De mi Diario: Semana 01 / 2015

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Dieter Nuhr: «Estoy convencidísimo de que Dios es un hombre. Si fuera una mujer... ¡se pasaría el tiempo hablando con nosotros!».

 

Weiß/Colonia, 28.12.

10:20 am : Suena el teléfono, descuelgo, me identifico: «Bada». Una leve pausa porque quien llama esperaba oír otra voz. Repito: «Bada». Y un cascabeleo en la línea: «Abuelo, soy Henri. ¿Puedo dormir esta noche en vuestra casa?»  Diny y yo teníamos pensado ir hoy eventualmente al cine, para ver Im Labyrinth des Schweigens [en España han convertido el laberinto del título en una conspiración], pero es evidente que ambos priorizamos la presencia de Henri acá. Así es que Diny le pregunta que cuándo llegará y él le dice que a las 2. Luego Diny habla con la mamá y Montse le explica: «Ya tiene lista la mochila, para él “A las 2” significa “Ahora mismo”».

 

Veo en la cuenta T de Anacrís un tuit que es traducción del inglés y despierta mi curiosidad :

Busco el original, con la ayuda de Miss Hortensia Google, y lo descubro al primer teclazo : «The hardest thing to learn in life is which bridge to cross and which to burn». No hay más vuelta que darle, “to burn” es “quemar”. Punto. Lo que sucede es que en castellano, en el sentido figurado que lleva implícita la frase, lo que se queman son las naves; los puentes se vuelan. Mi traducción: «Lo más difícil de aprender en la vida es cuál puente hay que cruzar y cuál hay que volar».


Me escribe Carlitos a propósito de la última entrega de mi diario en Fronterad y me dice, por si las moscas, que no recuerda haber conservado algo en La Modicana. Y me cita, para vergüenza mía: «Como son vacaciones escolares y además Ulli está disfrutando de las suyas, almorzamos hoy Carlitos y yo con nuestras respectivas parejas en La Modicana. Y sucede lo que suele suceder en estos casos, y es que el peso de la conservación lo llevan las mujeres». Y añade, con recochineo: «En todo caso lo podemos intentar el martes que viene». Mira si no habré leído ese texto por lo menos tres veces antes de subirlo a Fronterad. ¡Ay! Pero sin dar mi brazo a torcer le contesto a Carlitos que con las conversaciones es como con el atún en escabeche y las sardinas con tomate. Y desfago el entuerto en la página de Fronterad.  


Weiß/Colonia, 29.12.

Me fui a dormir a las 2:52 am, me desperté alrededor de las 6 y no logré volver a conciliar el sueño. A Diny el sábado se le desprendió un empaste dental y hoy salió rumbo a la consulta de nuestro dentista a las 8:10, dejándome a cargo de Henri, todavía dormido. Recién se levantó poco antes de las 9, quise –pero no lo conseguí– que se cepillara los dientes («Ya lo hice anoche antes de ir a dormir», arguyó), le di de desayunar, platiqué con él desayunando mientras leía el diario (yo), pues él iba comentando a cada página cada nuevo anuncio de los supermercados con la respectiva oferta de cohetes, buscapiés y triquitraques para la noche de Año Viejo. Después lo dejé en amor y compañía de Tom & Jerry, ante la tele, e intenté continuar y terminar la lectura del 2° episodio de la saga de Carl Børk, que inicié ayer, pero a pesar de que es interesantísimo, los ojos se me cerraban de sueño y cansancio. Menos mal que Diny tuvo suerte con el dentista, regresó a eso de las 10 y me pude echar de nuevo en la cama, hasta casi la 1:30 pm.


George Bernard no Shaw me escribe desde Campinas/São Paulo y me pregunta si pasé bien mi Día Internacional del Regalo, añadiendo de paso que ese «”Dia do Presente”, em português até parece filosofia». Es cierto que hasta parece filosofía. Como poesía parece una jerarquía militar española en el cuerpo jurídico de la Aviación: General Auditor del Aire. Y se da el caso de que hasta conozco personalmente a uno, NT, caballero gentil y generoso como pocos.


Me escribe Fernando y me cuenta: «El Perú es el paraíso de los Blue Ray clandestinos y en un mercadillo del Centro de Lima hay un vendedor que tiene una erudición aplastante. Lo que me hace recordar que no has visitado nunca Lima y crece mi sensación [de] que yo mismo la conocería mejor (y hasta la amaría más) si tú vinieras aquí y escribieras sobre ella. No pierdo la esperanza de hallar una buena manera de hacerte invitar». Le contesto: «Gracias, pero mejor no inviertas tiempo ni esfuerzo en conseguirme una invitación que, con toda seguridad, declinaría, y no en un sentido gramatical. Si lees mi diario tienes que recordar que ya rechacé algunas invitaciones a viajar a México, Argentina, Costa Rica, es más, los pocos viajes que hago son por un día, para dar una conferencia y regresar al día siguiente a casa, ya estoy muy viejo para tales trotes. Digamos que el círculo dentro del cual me moveré, mientras el cuerpo aguante, será uno con Madrid al límite Sur y Estocolmo al límite Norte, París al Oeste y Budapest al Este. Cariñosos recuerdos de Diny y un fuerte abrazo de tu viejo amigo Ricardo Corazón de Diente de León (ya sabes, esa planta cuyas flores se sopla sobre ellas y se desintegran en vilanos)».


Termino el segundo episodio de la saga de Carl Mørck y su Departamento Q, buenísimo, como el anterior y el que le sigue. Anoto que los prejuicios intraescandinavos son de naturaleza casi homologable con los prejuicios intraceltibéricos. En el episodio de CM se espera la visita de una delegación de la Policía noruega, entusiasmada por el éxito del Departamento Q al esclarecer el “caso Merete Lynggaard”; y CM, que le huye a la prensa y a la notoriedad más que el diablo al agua bendita, no pierde ocasión de abrir la válvula de escape de su cabreo por la visita de los  noruegos. En la pg. 114 los llama «extractores de turba del país del queso de cabra» y en la pg. 218 «los jeques del bacalao seco». En danés deben de ser insultos de mayor calibre que cuando un andaluz dice de un catalán que gasta menos que un ciego en novelas (o Andorra en espías).

 

Weiß/Colonia, 30.12.

En La Modicana, por segunda semana consecutiva, Carlitos y yo con Ulli y Diny. Me queda el recuerdo de una de las más espectaculares sopas de pescado que haya comido en toda mi vida. Estuve rebañando el plato hasta dejarlo sin necesidad de que pasara luego por el lavavajillas.

 

Como ya es tradición los 30 de Diciembre, a media tarde llega Angie trayéndonos a Vincent, que se quedará a dormir aquí, mientras sus padres celebran con los amigos hasta la medianoche, cuando Chico cumpla años, una vez más: 46, para ser exactos. Nos cuenta Angie la odisea del viaje de vuelta desde Ebermannstadt, su ciudad natal en Franconia, cerca de Nuremberg, donde pasaron las fiestas con sus padres, los abuelos maternos de Vini, como también es ya tradición en los años pares. Con las autopistas colapsadas porque todo el mundo parece haberse puesto de acuerdo en salir de regreso al mismo tiempo y en la misma dirección, invirtieron más de siete horas en llegar a la periferia de Fráncfort (lo normal hubiese sido una hora, si acaso una hora y ½), y ahí decidieron salirse de la autopista apenas fuera posible, pernoctar en algún sitio cercano y continuar viaje al día siguiente. Las fotos que nos muestra podrían servir de ilustraciones para una edición interactiva, apocalíptica, de “La autopista del Sur”, el cuento de Cortázar.

 

Weiß/Colonia, 31.12.

Estuvo a media mañana Chico para recoger a Vincent y yo pasé el día entre la cama y la lectura (mejor dicho: relectura) del tercer episodio de la saga de Carl Mørck. Lo compré en 2011, recién aparecido, porque leí una reseña que me despertó la curiosidad y en esos tiempos no me había vuelto un maniático de la cronología, un voyeur del desarrollo de los personajes, que es ahora casi lo que más me interesa. Lo único que me extraña, pensando en lo mucho que me gustó ese episodio, es por qué he tardado tres años en hacerme con los dos anteriores y haber encargado ya el cuarto y el quinto. Releo ahora también aquella reseña de entonces y vuelve a asombrarme la miopía de la reseñista cuando dice que las novelas de la saga no son de ninguna manera “obras maestras literarias” y que en ella no se registran acentos sociocríticos ni políticos, lo que debe considerarse como un fallo. Esta reseñista, evidentemente, no ha leído las mismas novelas que yo. O pasó por alto todas las reflexiones de Mørck, y del narrador, acerca de la vida diaria en Dinamarca y sus secuelas sociales y políticas. Y si bien es verdad que no se trata de obras maestras en el sentido que lo son las de Simenon,  Dashiell Hammet o Raymond Chandler, este Adler–Olson sabe suplirlo con una sabia dosificación de los efectos en la caracterización de los personajes. Por ejemplo algo que ya me llamó la atención y lo traduje durante su primera lectura, dejándolo consignado en este diario con fecha 8.12.2011: «Leyendo Redención [en español se tituló El mensaje que llegó en una botella, más conforme con el original danés, Flaskepost fra P], la tercera de una de las mejores sagas policiales escandinavas, la del comisario danés Carl Mørck, descubro esta joya describiendo la llegada de Yrsa (sustituta provisional de su hermana Rose) a los despachos del Departamento Q, instalados en el sótano del edificio de la Policía: «En ese momento escuchó unos ruidos traqueteantes que provenían de la escalera. Sonaban igual que si una pelota de baloncesto botase a cámara lenta, de escalón en escalón, seguida por una carretilla con los neumáticos pinchados. Lo que luego se le fue acercando parecía algo así como una abuela cargada de compras duty free bajando del transbordador de Suecia. Tanto los zapatos con tacones delirantemente altos como también la falda plisada a cuadros y el carrito de la compra casi tan polícromo que arrastraba en pos, destilaban el encanto de los años 50. Y encima de semejante aparición se ubicaba un clon de la cabeza de Rose con permanente rubia de lo más acicalada. Era como si uno estuviese en una peli de Doris Day pero sin saber dónde se encuentra la salida de emergencia». Chapeau!

 

Inesperadamente descubro la cuenta de un argentino que quiere resucitar a George Orwell:

Esta frase, incluso si fuera de Orwell, me parece falta de consistencia. Con la misma autoridad podría sostenerse, y hasta de manera bastante más consistente, que a un periodista, ya sea para bien o para mal, se le debe juzgar por las preguntas que hace. Por las preguntas que no hace no se le podría juzgar porque no sabemos cuáles serían. Al leer esta frase me he acordado de una entrada en mi diario, con fecha 22.10.2002 : «El marido de la dueña de la Trattoria Toscana nos dice a Carlitos y a mí, a propósito del aprendizaje de idiomas, que un ser humano es tantas veces ser humano cuantos idiomas sabe. Me parece una frase brillante pero vacía de contenido, de esas que pueden funcionar ante un público multiculti, para congraciarse con él. Le recuerdo que Shakespeare sólo hablaba inglés, y le aseguro que conozco a muchos hijos de puta políglotas. Lo dejo con la duda si su frase es tan buena como él creía».

 

Weiß/Colonia, 1.1.2015

0:30 am : La misma vaina de todos los años en los últimos tiempos, esta vez amenizada por la fulminante caída de internet, sin venir a cuento; es decir, así como les llega –supongo– la regla a las chicas a quienes no se las ha informado de tan importante visita de la vieja dama. Y mientras escribo esta línea descubro con el rabillo del ojo que ya se colocó el tampón ¡pero apenas la termino de escribir descubro que sigue sangrando, pobretica mía!  Para decirlo mal (¡y bien!) de pronto: esta noche, la conexión con internet es el coño de la Bernarda. ¡Hola, Bernarda no Alba, Feliz Año Nuevo!   

 

1:45 am : Zapeando en la tele descubro una velada con el kabarettista Dieter Nuhr, y llego justo a tiempo de cazarle esta perla: «Estoy convencidísimo de que Dios es un hombre. Si fuera una mujer ¡se pasaría el tiempo hablando con nosotros!»

 

Termino a lo largo del día la relectura del tercer episodio de la saga del Departamento Q de la Policía de Copenhague. Y esta vez, en la lista de los prejuicios intraescandinavos, de quienes se trata es de los suecos. En el curso de su investigación, Carl Mørck descubre que para interrogar a un testigo fundamental tendrá que viajar a Suecia, y: «”Fuck”, pensó Carl: “Suecia, el país con los mayores mosquitos del mundo y la comida más aburrida” [] Después metió en la bolsa su pistola de reglamento: “Con esos suecos nunca se sabe”». Y esta pincelada impagable acerca de su ayudante, la resoluta Yrsa: «La oyó llegar pisando fuerte por el corredor. Su paso firme podía crearle complejo de inferioridad a todo un regimiento de marines estadounidenses. ¿Cómo es que lo consigue, si no pesa más que unos 55 kilos?»

 

Weiß/Colonia, 2.1.

1:45 am : Un tranvía llamado Deseo. Una obra maestra. Hasta Marlon Brando actúa bien. Pero lo mejor de todo sigue siendo el título, un título como ese vale su peso en oro.

 

Un día para olvidar, por lo menos hasta las 5 de la tarde. Me levanté, desayuné, me acosté, me levanté otra vez para un almuerzo mínimo, me volví a acostar, no tenía (no tengo) absolutamente ganas de nada, a no ser de morir, de crepar de una putísima vez.

 

10:45 pm : Fargo, otra obra maestra. Menos mal que la programación de la tele y los DVD me hacen olvidar durante un par de horas la pesadilla de la depresión navideña.

 

Weiß/Colonia, 3.1.

1:45 am : Una peli policial islandesa, apasionante, Köld slóð [Cold Trail en inglés], con un actor sensacional, Þröstur Leó Gunnarsson. Algo así como un Gregory Peck islandés. Qué raro que Hollywood no se haya interesado por hacer una remake, la peli es del 2006, tiempo han tenido para pensarlo.

 

Trabajo toda la mañana poniendo al día mi correspondencia y después de almorzar me tiendo a dormir la siesta en el sofá. No en la cama, porque pronto vendrán los dueños de la casa para ver, con Diny, dos manchas que han aparecido en la pared frontal del dormitorio, a ambos lados del ventanal, y que no sabemos a qué puedan deberse. Diny quedó poco menos que traumatizada en Buenos Aires con la humedad que chorreaba de las paredes, y la que no chorreaba se agarraba a ellas en forma de moho. Y mientras concilio el sueño pienso que del 25 al 29, ambos inclusive, y del 31 a hoy, ambos inclusive, nueve días en total, no he salido ni un momento de esta casa, sólo el martes 30, para ir a La Modicana. Me estoy enterrando en vida, casi. Menos mal que mañana sí saldré, para ir a tomar café y comer torta en lo de Montse, es el 5.° cumpleaños de Henri.

 

***********FIN***********

 

 

2 COMENTARIOS

  1. Nos estamos enterrando en
    Nos estamos enterrando en vida, Maese. Me pasa igual; a veces me hago asesinar del tedio frente a la TV y ni así. Tú lo llamas Depresión navideña, yo: Malparidez alborotada. Así y todo, pues esperemos un 2015 con las mismas 365 fichas en el calendario planificador.

  2. Pues estamos apañados con la
    Pues estamos apañados con la «depre» navideña… y lo peor es que cada año se adelanta unos cuantos días.
    Un gran abrazo de cumpleaños a Henri

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