Crimen al desnudo

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Deben tener razón los asesinos con eso de que matar engancha.

 

Tras haber estrangulado a 22 víctimas de ambos sexos (a los/las que primeramente había seducido), el Arropiero fue fotografiado de esta guisa, cuando fue fichado por la Policía. Este desnudo frontal de cuerpo entero, no se lo hacen a todos los detenidos, el Arropiero era puro crimen al desnudo. Desde su Huelva natal, había ido dejando un rosario de víctimas, a su paso por todo el litoral mediterráneo de España, Francia e Italia. El atractivo físico que le había dado la Naturaleza, se convirtió en su maligno anzuelo para consumar sus crímenes.

 

Resultóle interesante a Faba aquel espécimen y aquel Arropiero, y lo más curioso fue descubrir que no era la primera vez que se cruzaban esas fotos en su camino; ya le habían perturbado –años atrás- cuando las vio publicadas en prensa. Ese sicópata desnudo con los brazos extendidos, era un crucificado de nuestro tiempo. Su cruz era la pantalla catódica, y su poder, el deseo que provoca. Resolvió Faba pintarlo, pero no de cualquier manera ni con cualquier pigmento, ni tampoco sobre un lienzo.

 

El Arropiero sigue vivo en una cárcel de España; su coeficiente intelectual siempre fue muy bajo. Cuando le preguntaron por qué mataba, arguyó que sólo alcanzaba el orgasmo, después de haber matado. Aunque se confesó autor de 48 crímenes, sólo quedaron demostrados siete de ellos; la Policía terminó reconociendo que podía haber estado implicado en 22 asesinatos.