Coronitas

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Pterosaurios planeando sobre el Paseo de la Castellana, de Madrid.

 

Hoy iniciamos en nuestro blog estas Coronitas, que sólo pretenden fijar en palabras algunas reflexiones, pensamientos, disparates y otras fantasías satíricas, que inspiran al autor, las insólitas situaciones e informaciones provocadas por la pandemia del Corona Virus.

 

Coronitas. 1. El aplauso beneficia a la salud

El representante de enfermeros apareció ayer en televisión, para pedir que el domingo 26 de abril no se aplaudiera -a las ocho de la tarde- como protesta por la falta de material y personal sanitario. En mi calle, al menos, no lo consiguió. La explosión de palmadas, trenzadas con campanas al vuelo, estalló a las 20 horas, como el rugido cíclico de la selva urbana. Sin pretender ofender a nadie, yo creo que la gente aplaude para demostrar que sigue viva, que le importa con quien vive, y que se suma a las causas colectivas solidarias, y más aún “En días cómo éstos”, como dirían el poeta ruso Maiakovski o la escritora madrileña Lourdes Ortiz.

Los hay que se dejan llevar por la inercia de la nueva rutina obligada, y no salen a aplaudir a sus ventanas o balcones. Aplaudir a las ocho de la tarde, todos juntos (o, al menos, los que podamos) se recordará como el acto simbólico más representativo de toda esta crisis social y sanitaria. Aplaudir se torna rito y sacramento espontáneo, porque beneficia alegremente la salud individual (se forma parte de algo más grande que uno, y eso siempre reconforta), y porque es una de las acciones más cívicas que pueden realizarse aquí y ahora, por la esperanza colectiva que alegoriza y difunde, más allá de nuestros refugios domésticos.

Aunque, a veces, pienso que la última razón de este aplauso colectivo diario, no radica sólo en apoyar a nuestros sanitarios, ni en vivir esta catarsis colectiva con tus vecinos, sino que, aplaudimos o hacemos ruido juntos, para advertir a los pájaros, que -aunque no nos vean salir, ni trajinar por las calles- seguimos aquí, tan vulnerables como siempre, además de encerrados, pero que –aún- no nos hemos marchado definitivamente. Viéndolos revolotear en lo más alto, y oyendo sus trinos desenfrenados, parecen quedar advertidos, aunque no satisfechos.

Si nos descuidamos, pueden creerse los dueños de la ciudad y, dedicarse, -por ejemplo- a la caza -en bandada- de niños, que son los primeros que están saliendo a la calle. ¿Y, si además de seguir viviendo el confinamiento, tuviéramos que hacerlo, bajo el terror de ser atacados -como en la película de Hitchcock- por una bandada de pájaros? Menos mal que parece que esto empieza a “clarear”, porque si nos descuidamos, puede que en poco tiempo comenzaran a verse dinosaurios por la Casa de Campo, o Pterosaurios planeando sobre el Paseo de la Castellana.

 

Coronitas.2. Campañas de contagio provocado

A la sobrina política de un buen amigo mío, que está pasando estos días de Corona en Medina del Campo, le han informado recientemente las autoridades sanitarias, que ha pasado el Covid 19, sin enterarse (“Ah, aquella carraspera molesta”, debió pensarse la muchacha) y que, por lo tanto, había quedado inmunizada, ya que su organismo ha generado sus propios anticuerpos. ¿Vendrán campañas de contagio provocado, para que la población quede inmune, a pesar de que siga sin haber una vacuna?

 

Coronitas. 3. La pandemia es una ruleta rusa

La experiencia es un grado, frente a la irrupción de epidemias y pandemias. Pertenecer al grupo social de mayor riesgo –junto con los drogadictos- de la generación que vio emerger al Leviatán del SIDA, y sobrevivirlo, se torna hoy privilegio y todo un entrenamiento. Que, con veinticinco años, tuvieras que enfrentarte a la idea de que tu vida podría terminarse, de repente, y aceptarlo al 50 por ciento -por si acaso- fue una ingrata situación, por la que nos vimos obligados a pasar, tan jóvenes y tan “cargados de futuro”, como habría dicho el poeta Blas de Otero. Aquellos jóvenes de hace más de treinta años, hoy estamos algo más preparados para volver a pasar por la ruleta rusa, en la que te pone una pandemia, por mucho que te niegues o te resistas.

Una sociedad que quería creerse que, con no hablar de la muerte, ni llevar a los niños a los hospitales a alegrar a sus enfermos, e impedir que los adolescentes asistieran al funeral de sus abuelos, iba a disipar la existencia fehaciente de la muerte; pues, “¡Toma, castaña!”, y “Es-ta-ca-zo, que te cri-o” -que diría el títere Txacolí, de Talío-: “Castigados a mirarla, frente a frente, todos los días”, tanto en el espejo de los telediarios, como en el de nuestros lavabos, donde algunos son capaces de leer -innecesariamente- los presagios más funestos.

Comenzar a disfrutar de lo que aún somos y tenemos (como si cada día fuera el último) y tenerlo todo preparado para marcharse (legal, emocional y existencialmente) debería constituir el verdadero aprendizaje, adquirido en estos días al límite, que andamos viviendo. Así sea.

 

Leviatán bajo la fuente de Cibeles, de Madrid.
Leviatán bajo la fuente de Cibeles, de Madrid.

 

*Fotos del montaje fotográfico 1, procedentes de:

EFE, publicada por Eldiario.es:

https://www.eldiario.es/tribunaabierta/carril-Castellana-infumable-movilidad-Madrid_6_776982325.html

y de Google, de su página de imágenes de dinosaurios voladores:

https://www.google.es/search?q=dinosaurios+que+vuelan&hl=es&sxsrf=ALeKk01B2nldKIGFFr7AFhUxGL5tBFdkWA:1587977092149&tbm=isch&source=iu&ictx=1&fir=0AwX8r9E-_qCQM%253A%252CTsZK_vms-48HGM%252C_&vet=1&usg=AI4_-kQ0nF18Rc9E-iqr4ebGPIsNf1B4sg&sa=X&ved=2ahUKEwiZtPTTm4jpAhUM0uAKHczaARYQ_h0wAHoECAkQBA#imgrc=1mGSnZ3nBgTeHM

* *Fotos del montaje fotográfico 2, procedentes de:

Google, de su página de imágenes de la fuente de las Cibeles, de Madrid:

https://www.google.it/search?q=fotos+fuente+de+cibeles+madrid&tbm=isch&source=iu&ictx=1&fir=9lSu9w1cWpEObM%253A%252CosdFeDJi7y878M%252C_&vet=1&usg=AI4_-kSqmc4Orq21n-Eev6D8V28ykLVSHA&sa=X&ved=2ahUKEwjnpqWr3IjpAhVU8uAKHfxcCvMQ9QEwBnoECAoQLQ#imgrc=9lSu9w1cWpEObM:

y

https://hablemosdemitologias.com/c-mitologia-hebrea/leviatan/

 

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