De mi Diario : 5.ª semana del 2024

0
149

Rodenkirchen, 28.1.

Una de mis providencias fijas todas las mañanas de los domingos es repasar con ojos de Argos lo que subí a la página web de Fronterad la pasada medianoche, ir a la caza y captura de yerros, teclazos, acentos mal puestos (o no puestos), o sea, la lencería fina del texto. Pero también me sirve para darme cuenta de las cosas que olvidé consignar. Esta vez fueron dos. 1.ª: la nieve. La nieve desapareció del Diario como por ensalmo, pero es que también lo hizo así en las calles. Un día fuimos al Steep’s sorteando los montículos de nieve y las trampas del hielo en las aceras, y al día siguiente toda la tramoya había desaparecido por completo. Buen trabajo el del servicio municipal de limpieza. Y 2.ª: tuve una  sospecha que confirmé rápidamente en www.imdb.com, y es que Warren Beatty nació en 1937 y Annette Bening en 1958, al rodar Love Affair contaban 57 y 36 años respectivamente, llevaban dos años casados, ya había nacido su primer hijo y el segundo estaba en camino. Pero los 21 años de edad que los separan no se notan para nada en esa peli. ¿Milagros del maquillaje? ¿O habrá bebido él en la Fuente Juvencia que Hernando de Soto buscó en la Florida?

Vamos a almorzar al Steep’s, nos atiende otra vez Anna. Quiere saber Diny cuál es la sopa del día, y al enterarse que es una de tomate ya no necesita saber más, es su sopa predilecta. Yo me paso el tiempo tratando de imaginar qué tema debería tocar en mi próxima entrega de un texto para el Centro Virtual Cervantes, hasta que de repente me cae el vintén, ya sé, hablaré de traducir de lenguas indìgenas mexicanas, partiendo de una columna en LJS de la semana pasada. Y al llegar al corredor donde se encuentra nuestro apartamento en el Maternus nos sale al paso para presentarse nuestra nueva vecina, Frau Wagner. Todo un gesto, es la primera vez que nos pasa acá. Bien es cierto que cuando nosotros llegamos acá no nos presentamos a nadie. Se me ocurre que los alemanes disponen de un arma secreta que usan de manera pacífica: la cortesía formal.

Un artículo en LJS dedicado a Katy Jurado en el centenario de su nacimiento.  Se lo envío a mis amistades cinéfilas, e ipso fuckto recibo un mail entusiástico de Vicente, desde la vieja Onuba: «¡Oh, Katy Jurado! La adoro. ¿La recuerdas en Solo ante el peligro? Bueno !y tantas! Siempre lamenté que nuestro Festival no le dedicara un homenaje». Le contesto: «Comparto tu adoración, querido Vicente. Y no sé si tienes contacto con la gente que ahora lleva el festival, pero este año del centenario de Katy podría ser la ocasión pintiparada para ese homenaje, ¿no crees?» Me responde: «Yo pensaba en un homenaje en vida. Cuando ella vivía y pudo haber asistido personalmente. Tendré en cuenta la sugerencia pero también me temo que el nombre de Katy Jurado a muchos no les dirá nada». Le replico: «Si el nombre de Katy Jurado no les dirá nada, razón de más para rendirle ese debido homenaje». Vamos a ver en qué resulta esto..

Encontré en Twitter este diálogo: @eldiarioes: Feijóo: “Yo soy gallego porque nací en Galicia que es una parte de España”. @LauLoay: Yo soy cordobesa porque nací en Córdoba pero siempre tengo que mirar si es una parte de España o una parte de Argentina.

Rodenkirchen, 29.1.

Anoche dejé lista mi columna de este viernes para EE, canibalizando (¡oh manes de Raymond Chandler!) el material que poseo acerca del presidente Wilson, pero además dejé ya ½ encarruchado el texto sobre la traducción de lenguas indígenas. Día anodino el de ayer, pero con un final gratificante.

Pasé gran parte de la mañana poniendo al día parte de la contabilidad doméstica y haciendo unas seis transferencias pendientes, que llevé al Banco y de camino nos metimos a almorzar en el Bistro Verde. Por fin convencí a Diny, con ayuda de Angelika, para que encargase los Rösti pero «¡Sin salmón ahumado!», casi lo gritó, el pescado siempre ha sido su talón de Aquiles. Yo comí casi sin ganas una riquísima sopa de papa con salchicha fresca. He perdido el apetito y no sólo eso, son muy pocas mis ganas de seguir viviendo.

Rematé el texto sobre la traducción de lenguas indígenas. Entretanto, escribirlo me ha hecho conocer el trabajo de la benemérita Fundación Macondo, instituida por Sandra Cisneros en 1995 y con sede en San Antonio, Texas. Me propongo promocionarla cuanto pueda, como homenaje póstumo a Rolando.

Rodenkirchen, 30.1.

En Love Affair (1994), recién al cumplirse una hora del metraje, vemos a Mike en el piso más alto del Empire State, esperando –inútilmente, como nosotros ya lo sabemos, él no– la llegada de Terry. Se abre la puerta del ascensor y sale un grupo de gente. Pues bien, los últimos que salen son una pareja, y él es en su sonrisa y en su mirada, talmente un hermano gemelo de Rolando. En mi vida he visto un parecido semejante. ¿Si será que habrán clonado su modelo?

Almorzamos en el chino. Anoto que la chinita que sirve las bebidas nos trae las nuestras sin que las pidamos, y que renueva mi copa de Chardonnay apenas la ve vacía. Por sus vicios los conoceréis, como no sé si se dice en los Evangelios.

Le pasé a mi deuda estherna, según hago siempre con todos mis manuscritos, el que voy a mandarle mañana a Carmen para El Trujamán, sobre la traducción de lenguas indígenas mexicanas. Me escribe que «las diferencias que mencionás me recordaron el doblaje de una peli del boliviano Sanjinés al doitsch. En una escena, se ve al indio que llega a una casa y saluda a su dueña, casi 30” de movimientos y gestos amables y sonrisas. La traducción al alemán: «Guten Tag!». Recuerdo todavía mi estupor. Así de grandes son las distancias, pero igual vale la pena traducir las lenguas».

Rodenkirchen, 31.1.

He vuelto a ver la primera versión de Love Affair (Tú y yo), 1939, con Irene Dunne y Charles Boyer. Maravillosa. Por cierto: durante mi infancia hubo un tiempo en el que odié a Charles Boyer. Fue después de ver Gaslight (Luz que agoniza), 1944, donde desempeñó el papel del marido inglés que intenta volver loca a su esposa, Ingrid Bergman en la peli. Es bastante probable que no lo articulase de ese modo, todavía era un niño y rehuía las malas palabras, pero aquello me dio una primera idea de lo que es un auténtico hijueputa. Lo dicho: lo odié con toda mi alma. Creo que me reconcilié con él viéndole en Julia, Du bist zauberhaft (Julia se porta mal), 1962, una de las dos versiones, las dos muy buenas, que se han hecho de Theater, la novela de Somerset Maugham. En la primera, de 1962, una coproducción franco–germana, Lilli Palmer se lucía y le robaba el show al resto del reparto, como lo haría Annette Bening en la nueva filmación, del 2004, Being Julia (Conociendo a Julia) En la duda de con cuál de las dos me quedo, me quedo con las dos.

Una vez más, esta vez en Steep’s, la agresividad de Diny. Mientras comía en silencio fui armando un reproche fundado que sólo le podría hacer de regreso en el Maternus, porque en el restaurante sería darle tres cuartos al pregonero. Pero en el Maternus se lo diría. Que se acordase de cuando visitamos a su padre en la Residencia, una como el Maternus, adonde hubo que internarle a causa de su demencia; y cómo, al salir, el primer comentario de Diny fue preguntarme: «¿Te has fijado en lo agresivo que se ha vuelto?» Y lo era, y no sólo con el personal de la Residencia, hasta con nosotros, su familia. Luego, al llegar acá, y mientras subíamos en el ascensor, me dije que era gastar pólvora en zopilotes, que Diny ya ni se acordaba de su explosión de cólera, sólo porque quise explicarle que la sopa del menú era una tacita, mientras que si lo que de veras quería era comer  sopa que la encargase aparte. De las mesas vecinas nos miraron con sorpresa, menos mal que después se impuso, impuse, el silencio, porque no me solivianté, no quise entrar en la espiral de su cólera y ella se fue calmando. Me pregunto una vez más cuándo estallará la burbuja de mi paciencia.

Rodenkirchen, 1.2.

Hemos almorzado hoy en el Primo Piano con Luciano, quien llamó ayer tarde para decirme que hace mucho tiempo (antes de Navidad) que no comemos los tres juntos. Y resultó que él y Stella se conocen, porque ella, en su faceta como cantante, actuó alguna vez en el Machado, y él la ha visto actuar una vez más en otro Centro cultural. Diny accedió a mi propuesta de que encargase uno de los dos menús del día: minestrone de entrada, e hígado de ternera alla veneziana, con puré de papa y cebolla caramelizada. Luciano encargó una lasaña, yo una pizza tonno, y luego a la hora de pagar le dije a Stella que la metamorfosis del atún en anchoas le había salido muy bien al cocinero. «¿Cómo? ¿No me pidió usted una pizza Napoli?» «No, tonno, y tengo dos testigos». No le dije que Diny está sorda, para no quitarle hierro a su testimonio, pero Luciano confirmó que lo que yo pedí fue una pizza tonno y no una napolitana. Pero igual, incluso es así que las anchoas me gustan más que el atún. Y antes estuvimos de sobremesa hasta pasadas las 2 pm, que Luciano se tuvo que ir a una reunión del comité municipal de integración ciudadana, al que fue electo hace un par de años. Ya le dije en su día, a poco de conocernos, que fui uno de quienes votaron por él, aunque no lo conocía entonces, pero su nombre era el único español de la lista. Al cabo de los años me dio las gracias. La amistad con Luciano es otra de las ganancias netas en mi Haber desde el día de nuestra desgracia.

Rodenkirchen, 2.2.

El portal Todo–Mail está especializado en series de fotos que en los diarios de antaño se encuadrarían dentro del rubro “Miscelánea”. Esta mañana, al abrir mi estafeta virtual encuentro su último envío con este Asunto: «Hecha Un Vistazo a Estas Hermosas Aves América del Sur». Lo reenvío de vuelta con una inquietud, como dirían en Colombia: «”Hecha” ¿del verbo “hechar”?» Vamos a ver si se dignan contestar. [Hasta ahora, sábado 3 a las 9:00 pm, no lo han hecho].

En el chino Diny pide hoy el menú con pato crocante en salsa agridulce, y yo mi pescaíto frito de todos los viernes, con la misma salsa. «Creía que hoy iba venía Paul a almorzar con nosotros«. «Diny, hoy es viernes, Paul viene los sábados y no aquí sino al Bistro Verde». «Y Oskar ¿ya regresó de España?» «De Alicante, ayer noche». «¿De Aroche?» Yo, más alto y silabeando: «No, de A–li–can–te, a–yer no–che». «Ah» Es todo lo que hemos conversado en el chino. Le estoy encontrando muchísimo sabor al silencio porque dialogar con Diny en público me obliga a levantar la voz, como ha sucedido ahora al silabear el topónimo, con el resultado de que nos miraron de las mesas vecinas. Y a ella le debe pasar algo parecido, porque siempre que hablamos en público, no solo yo, todos, también sus hijos y nietos, le pedimos que modere su tono de voz. Rebeca le llega a decir «Es que tú no te oyes, mamá». Si se lo dijese yo, me gritaría, pero a Rebeca no, le inspira muchísimo respeto.

Traduje ayer el gran texto de Francesco sobre la presencia en Elena Garro en la vida y en la poesía de Octavio Paz. Le envío la traducción ahora para que la revise y, si es el caso, la corrija. Al margen dello, siempre me causa una sabrosa sorpresa la lectura de los textos de Francesco, porque posee una sabiduría y un poder de convicción que te arrastran de manera incontenible. El final de este ensayo preñadísimo (Unamuno dixit!), de doce páginas, es harto elocuente: «Mueren el mismo año, 1998. // Elena sobrevive a Octavio cuatro meses. Aún le recuerda, habla de él en entrevistas y conversaciones, ya fuera del tiempo. // Queda en este punto, para cualquier lector, un paso que dar. Dejar de lado la plétora de páginas escritas por Octavio Paz, y lanzarse a la lectura de Elena Garro». Enter! [el Amén virtual]

Rodenkirchen, 3.2.

Ayer, sin querer, le di una información falsa a Diny: resulta que Oskar no pudo volar de regreso el jueves, desde Alicante, a causa de una huelga del personal de seguridad de Lufthansa, que ha afectado a miles de viajeros y de la que recién me vengo a enterar al telefonear a Montse esta mañana, porque al parecer está fuera de servicio el celular de Oskar Me dice Montse que ello se debe a que en ese momento Oskar está volando de vuelta a Colonia. Alabado sea el santísimo sacramento del altar.

Nos encontramos en el Bistro Verde con Paul, ya repuesto de su operación y caminando sin muletas. Tampoco él estaba enterado de las peripecias del viaje de Oskar a Alicante. Diny encarga un plato de garbanzos al curry, Paul gulash à la manera de Hungría, con tropezones de albondiguitas de papa, y yo un guisote de pescado con tomate, que aquí lo hacen muy bien y faltaba desde hace meses en la carta. Luego, y aunque en principio renuentes, Diny encargó un postre de bayas del bosque con helado de vainilla, y Paul un pastel de chocolate. Y afuera, en la Maternusplatz han montado un tablado desde el que nos llega a todo volumen la música típica del carnaval renano, del cual es el de Colonia el mejor exponente. Y esto será así hasta el Miércoles de Ceniza, porca miseria! Le cuento a Paul la vez que su abuela y yo fuimos con nuestros tres hijos al carnaval de Venecia, tan distinto y tan bello. Y cómo gracias a la memoria fisionómica de Montse, de su madre, fuimos a comer un día en la que, sin saberlo nosotros, es una pequeña trattoria en cuyo interior, aparte, se encuentra el comedor de los pilotos y demás personal de la compañía de los vaporetos que son el transporte público de la Serenísima. Es una de las tantas epifanías que Venecia nos deparó en los cinco o seis viajes que hicimos allá. Y de ese con nuestros hijos se me quedó grabada una frase de Montse, entusiasmada: «¡Qué carnaval tan bonito, papá, todo el mundo tan alegre y nadie borracho!» A sus escasos trece años, ya era Montse una observadora de racamandaca, como dicen en Colombia.

¡Ah, que no se me olvide! Por mor del problema con el regreso de Oskar desde Alicante me personé en los fueros de mi dilecta amiga Miss Hortensia Google para averiguar algo más sobre esa huelga que desconocía, y surfeando en sus extensos mares encontré una información muy simpática sobre el aeropuerto de Barra, una de las islas Hébridas Exteriores, en Escocia. Su aeropuerto, además de ser el más pequeño de Europa y el Reino Unido, posee una característica que incluso el cine ha sabido aprovechar: es el único del mundo con una pista de arena. Aunque su mayor atractivo, es uno de sus mayores problemas. Cuando llega la marea, se va la pista.

*******************THE END******************