De mi Diario: Semana 17 / 2013

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Weiß/Colonia, 21.4.

Larga entrevista (una plana completa del diario) con Martina Gedek, una de mis actrices predilectas entre las alemanas. Su Bella Martha no sé cuántas veces la he visto, y por cierto que me he negado en redondo a ver No Reservations –la remake que hicieron de Bella Martha en Hollywood, con Catherine Zeta–Jones–, porque como diría la copla flamenca, “Martha no hay mas que una, y a Kate la encontré en la calle”. En esta entrevista MG cuenta de un fenómeno muy curioso que pasa con ella cuando la fotografían, y es que su fisonomía absorbe las sombras, como con una aspiradora. Es cierto. Por la tarde paso un largo rato oyendo el CD con Lieder de Schumann cantados por mi diosa, Diana Damrau, y donde, entre Lied y Lied, Martina Gedek y Sebastian Koch (su compañero de reparto en La vida de los otros, que también he visto ya un par de veces) leen alternándose las cartas de amor entre Clara y Robert Schumann, de las más hermosas que se hayan escrito nunca, ¡y cómo suenan en esas dos veces prodigiosas! ¡Por todos los dioses, qué hubiera sido de Clara, la película, sin Martina Gedek como protagonista!

 

De la lectura de Dr. Samuel Johnson: En una comida en el pub Mitra, allá por 1763, Boswell tiene como invitados a varios amigos, entre otros a su compatriota el escocés John Ogilvie, y naturalmente al Dr. Johnson, nada sospechoso de sentir simpatía por Escocia. El buen Ogilvie, inocentemente, opinó durante la comida que en su país podían admirarse grandiosos paisajes vírgenes. A lo cual le replicó Johnson: «Se lo creo sin género de duda. Por lo demás, Noruega también tiene mucho paisaje virgen grandioso, y en Laponia los paisajes vírgenes grandiosos se hallan por doquier. Pero déjeme decirle que lo más grandioso que puede llegar a ver un escocés, en materia de paisaje, es la carretera que conduce a Inglaterra». Según Boswell, todos (¿también Ogilvie?, eso no lo registra Boswell) se echaron a reír a carcajadas.

 

Weiß/Colonia, 22.4.

Recibo una información enviada por votantesAlemania@googlegroups.com, según la cual los venezolanos residentes en este país votaron así en los tres colegios electorales habilitados al efecto: en Fráncfort, 417 Capriles,  21 Maduro, 1 María Bolívar, 1 Eusebio Méndez y 7 nulos; en Hamburgo, 137 Capriles, 22 Maduro, 2 Reina Sequera y 1 nulo; y en Berlín, 155 Capriles, 25 Maduro y 3 nulos. El remitente extrapola: «Esto me dice que hay 21 empleados en la embajada de Venezuela de Fráncfort, 22 en la de Hamburgo y 25 en la de Berlin». A mí, en cambio, la conclusión del remitente me lleva a pensar en la inagotable riqueza de Venezuela, que se permite el lujo de tener nada menos que tres embajadas en Alemania. Ay

 

Henri en casa. Lo fui a buscar al Kindergarten y me recibió con un avión de papel que acababa de construir y le quería regalar a la abuela. Estuvo en casa, durmió la siesta, comió, vio sus pelis y lo llevé con su mamá a las 5 pm. Y mañana martes volverá a casa, pero con Montse, porque ni Diny ni yo estaremos, así es que Montse lo traerá del K y dormirá con él la siesta, acá, porque a las 3 pm hay no sé qué fiesta en el tal K y Montse lo acompañará. Y ya al despedirnos, Montse me dice que sí, que el miércoles, si quiero, también puedo irlo a buscar al K y llevárselo a casa ya que Diny no estará en la nuestra, y al parecer la abuela es insustituible como cambiapañales y como compañera de siesta. ¡Me recontramilcago en los 24 cojones de los doce apóstoles! ¡Como si yo nunca hubiese cambiado pañales ni dormido con mis nietos, sobre todo con Oskar!  Pero en fin, mejor lo dejo porque me emputece y no tengo Desemputol en el botiquín del baño.

 

Los diez minutos diarios que cabalgo a la Kate los invierto en la lectura de libros que se puede hacer por trechos cerrados en sí mismos. Así acabo de terminar la de Instantáneas, que me envió hace poco Edla van Steen en la edición bilingüe, portugués/francés. Me han gustado mucho esas estampas que “permanentizan” las vidas fugaces que suceden a nuestro alrededor. Como esta:

«Mauricio palpó la cama: Andréa, ¿dónde estás? La buscó en la sala, en la cocina, en el cuarto de baño. No podía haber salido. Desnortado, anda de un lado para el otro, abre los armarios. Si está jugando al escondite se las tendrá que ver conmigo, esto se no hace en vísperas de nuestras bodas de oro. ¡Andréa –gritó fuerte–, Andréa!  Baja las escaleras del edificio. Nada. El portero duerme. Regresa al apartamento y llora. Como un niño. No está soportando la viudez».

 

Leo en una traducción que «el viento silbaba lanzando alaridos» y me vuelvo a preguntar si es que la gente nunca se detiene a pensar en lo que escribe. No hablo del autor de la frase original, que seguramente dice otra cosa, sino del traductor. ¿Quién, con el idioma español como lengua materna es capaz de concebir que se lancen alaridos silbando?  A no ser en la Gomera.

 

Weiß/Colonia, 23.4.

Primera hora de la noche: Ex [Ex, todos tenemos uno, se tituló en España], una peli italiana que no conocía y con la que me he divertido a más no poder. Y conmovido, también. Y los actores son una gozada, exponentes buenísimos de la mejor escuela italiana de interpretación, la que arranca con Vittorio de Sica después de la guerra.

 

Montse trae a Henri a casa alrededor de las 12:45 y ya estaba la pizza lista porque me ocupé de ello calculando cuando iban a llegar. Y a las 12:55 suena el timbre y es Carlitos que me viene a buscar para ir a La Modicana. Mientras sube la escalera le decimos a Henri que ahora llegará el Weihnachtsmann [=Santa Claus], y claro está que cuando lo ve entrar se le queda mirando todo el tiempo, mientras sigue comiendo aplicadamente de su pizza. Y mientras yo apago mi compu y me endoso la cazadora y la gorra, Carlitos se sienta a la mesa y conversa con Montse bajo la mirada critica de Henri. Al despedirme de él, con un beso, después de salir Carlitos y cuando ya estoy por cerrar la puerta, Henri le dice en voz baja a Montse: «Pero ese no era Santa Claus».

 

Anota Boswell un comentario del Dr. Johnson al llegar de una cena en casa de un amigo: «La comida era ciertamente buena, pero no la que se sirve cuando se tiene un invitado». Pienso para mí que el Dr. Johnson jamás habría hecho ese comentario si hubiera sido huésped nuestro. Diny cocina muy bien, pero si tenemos invitados lo hace siguiendo esa norma tácita que formula el Dr. Johnson. Es algo que siempre me llamó poderosamente la atención, sobre todo porque en tales ocasiones no trabaja casi nunca con red, lleva a cabo experimentos, y ha habido ocasiones en que nuestros invitados se sorprendieron de que yo le buscase pelos a la leche si a Diny no le salió la comida como era la de esperarse “cuando se tiene un invitado”: «En esta casa se hace la crítica gastronómica de una manera implacable», ha sido siempre mi explicación=disculpa.

 

Weiß/Colonia, 24.4.

Fuertes dolores en la columna y dificultades respiratorias. Hace mucho sol y mucho calor, todo ello inesperadamente. Llego al Kindergarten a duras penas, recojo a Henri y vamos despacito hasta la parada del bus, me tengo que detener un par de veces y le explico a Henri que soy un hombre viejo y me canso mucho caminando. En el bus, felicidad completa porque, una vez más, conseguimos el asiento al lado de la puerta delantera, desde donde Henri tiene la visión íntegra de la calle y el conductor. En Sürth, ya en su casa, Montse le dice «Mi chiquitito bonito», como toda la familia le dice, de oírme llamarlo así cuando estoy con él. Y Montse le pide que lo repita, que él es un “chiquitito bonito”. «Nein!», niega, con la contundencia del »Njet!» de los delegados soviéticos en la ONU en el período más glacial de la guerra fría. Luego, al rato, me mira, sonríe y me dice: «Ich bin dein [=soy tu] chiquitito bonito». Tiene que salir de él, no que se lo pidan o se lo quieran imponer, porque entonces saca a relucir el temible arma del «Nein!»

 

Weiß/Colonia, 25.4.

0:30 am: Sherlock Holmes en la versión up to date, siglo XXI. Un episodio que no conocía, no sé por qué me lo habré perdido cuando lo pasaron por primera vez, esta es la segunda. Esta serie es como el cerdo, no tiene presa mala.

 

Leo en la cuenta Twitter de Letras Libres:

¿Cómo era el rostro de Pedro Páramo, el personaje de la primera novela de Juan Rulfo?

Ay carajo, y yo que sólo conocía esa, mañana mismo me pongo a la búsqueda febril de la segunda, la tercera, la cuarta, ¿cuántas habrá escrito Juan?, qué cabrón, nunca me dijo nada, con amigos como él pa qué quiere uno enemigos. Ni muerto se la perdono.

 

Weiß/Colonia, 26.4.

0:30 am: Pygmalion, llevaba mucho tiempo sin verla y esta noche me saqué las ganas. Lo que creo que nunca he registrado en este diario es la sensación de estar en casa que me invade cuando Eliza, Higgins y Pickering regresan del baile en la embajada, y ellos vienen achispados y tarareando “O du lieber Augustin”, una canción de borrachitos alemanes que Honegger traspone a su partitura, y que también se oye en la banda sonora de El huevo de la serpiente, una peli de Ingmar Bergman que a mí me impresionó mucho pero pasó con más pena que gloria. Es además una canción muy apropiada para el día del Juicio Final por la tardecita«O du lieber Augustin, alles ist hin! [=¡Oh querido Agustín, todo se acabó!]»

 

Hacía muchos, muchos años que no caminaba con una mujer abrazada por los hombros, y ella abrazándome por la cintura, los dos fundidos en el sentimiento de una amistad entrañable, tanto que los 27 años de ella no se inhibían de llorar sobre los 73 (casi 74) de mi hombro derecho. Hoy –al cabo de muchos, muchos años– me he sentido útil. Pero no en el sentido del latín “utilis”, sino del francés “outil”. Como herramienta. No soy su padre ni su novio, pero sí aquel con quien ella sabe que puede contar cuando necesita oídos para oír, hombro para llorar.

 

Mi amigo don León Gil, ex poeta, según él, me manda desde Medellín un reporte de lectura, del libro titulado La diversidad de la ciencia, y subtitulado Una visión personal de la búsqueda de Dios, la recopilación de una serie de conferencias pronunciadas por Carl Sagan en 1985 durante las prestigiosas Conferencias Gifford. Remarca don León en especial el capítulo tercero, titulado “El Universo Orgánico”, donde Sagan propone el siguiente ejercicio de imaginación: «Supongamos que nuestro padre o madre entrara en esta habitación andando a un ritmo ordinario, y supongamos que, justo detrás de él, viniera su padre, y justo detrás de éste su propio padre. ¿Cuánto tiempo tendríamos que esperar para que el antepasado que entrase por la puerta fuera una criatura que anduviese con normalidad sobre cuatro patas? La respuesta es una semana. El desfile de antepasados caminando al ritmo ordinario duraría una semana hasta llegar a un cuadrúpedo. Y, después de todo, nuestros antepasados cuadrúpedos existían hace solo unas decenas de millones de años, lo que equivale a un 1% del tiempo geológico». Al acusarle recibo de su reporte le cuento a don León que hay un texto de Julio Ramón Ribeyro, en sus Prosas apátridas, donde arguye que tuvo dos padres, cuatro abuelos, ocho bisabuelos, y así sucesivamente, como en el tema del grano de trigo en el tablero de ajedrez, un cálculo que desemboca, en materia de la especie humana, en una cifra imposible. Ni siquiera hoy existen tantos seres humanos en el planeta.

 

Weiß/Colonia, 27.4.

Leído en la cuenta T de Alfonso Armada: «A veces creo que en el curriculum de una persona deberían figurar los premios a los que no se ha presentado». Le comento que yo, sin ir más lejos, y por respeto y cariño a Juan Goytisolo, aún no me he postulado al Nobel. Y que al Cervantes nunca lo haré porque correría el riesgo de ganarlo y tener que estrechar la mano de un Borbón.

 

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