De blog a post y escribo porque me toca

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Hoy es dos de diciembre como lo era hace un año,

cuando se colgó el primer artículo en esta Huerta del Retiro.

Un año de supervivencia en la fronterad los miércoles a los jueves.

Un año de vida interrumpida y reflejada por las colaboraciones.

Un año de artículos seguidos, que ahora llaman posteados.

Sesenta y cinco colaboraciones en doce meses.

Muertos, televisores, alguna foto, dibujos, vídeos, 

y consideraciones varias sobre la nueva vida internautica.

Críticas de viejo y nuevo cine, alguna de arte, un par de teatro;

críticas de la existencia en las ciudades implacables.

Nombres derramados en una ceremonia de la confusión deliberada:

Federico Yostick, Julio José y Gabriel Faba, y un tal Homo Faber.

Esconderse tras la máscara para ser -como en carnaval- más libertarios.

Lúbrica escritura, relato fantástico, poemas con vergüenza, firmas invitadas.

Vamos dejándonos la vida en las palabras. Un blog es una huella, una sombra,

un organismo cambiante, sometido -como el hombre- a las cuatro estaciones anuales.

Nos vestimos, nos escribimos y entramos o salimos según los cambios climáticos.

Velamos y enterramos a nuestros muertos en verano, y regresamos al trabajo.

La meteorología es el carácter de la Naturaleza que nos toca con sus alas.

Un año más sin dejar de respirar, y a base de tanto soplido colectivo,

mantenemos en el aire un sueño vivo con forma de revista digitalizada.

Nuestras obras son los hijos que no hemos tenido,

que van a parar al océano de Internet,

donde los pescan los lectores amigos.