De mi Diario / Semana 12 / 2020

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Weiß/Colonia,  15.3.

2:00 am : Qué maravilla que Haitink eligiera la 7.ª de Bruckner para despedirse de su festival, el de Salzburgo, el año pasado. Haitink es uno de los grandes de verdad, no de los aupados por los medios. Él, como Celibidache, como Carlos Kleiber, celebraba la música. Y gracias a la cineteca lo tendremos siempre al alcance de un clic. Después vi de nuevo Eye on the Sky (la acaban de pasar), una de las pocas pelis de guerra que me gustan sin las rebajas del Tío Paco.

Hablamos con la Nena, para saber cómo andan las cosas por Huelva y en la familia. Me dice que han tenido que sacar al Ejército a la calle porque la gente es muy zopenca y no hace caso de las recomendaciones del Gobierno. Alabado sea el santísimo sacramento del altar, quién nos iba a decir que un día veríamos a los mílites mimetizados en Hermanitas de la Cruz.

Montserrat muy preocupada por nuestra salud, por teléfono casi nos decreta arresto domiciliario. Que cuando necesitemos ir de compras le pasemos la lista y ella y Frank harán las compras y nos las dejarán delante de nuestra puerta. Menos mal que fue Diny quien habló con ella, porque de haber sido yo no hubiese resistido la tentación de decirle: «No olvidéis poneros las mascarillas, por si acaso os oigo subir por la escalera y abro la puerta para veros». Soy de lo peor, y a mucha honra. Tanta histeria ya me cansa, y eso que parece que sólo estamos al principio de la crisis.

Le regalé a la taruguita un tuit de Jasmin_Pur que traduje del alemán y va por los 309 Me gusta y los 40 Retweets. Dice lo siguiente: “¿Por qué se han separado ustedes?” “Por razones religiosas. No quiso reconocer que soy una diosa”.

Weiß/Colonia, 16.3.

Después de medianoche : Pasaron el quinto y último capítulo de Artic Circle, la saga finlandesa en coproducción con el canal alemán ZDF, y no defraudó para nada las altas expectativas que uno se esperaba de la serie. El final, por cierto, recuerda mucho el de la obra de teatro de Charles Morgan El río deslumbrante, aunque doy por seguro que los autores de la saga no la conocen. Pero el desarrollo de ambas acciones casi fatalmente tenía que desembocar en un final así. No sé si la obra de Morgan se habrá estrenado alguna vez en español, pero valdría la pena, y aún más, si cabe, su otro drama, The River Line, basado en su propia novela de título homónimo pero que fue traducida al español como Camino secreto. Es una obra fabulosa. Y Morgan un autor que me sedujo cuando lo descubrí, a fines de los 50s. Desde entonces tan sólo he vuelto a leer sus magníficos ensayos breves publicados en The Times y El río deslumbrante. Tendría que volver a leer al menos Camino secreto, La fuente y El viaje, una hermosa declaraciòn de amor a Francia.

Llamada de mi Dr. Ruppert para decirme que no debo tener motivo alguno para preocuparme, el resultado del nuevo análisis de sangre es totalmente positivo: ninguna sospecha de leucemia. Me quita un peso de encima, aunque no creo que me habría afectado mucho un diagnóstico distinto.

Escribo casi de un solo envite mi columna para EE, llamo a mi deuda estherna para leérsela antes de enviarla a la redacción, pero solo me sale la criada respondona electrónica. De todos modos, repaso el texto a conciencia y creo que vale la pena como está, sólo me entró alguna desconfianza por lo muy rápido que lo pergeñé, no es lo habitual en mí.

Weiß/Colonia, 17.3.

1:30 am : Miller’s Crosssing [Muerte entre las flores], por fin la vi, después del fiasco de la semana pasada. Realmente es una de las mejores pelis de los Coen, y decir eso es decirlo todo, porque la filmografía de este dúo es un rosario de obras maestras. Fabulosos Marcia Gay Harden y Gabriel Byrne, pero el resto del reparto (John Turturro, Jon Polito, Albert Finney, todos) no les va a la zaga, esta peli es una demostración espléndida del arte de actuar.

Me pregunta Violeta, desde Karakogrado, si abrieron hoy en La Modicana. Y le explico:  «Anoche llamé a La Modicana para saber si abrían hoy a mediodía, y la signora me dijo que sí, aunque ya desde mañana cerrarían sus puertas hasta nueva orden. Pero esta mañana, al levantarme y abrir mi estafeta virtual tenía un email suyo diciéndome que había decidido cerrar ya hoy. De todos modos Carlitos vino para llevarme al supermercado Aldi, donde hago mi avituallamiento semanal de whisky, licor de yerbas, jamón serrano, chorizo español, croissants frescos para el desayuno del miércoles. Hice mis compras, pagué y salí a dejar el carro de la compra, y esperar a que Carlitos me recogiera y me trajese de vuelta a casa. Eso suele durar,  cuando mucho, un minuto. Al cabo de cinco regresé al supermercado y lo busqué con la vista. No estaba. Pero confié en que hubiese ido al baño o no estuviese a la vista, tapado por alguna estantería. Cinco minutos más y no venía. Volví al supermercado y tampoco lo vi esta vez, lo hice llamar por los altoparlantes. No apareció. A los cinco minutos decidí ir a donde aparcó su auto y el auto no estaba. Recorrí todo el estacionamiento y ni rastro de su Peugeot. A una señora que salía de hacer sus compras le pregunté si tenía un celular, me dijo que sí y le rogué que me pidiera un taxi (el número de la centralita, 0221.2882, lo sabemos de memoria todos los colonienses), lo hizo, le di las gracias y un par de minutos después llegó el taxi. El taxista, turco, se rio mucho con el relato que le hice de por qué había pedido un taxi. Ya en casa, Diny se extrañó de que hubiese tardado tanto en las compras, le expliqué y llamé por teléfono a Carlitos. Atendió él mismo y le pregunté si no recordaba algo que hubiese olvidado en Aldi. «No, ¿qué fue?», me contestó entre desconcertado y curioso. «No qué, sino quién. Quién. Te olvidaste de esperarme y traerme a casa». Casi se reía al contestarme: «¡Ahí va, qué despiste!» No le dije que a partir de ahora siempre llevaré conmigo un post it para colocárselo debajo del parabrisas izquierdo de su carro, y donde dirá: «NO TE VAYAS SIN RICARDO». Sí le dije que me debe los 9 € del taxi, y me aseguró que me los pagará el martes siguiente. Claro está que no se los cobraré, pero lo del post it va a misa. ¿Respondo así a tu pregunta de si abrió hoy La Modicana? Sólo olvidé un detalle: aunque hace frío también tuvimos hoy un sol de justicia. Y esos 20’ de espera en las afueras del Aldi y en la desolación del estacionamiento me dejaron tan bañado en sudor que al llegar a casa Diny podría haberme retorcido como a una aljofifa para escurrirme».

A Javier, que desde Alcalá quiere saber cómo nos va en estos días del desamor en los tiempos del Coronavirus, le contesto: «He salido de compras, acabo de regresar a casa, y el supermercado estaba bien abastecido y había comprando la gente que normalmente hay siempre, o sea, no ha cundido el pánico excepto entre un par de agoreros o quién sabe si alevines de estraperlistas y agiotistas. En una clínica de aquí han robado 50.000 mascarillas profesionales. Hideputas hay en cualquier circunstancia». Pienso en el Coràn y en que a estos ladrones habrìa que cortarles las manos. Pero sólo porque soy enemigo declarado de la pena de muerte.

Me escribe Vicente desde Huelva para contarme que empezaron a pasar la serie alemana Babylon Berlin, y quiere saber qué pienso de ella. Le contesto: «Esa serie está basada en una saga de lo mejorcito que se ha hecho en literatura policíaca en Alemania. De la adaptación a TV vi el primer capítulo porque le hicieron una publicidad como si fuese un blockbuster de Spielberg. Y me pareció mala, no he visto nada más que el primer capítulo. Además, para quienes vivimos en Colonia o somos colonienses de nacimiento o elección, fue un trago amargo que el papel de Gereon se lo dieran a un actor que no es de Colonia, y fíjate si será coloniense Gereon (en la saga novelística) que solo fuma una marca de cigarrillos que se fabricaba en Colonia y no se podía conseguir en todos los estancos de Berlín, sólo en algunos que G. ha ido descubriendo con el tiempo. Te lo cuento sólo para que te hagas una idea. Pero es que además ese actor tiene un acento imposible de aceptar. Es como si a un detective gaditano lo interpretase un actor catalán con acento catalá. Inaguantable, aunque claro, esto sólo cuenta para nosotros, en Colonia. No es por eso que no me gustó la serie, es que estoy acostumbrado a la calidad de las escandinavas y de las inglesas. Creo que si a esta le hicieron tanta publicidad fue justo para enceguecer al público y que no se diera cuenta de la mala calidad del producto».

Weiß/Colonia, 18.3.

Diny le quiere regalar a Henri, enmarcado, el chiste gráfico del día en el Kölner Stadt Anzeiger. En él se ve, viniendo de la izquierda, un globo con la voz de la madre diciendo: «¿Salir a jugar a la calle? ¿No te gustaría más quedarte un par de horas viendo TV?» Y en el centro del chiste el pobre chico con una cara de atónita perplejidad y que sólo atina a decir: «¿Eeeeh?» El humor en los tiempos del Coronavirus.

Nuestra vecina de arriba, Frau Röttgen para mí, Anja para Diny, que ya se tutea con ella, vino hace un rato y se ofreció para hacernos las compras que necesitemos a lo largo de la semana. Me parece que este es el único lado bueno de las catástrofes, despertar y estimular el sentido de la solidaridad humana. (Me temo que acabo de escribir un lugar común. Corto el rollo).

Weiß/Colonia, 19.3.

2:30 am : Pride and Glory [Cuestión de honor] es un DVD que compré hace tiempo porque andaba coleccionando todas las pelis donde actuase Jennifer Ehle, mi actriz predilecta. Pero también por la presencia de Edward Norton en el reparto, un actor que me gusta más que los gallitos de la esquina. Inolvidable, para mí, su Walter Fane en El velo pintado, acompañado congenialmente por una irresistible Naomi Watts (ambos, por cierto, coprodujeron la peli, posiblemente enamorados de la novela de Somerset Maugam). Lo cierto es que recién acabo de ver Pride and Glory, y bueno, el tema es muy manido, la corrupción dentro del cuerpo policial, agravada en este caso por el hecho de estar implicados unos hermanos en campos opuestos dentro de la propia Policía. Pero tiene un sabor de autenticidad como pocas en este género, y el reparto de lujo la hace parecer bastante mejor de lo que probablemente sea, aunque no es mala, ni mucho menos.

Han causado gran impresión las palabras de ayer de Angela Merkel. Incluso Arcángeles me las comenta con admiración. Y es que hasta en Alemania se olvida a veces que tiene una formación científica, es física, y personalmente creo que es la única estadista que da la talla en la batalla contra el Coronavirus, apelando a la conciencia y al sentido de la responsabilidad de sus conciudadanos. Nada de declararle la guerra al virus como el bufón de París, ni de andar con paños calientes como el clonado del payaso de Washington en el 10 Downing Street, ni jactarse de  disponer de los mejores investigadores virológicos como the fake presidentel que quiso comprar el laboratorio alemán mejor dotado en el mundo investigando al Corona, para que sólo los USAnos se beneficiaran de sus descubrimientos: America first!, ¡habráse visto bestia parda semejante!: la Merkel y el principal accionista del laboratorio le pararon los pies ipso fuckto.

Con Violeta, en Karakogrado, casi chateo a propósito del humor negro, que culmina en este email suyo («A mí me gustan las películas de Buñuel, pero debió ser un bicho insoportable») y esta respuesta mía: «A mí me parecen patochadas de pequeño burgués queriendo épater le bourgeois para que no se le note que él lo es. Y como persona un idiota capaz de decir “A mí [Pablo] Casals me parece una mierda” (en Conversaciones con Buñuel, de Max Aub); a alguien así yo le pierdo el respeto con el mismo derecho que él al mancillar con su lengua viperina el nombre de Casals». Además ¿quién, siendo sordo, puede opinar acerca de un músico?

Weiß/Colonia, 20.3.

El calendario dice que hoy llegó la parienta rusa, que es el primer día de la primavera, pero debe  andar enfadada con el resto de la parentela, no se la ve por ninguna parte, a no ser en el magnolio florecido al final de la rampa por donde accedemos a la calle. ¡Qué hermosura este magnolio!, y qué regalo de los dioses si es que «este invierno de nuestro descontento» se va a prolongar en una cuarentena sine die y un arresto domiciliario: en una muerte civil, como las del apartheid.

Javier ha publicado varias novelas, pero lo que siempre me ha gustado más de su pluma son sus poemas. Hoy me manda desde Barcelona uno nuevo titulado “Estado de sitio”, y que dice así: «Desde mi ventana escucho / un concierto en la plaza que da alguien / desde su ventana, la música desde / mi ordenador, un gemido de placer de una / mujer, a saber desde qué ventana, / y las voces de la radio del coche / de policía parado abajo / en la calle. / Mi corazón tiene, también, sus propios / sonidos, sueños que desea, notas olvidadas / que suenan siempre como olas lejanas, / en la playa. / Y todas esas cosas se entremezclan / en la banda sonora de estos días / en que la vida se encuentra / sitiada, no derrotada». Le acuso recibo ipso fuckto: «Diste en la diana, o mejor: en la tecla. Es la banda sonora del día a día en esta parálisis en los tiempos del Coronavirus. En mi caso lo que escucho en fondo a mi tarea son  los gritos felices de los niños que juegan en el patio, debajo de mi ventana, contentos de no tener escuela. En cuanto a los gemidos de placer de una mujer, probablemente los oiría si presionase los avisos eróticos que aparecen en el rincón inferior derecha de mi ordenata, y en el cual se me ofrecen, desde hace días, mamás que follan mejor que las putas porque lo hacen gratis, o como hoy, jovencitas de unos 17 años (máximo) que me miran teclear y me dicen “Por favor fóllame, lo quiero” y todas ellas en un radio de 5 km a la redonda. Hubo un día en que el aviso fue realmente súper tentador, una chica bellísima ¡a sólo 50 m de mí! (debe vivir en una de las casas que dan al Pflasterhofweg, recuerda que nuestra casa se encuentra en una segunda fila, no directamente a la calle). En fin, me agarra viejo todo lo que está pasando, Javier, pero en medio de todo me divierte y me da que pensar. Un fuerte abrazo desde la segura distancia de Colonia, y cuídate mucho, porque este Coronavirus viene a ser algo así como un Franco invisible».

Weiß/Colonia, 21.3.

0:10 am :  Me puse a [re]ver una peli acorde con los tiempos que vivimos: El Decamerón, de Pasolini, y me ha vuelto a encantar, como hace casi medio siglo, la vi por primera vez en la Berlinale de 1971. Y como todas las veces que la he visto, me repito con el propio Pasolini al terminar de verla: «¿Por qué realizar una obra cuando es más bello solamente soñarla?»

Hoy aparece en el Kölner Stadt Anzeiger, que leo mientras desayuno, una carta abierta, a toda plana, del presidente del Land Renania del Norte & Westfalia, donde resido, una carta abierta franca y sin pelos en la lengua, alertando sobre la que se nos viene encima si no se atiende a las prevenciones sanitarias del Estado. Santo y bueno, pero incluye una frase, «Geben Sie Ihre Kinder nicht zu den Großeltern! [¡No dejen a sus hijos con sus abuelos!]», que me punza el corazón al pensar en mi Henri, a quien no veré quién sabe por cuánto tiempo. Pero tiene razón Laschet, y este país parece ser, entre los europeos, el mejor preparado para capear el temporal.

Después de leer mi columna de ayer en EE, un lector me deja en el foro este comentario: «¡De las veleidades de los poderosos, líbranos Señor!», a lo cual le respondo: «Gracias por leerme, pero más que de sus veleidades, el Señor debiera protegernos de su poder».

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Ricardo Bada (Huelva/España, 1939), escritor y periodista residente en Alemania desde 1963. Autor de numerosísimos libros, desde La generación del 39 (cuentos, Nueva York 1972) a El Canto XXV (novela breve, Copenhague), es o ha sido colaborador de medios como Revista de Occidente, ABC y Cuadernos Hispanoamericanos (España), El Espectador y El Malpensante (Colombia), Nexos, La Tempestad y La Jornada (México), La Nación (Costa Rica)…

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