jersón o Zaporiyia como territorio ruso? Una vez más, se comprueba la vacuidad de las declaraciones del Kremlin.
Las imágenes de los tertulianos de la televisión rusa en el momento en el que contemplan la noticia de la retirada de Jersón son reveladoras de la magnitud del impacto. Sin duda, la contestación y las críticas de los sectores ultranacionalistas son cada vez más intensas. El fracaso de las operaciones y de las medidas adoptadas, lo inadecuado de los mandos escogidos, las derrotas sufridas en Járkov y el Donbás y la impopularidad del reclutamiento forzoso y de las sanciones, a pesar de su eficacia limitada, apuntan a Putin.
Aunque la retirada rusa no es una victoria decisiva de Kiev, la guerra entra ahora en otra fase más esencial. A pesar de que hoy mismo Rusia ha anunciado, de manera un tanto elíptica, su disponibilidad a negociar con Ucrania, todo apunta a que un ataque que amenazase ese corredor o, aún más, a Crimea, llevaría a un posible empleo de armas nucleares tácticas por parte de Rusia para obligar a Ucrania a sentarse a la mesa de negociaciones. Lo que nadie contempla, y menos el propio Putin, es perder el Donbás y aún menos Crimea, que es lo que podría pasar si las fuerzas ucranianas tomasen las dos ciudades, Mariúpol y Melitópol. De momento, Ucrania tiene que ocupar Jersón y Rusia retirarse. Según como sea, esa retirada marcará el futuro.
Buen artículo de Javier G. Cuesta en El País, dedicado a la reacción en Rusia ante la retirada de Jersón y al otro lado del Dniéper. Sorprendentemente, la reacción ha sido más templada que con ocasión de la retirada del frente de Járkov, que se percibió como una derrota. Ahora, a pesar de la contrariedad evidente, lo sucedido se contempla como una maniobra estratégica necesaria. Así opinan diputados militares y periodistas en Rusia, según recoge Javier G. Cuesta, quienes siguen convencidos de que “Rusia cumplirá su misión histórica y liberaremos a Ucrania del nazismo». Lo de misión histórica de idea de cuáles son los argumentos en los que se apoya el imperialismo ruso.
(11 de noviembre, viernes)
¿Ceder a la tentación de explotar el éxito y seguir la ofensiva con unas fuerzas fatigadas antes de que se dificulten las operaciones con la llegada del invierno y de que aumenten las reticencias en Occidente a mantener la ayuda, o atrincherarse en las posiciones tomadas a los rusos? Este es sin duda el dilema de Zelenski, quien no contempla ninguna conversación de paz que no pase por la devolución de los territorios que ahora controlan los rusos. Y es que solo el 7% de los ucranianos son partidarios de establecer negociaciones de paz con Rusia. Un dato revelador de lo elevado de la moral, que choca con la opinión cada vez más extendida según la cual Occidente presionará a Kiev para iniciar unas negociaciones antes de que el Donbás y Crimea se vean amenazados por los ucranianos y lleven a un Putin acosado a emplear armas nucleares. Es una posibilidad que se quiere evitar, pero que supone sancionar la división de Ucrania y la vuelta al estado del principio de la guerra. Sea como sea, todas las previsiones son favorables a Kiev, pues apuntan al éxito de las operaciones.
Las tropas ucranianas han tomado Jersón tras consumarse la retirada rusa. Una retirada que ya había sido anunciada por Moscú, señalando que se había completado con éxito y sin pérdidas de hombres o material. Sin duda es una operación que han debido de llevar a cabo desde hace tiempo con discreción y habilidad, pues hasta hoy mismo nadie creía en la retirada ante la falta de evidencias. El puente Antonovski, el más importante sobre el río Dniéper, ha sido destruido parece que por los rusos en su retirada, lo que aísla todavía más a las dos orillas.
Jersón es una ciudad fantasma que ha perdido casi toda su población, quedan unos cincuenta mil de los casi trescientos mil habitantes que tenía al comienzo de la guerra. Una urbe cuyo futuro no se sabe cuál será, pues puede ser bombardeada desde el otro lado del Dniéper por artillería o incluso estar minada. Sin duda son horas de expectación, de calma tensa.
El País publica un sesudo artículo sobre el paso de ríos por los ejércitos en tiempos de guerra, que señala lo arriesgado de la maniobra, algo que ya se sabía. El texto se centra en el caso del Dniéper, atravesado durante la Segunda Guerra Mundial por alemanes y soviéticos, y ahora por una posible ofensiva ucraniana. Ciertamente, es esta una posibilidad que no parece tan evidente. Por una parte, las fuerzas ucranianas carecen de medios para llevar a cabo una operación de esa envergadura, que exige una capacidad de fuego y unos medios materiales y humanos considerables fuera del alcance de Kiev. Además, esta acción es innecesaria, pues el objetivo de alcanzar el Mar de Azov y tomar Mariúpol o Melitópol, se puede conseguir lanzando una ofensiva desde el norte, desde las zonas del Donbás y Zaporiyia, que controla Ucrania.
Pero lo principal es la voluntad. Aunque Kiev pretenda la recuperación de todo el territorio ocupado por Rusia, la realidad impone sus razones. Atacar más allá del Dniéper con la vista puesta en el corredor que une Crimea y Rusia, o incluso en la propia Crimea, probablemente llevaría a Putin a una situación tan limite como imprevisible, que Occidente quiere evitar.
Hoy mismo, en una comprometida comparecencia, Peskov, el portavoz del Kremlin, ha declarado que la región entera de Jersón, incluyendo la capital, de la que el ejército ruso se ha retirado, forma parte de Rusia y es innegociable en unas supuestas negociaciones. Una declaración de principios que choca con la realidad de la victoria ucraniana que supone la recuperación de Jersón, pero que fija los criterios para el futuro.
Hoy, más que nunca Ucrania está dividida por el río Dniéper, no en su totalidad, como escribimos al comienzo de la guerra, pero si al menos en su zona sur. Al final del conflicto puede ser que Ucrania tenga parte de su frontera en esta orilla del río Dniéper. Lo que es evidente es que, al día de hoy, a Rusia le interesa un alto el fuego pues no solo controla gran parte del Donbás, la zona minera e industrial más rica de Ucrania, sino también el pasillo sur que limita el Dniéper y que comunica Rusia con Crimea. Esta región es un asunto clave. Rusia no va a renunciar nunca a una zona que ha sido rusa hasta los años cincuenta, donde se encuentra Sebastopol, la base de la flota en el Mar Negro. Es algo que Ucrania debe de asumir. El Donbás es otro asunto. Conviene recordar la Guerra del Donbás, iniciada en 2014, y tener presente que la mayor parte de la población de los dos oblast, Donetsk y Lugansk eran entonces partidarios de integrarse en Rusia. Hay que recordar también que tras la fracasada intervención ucraniana para sofocar la rebelión de las autoproclamadas repúblicas prorrusas, este territorio se convirtió en un Estado fallido, controlado por señores de la guerra. La película del ucraniano Sergei Loznitsa, Donbass, de 2018, muestra en clave de comedia negra la vida sin ley en estos territorios, convertidos en una especie de Estado mafioso. Viendo lo sucedido, el futuro parece que cambiará poco.
Otra evidencia: vivimos la 2ª Guerra de Ucrania, tras la primera, en 2o14 que supuso la anexión de Crimea y la secesión de las repúblicas del Donbás. Todo apunta a que habrá al menos una tercera tras el respiro de un posible alto el fuego que quizás llegue con la primavera. A medida que avanzaba el siglo XX, los conflictos cada vez se alargan más. Son casi nueve meses de guerra, casi uno menos desde que al final de enero ocurrió aquello que su recuerdo aun produce dolor.
(12 de noviembre, sábado)
En una entrevista publicada en ABC, Orlando Figes insiste en la importancia que tiene en Rusia la historia como instrumento y como reinvención, como elemento de interpretación y de justificación. Insiste en como el que denomina «miedo genérico» desde el estalinismo, domina en la sociedad rusa, limitando protestas y oposición. Reconoce que Rusia no ha sabido integrarse en Europa por razones históricas y también por la Guerra Fría, que ha culminado el aislamiento y la culpabilización de Rusia por el sistema soviético. El victimismo ruso es un sentimiento de vulnerabilidad, que está históricamente presente en la sociedad y genera un activo anti occidentalismo. Señala la aparición de una ola de rusofobia en Occidente que Ucrania está utilizando en su favor. Concluye afirmando que la amenaza del empleo de armas nucleares por Putin es una posibilidad que no se puede desdeñar. Coincide, como coincidimos tantos, en que una amenaza sobre Crimea y la posibilidad de su invasión darían lugar a una probable respuesta nuclear por parte de Moscú. De todas formas, estos escenarios que dan lugar a eso acontecimientos casi nunca se producen. Es lo que Clausewitz llamaba fricción, ese elemento de la realidad que hace que los planes de los estados mayores nunca se puedan aplicar en su totalidad de acuerdo con lo previsto.
(13 de noviembre, domingo)
Buen artículo de Pilar Bonet histórica corresponsal en Moscú, acerca de los efectos de lo sucedido en Jersón. La reacción en Rusia ante el revés que ha supuesto la retirada de Jersón, cuando apenas acababa de ser decretada su incorporación a la Federación Rusa, es más moderada de lo que cabía pensar. Si el descontrolado Dmitri Medvedev o el iluminado, y cada vez más distanciado de Putin, Alexandr Dugin, siguen amenazando a diestro y siniestro con la posibilidad de que Rusia emplee todo su potencial, otros personajes aún más radicales parecen más discretos en sus declaraciones. Es el caso de los dos voceros más extremistas de los últimos tiempos, el checheno Ramzán Kadirov y el cada vez más presente Yevgueni Prigozhin, el jefe de los mercenarios paramilitares de la Compañía Wagner. Por el contrario, Alexandr Jodakovski, el líder prorruso de Donetsk y jefe del batallón Vostok, se ha mostrado más crítico con la dirección militar.
En Jersón apenas se ven soldados ucranianos. El panorama está lejos de las escenas de liberación de ciudades de la Segunda Guerra Mundial, en las que las tropas que llegaban lo hacían en unas columnas interminables.
A medida que avanzan los ucranianos y se acerca la posibilidad de que Crimea se convierta en objetivo de una posible ofensiva, se abre el debate en Occidente acerca de mantener, incrementar o disminuir la ayuda militar a Ucrania. Es un dilema que supone optar por la continuación de la guerra, del fortalecimiento de Ucrania y por un riesgo de derrota de Rusia, que le podía llevar al empleo de armamento nuclear. En suma, optar por mantener el conflicto en la situación actual o llevar a cabo una escalada que puede tener un resultado imprevisible. Una restricción en la ayuda militar al gobierno de Zelenski sin un alto el fuego no solo incrementaría el sufrimiento de la población y las destrucciones, sino también daría lugar a que las fuerzas ucranianas perdieran la iniciativa que ahora tienen. De momento, Zelenski juega la baza de su superioridad militar a fondo y rechaza todo acuerdo que no pase por la recuperación de todo el territorio ucraniano. De hecho, Kouleba, el ministro de Asuntos Exteriores de Kiev ha anunciado la toma de Jersón como «una victoria alcanzada por todo Occidente». Sin embargo, esta voluntad de implicación de Europa y Estados Unidos, que se está aguando un tanto, choca con las declaraciones de Emmanuel Macrón ante la reunión del G-20, encaminadas a logra una desescalada del conflicto.
Impresionan las imágenes del blindado ruso BMP-2 rindiéndose a la infantería ucraniana, divulgadas por el ministerio del Interior de Ucrania. La imagen de eficacia de las fuerzas de Kiev contrasta con la actitud de los soldados rusos, quienes van en busca de los ucranianos con banderas blancas para rendirse. Se diría que se han pasado de bando por el entusiasmo que muestran. Se dice que estas escenas son frecuentes en todos los frentes.
Continúan los combates en el Donbás, según el presidente Zelenski.
En Madrid, día esplendido, pero también en Kiev y Járkov donde hay 10 grados, una temperatura suave para estas fechas. Hay que recordar que también el año pasado por estas fechas el frio también era una anécdota. La incógnita de cómo será el invierno planea por la importancia que puede tener sobre las operaciones de las próximas semanas.
(14 de noviembre, lunes)
Visita sorpresa del presidente Zelenski a Jersón. Acto emotivo y propagandístico, que contrasta con la actitud aislada de Putin. Son las diferencias entre la victoria y la derrota.
Todas las miradas están pendientes de la probable ofensiva ucraniana, que parece será en dirección a Melitópol con el objeto de cortar el corredor que une Crimea con Rusia. La situación de un desmoralizado ejército ruso, donde los reclutas van al frente tras haber realizado un solo ejercicio de tiro, y la efectividad del ejercito ucraniano, pletórico, permite pensar que Zelenski, quien sin duda ya está recibiendo presiones para llegar a un alto el fuego, quiera aprovechar estas capacidades para recuperar territorio perdido.
Encuentro en Estambul entre representantes de la CIA y el FSB, lo que demuestra que nunca se han cerrado los contactos. El asunto tratado sin duda son las armas nucleares
Recoge The New York Times la opinión de un habitante de Jersón que explica todo. Los soldados rusos que llegaron a la ciudad en sus vehículos, apuntaban sus ametralladoras a la gente. Por el contrario, los ucranianos llegaron con las ametralladoras apuntando al aire. Y eso, continua, que los rusos afirmaban que habían venido a liberarnos.
(15 de noviembre, martes)
Reunión del G-20. Putin desaparecido. Las negociaciones de paz son el tema entre bastidores. De hecho, Zelenski ha aludido al asunto.
Kiev ha sido bombardeado, al igual que Járkov, Lvov, Chernígov, Mikolayiv y Zaporiyia. Han caído cerca de cien misiles en toda Ucrania lanzados contra objetivos estratégicos como las centrales eléctricas, en el que ha sido el bombardeo de mayor intensidad de toda la guerra. Es la respuesta de Moscú a la caída de Jersón y a la intervención de Zelenski en el G-20, donde ha presentado un decálogo para la paz.
Hay combates en el Donbás, y parece que los ucranianos han logrado cruzar el Dniéper al sur de Jersón. Si se demuestra que los rusos ni siquiera pueden controlar unas posiciones defensivas con la ventaja de tener delante el río todo es posible, incluido el derrumbe del frente y lo que eso supone.
No es de extrañar que Zelenski contemple continuar la ofensiva para recuperar todo el territorio que sea posible, sin descartar nada. Probablemente, dado el riesgo que supone acorralar a Rusia, Occidente no permitirá que llegue hasta el final y acabará con el suministro de armamento, sobre todo de los HIMARS que se han mostrado decisivos. En estos momentos la situación de Rusia en Ucrania es muy difícil, y la de Putin aún más. Las próximas semanas tienen mucho de decisivas, sobre todo después de la toma de Jersón por Ucrania.
Ultimas noticias, confusas y alarmantes: parece que dos misiles rusos han caído en una localidad de Polonia y han causado víctimas. La OTAN está atenta.
(16 de noviembre, miércoles)
Poco a poco se han ido despejando los temores en relación con el misil caído en una localidad de Polonia junto a la frontera con Ucrania, al sur de Lublin, donde los soviéticos instalaron en 1944 el primer gobierno p0ocaco. Como se ha comprobado rápidamente, se trata de un misil antiaéreo ucraniano, desviado por accidente tras haber sido lanzado contra el ataque ruso de ayer. Ha sido una crisis en la que se ha visto envuelta la OTAN, resuelta con moderación y control para evitar malentendidos de enormes consecuencias.
Solo ha sido discordante la reacción de Volodomir Zelenski, el más interesado en la implicación de Occidente en la guerra y de la ampliación del frente contra Moscú. Su declaración de esta mañana ha sido provocadora al acusar a Rusia de haber lanzado los misiles contra Polonia.
Probablemente, a Kiev están llegando las noticas de que la reunión del G-20 –donde se encuentran reunidos los líderes occidentales y donde han asistido a la resolución de esta crisis– cada vez se maneja más la posibilidad de llegar a un alto el fuego. Se ha pedido a Xi Jinping que medie ante Putin para detener las hostilidades en Ucrania. Incluso, parece que algún comentario realizado en el entorno del Kremlin en este sentido obedece al deseo de finalizar los combates, ahora que aún conservan territorios esenciales en parte del Donbás y sobre todo Crimea, que podrían ver amenazada por más que probable avance ucraniano. A Rusia no le queda más opción que seguir con los bombardeos y esperar a que el invierno lance a la población europea a protestar a la calle por el coste de la energía y la inflación, y reclamen el fin de la guerra.
Hay que recordar que la estrategia de bombardeo sobre un país no ha conseguido doblegar la moral de resistencia y de combate de la población. Ni en Vietnam del Norte, ni en Japón antes de Hiroshima, ni en Alemania durante los años 1942-1945, el sistemático bombardeo de las ciudades consiguió acabar con la voluntad de resistir de la población. Ucrania no da muestras de ser una excepción. Lo que es probable que suceda es un incremento de la corriente de refugiados en dirección a Europa, dadas las dificultades para la vida en Ucrania durante este invierno, que ya se puede decir que ha llegado.
Gracias a la viceministra de Defensa de Ucrania, Hanna Maliar, sabemos quiénes son los responsables de la estrategia que ha logrado contener los ataques rusos. Son el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, Valeri Zaluzhni; el comandante del Ejército de Tierra, Oleksandr Sirskii; el jefe del Estado Mayor, Serhii Shaptala; y el comandante del Alto Mando en el Sur, Andri Kovalchuk.
(17 de noviembre, jueves)
La intensidad con la que Zelenski deseaba que el misil S 300 caído en Polonia fuera ruso solo es comparable al deseo de la OTAN de que no lo sea. Hoy Kiev ha rebajado la intensidad de sus denuncias. Debe ser más cuidadoso pues, tras nueve meses de guerra, en Occidente se atisba el cansancio y estas provocaciones no lo alivian.
Algo se mueve con vistas a una negociación: a la reunión en Estambul de los responsables de seguridad de Rusia y Estados Unidos, le ha sucedido una visita de este último a Kiev. Luego, la reunión del G-20, donde han coincidido los líderes mundiales y donde China e India se resisten a condenar y aislar a Rusia. Por último, las declaraciones del responsable del Pentágono, quien señala la imposibilidad de que Ucrania gane la guerra mientras Rusia controle un veinte por ciento del territorio ucraniano, aunque no se sabe si podrá mantenerlo. Entre bambalinas, o debajo de la mesa, están pasando cosas. Sea como sea, el término negociaciones está cada vez más presente.
Varios objetivos en Crimea han sido atacados. No se sabe si ha sido por medio de drones, misiles o acciones de un grupo de operaciones especiales de Ucrania. Crimea sigue estando en el centro de todas las conversaciones y todas las opiniones coinciden en que Rusia defenderá este territorio a cualquier precio. De momento, los ucranianos están a un centenar de kilómetros de la frontera.
Una vez más, Ucrania ha vuelto a ser atacada con una oleada de bombardeos sobre objetivos energéticos. La falta de suministro de electricidad y de gas es intensa en todo el país, lo que supone la ausencia de calefacción, agua y teléfonos. Las condiciones de vida de los ucranianos cada vez son más difíciles. Los cuerpos de emergencia y los bomberos, encargados de la recuperación y rehabilitación de los servicios, están superados. La situación de la población de Ucrania es muy difícil.
Hoy ha caído la primera nevada en Kiev. Un manto sutil, sí, pero ya son las primeras nieves. Ahora ya no hay duda: ha llegado el invierno.
(18 de noviembre, viernes)
Como recoge Le Monde, según varios analistas rusos el mundo post Putin estará en manos de dos personajes que le harán bueno: Ramzán Kadirov y Yevgeny Prigozhin, el fundador de la Compañía Wagner. Y no necesariamente por este orden.
La noticia es el invierno: hoy, a las dos de la tarde, en Kiev y en Lvov hay dos grados bajo cero. La máxima será de menos uno. Tras los bombardeos rusos, masivos pero selectivos, más de diez millones de ucranianos están sin electricidad y las reservas de gas son escasas. Los cortes de electricidad en las ciudades duran jornadas enteras. En esta situación no es de extrañar que el alcalde de Ivano Frankivsk, la antigua Stanislau, recomiende a los vecinos que, si pueden abandonar la ciudad y dirigirse al campo, a los pueblos, lo hagan antes de que llegue la ola de frio que, según dicen, lo hará la próxima semana. La ausencia de calefacción a diez grados bajo cero en los pisos, puede crear situaciones complicadas.
Hay noticas de que Rusia está fortificando Crimea. No es de extrañar, pues las fuerzas ucranianas están a menos de cien kilómetros. En el Donbás continúan unos combates que en realidad no han acabado nunca. Y lo hacen con intensidad.
La buena noticia es que Rusia y Estados Unidos van a establecer conversaciones sobre los arsenales nucleares, lo que ya supone una desescalada respecto de la situación de hace unas semanas. Probablemente, se hable de lo que puede suceder si Ucrania ataca Crimea.
(19 de noviembre, sábado)
Llegan las habituales noticias tras la recuperación de Jersón: existencia de celdas de tortura y atrocidades cometidas por los rusos, pero también hay imágenes de ucranianos ejecutando a prisioneros rusos. No tardaremos en conocer otros casos en los que aparecerán otras atrocidades ucranianas. Es una forma de hacer de la guerra que ya se ha generalizado.
El ejército ucraniano ha cambiado sus criterios de combate desde el comienzo de la guerra. Del empleo de pequeñas unidades y tácticas de insurgencia, ha pasado a la utilización de artillería y carros en grandes unidades en una estrategia de movimientos. Un cambio que obedece a la disponibilidad de armamento.
Las condiciones de vida en Ucrania con la llegada del invierno y los cortes de energía son noticia de guerra
(20 de noviembre, domingo)
La imagen de los pocos soldados ucranianos que han entrado en Jersón es de modernidad y profesionalidad. Los uniformes y el equipo de estos soldados son nuevos y modernos y transmiten efectividad, empuje.
Rusia y Ucrania se acusan de bombardear la central nuclear de Zaporiyia.
La guerra de Ucrania es la guerra más moderna y tecnológica que ha tenido lugar, sin dejar de recurrir a elementos ya anticuados como los carros de combate o las concentraciones de artillería. Los drones, los teléfonos móviles, internet, las redes sociales, los satélites… Todos estos elementos están siendo empleados de manera masiva y habitual.
(21 de noviembre, lunes)
Combates en la región de Lugansk, alrededor de Svatove, y operaciones de tanteo en el estuario del Dniéper con incursiones ucranianas. Lo llaman guerrillas fluviales. Es un terreno favorable a las fuerzas ucranianas.
Tengo la impresión de que, en caso de llevarse a cabo una ofensiva ucraniana de importancia, no será cruzando el Dniéper en el sector de Jersón, sino desde las posiciones al Este de Zaporiyia, desde las zonas que controlan más allá del Dniéper, en dirección a Mariúpol o Melitópol. Incluso, no sería raro que en realidad todas estas iniciativas fueran una maniobra de distracción y que el esfuerzo principal de las fuerzas de Kiev estuviera encaminado a recuperar del todo Lugansk y Donetsk, la zona más rica de Ucrania, aunque el valor estratégico del frente Sur, por el acceso al mar y la cercanía de Odesa, es grande.
Según los servicios británicos, los rusos tienen dos problemas: la falta de municiones y suministros, y la baja capacidad de sus tropas, poco motivadas y mal preparadas. Aunque los ucranianos tampoco tienen los polvorines llenos ni reservas de hombres, si cuentan con una estrategia de guerra. Rusia solo tiene como recurso el bombardeo de la retaguardia ucraniana, de infraestructura y de los centros de distribución de energía, para conseguir aquello que no logra en el campo de batalla. La amenaza del colapso eléctrico de Ucrania es real, lo que llevaría a problemas de todo tipo, incluido el suministro de agua potable y depurada a las ciudades. Parece que en caso de agravarse los problemas por el frio y el abastecimiento, se contempla la posibilidad de la evacuación de las ciudades. Algo bastante increíble. La única posibilidad es que los rusos no tengan ni misiles ni drones para continuar con esta estrategia de bombardeo o que las defensas antiaéreas ucranianas logren rechazar los ataques rusos. Es de suponer que Occidente entregue medios de defensa antiaérea a Kiev.
Cumbre de la OTAN en Madrid. Se insiste en la necesaria firmeza ante Rusia y en el mantenimiento del apoyo a Ucrania.
La ejecución por los ucranianos de diez soldados rusos desarmados tras rendirse da idea de cómo el asunto de las atrocidades no anida solo en un bando. No hay que confundirse. La vesania asesina rusa no supone la caballerosidad ucraniana. Son variables independientes. Unos y otros se tratan con idéntico código de comportamiento: el que desemboca en las atrocidades.
(22 de noviembre, martes)
El presidente cubano Miguel Díaz-Canel destaca desde Moscú «el análisis riguroso desde el punto de vista histórico” de Putin a la hora de explicar su intervención en Ucrania. Ha completado su observación señalando la responsabilidad de Washington y de la OTAN en el conflicto. Esto es a dónde conducen la dependencia y décadas de dictadura.
Parece que puede ser Jersón la primera ciudad ucraniana que será evacuada a causa de la imposibilidad de restablecer el suministro de agua y de electricidad.
Owen Matthews, veterano corresponsal en Moscú durante más de veinticinco años, alerta de que Putin no sobrevivirá a una derrota en Ucrania que suponga perder alguno territorio del Donbás o Crimea. Señala también la existencia de una oposición a Putin dentro de Rusia que es creciente, especialmente entre los sectores ultranacionalistas. Concluye Matthews recordando que la alternativa a Putin seguramente es más peligrosa que la que representa el presidente ruso.
Hoy llueve y hace un frío invernal. El debate acerca de la temperatura de la calefacción es el motivo de muchas conversaciones en Madrid. ¿Qué será en Ucrania?




