De mi Diario: Semana 11 / 2014

0
204

«La cancillería cubana desmiente haber propuesto a Fidel para el Nobel de Medicina como ejemplo autogenerado de momificación».

 

Weiß/Colonia, 9.3.

2:05 am : Inútil. Es la tercera vez que lo he intentado, ver esa peli tratando de sobreponerme a mis rechazos humanos, demasiado humanos; lo sé, y me importa un bledo. Pero después de un máximo de 20’ no logré aceptar la imagen de una actriz que creo mediáticamente sobrevalorada –sobre todo por su Oscar–, ni mucho menos la de un actor que es uno de los pocos amigos que había conservado desde mi adolescencia, y que en mayo 2012 se comportó indeciblemente mal conmigo (algo que no me importa), pero también con Diny, y eso yo no se lo perdono ni al Dios de los judíos, ni al de los cristianos, ni al de los musulmanes. Una vez más cambié de canal.

 

Jornada tranquila, escribiendo mi columna para EE, despachando correspondencia y poniendo al día el papelerío doméstico–burocrático. Por la noche, después de regresar Diny de Darmstadt e irse casi derechita a la cama, diálogo de emails con Rolando acerca de que ya no tiene teléfono de red fija, sino sólo móvil, y le contesto que yo, «llamadas a un celular en el extranjero, desde mi red fija, eso no lo hago porque soy pobre como un ratón de iglesia, según la donosa expresión alemana. Así es que te jodiste, ya no te llamo más». Responde a renglón seguido: «No, señor, esa voz de Bada la he de oír live. Para eso son los veranos. Ya verás, y ya veremos las mejores pelis do século vinte». A lo cuál yo: «Como bien sabes, por Galdós, nuestra primera República (Figueras, Pi i Margall, Salmerón y Castelar fueron sus presidentes) es de 1873, y la segunda (la de Alcalá Zamora y Azaña) es de 1931. Pues bien, hay una vieja película española que no sé cuál es, pero sí que debe de haber sido una de las pocas que vio mi abuela Remedios, porque siempre que venía a cuento citaba una frase que se le quedó grabada a fuego en la memoria, la frase de una gitana a su gitano cuando al cabo de los siglos de vivir juntos acudían al Registro para casarse: “Anda, hijo mío, que tiempo sí que te has tomao, porque me lo prometiste con Pi i Margall y me lo vas a cumplir con Alcalá Zamora”. Sea serio, don Rolando, ¿de veras que va a venir este verano?  Pues carajo, tendré que parafrasear a mi abuela (o a la peli), que es que me lo prometió con Clinton y me lo va a cumplir con Obama. Es broma. Y ojalá vengas». Además, no es cierto. La última vez que estuvo Rolando en esta casa fue durante la segunda presidencia de WC Bush, a causa del cual, como texano (y americano), se sentía hondamente abochornado. 

 

Weiß/Colonia, 10.3.

Vamos Diny y yo al Commerzbank, es una cita para coordinar con nuestra asesora financiera qué hacemos con nuestros ahorros, que están en cuentas fijas y en acciones. Los intereses son tan bajos que no compensan la inflación. Nuestra asesora, esta vez, quiere que la charla se lleve a cabo en presencia de su jefe, que me conoce desde que yo tenía mi cuenta en la filial cercana a la Deutsche Welle, en el centro de la zona peatonal. Después de estar considerando una serie de alternativas, y aprovechando que sus acciones de la Daimler Benz se cotizan ahora muy bien, Diny se decide por un paquete de inversión a largo plazo, vendiendo esas acciones y los demás depósitos. Yo no vendo mis acciones de Telefónica, que siempre me han rendido y me siguen rindiendo, pero los demás depósitos los invierto como Diny. Lo del largo plazo es porque, en verdad, ese dinero no lo necesitamos, es para nuestros nietos. Mi ilusión sería poder entregar la ¼ parte a cada uno en vida, como regalo y bajo cuerda, para que el Fisco no pudiera sacarles la parte del león en concepto de impuesto sobre la herencia. Pero ¡tan largo me lo fiáis!           

 

Del Banco Diny sale a encontrarse con Rebeca, para organizar un poco su viaje de la primera semana de mayo, a Barcelona, y yo acudo al Nordsee, donde me he citado con Julio, a quien no veo desde antes de que se fuese al Perú. Y que el jueves, además, volará a Cuba para integrar el jurado del premio Casa de las Américas en el rubro Musicología. Hablamos de ese viaje, y de fútbol, y del caudillismo latinoamericano, y del relato de mi viaje en 1966 a Buenos Aires, todo ello en la sobremesa después de mandarnos a bodega unas bullabesas con pincho de gambas a la plancha, regadas con blanco Entre–deux–mers. En el momento que voy al mostrador a respostar vino, otro comensal que abandona el restaurante se acerca a Julio y le dice que nos ha oído hablar en español y le quiere entregar un prospecto. Julio lo acepta y lo abre pensando que es publicidad turística, y lo parece, puesto que se titula, en ocho idiomas, “¡Buen viaje!” «Pero –me dice– escucha esto», y me lee: «¡Mucha gente va de viaje en estos días!  Nuestra vida también es un viaje que comienza con el nacimiento y termina en la eternidad». ¡A la gran flauta, suena a predicador evangelista en los autobuses en América Latina, sólo que impreso a policromía! Al rato vamos juntos a la estación del Metro en Neumarkt y, antes de bajar cada uno a su andén, allí nos despedimos con un abrazo, le deseo un buen viaje a Castrogrado.

 

Leído en Por obra del instante, el libro de las entrevistas a Juan Ramón: «Mi mejor obra es mi constante arrepentimiento de mi obra». Pero la lectura de esa obra coloca a Juan Ramón bajo una lupa de gran aumento, y además sucesivamente renovada; cada vez lo hace más grande.

 

Weiß/Colonia, 11.3.

2:30 am : Personal Effects es una peli que siempre vuelvo a ver cuando la pasan porque es para mí un paradigma de cómo realmente se desenvuelven las cosas en la vida real; su guión es de a deveras minucioso y honesto en la captación del día a día y cómo nos comportamos en él.

 

Es la primera vez que leo este adjetivo: “unkaputtbar”, y como es en la revista de la quincena de TV, en el aviso de un programa dedicado a “la magia de los nuevos materiales”, imagino que se quiere aludir a la condición indestructible de los mismos. Pero “indestructible” se podría haber formulado en alemán de otra manera. Y no; echaron mano del “kaputt”. Ahora bien, como esa es una palabra devenida universal por lo menos desde el título del libro de Curzio Malaparte, se me ocurre que al español podría traducirse como “inkaputtable”. Quelle horreur!

 

Carlitos no puede venir hoy a La Modicana. Pero hace dos semanas, cuando estuvimos allá y le conté a la signora quiénes eran nuestros invitados del domingo, la camarera persa me preguntó si había algún libro de Joserre que se pudiera leer en alemán. Le dije que sí, y que le prestaría uno, y la semana pasada ella me lo recordó muy educadamente porque se me había olvidado; así es que decido ir a llevárselo y, de paso, mantener la tradición del martes, aunque sea yendo solo a comer. Mi gesto de boy scout tuvo su recompensa: una sopa de pescado y marisco, intensidad 9,5 en la escala Mancinone. La de ayer en el Nordsee era buena; la de hoy es una de aquellas que le cocinaba a Neptuno su nereida predilecta. ¿De dónde habrá sacado su receta la signora?

 

Weiß/Colonia, 12.3.

2:30 am : Operation Petticoat, una de mis comedias favoritas. Y bueno, es de Blake Edwards, quien era uno de los grandes mucho antes de La pantera rosa, pero qué poquitos lo conocíamos hasta entonces. Me la paso de risa en risa, jaleando en voz alta a Cary, Tony, Blake, amigos míos desde que yo tenía veinte años, y ya voy «cuesta abajo en mi rodada», camino de los 75.

 

Leo en el magazin del diario un poema de Clemens J. Setz, un joven poeta austríaco, de Graz, que será uno de los participantes en la nueva edición de lit.Cologne, el festín literario anual de la primavera en esta ciudad tan amante de las bellas letras. Es un poema titulado “La trompeta del avestruz”, me gusta y me pongo a traducirlo a mano alzada: «En un sueño he visto / un rebaño de avestruces / que corrían por un yerbazal / como bailarinas de can can en estampida. // Una de las aves se detuvo. / Su cabeza era el pabellón de una trompeta. / Cuando me acerqué, la hundió / como una flecha en la arena. // Pegué mi oído a la tierra, / pero en vez del sonido que esperaba / sólo oí sus retumbantes, / miedosos jadeos en la oscuridad». Nada más una palabra que consultar, “Trompetentrichter”; no puede ser “embudo de la trompeta”, seguro que en español tiene que haber una palabra para ello. Llamo a Julio y así aprovecho para desearle buen viaje, mañana vuela a Cuba, y sí, él sabe la palabra, claro que la sabe, “pabellón de la trompeta”.

 

Weiß/Colonia, 13.3.

2:45 am : Estaba a punto de irme a dormir más temprano que de costumbre, agotado, pero vi que en un canal regional estaban dando A Prairie Home Companion [El último show] y se fue al carajo mi buen propósito. No dejo pasar una sola de Altman sin verla. Altman fue para mí, sólo puedo decirlo así, mi descubrimiento del cine. Yo había descubierto las pelis de la mano de mi abuela Remedios, en el Colón, un cine de verano muy cerca de nuestra casa, pegado a lo que fue el primer campo de fútbol que hubo en España, el Velódromo. Y en el Colón, cada noche, había un programa doble, y esa fue mi iniciación cinéfila. Pero realmente vine a descubrir el cine una noche de marzo de 1976, cuando fuimos Diny y yo al Residenz, acá en Colonia, a ver Nashville. Yo salí de Nashville como transfigurado. La vi no menos de seis veces en menos de un mes. Se la recomendaba a los amigos, y no sólo eso, iba con ellos a verla otra vez (no había entonces ni VHS ni DVD). Adoro ese coral como adoro algunos coros gregorianos de Solesmes y algún motete de Bach. Y desde aquel día Altman fue “mi” director. Esa es también la razón por la que a partir de 8 ½ jamás haya podido deglutir un Fellini, 8 ½ incluida, ça va sans dire! (aunque sigo amando I vitelloni y Notti di Cabiria y, sobre todo, conmovido hasta las lágrimas, La strada). Lo más curioso de todo es que, por las razones que sea, Nashville fue mi primer Altman; M.A.S.H., McCabe & Mrs. Miller y The Long Goodbye, todas anteriores a Nashville, las vi después, cuando ya padecía gozosa, gloriosamente, de altmanitis aguda. Pero desde entonces, además, jamás me perdí el estreno de una sola peli suya. Hasta El último show, su testamento, con la Muerte, vestida con una gabardina blanca reflectante, como uno de sus protagonistas. Grande, don Robert, bien que se ve por qué todos querían trabajar, incluso gratis, en sus pelis.

 

En casa de los padres de Diny, familia católica de lo más profundo de los Países Bajos, los viernes se almorzaba pescado. En esta casa nuestra, como el viernes tiene Diny obligaciones de planchadora en lo de Montse, se almuerza pescado el jueves. Hoy se sacó Diny de la manga una receta de bacalao con jamón serrano y piperrada, que vio en una revista neerlandesa, y fue una pura delicia. Diny sólo tuvo un reparo que hacer, y es que las lonchas de jamón deberían haber sido al menos 1 mm más gruesas. Doy fe de que tiene razón, pero aún así, hhmmmmmmm

 

Día sin historia, despachando correspondencia y revisando archivos a la búsqueda de materiales para posibles trujamanes, pero todos los tengo ya publicados en algún otro lugar. Lo único que sobresale de la grisura del día es el magnolio empenachado de punta en blanco ¡a mediados de marzo! y que hoy se estrenó un largometraje de Pettersson & Findus en el Cinedom: le pregunto a Diny si Henri ya ha ido alguna vez al cine, Diny no lo sabe, lo vamos a averiguar, y si todavía no fue nunca, lo llevaremos el domingo. Como mi abuela Remedios me llevó a mí por primera vez a aquel Colón de Huelva, alguna noche de verano allá por mediados de los 40.

 

Weiß/Colonia, 14.3.

Me escribe Lillian sobre “La mujer de tierra adentro” y que es la tercera vez que lo lee: «Lo sigo con el corazón apretado, yo también, por haber perdido a tu padre sin haberlo conocido yo». Es una de las cosas más entrañables y más bellas que me han dicho nunca acerca de lo que escribo. Los dioses la bendigan a mi Lillian querida.

 

La Modicana en viernes, con Carlitos, y la sopa de pescado y marisco se les agotó, pobre Carlos, así es que apechuga (y le acompaño) con nuestros ya tradicionales espaguetis frutti di mare, 7,5 de la escala Mancinone.

 

Mi gozo en un pozo. Regresa Diny de casa de Montse y me cuenta que cuando le preguntó a Henri si quiere ir al cine conmigo el domingo, a ver juntos la peli de Pettersson & Findus, le ha dicho categóricamente que no. Todo ello en presencia de su padre, y después del NO se llevó un dedo a los labios, dijo «Shshsh» y añadió en voz baja «Tenemos que hablarlo luego con mamá». Este hijueputa va a dejar tamañito a Fouché.

 

Weiß/Colonia, 15.3.

A mediodía vienen Ulli & Carlitos a buscarnos y vamos los cuatro a Bonn, a ver la exposición de los comienzos de la fotografía en color, a principios del siglo XX. Pero en primer lugar, como el museo no abre hasta la 1:00 pm, entramos en el restaurante, de nombre tan ad hoc, DelikArt, y cuya cocina tiene buena fama. La carta desde luego promete, y cada uno encarga un plato distinto, casi como si fuésemos una comisión de la Guía Michelin con tareas de puntaje por delante. Ninguno de los cuatro queda decepcionado, antes al contrario. Yo, por mi parte, creo que no he comido en mucho tiempo una carne de pollo tan tierna y tan bien guisada como esta, a no ser en la propia casa, pero esa no cuenta a la hora del puntaje. Y del restaurante pasamos al museo y a ver esta espléndida muestra que nos retrotrae al momento en que la fotografía pasa del blanco y negro al color, un momento en el que son decisivos un invento de los hermanos en cuyo honor, ego dixit!, París se llama “la Cité Lumière”, y su estrategia de vendedores con gran proyección de futuro. Pero también un filántropo, Albert Kahn, quien financió expediciones en todo el mundo, para que se fotografiasen en color y se filmasen (esto sólo en blanco y negro) miles de motivos que hoy constituyen una reserva etnográfica de un valor incalculable. Este Albert Kahn es un tipo fascinante, y a quien ya conocíamos bien por una visita a su Fundación, en las afueras de París, en  Boulogne-Billancourt; allí nos llevó un buen día Fernando Carvallo contándonos por el camino los rasgos principales de la biografía del mecenas, y allí pasamos algunas de las mejores horas que hemos disfrutado en las docenas de veces que fuimos a París. Es una maravilla, ya sé que sonará como un lugar común, pero allí se siente uno transportado a un mundo casi mágico, casi fuera de la realidad. Y allí fue donde vimos, por primera vez, una amplia muestra de la inmensa colección fotográfica que hoy estuvimos volviendo a ver en Bonn. Al ir bajando las escaleras, camino de la salida, me quedo mirando una estatua ecuestre al lado de uno de los rellanos, en la que se ve a Carlomagno con su barba, y como este es el Museo de la Renania, donde se exalta a sus grandes hijos (están también las estatuas de tamaño natural de Heine, Marx, Engels, Heinrich Böll ubicadas ± al desgaire, algunas casi como si se tratara de visitantes del museo), me vuelvo a Ulli y le digo: «Han colocado muy bien a tu marido, lo que yo no sabía es que fuera tan buen jinete». Pobre Carlitos, las que tiene que aguantarme.

 

Se me ocurre un tuit mientras estoy preparándome una cena ligera: «La cancillería cubana desmiente haber propuesto a Fidel para el Nobel de Medicina como ejemplo autogenerado de momificación». Vamos a ver a quién se lo regalo.

 

***********FIN***********