De mi Diario: Semana 02 / 2015

1
247

Hay una Historia que sólo se puede escribir una vez, y hay otra que reescribirse puede con cada héroe que lo intenta.

 

Weiß/Colonia, 4.1.

1:45 am : Pasaron una policial francesa basada en una novela de Fred Vargas y cuya acción transcurre gran parte en el Canadá, en Montreal. Es una gozada ver actuar a Jeanne Moreau en un papel dizque secundario y cómo le roba el show al resto del reparto.

 

Fuimos a lo de los Ritter, para el cumpleaños, el quinto, de Henri. Feliz la criatura con todos los regalos que le han llegado. Conmigo estuvo jugando un buen rato al gato y el ratón, yo con la complicidad de Oskar, fingiendo que comíamos de sus golosinas, relamiéndonos los labios, hasta que se cansó de que le tomásemos el pelo y se fue con sus golosinas al otro extremo de la mesa, en la segura proximidad de su madre. ¡Marica, dejándose proteger por una mujer! Diny llevó una torta hecha por ella, yo me limité a tomar dos tazas de té, no sentía el cuerpo en buena disposición, y además me roía interiormente el gusano de la más remilputa impotencia porque llevábamos, con hoy, cuatro días sin teléfono. No me molestaba por mí sino por Diny. Yo no uso el teléfono sino para lo más indispensable: concertar las citas médicas, llamar a Carlitos los martes confirmando la hora en que pasará a buscarme para acudir a nuestra cita semanal en La Modicana, llamar una vez a la semana o cada diez días a mi deuda estherna, llamar una vez cada dos domingos a mi hermana en Huelva, y eso viene a ser todo. Pero para Diny el teléfono es como el suero que la mantiene ligada gota a gota con sus nueve hermanos, puede pasarse literalmente horas platicando con ellos. A las 4:30 pm Frank me dice que nos llevará a casa en su coche y que mirará qué pasa con el teléfono. Y así fue, vino, vio y reconectó, y gracias a ello ya volvemos a tener un telefón que contesta. Es bueno tener un yerno ingeniero.

 

Weiß/Colonia, 5.1.

0:10 am : El segundo DCI Barnaby es infinitamente superior al primero. Cada nuevo episodio lo demuestra sin necesidad de recurrir a la antítesis de la fórmula anterior. Sencillamente los casos  y los actores, aun siendo en el mismo escenario, son otros, no están carcomidos por la polilla del humor inglés a fortiori, que era el gran fallo con los casos y el reparto antiguos

 

De cena, nidos de hojaldre con ragú de pollo y champiñones, uno de mis platos predilectos, que Diny sabe preparar como nadie. Lo malo es que tan sólo se le ocurre cocinarlo a cada muerte de obispo, y esa gente tarda tanto en estirar la pata… 

 

Weiß/Colonia, 6.1.

0:15 am : La peli danesa sobre el primer caso del Departamento Q dura 90’, la novela en la que se basa tiene 413 páginas. La peli no es mala, pero sin lugar a dudas el espacio le gana al tiempo. Porque la cautividad de Merete Lynsggaard dura cinco años, y comprimir cinco años en 90’ es una ecuación que no sé si el padrecito Einstein hubiera sido capaz de llevar a cabo. El director de la peli, desde luego, no, y no es culpa suya sino del formato fílmico. Al final viene a ser así como aquello que Woody Allen dijo alguna vez después de haber hecho, ¡según él!, un curso de lectura rápida: «Luego leí Guerra y paz en diez minutos. Trata de Rusia».

 

En La Modicana, con Diny, quien de repente pregunta: «¿Y Julio, por qué no lo vemos más por aquí?». Ay Julio Mendívil, querido, cómo nos haces falta desde que no vives en Colonia…

 

Qué bueno que reprogramen la serie de Lewis, qué pena que sólo sean dos episodios. Creo que los usan como comodines, estos y los de otras series buenas, para cuando se quedan con huecos en la programación. Uno se alegra de volverlos a ver, pero en el fondo se trata de una ofensa a la calidad de las series de donde proceden esos episodios sueltos.

 

Weiß/Colonia, 7.1.

1:15 am : Una peli inglesa con Peter Mullan y Brenda Blethyn sobre la aventura de un obrero de los astilleros, desempleado, cuyo sueño es atravesar nadando el Canal de la Mancha. No sólo me ha conmovido sino que me hizo pensar lo siguiente: ¿qué niño de Moguer, de Palos, de Huelva, del Portil, de Lepe, de Isla Cristina, de Ayamonte, de todos los puertos de Troglodia, ha soñado alguna vez con descubrir América? Con toda seguridad ni uno solo, porque se trataría de una proeza imposible. En cambio, estoy asimismo seguro de que todos los niños ingleses de Dover y todos los niños franceses del Pas-de-Calais, alguna vez, aunque sea una sola, sí que han soñado con cruzar nadando el Canal de la Mancha. Hay una Historia que sólo se puede escribir una vez, y hay otra que reescribirse puede con cada héroe que lo intenta. ¡Y qué actores! Yo, de Brenda Blethyn, por ejemplo, sólo recuerdo una mala actuación, pero no por culpa suya sino del guión que le tocó interpretar, el de Mrs. Bennet en Pride and Prejudice. Quelle horreur!

 

A las 11 en lo del cardiólogo. Y como en los combates de boxeo, primero el pesaje. ¡Dios de los dioses, 106 k para un cuerpo de 1 m 71 cm, y 128 cm de perímetro abdominal, soy un gordo sin remisión, un gordo de comic! Pero el electrocardigrama, el examen ultrasonográfico y la paliza en la bici fija los paso summa cum laude. Mi buen Dr. Stäblein presume en consecuencia que los ataques de cansera y los mini black outs que he padecido desde antes de Nochebuena hasta ayer (como quien dice) se deben a que tengo sobredosificado el CoDiovan. Me rebaja la dosis diaria y me pide que mida mi tensión tres veces un día a la semana, por la mañana, el mediodía y a la noche, durante tres semanas, y que le pase los valores por email. Y que ahí se verá si esta nueva dosificación está dando resultado. Por lo demás, me dice, mis promedios están muy por encima de los habituales en personas de 75 años. ¿Será que voy a morirme de pura salú?

 

El atentado contra Charlie Hebdo me hace pensar en la reflexión de Carlos ayer a mediodía en La Modicana, que había que considerar el problema de la islamización en el mundo occidental desde un punto de vista estadístico: «Alemania tiene 80 millones de habitantes, y de ellos son, si acaso, ½ millón islamistas; ¿y esa minoría va a hacer cambiar al resto?» Hacer cambiar al resto de la sociedad es posible que no, pero hacer una tala sangrienta contra sus mejores cabezas, el atentado contra Charlie Hebdo lo acaba de demostrar de manera irreplicable. El precio a pagar es demasiado alto como para que nos podamos permitir tales lujos. Stuart Mill dejó dicho que «donde todos profesan la misma religión, basta que uno profese otra distinta para que deba promulgarse la libertad de cultos». Lo que no añadió es que esa minoría de una sola persona le debía gratitud eterna a aquella mayoría, en lugar de encenderle el afán de tratar de eliminarla a niveles individuales, por el mero hecho de pensar distinto. Apoyándose en el derecho que les conceden las mayorías, hay minorías que –de hecho– se pueden convertir en tiranías.      

 

Siente uno vergüenza ajena al escuchar algunas cosas. Por ejemplo un colega de las víctimas de Charlie Hebdo les dice a los periodistas en París, agitado, que ese ataque no se hizo en nombre de Dios, sino que es un simple ataque terrorista, un crimen. Hay que estar muy, pero que muy ofuscado, para no darse cuenta de que sí es un crimen en el nombre de Dios, el de ellos, igual que los que cometía la Inquisición como brazo armado del Estado, entre nosotros. La diferencia es que en Europa dimos un paso al frente, mientras que estos asesinos de ahora siguen viviendo mentalmente en la Edad Media, aunque usen unas armas harto más contemporáneas.        

 

Weiß/Colonia, 8.1.

Gracias al catálogo de la Büchergilde Gutenberg vengo a recordar una de las declaraciones de amor más atípicas y al mismo tiempo más bonitas de la historia de la literatura. Está al final de La vuelta al mundo en 80 días, cuando la princesa Aouda le dice a Phileas Fogg: «¿Puedo ser su amiga y un familiar suyo al mismo tiempo, Mr. Fogg? ¿Quiere casarse conmigo?» Y la respuesta de Fogg: «La amo. Por todo lo que para mí es sagrado, la amo y soy suyo». Casi que me siento tentado a decir que la princesa Aouda tiene que haber sido una bastante buena lectora de Jane Austen. Y, claro está, no resisto la tentación.

 

Vino Oskar a las 2 pm después de salir de la escuela y me sometió a un interrogatorio de primer grado sobre mi vida y milagros en relación con Alemania. Creo que anotó lo que mejor nota le puede significar en su exposición en la clase de mañana dedicada al tema Emigración. Luego le pregunté si tenía hambre y quería comer algo, y sí, tenía hambre, quería comer, barajamos un par de posibilidades de lo que le podría cocinar y se inclinó por el arroz en blanco, como si fuera una reencarnación de Borges. Pero mientras yo estaba poniendo a hervir el agua se despertó Diny de su siesta y le preparó un arroz como la gente, con salchichas y no sé qué más. Antes, cuando terminó su interrogatorio, Oskar me dijo que el año próximo tendrá como asignatura el español, pero que quería empezar a aprender ya y que si estaría dispuesto a echarle una mano. A decir  verdad mi respuesta hubiera sido comérmelo a besos, pero como sé que es decidido enemigo de la antropofagia le contesté sencillamente (los ojos cercanos a la humedá) que contase conmigo.

 

Weiß/Colonia, 9.1.

Javier ha escrito una magnífica crónica sentimental de Camino, la revista que hicimos en Huelva en la segunda mitad de los años cincuenta: semanalmente en la radio y en soporte papel con una regularidad ± mensual. Es la historia de una epopeya contada como un reportaje. Se pone uno a considerar lo que era Huelva en aquellos cinco años de la revista, y casi no se puede uno creer lo que hicimos. Leer la crónica de Javier me ha llenado de orgullo, no ya por lo que me toca a título personal (él es muy generoso y nos queremos de modo entrañable desde hace más de ½ siglo), sino sobre todo por lo que logramos como grupo; como grupo más que como equipo, aunque sí es verdad que nos animaba eso que los alemanes llaman Teamgeist, el espíritu de equipo. Yo no diría que lo hicimos adrede, todo lo que hicimos, para poner patas arriba al stablishment, y no es la primera vez que pienso –y digo– que si pudimos hacerlo casi sin ningún inconveniente es algo que le tenemos que agradecer a la condición geográfica como culo del mundo que nos tocaba por esas calendas. A quién carajo le iba a importar en Madrid que un grupo de gente joven se saliera del plato¡en Huelva! ¡Pero si hasta a Punta Umbría se iba en barco, y a La Rábida en transbordador, igual que de Ayamonte a Vila Real do Santo António! Fue por entonces que empecé a llamarla Troglodia, y el nombre ha hecho fortuna. Y si de la geografía pasamos a la cultura, el panorama donde hicimos irrupción era lo más parecido que se puede imaginar al desierto de Atacama, y utilizo esta comparación al recordar los anuncios callejeros (recuerdo en especial el que había en el paso a nivel al final de la tapia del ferrocarril, en el Matadero) de la fábrica de abonos de Weitzig y Weickert, don Bruno, con su propaganda un tanto folclórica del Nitrato de Chile. La nómina de poetas locales creo que se podía contar con los dedos de una mano, igual que la de los pintores. El único novelista –Domingo Manfredi Cano, que además no era de Huelva– se había ido a vivir a Madrid, y el único músico era el maestro Prats, eterno acompañante al piano en las emisiones de Radio Nacional. También había un escultor, León Ortega y la agrupación teatral Hermanos Álvarez Quintero, que se dedicaba al sainete (uno al año). Y ya. Eso era todo. Y de repente apareció Camino, un grupo grande de gente joven que escribía, pintaba, hacía música, escenificaba obras de Fabbri, Sastre y Arthur Miller. Cuando Víctor Márquez Reviriego le hizo una vez a Vázquez Montalbán el listado de la gente que salió de aquella proeza, VM le comentó que parecía que habíamos sido “el Bloomsbury de Huelva”. Y sí, en gran parte es eso lo que fuimos, y la crónica de Javier lo documenta de manera veraz y que despierta una gran nostalgia. Ahora hay que ver cómo se publica ese texto. Le escribo a Javier que me gustaría proponérselo a Pepa Feria, que dirige las publicaciones de la Diputación de Huelva, pero que su crónica sólo tiene 43 páginas, aunque fácilmente puede alargarse a 100 o más con una antología bien representativa de la revista en soporte papel y con la reproduccion facsímil de alguno de los manuscritos de los radioteatros (le juro que ni me acordaba de haber perpetrado ese guión titulado Gusanos, que me atribuye, pero leyendo la cita que hace de su texto me doy cuenta de que sí tiene que ser mío, ay ay ay). Tal vez incluir también los artículos monográficos largos que Vicente y yo les dedicamos al tema. And last but not least, testimonios de los supervivientes (Marina, Marisol, María José, Antoñita, Paco Efe, Marilena, Vicente, yo, qué sé yo quién más). Veremos, dijo Homero.

 

La última vez que estuve en Anduronda, para compras navideñas, merqué un tetrabik de caldo de pescado (de Gallina Blancaal César lo que es del César) y lo he estrenado mezclándolo con el resto de rodaballo y de arroz que sobró del almuerzo de ayer. Hhmmmmmmmmmm

 

Mi prosa tiene cualidades terapéuticas insospechadas. Le pasé a Manu mi trujamán sobre aquel sensacional descubrimiento de que el español que hablan los españoles es un dialecto del que se parla en Latinoamérica, y Manu me escribe: «Bien sabes lo mucho que a mí me divierte la guasa y, si es a costa de un doctor alemán, ya ni te cuento. Mira: nada más leerte, se me pasó el dolor de estómago que me estaba martirizando». Será cuestión de encuestar a mis corresponsales, no vaya a ser que mi prosa los esté curando de migrañas, gripas, cólicos, etc., y yo sin enterarme de ello, con  lo que siempre he admirado la profesión médica.

 

Weiß/Colonia, 10.1.

Alrededor de las 6 am me desperté con ganas de orinar y al ir a levantarme sentí un cimbronazo de dolor tan fuerte en la cadera izquierda que grité sin poderme contener, y desperté a Diny, lo último que hubiese deseado. Me arrastré hasta el cuarto de baño y de regreso a la cama y logré tenderme de manera que el dolor fuera lo menos agudo posible. Lo curioso del caso es que me dormí y me desperté alrededor de las 9:30 y sin dolor. Pensé que quizás tuve un mal sueño, pero la mirada de Diny y mi propio cuerpo, como apaleado, me dijeron que no. La vejez es lo peor de lo peor: percibir sensiblemente el deterioro del cuerpo, sufrir la impotencia para evitarlo, pensar que lo mejor sería morirse de una maldita vez. No sé. Me temo que tendré que aprender a vivir, a convivir, con las sevicias de la edad. Y no estoy programado mentalmente para ello.

 

En el marco del debate sobre el crimen de París, Alma Delia ha rescatado un viejo tuit mío :

Y le ha dedicado al tema su columna de hoy en sinembargo.mx, no tiene desperdicio.



***********FIN***********

1 COMENTARIO

  1. Cada vez estoy más convencida
    Cada vez estoy más convencida de que Henri goza de una inteligencia superior. Tan chiquito y ya sabe de quien le puede venir la mayor protección.
    Ah: ni se te ocurra morirte sano.

Comments are closed.