Cosas mías XV – Más medidas

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(Se pueden leer los capítulos anteriores aquí y aquí.)

Rosa está en la mesa de la cocina escribiendo en un papel. Entra Julián. 

JULIÁN.- ¿Qué haces?

ROSA.- No te me acerques. Y no me interrumpas.

JULIÁN. Bueno, muy bien. ¿Pero no comemos?

ROSA.- Ya sabes que el que hace la comida es tu hijo, porque piensa que yo voy a cocinar cosas no comestibles, así que pregúntale a él.

JULIÁN.- Está con los cascos puestos y no le quiero molestar.

ROSA.- Ah, ¿y a mí sí me quieres molestar?

JULIÁN.- No es igual, porque tú no sueles tener cosas importantes entre manos.

ROSA.- Qué cafre eres.

JULIÁN.- ¡Cantarancheras!

ROSA.- ¡Chupabaldosas!

JULIÁN.- ¡Chupacedés!

ROSA.- No tiene gracia, Julián, eres el peor inventando insultos. Más que insultos son constataciones de la realidad.

JULIÁN.- ¿Qué?

ROSA.- Constataciones de la realidad. Yo a veces canto rancheras. Y chupo cedés.

JULIÁN.- Ah… ¿Qué haces?

ROSA.- Cosas mías.

JULIÁN.- A ver… (Se asoma a mirar.)

ROSA.- ¡Que no te me acerques, plebeyo infecto!

JULIÁN (retrocediendo).- Bueno, pues muy bien… (Se sienta al otro lado de la mesa.) Me aburro. (Pausa. Julián mira el reloj y piensa en el hambre que tiene.) ¿Qué has soñado hoy?

ROSA.- Ah, ¿ahora como te aburres y tienes hambre, te interesan mis sueños?

JULIÁN.- Siempre me han interesado tus sueños.

ROSA.- Seguro…

JULIÁN.- Empezamos a salir porque habías soñado que íbamos al cine juntos.

ROSA.- ¡En qué hora soñé tal aberración!

JULIÁN.- Cómo te gusta echar mierda encima de todo lo que te rodea, ¿eh?

Pausa. Rosa sigue escribiendo. A Julián le suenan las tripas.

JULIÁN.- Tengo hambre. ¿Nos tomamos el aperitivo?

ROSA.- Estate quieto y no toques nada…

JULIÁN.- Pues vaya plan…

ROSA.- Hoy he soñado que el Ministro de Cultura buzoneaba una regla.

JULIÁN.- ¿Una regla?

ROSA.- ¿Te acuerdas de las reglas de papel que nos daban en la puerta de la Universidad? Esas que tenían los centímetros por un lado y por el otro la publicidad de una academia para que fueras a estudiar las asignaturas.

JULIÁN.- Sí, ya me acuerdo…

ROSA.- Pues, para justificar su sueldo, se pasaba el Ministro de Cultura buzoneando una semana entera una regla que por un lado tenía centímetros y por el otro decía: «Como desde el Ministerio de Cultura no hemos tomado aún medidas para proteger la Cultura, os hacemos entrega de este presente para que toméis vuestras propias medidas». Y entonces yo, con la regla, pues te medía la frente. Y como tu frente medía muy poco, pues…

JULIÁN.- Porque tengo mucho pelo…

ROSA.- No, porque tienes muy poco cerebro.

JULIÁN.- Sí, hombre…

ROSA.- Como tu frente medía muy poco, yo decía a gritos: «mi marido no sirve para nada».  Y te tiraba a la basura. Y ya. Eso he soñado.

JULIÁN.- Eso te lo estás inventando.

ROSA.- No. Eso es tal cual lo que he soñado hoy.

JULIÁN.- No me lo creo.

ROSA.- Bueno, pues me da igual… (Termina de escribir.) Ya está. Terminado.

JULIÁN.- ¿Qué es eso?

ROSA.- Las medidas para sacar a los niños a la calle. ¿Te las leo?

JULIÁN.- Me das miedo.

ROSA (comenzando a leer).- «Queridos progenitores y progenitoras. Os voy a dar una serie de recomendaciones a añadir a las que han dado por la tele, para sacar a los niños y niñas a la calle. En primer lugar, me he inventado un sistema infalible para guardar la distancia de seguridad: un palo alrededor del niño. Un palo atado a un aro. El niño se pone el aro alrededor de la cintura, con la misión de sujetarlo con las manos para que no se le caiga; así evitará tocar nada. El palo tendrá una longitud de metro y medio y se podrá deslizar por el aro, girando así alrededor del niño, y demarcando una circunferencia de un metro y medio de distancia desde el niño. Os he hecho unos dibujos ilustrativos.

JULIÁN.- Ooooh, qué monada de dibujos…

ROSA.- ¡Cállate ya, pesado inmundo! ¡Atrapasolsticios! A ver, por dónde iba… «Luego os preguntaréis qué hacer en la calle. Bueno, pues ya habéis leído que se puede andar hasta un kilómetro desde casa, pero cuanto más lejos vayáis, más tendréis que lavar las zapatillas al volver, porque cuanto más lejos, los virus son más malos…»

JULIÁN.- Pero menuda chorrada, Rosa… ¿Mas lejos los virus son más malos?

ROSA.- Sí, bueno, no, no es exactamente es así, es que cuanto más lejos vayas, más virus pisas, y entonces pues más virus te traes a casa, y más virus tienes que limpiar…

JULIÁN.- Por el futuro de los niños, espero que nadie te haga caso.

ROSA.- Mira, por una vez tienes razón, voy a anotar aquí al margen que he de revisar esto… (Lo anota.) Y cállate, que no he acabado…

JULIÁN.- Venga, sigue.

ROSA.- «Muy bien, pues al niño lo mejor es ponerle por la cabeza unas bolsas de basura de las grandes, tres o cuatro bolsas, una encima de otra, con agujeros para los ojos y la boca. Encima de eso, le pones los guantes, la mascarilla, y el aro con el palo que os he contado antes. Hay que estar vigilando constantemente todo lo que hacen los niños, pues no se pueden sentar en los bancos porque, como todos sabemos, los bancos están repletos de virus. Tampoco pueden tocar los columpios, porque están ultrarepletísmos de virus. Si ven a algún amiguito, hay que disuadirles de saludarle, hay que decirles, por ejemplo, que ese amiguito les va a robar todos los juguetes que tienen en casa y por eso hay que huir de él. No pueden tampoco tocar a los perros que se les acerquen, porque esos perros tendrán los virus de sus dueños desperdigados por el lomo. No pueden usar el balón porque entonces el balón recogerá todos los virus del suelo y de las paredes y se llevará a las manos y a los pies. En resumen, los niños tienen que salir a la calle completamente cubiertos con plásticos protectores, no pueden tocar nada, no pueden hacer nada y no pueden jugar a nada, y además…»

JULIÁN.- Pues con esas medidas para atormentar a los niños, yo no les bajaría, les seguiría diciendo que no se puede salir.

ROSA.- Calla, que me desconcentras.

JULIÁN.- Venga, sigue, sigue, esto está de lo más interesante.

ROSA.- ¿Por dónde iba? Creo que ya toca volver a casa… A ver… «Cuando vuelvan a casa, hay que quitarles la mascarilla, los guantes y las bolsas de plástico y quemarlo todo en la chimenea, y a falta de chimenea, en un cubo metálico.»

JULIÁN.- A ser posible en la terraza, porque si no, les va a quedar un aroma a plástico quemado que ni te cuento…

ROSA.- Calla… «Entonces, hay que meter el aro con el palo y la bici (que sí se puede bajar) en una solución de lejía, amoniaco, fregasuelos, pasta de dientes y alcohol, para quitarle todos los virus.  Y al niño hay que quitarle la ropa, quemarla también en la chimenea o en el cubo, y meterle en la ducha o bañera durante dos horas, enjabonándolo cada diez minutos y aclarando cada vez.»

JULIÁN.- Madre mía… Menos mal que no te dedicas a la política.

ROSA.- No, no me dedico a la política, pero podría perfectamente dedicarme.

JULIÁN.- Claro, claro… Ahora puedes proponer lo que dice Trump, se pueden tomar los niños el desinfectante vía oral o en una inyección, ¿no? Y luego, si después de todo esto, sobrevive algún niño, le das de cenar y le acuestas.

ROSA.- Tú te lo tomas a guasa, pero esto se lo voy a dar a Luis para que me lo pase a limpio y lo envíe a todos los periódicos…

Continuará.

@nico_guau

Chupi Llorente y Santiago Antón han grabado este capítulo de Cosas mías; lo podéis escuchar aquí:

El Gallinero es la bitácora de un grupo de dramaturgos que interpretan el papel de un periodista. Un espacio donde se informa del teatro que no acostumbra a salir en los medios de comunicación, de los recovecos que componen la vida teatral de Madrid y los espectáculos/ espacios/ creadores/ gestores menos conocidos.   En El Gallinero escribe nico guau, y en una época escribieron muchas más gallinas: Antonio García, El Trapo, Folguera, la señora del fondo, Manuel Rodríguez, Muflón Silvestre, Pelma y gris, Turuleta, Vera Yobardé... Si queréis contactar con nosotros, podéis hacerlo en elgallinerofronterad @ gmail.com, quitándo lo espacios alrededor de la @.

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