Crónicas desde Ayamonte, 5 – Flores de plástico

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Ojalá vivan para ver el amanecer tras esta larga noche.

Stefan Zweig

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El cementerio de Ayamonte, como la mayoría de los de España, y supongo que los de la mayoría del mundo entero, está repleto de flores de plástico de muchos y muchísimos colores y formas.

Antes eran flores de verdad, arrancadas y cortadas de las plantas, olían.

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Pero la flor de plástico es barata.

Porque los derivados petroquímicos que la componen son de facilísima fabricación. Por eso ha triunfado, porque en nuestra sociedad actual, en general, el dinero es lo más importante, no importa el impacto medioambiental o social que tenga lo consumido siempre que sea, en general, más barato. La mayor preocupación, en general, es el dinero, tenerlo para un futuro incierto en lo relativo a tener más o menos dinero disponible. El trabajo, en general, se relaciona íntimamente con el dinero. Lo importante, en general, es tener asegurado el sustento del dinero a corto plazo.

Pero la flor de plástico es perfecta y tersa.

Porque no se estropeará nunca ni se pondrá mustia. El plástico permite la perfección en cualquier momento. La sociedad actual, en general, existe sin pensar lo suficiente en el más allá, vive sin tener en cuenta nuestro futuro, el de todos. Lo importante es tener una flor preparada para los muertos en cualquier lugar y momento. Una flor perfecta siempre disponible en la tienda, baratísima y fabricada a miles de quilómetros. Una flor recién ofrecida día a día, sin la tierra del tiesto, sin insectos ni aves molestos.

Pero las flores de plástico son muy buenas y bonitas.

Porque la apariencia de las flores plásticas de colores, de tallos y pétalos verdes de plástico, de hojas verdes de plástico, de plástico toda, es vistosa y agradable a la vista. Dar una vuelta hoy por cualquier cementerio es un regalo para la vista, una experiencia maravillosa, llena de color y esplendor, de eternidad y soledad excesivamente silenciosa. De pensamiento sobre el mundo y la sociedad, de angustia. De angustia.

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Porque no quedarán ni las cajas.

Pero sí las flores de plástico sobre las tumbas y entre la tierra.

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Para completar este texto he ido al supermercado regentado por personas de China en Ayamonte. He visto las flores de plástico, abundaban exuberantes. La pieza costaba en torno al euro y medio. Había cientos de ellas, plásticas. Son las nuevas floristerías.

Y para finalizar este texto he ido al cementerio de Vila Real de Santo António, en Portugal, para comprobar la realidad en el país más occidental del Occidente europeo y comparar.

Nada diferente al otro lado del Guadiana. 

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Las siguientes fotografías son del otro lado de la frontera, menos la última.

Y quedará

Y la flor sin olor

Y el humo oscuro

Ojalá vivan para ver el amanecer tras esta larga noche

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