Contra las matemáticas (noticia de una Nueva Dictadura)

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¿Ya está indignado, amable lector? Bueno, por lo menos está leyendo. El título de este post, aclaro inmediatamente, no tiene otro objetivo que captar la atención del lector errabundo, que mariposea de blog en blog. No, no es que yo esté en contra de las matemáticas. Sería un necio si estuviera en contra de las matemáticas, dado que las matemáticas son parte de la realidad.

 

Sin embargo, todo es un problema de énfasis. ¿Recuerdan ustedes el chiste del caballo que entra en el bar y pide un whisky? Encuentro que este es uno de los tres chistes que explican prácticamente todo lo que sucede en el mundo. El caballo entra en el bar y pide un whisky. Un cliente le dice a otro: ¿ha visto usted eso? ¡Alucinante! Y el otro dice: es verdad, jamás había visto a un caballo que bebiera whisky. Es decir, aquí existe un problema de énfasis. Porque lo más asombroso de que un caballo entre a un bar y pida un whisky no es que pida un whisky, sino que lo pida, es decir, que pida cualquier cosa, que sea capaz de hablar.

 

Un problema de énfasis.

 

Tampoco estoy en contra de tocar el clarinete, por ejemplo. Yo mismo me he comprado un clarinete hace poco y estoy empezando a tocarlo. Bien. Pero imaginen que tocar el clarinete fuera obligatorio para entrar en cualquier carrera universitaria, y que si uno no pudiera tocar, por ejemplo, el concierto de Mozart, no pudiera estudiar ni derecho, ni matemáticas, ni ingeniería de caminos, ni medicina. Entonces, claro, el clamor social contra el clarinete se oiría hasta en las Maldivas.

 

El problema de las matemáticas es que se está convirtiendo en un arma de la Nueva Dictadura que se está imponiendo a los seres humanos. La llamo Nueva Dictadura por que (a) es una dictadura y (b) es nueva, e incluso (c) porque al ser una dictadura nueva, todavía no tiene nombre, o no tiene un nombre mejor.

 

Algunas características de esta Nueva Dictadura: tiene que ver con el control; tiene que ver con la homogeneización de todo; tiene que ver con un triunfo de la burocracia; busca la total objetividad y la total mensurabilidad de todo, es decir, que quiere medirlo todo por medio de gráficas y números; pretende imponer las matemáticas en todo. Hay otras características, pero supongo que ustedes ya habrán reconocido el patrón.

 

No estoy en absoluto en contra de las matemáticas, pero me asombra constatar la forma en que se están utilizando las matemáticas para seleccionar y clasificar a los seres humanos. Me pregunto si podríamos abordar el tema sin fanafismos y sin generalizaciones apasionadas del tipo «las matemáticas están en la base de todo», o bien «las matemáticas son muy importantes para todo». No cabe duda de que las matemáticas son importantes, como lo son también el sentido de la vista, la intuición, la bondad, la salud, la música, las relaciones sociales, los animales, la ionosfera y miles y miles de cosas que llenan este bello mundo nuestro. Pero lo que no es cierto es que las matemáticas sean necesarias PARA TODO.

 

Hoy en día se exigen matemáticas para carreras claramente de humanidades como el periodismo o la publicidad. La clasificación de los seres humanos comienza ya en el bachillerato. Dado que las matemáticas son la asignatura más difícil y más temida de los alumnos, y que muchos no aprueban las matemáticas no porque sean vagos y no quieran trabajar sino porque no las entienden, el sistema de clasificación resulta eficaz. Un joven que quiera estudiar periodismo, por ejemplo, y aborrezca las matemáticas o tenga uno de esos profesores «exigentes» (curioso eufemismo), tendrá que dedicarse a otra cosa.

 

Creo que la Nueva Dictadura está empleando las matemáticas como un arma para crear escuadrones de fanáticos de la mensurabilidad y la exactitud incluso en disciplinas donde la cultura, la intuición y el conocimiento de la sociedad y de la vida son realmente la clave. Sí, creo que existe un proyecto de transformación de la sociedad. Llámenme loco.

Madrid, 1961. Escritor. Estudió Filología Española en la Universidad Autónoma de Madrid y piano en el conservatorio. Fue pianista de jazz y profesor de español. Vivió en Nueva York durante unos cuantos años y en la actualidad reside en Madrid con su mujer y sus dos hijos. Es autor de las novelas La música del mundo, El mundo en la Era de Varick, La sombra del pajaro lira, El parque prohibido y Memorias de un hombre de madera y del libro de cuentos El perfume del cardamomo. Ganó el premio Bartolomé March por su labor como crítico literario. Ha sido además crítico de música clásica del diario ABC, en cuyo suplemento cultural escribe desde hace varios años su columna Comunicados de la tortuga celeste. Su ópera Dulcinea se estrenó en el Teatro Real en 2006. Acaba de terminar una novela titulada La lluvia de los inocentes.

3 COMENTARIOS

  1. No estoy indignado, pero sí
    No estoy indignado, pero sí sorprendido.
    O me estoy volviendo loco, o adivino, o esto es un déjà vu.
    Tengo la certeza de haber leído esto o algo muy parecido en alguna parte.
    Y como quiera que no leo blog, ni más revistas que ésta, y pocos blogueros de la misma, no puedo dejar de inferir que ya habías publicado esto…
    ¿o no?

    •    Incluso el pez puede

         Incluso el pez puede contar, moviéndolas, aletas y cola, como el hexápodo sus patas (por ello elabora la abeja hexagonales las celdillas); mas es el lenguaje el que nos distingue de los animales. 

  2. Al final siempre vamos a

    Al final siempre vamos a parar a lo mismo. Lo malo no son las matemáticas, ni la religión, ni la política, ni los explosivos sino el uso que se hace de estas ramas del conocimiento (o como lo quieran ustedes llamar) o de estas sustancias.

    Las armas, los explosivos son enormemente útiles. Lo malo es que, de vez en cuando, llega alguien y los emplea para asesinar. La religión es algo espléndido, salvo cuando se valen de ella los intransigentes … etcétera.

    Pero lo cierto es que conviene que los periodistas sepan algo de matemáticas. No estoy diciendo que sepan análisis matemático, integrar ecuaciones diferenciales o calcular series de Fourier. Es mucho más sencillo: La idea es que dejen de escribir dislates en los artículos de prensa. Se trata de que el honrado plumilla sepa diferenciar el metro del metro cuadrado, el vatio del voltio y este tipo de cosas. En la radio de esta mañana he escuchado que en Estados Unidos se había alcanzado un acuerdo para reducir el déficit en un millón (con eme) de dólares. ¿Cómo es posible que el que ha leído la noticia no se haya parado a pensar que lo lógico es que se trate de un billón (con be) de dólares?

    En realidad basta con acostumbrarse a dividir, porque así es como se ve el tamaño de las cosas: llevándolas mediante la división a una escala más manejable o familiar, y vemos que aquello tiene sentido o es un disparate. Es posible que se haya enfocado mal el asunto, pero unas matemáticas adecuadas a las necesidades de cada cual forman parte de la adquisición de la capacidad crítica y de la conformación de una opinión propia fundamentada y seria.

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