De mi Diario: Semana 04 / 2015

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«Por la noche, a la luz de luna o sin ella, se ha sentado, y no sólo sentado, con jovencitas indígenas bajo los árboles». No se puede decir más con menos palabras: «se ha sentado, y no sólo sentado».

 

Weiß/Colonia, 18.1.

1:30 am : Diny me pidió que no me acostara tarde y que no tomase whisky esta noche. Creo que no me acostaré hasta las 2:30, cuando termine otro episodio de “Silent Witness” y ya voy por el tercer whisky. ¿De qué me quejo si soy yo mismo quien se echa paladas de tierra encima?

 

Me escribe desde Huelva Pepe Baena, una persona tan querida: «Leo en tu diario que estás pachucho y que tomas mucha manzanilla y me acordé de una historia sucedida en la vieja Onuba, hace algunos años. Un médico eminente que venía a un congreso en la UNIA, fue recogido por un taxista en la estación de ferrocaril. Ignorante de la distancia entre la estación y la Universidad, sabedor de lo justo de la hora para su intervención, urgió al taxista para que se apresurara; este le dijo que lo haría llegar a la hora para la conferencia a cambio de responderle a una pregunta. El médico accedió. “Me encuentro muy flojo, bajo de ánimos y no sé qué hacer” le comentó. “¿Qué toma usted?” preguntó el galeno. “Una infusión de manzanilla por la mañana con el desayuno, otra a mediodía, otra después de comer, otra en la merienda, nada de grasa, no fumo, no tomo alcohol”. “Bien –fue la respuesta–, sustituya usted la manzanilla–infusión por la manzanilla de Sanlúcar”. Las crónicas dan fe de que el remedio funcionó». Y yo le contesto«Gracias por tus letras, querido Pepe, y te cuento que hace muchos años, estando de vacaciones en Huelva, me acerqué al diario Odiel (en la calle Marina, ya sabes, el viejo Odiel), a saludar al director, y al salir me metí en un bar que había enfrente y pedí un gintonic. Poco después entró uno de los linotipistas, a quien yo conocía, nos saludamos, y él pidió una manzanilla. Y en ese momento me dije que la estancia en el extranjero me había degenerado hasta tal punto que a la hora del aperitivo, y nada menos que en Huelva, me estaba tomando un gintonic en vez de un chato de manzanilla, como mandan los cánones. Y andaba hasta tal punto avergonzado que cuando le trajeron al linotipista su infusión de manzanilla sentí un alivio infinito y me acordé de la décima de Calderón, aquella de que “cuentan de un sabio que un día”… ¡Había gente mucho más degenerada que yo!»

 

Un día perdido, al menos hasta las 6, 7, 8 pm. Es algo que me empieza a preocupar. ¿Será que mi ritmo vital ha tenido una inversión copernicana? Lo formulo como broma, pero como sufro las consecuencias, es todo, todo, todo, todo lo que pueda ser, MENOS UNA BROMA.Y me da vergüenza, mucha vergüenza, de resaltarlo en mayúsculas, pero eso es lo único que en este momento me permite que lo señalice de una manera gráfica. ¿Cómo es que decimos los idiotas que siempre hemos creído aquello de que una sola palabra vale más que mil imágenes?

 

Weiß/Colonia, 19.1.

En la cama casi hasta las 4 pm, sólo me levanté para desayunar y leer el diario, y abrir la compu por si había algo urgente. No lo había, pero no sé si hubiese tenido arrestos para enfrentarlo, de haberlo habido. Es una remilputa miseria. A mediodía vino Rebeca, que se anda de vacaciones esta semana. Me cuenta que habló con Montse, quien había llevado a Henri al pediatra, y se confirma que la pobre criatura tiene un virus. Rebeca piensa que lo mío es también algo de virus. En cualquier caso hay que esperar a mañana a las 8 pm, cuando el Dr. Ruppert me venga a visitar. Sí, llamó por fin, ha pasado el fin de semana en el Eifel, con su esposa y los mellizos, tenía desconectado el móvil. Le explico todo lo que llevo sufrido entre el sábado y el domingo, nos citamos para mañana, acá en casa. Lo único positivo es que no siento dolores ni fiebre, y sí, entonces podría ser un virus y en tales casos no queda otra que joderse y aguantarse.

 

Weiß/Colonia, 20.1.

0:10 am : Otra joya de las policiales escandinavas, La chica que jugó con fuego. Estoy deseando ver la tercera de la serie, está programada para el próximo lunes. Yupiiiiiii

 

Hoy me levanté sin náuseas, un sentimiento liberador, casi exultante. De todos modos, y para regresar poco a poco a la normalidad, me acuesto después del desayuno y le pido a Carlitos que me llame a las 12, por si acaso me durmiese, a fin de afeitarme, ducharme y estar listo a la 1 pm cuando pase a buscarme y nos vayamos a La Modicana. También para no despertar a los perros dormidos, en La Modicana pido un plato de jamón de Parma, en seco, que me supo a gloria, es muy bueno el que tiene la signora. Me hizo mucho bien poder estar ahí, con Carlitos, como si mis penas y quebrantos del sábado al lunes no hubiesen tenido lugar.

 

En las últimas semanas, los pocos ratos que dedico a leer (ni siquiera tengo ganas de leer) han sido a la formidable biografía de B. Traven, por Karl S. Guthke. Fue un personaje, Traven, de a deveras fascinante. Señalé este pasaje donde habla de sí mismo en tercera persona, y para que se sepa cabalmente que sus libros están basados en experiencias personales, que todo lo que cuenta de la vida en la selva lacandona lo conoce de primera mano, le explica a su grey lectora de la Büchergilde Gutenberg, la editorial donde se hizo famoso, cuál ha sido su método de trabajo entre los indígenas de Chiapas: «Con algunas breves interrupciones, el autor ha pasado más de dos años en aquella región, sin compañía de ningún hombre de su propia raza; ha convivido, habitado, bailado, cantado, caminado con indígenas, muleros, carreteros, ha curado a indígenas enfermos, ha ayudado a indígenas preñadas a traer a este mundo pequeños indígenas lactantes,  ha arreglado matrimonios de indígenas, y por la noche, a la luz de luna o sin ella, se ha sentado, y no sólo sentado, con jovencitas indígenas debajo de los árboles». No se puede decir más con menos palabras: «se ha sentado, y no sólo sentado».

 

Llega el Dr. Ruppert alrededor de las 9. Es la primera vez que viene a casa desde el 11.6.2006, que fue cuando hubo que llamar al médico de urgencias, y era él quien estaba de turno, y vino y me diagnosticó la gota que padezco, y cuando me preguntó (para su anamnesis) por mi médico de cabecera le dije que no tenía ninguno y él me contestó «Yo podría serlo», y desde entonces. Su diagnóstico de hoy, a reserva de lo que diga el análisis de la sangre que me ha extraído, es que tuve una depresión a la que en algún momento se le sumó un virus, una mezcla implosiva en alguien como yo, no precisamente hipocondriaco, pero sí fuertemente impresionable. Es una de las primeras cosas que me dijo él hoy después de llevar un buen rato platicando conmigo: «Herr Bada, usted no mira como de costumbre, usted está profundamente enojado». Es verdad, más de la ½ de lo que me ha pasado en estos días es el producto de mi cabreo contra lo que me tenía enfermo, con la impotencia que sentía por no poder controlar lo que me estaba jodiendo. Me ha recetado Doxepin, ½ tableta diaria por la noche durante seis días y una tableta entera a partir del séptimo. Según él, al cabo de dos semanas puedo estar otra vez OK. Los dioses le oigan.

 

Weiß/Colonia, 21.1.

Una recaída inesperada en el surmenage. Cama, cama y cama, el cuerpo no me pide otra cosa. Es para desesperarse. Pero luego voy donde la pedicura y de allí a Rodenkirchen, al Banco, a sacar dinero, regreso a casa y me acuesto hasta las 6:30 pm, cuando me levanto y monto a Kate sus diez minutos diarios (no he fallado ni uno solo de estos días, pese a todo), y después ceno, un caldo de pollo que Diny preparó ex profeso para mí, con arroz y con daditos de raíz de apio, y como con un apetito que a mí mismo me sorprende. Lo único realmente jodido del día, o quizá sólo enojoso, es que el Router anda otra vez jugando al escondite con nosotros y de repente nos quedamos sin internet y/o sin teléfono durante algunos minutos: luego se restablecen ambos sin que hayamos emprendido nada para ello. Alrededor de las 9:00 pm me llama Arzola y le cuento el caso y me dice que no me preocupe, que no es asunto del Router ni la compu, sino de la red. Me lo explica: la infraestructura de la red en el área de Colonia ha quedado harto sobrepasada por el alto número de usuarios, con el que no se contaba, y esos intervalos que se producen son orgánicos, no tienen que ver con nuestros aparatos, a él mismo le pasa, me dice casi como para consolarme. Y sí, carajo, si también le pasan al gurú, ¿cómo quejarme yo, el novicio?

 

Weiß/Colonia, 22.1.

El día empezó igual que ayer. A las 10 am, apenas desayunado y sin haber leído otra cosa que los titulares del diario casi corrí a la cama. Me levanté a las 12:30 y mal que bien pude despachar la correspondencia pendiente, comer un pancito de los de las hamburguesas, pero con materiales nobles (trucha asalmonada, ahumada), y vuelta a la cama. Lo malo es que parece ser que en el rato que estuve en la cama, desde el desayuno al mediodía, debo heber dormido más profundo de lo que yo creía, porque vino el cartero y como no respondí a su timbrazo me dejó en el buzón la  notificación para pasar a retirar un certificado, a partir de mañana, durante siete días hábiles, en la oficina postal. Una de las cosas que más odio. Iré a retirarlo el martes, aprovechando que viene Carlitos con el auto para ir a La Modicana. La oficina postal de Weiß está lejos de casa y en un lugar sin parada de bus a la mano. Antes, cuando aún salía con la bici, era un lindo paseo, pero ahora, con mis kilos y mis achaques, sería una tortura. Es la viejez [sic], como dice Diny.

 

Llegaron con el correo los volúmenes cuarto y quinto de la saga de Carl Mørck, el  comisario danés del Departamento Q, y tal y como me conozco, esta es la descarga de adrenalina que me estaba destinada para salir, por lo menos una semana, del estado de depresión en que me hallaba o, por mejor decir, todavía me hallo. La tele contribuye con una secuencia idéntica a la semana anterior: policiales de Jesse Stone, Varg Veum y el inspector Lynley. Ojalá todo ello me desvíe del sendero depresivo y me encamine hasta un claro del bosque.

 

Weiß/Colonia, 23.1.

0:45 am : Terminó el episodio de Varg Veum a las 0:25 y conecté con el segundo canal, donde a las 0:35 debería empezar el del inspector Lynley, pero están enfrascados en una de esas tertulias estúpidas donde una sedicente “gente guapa” saca sus trapos sucios al aire, y el conductor de la ronda es uno de esos cretinos que se autoconsideran “Profis”; así llaman en alemán a los que se creen que son el non plus ultra de la profesionalidad, pero en el fondo no son sino narcisos sin la más mínima idea del control temporal de una emisión, y un soterrado desprecio a la expectativa de los telespectadores, a quienes el programa les ha prometido un policial maravilloso a una hora determinada, pero eso ellos, los Profis, se lo pasan por el respectivo arco del triunfo. Hijueputas tan aprofesionales que me da una invencible, una indomeñable rabia pensar que les pagamos sus honorarios con nuestro canon mensual. Mientras escribo estas líneas oigo al fondo, viniendo del salón, la sintonía del diario informativo que precede a la serie del inspector Lynley: el tertuliano imbécil de turno sobrepasó su tiempo de emisión en 16 minutos. Menos mal, hay casos es que el exceso de verborrea superó una hora. Y a veces más.

 

Llamó el Dr. Ruppert, ya tiene los resultados de los análisis de sangre. Todos los valores están en orden, menos uno que le hace pensar que últimamente he sudado mucho y he bebido poco, lo que es cierto y se lo confirmo, prometo beber una botella entera de litro y ½ por día a partir de hoy, y llamarlo dentro de dos semanas, para ver qué tal funciona el tratamiento con Doxepin.

 

Desde que esta mañana, al desayunar, vi la portada del magazin del diario, supe que en algún momento del día Diny terminaría preguntándome si ya leí el artículo “Tengo una depresión”, que es el destacado en la portada. Me lo acaba de preguntar y le he dicho que no, y no es porque crea que el artículo me influenciaría de algún modo, no soy un hipocondriaco, sino sencillamente porque no me apeteció nunca la literatura de difusión médica. En cambio Diny se apasiona por ella. Además de que no se pierde ni una sola edición de “Visite”, el programa semanal de la tele dedicado a la divulgación de conocimientos médicos, tampoco deja de leer todas las semanas las revistas de distribución gratuita de las farmacias y que están plagadas de sanos consejos. Por si todo ello fuera poco, dispone de una formidable enciclopedia de la salud, el famoso Kursbuch Gesundheit, que fue bestseller en 1990; un tocho de ± mil páginas donde puede leerse todo lo que tiene que ver con enfermedades, malestares, síntomas, tratamientos, autoayuda la Biblia en pasta. Y Diny la consulta cada vez que enferma uno de nosotros, y siempre tiene alguna orientación o bien un consejo adecuados para nuestros males. No sé qué secreto placer extrae de su lectura, pero lo cierto es que nos resulta muchas veces beneficioso. Alabado sea el santísimo sacramento del altar.

 

Todos los investigadores policiales escandinavos, sin excepción, son los herederos naturales de los comisarios Martin Beck y Gunvald Larsson, los protagonistas de la incomparable saga que colocó a Maj Sjöwall & Per Walhöö en el trono de la novela negra, allá por la década de los 70. Leyendo esta cuarta entrega del comisario Carl Mørck me entran unas ganas muy grandes de releer la saga de Beck, creo que lo haré y que puede ser una buena terapia contra la depresión, y estoy seguro de que no dejaré de leer hasta llegar a la última palabra del décimo volumen, Los terroristas, palabra que, por cierto, sintomáticamente, es “Marx”. Todavía lo recuerdo.

 

Weiß/Colonia, 24.1.

Cuando me levanto y abro la ventana para orear el dormitorio me encuentro un paisaje de postal navideña, mientras sigue nevando. Desayuno, me tiendo a reposar (ya es una rutina), me levanto para almorzar aunque sólo sea un pancito con fiambre, me vuelvo a tender, y sigue nevando. Ya no lo hace por la tarde, y me dedico a leer las hazañas de Carl Mørck. De vez en cuando miro mi estafeta por ver si me llegó algún correo que necesite respuesta urgente. No es el caso, pero veo que Alfonso subió a su cuenta Twitter un tuit mío:

Y un par de horas más tarde me llega una reacción chilena, Carlos me escribe desde Santiago que, siguiendo su Reglamento, el cuerpo Carabineros de Chile no usa pistola, sino revólver. Y está claro que sí, pero también usaban revólveres los pistoleros del Far West y, sin embargo, es esa la palabra que empleamos y no alguna otra tan revulsiva como “revolvereros”.

 

El soneto de Juan Ramón que saqué hoy en mi envío semanal El Poema del Sábado ha sido una revelación para muchos. Es de una belleza tan rara como la del ámbar, leerlo en voz alta es como paladear el néctar de los dioses, sobre todo al llegar al segundo terceto, que es un prodigio. Ah no, no resisto la tentación de copiarlo acá, para ennoblecer esta semana de mi diario :

 

                              Como en el ala el infinito vuelo, 
                              cual en la flor está la esencia errante, 
                              lo mismo que en la llama el caminante
                              fulgor, y en el azul el solo cielo;

                                  como en la melodía está el consuelo, 
                              y el frescor en el chorro, penetrante, 
                              y la riqueza noble en el diamante,
                              así en mi carne está el total anhelo.

                                   En ti, soneto, forma, esta ansia pura
                              copia, como en un agua remansada,
                              todas sus inmortales maravillas.

                                   La claridad sin fin de su hermosura
                               es, cual cielo de fuente, ilimitada
                               en la limitación de tus orillas.

 

***********FIN***********

 

3 COMENTARIOS

  1. No, no fue una buena semana.
    No, no fue una buena semana. Nunca lo es cuando el ánimo no acompaña.
    Confío en que el Dr. Ruppert haya dado en el clavo.

    • Yo, al contrario, espero que

      Yo, al contrario, espero que  no. Un ataúd tiene cuatro (clavos). ¿Por qué darle tanta ventaja a un médico alemán?

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