Crónica de una muerte anunciada.

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Poco ha durado la gran apuesta de Zapatero. Ese Ministerio que ha sido criticado de forma preventiva desde  todos los frentes con críticas tan objetivas y concretas como éstas: «No sirve para nada», «la Ministra no sabe nada», «hay otros muchos temas más importantes que solucionar», «lo que faltaba, un Ministerio de las mujeres»… En la izquierda no se ha criticado tanto lo que ha hecho como lo que «no sería capaz de hacer», y se hacían comentarios condescedientes tolerando su existencia. En la derecha,  en cambio, ha despertado los peores instintos  de aquellos a los que el tema de la igualdad parece  importarles más de lo que admiten, al menos por la energía que emplean en combatirlo. ¿Por qué ha sido tan molesto este Ministerio? ¿Es el primer Ministerio con alguien no cualificado al frente y que no cumple las expectativas ciudadanas?  Creo que a todos se nos ocurren otros cuantos ejemplos de uno y otro sexo.

 

No creo que debamos menospreciar el alto grado de consenso en la crítica que ha generado el Ministerio de Igualdad, como si fuera el error más grave del gobierno, (y de nuevo a mí se me ocurren otros muchos y mucho más graves). Mujeres y hombres de la prensa, la política,  la cultura, de uno y otro signo político, han pedido de forma directa o indirecta su desaparición. ¿Por qué un Ministerio con la misión de conseguir una sociedad más igualitaria se convirtió desde el primer momento en el blanco de reproches, chistes y hasta insultos?. ¿Por qué siempre que el poder establecido presiente alguna ligera posibilidad de ser cuestionado genera una reacción feroz y desproporcionada  incluso antes de ser afectado? No se reacciona contra la igualdad porque se haya conseguido, sino porque es posible conseguirla, ya lo advirtió hace algunas décadas Susan Faludi, en su maravilloso libro Reacción.

 

No creo que el Ministerio de Igualdad fuese tan peligroso, sobre todo porque dudo que responda tanto a un logro histórico como a una oportunidad política.  Cuando la igualdad se concede y no se conquista, pueden arrebatárnosla en cualquier momento porque no es integrada en la sociedad como un derecho de ciudadanía, sino como un regalo en tiempos de bonanza que puede gestionarse por cualquiera y de cualquier forma. Cuando la igualdad es un gesto y no un principio político, se crea un Ministerio con apenas recursos y del que se excluye a las mujeres fuertes que llevan décadas en este país luchando por la igualdad. Nada como crear un poder sin poder y poner al frente a una treintañera desconocida y sin autoridad, para que la debilidad de origen se convierta en mortal y el entierro del primer Ministerio de Igualdad en España sea recibido por todas las personas que creemos en su causa con la triste sensación de que ya sabíamos que esto iba a pasar. 

Pilar Pardo Rubio. Estudió Derecho en la Carlos III y continuó con la Sociología en la UCM, compaginando en la actualidad su trabajo de asesora jurídica en la Consejería de Educación y la investigación y formación en estudios de Género. Desde el 2006 colabora con el Máster Oficial de Igualdad de Género de la Universidad Complutense de Madrid que dirigen las profesoras Fátima Arranz y Cecilia Castaño. Ha participado en varias investigaciones de género, entre las que destacan la elaboración del Reglamento para la integración de la igualdad de género en el Poder Judicial de República Dominicana (2009), Políticas de Igualdad. Género y Ciencia. Un largo encuentro, publicada por el Instituto de la Mujer (2007), y La igualdad de género en las políticas audiovisuales, dentro del I+D: La Igualdad de Género en la ficción audiovisual: trayectorias y actividad de los/las profesionales de la televisión y el cine español, que ha publicado Cátedra, con el título "Cine y Género". (2009). La publicación ha recibido el Premio Ángeles Durán, por la Universidad Autónoma de Madrid y el Premio Muñoz Suay por la Academia de Cine.   La mirada cotidiana que dirigimos cada día al mundo en que vivimos es ciega a la las desigualdades que, sutiles o explícitas, perpetúan las relaciones entre hombres y mujeres; visibilizar los antiguos y nuevos mecanismos, que siguen haciendo del sexo una cuestión de jerarquía y no de diferencia, es el hilo conductor de "Entre Espejos". En sus líneas, a través del análisis de situaciones y vivencias cotidianas y extraordinarias, se ponen bajo sospecha los mandatos sociales que, directa o indirectamente, siguen subordinando a las mujeres e impidiendo que tomen decisiones, individuales y colectivas, críticas y libres, que siguen autorizando la violencia real y simbólica contra ellas, que siguen excluyendo sus intereses y necesidades de las agendas públicas, que siguen silenciando sus logros pasados y presentes, que, en definitiva, las siguen discriminando por razón de su sexo y hacen nuestra sociedad menos civilizada, a sus habitantes más pobres e infelices, y a nuestros sistemas políticos y sociales menos democráticos y justos.