De mi Diario : Semana 2 / 2010

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Weiß/Colonia, 10.1. (1)

Empezó a nevar el viernes por la noche y sigue nevando mientras monto a la Kate esos 15’ que a mi deuda estherna le causan risa cada vez que los menciono, porque ella pedalea el triple, loados sean el santísimo sacramento del altar y los dioses que le concedieron tales pulmones. Por la ventana pasan un estornino y un mirlo persiguiéndolo, dos relámpagos negros (con una pincelada de amarillo) en el paisaje blanco. Y luego me puse a terminar de pergeñar mi artículo sobre Herta Müller. Creo que me ha quedado tal y como lo deseaba. Mostrando su obra como un eslabón más de una cadena involuntaria, con la cual la Academia Sueca demostró la penuria intelectual de los regímenes del bloque socialista. Y a fe mía que lo consiguió.

 

Weiß/Colonia, 10.1. (2)

Pasan por el canal Arte la transmisión diferida de un concierto en Bruselas, Jos van Immerseel dirigiendo su Conjunto Ánima Eterna en la 5ª de Beethoven. Desde los primerísimos compases puede sentirse que es una interpretación distinta a todas las oídas hasta la fecha. Su intensidad y su dinámica son como las de una música de bacanal, que arrastra y hasta no sé si atropella, pero en cualquier caso arrebata. Compraré el CD en la primera ocasión que vaya a Colonia.

 

Weiß/Colonia, 11.1., primeras horas de la madrugada

Tenía muchas ganas de ver 9 Songs, de Michael Winterbottom, porque me la perdí cuando la estrenaron en cine y no la han repuesto desde entonces, 2004. La han pasado a medianoche en la tele. Y sólo aguanté media hora de los 70’ que dura. El sexo explícito sólo me vale cuando el guión lo exige de una manera plausible, porque si no, como dice sabiamente Jonathan Franzen en su ensayo Libros en la cama, «las crudas exigencias de nombrar partes y movimientos del cuerpo –algo tan monótono– pinchan la frágil burbuja del mundo imaginativo (…) y mi deseo de inmersión en la bioquímica de un desconocido tiene sus límites». Y esto que Franzen escribe respecto de las escenas de sexo explícito en la literatura, vale también para el cine. Pensé, al cambiar de canal, en la peli china Lust, Caution, que a mí me pareció un peliculón de la hostia, y con un final sin concesiones a Hollywood ni a nadie, fenomenal, aunque se te pone un nudo en la garganta al ver a esos jóvenes arrodillados al  borde del precipicio antes de recibir el tiro en la nuca. En Lust, Caution sus escenas de sexo explícito son de lo mejor que nunca se hizo en la materia. Tenían que venir los chinos a decirnos cómo es que se filman tales momentos.

 

Weiß/Colonia, 12.1.

El Dr. Ruppert, amigo y médico de cabecera, telefonea para comunicarme los resultados del último análisis de sangre. Los valores correspondientes a colesterol, riñones, ácido úrico, hígado («como siempre manteniendo el nivel que le marcan sus whiskies»), todos bajo control y sin cambios que valga la pena anotar respecto de los análisis anteriores. Pero La sangre ha vuelto a espesarse, como en el terrible comienzo del invierno de 2008, cuando atravesé además la espantosa depresión que me puso entre la espada y la pared. Ruppert recomienda dos o tres sangrías de nuevo, la primera pasado mañana, jueves, después del desayuno. Me entrego a mi destino. Me van a sangrar al menos un par de veces cada invierno. Menos mal que la depresión actual también se halla controlada. Eso creo yo; habría que ver lo que ella cree.

 

Weiß/Colonia, 13.1. (1)

En el diario le dedican casi dos columnas a Martin Strel, un hombre que ha nadado el Danubio, el Misisipi, el Yangtsé, el Paraná y ahora el Amazonas, desde sus fuentes hasta sus respectivas desembocaduras. En el Amazonas, por cierto, una piranha le mordió en un hombro. Ello debe incluirse en el capítulo de la mayor suerte, porque las piranhas son como la marabunta, van en cardúmenes, entre ellas no existen los llaneros solitarios. Esa que le mordió a Strel tiene que padecer algún defecto genético. Pobre. La piranha, digo. Tan solita ella en un río tan grande.

 

Weiß/Colonia, 13.1. (2)

Me llueven insultos al blog que he comenzado en El Espectador, de Bogotá. Hablé allí del “sobrevalorado Neruda” y parece que le hubiese mentado la madre a los nerudistas. Supongo que con Borges se la tuvieron que tragar doblada por ser Borges, pero conmigo se están pudiendo desquitar. Dios los bendiga. En un mundo donde lo que cuenta es que se hable de uno, no hay cosa más beneficiosa para un autor que la publicidad negativa autodescalificatoria, la más fácil y la más barata. De no ser por estos defensores a ultranza de la grandeza de Neruda, ¿quién se acordaría de mí, que me atreví a cuestionarlo?  Joder, si pienso que Neruda le gusta incluso a Mutis, su polo opuesto en todo y por todo, quién carajo me mandaría escribir que a mí no me gusta. La única defensa que me resta es invocar la Declaración de los Derechos Humanos, donde con toda seguridad hay algún apartado de algún § que me garantiza/garantice el derecho a que no me guste Neruda. La consultaré, por si las que ni labráis como abejas ni brilláis cual mariposas.

 

Weiß/Colonia, 13.1. (4)

En casa de Marta una reunión que yo pensé que iba a ser de ocho personas, pero fueron harto más del doble. Como no todos llegamos simultáneamente, hubo un momento en que recordé la famosa escena del camarote en Una noche en la ópera, de los Hermanos Marx. Lo positivo es que gracias a este encuentro multitudinario me reencontré con la legendaria Porota, la primera secretaria que tuve en la redacción (y  era tan buena que si bien la contrataron para mi despacho y por sus fenomenales conocimientos de español, al poco tiempo pasó a ser la del jefe de todo el Servicio). También pude saludar a Lucía, mi eficiente y linda abogada, y además la reunión sirvió para que Julio me entregase el tan ansiado ejemplar de Las cuentas de la Ilíada y otras cuentas, que Luis Miguel Aguilar le hizo llegar en México para mí (no alcanzó a recibirlo, pero sí Marta, en cuyo depto se alojó Julio, y se lo trajo al venir otra vez a Colonia). Estoy deseando leerlo, después de todo lo bueno que Ángeles me ha platicado de él, y de las reseñas que he leído; le dedicaré el domingo. Y amén de ello, la reunión valió asimismo la pena porque Julio había traido su charango y tocó tres piezas magistrales, y luego nos dio la grandísima sorpresa de cantar en kölsch los grandes temas de los Bläck Fööss (Pies Descalzos, en el idioma de esta ciudad, ese kölsch en el que han creado letras y melodías inolvidables). Había en el grupo reunido por Marta un mexicano de Chiapas, recién llegado a Alemania y que no tiene idea de alemán, y más para él que para el resto comenté en voz alta que el gran aporte de Renania a la cultura alemana después de la guerra ha sido doble, la obra de Heinrich Böll y las canciones de los Bläck Fööss. Alguien que, por la cuenta que le tiene, mejor hubiera sido que no opinase en este tema, dijo que no los soportaba, que al cabo de cinco minutos de oírlos tenía que cambiar de emisora, de disco, de canal. Ay diosito de mi vida, él, antes, nos había infligido tres de sus propias canciones, que sólo el respeto al techo ajeno nos impidió a muchos decirle que se fuera con la música a otra parte. En fin, menos mal que Julio (¡qué excelente diplomático tendría el Perú con él!) comentó el desafuero recordando que los Bläck Fööss era un grupo que llevaba actuando treinta años, que no se le podía pedir a nadie mantener el mismo nivel de calidad tanto tiempo. Con lo cual descalificó a mi interlocutor sin desmelenarse. Enter.

 

Weiß/Colonia, 14.1. (1)

Acudo puntual a la consulta del Dr. Ruppert, para la primera sangría. La suspende cuando se da cuenta de que sólo logra extraerme 100 ml: o bien el orificio de la aguja es demasiado pequeño, o mi sangre más espesa de lo que él pensaba, a pesar de que el torniquete en mi brazo apretaba sin desmayos y yo sentía el eco de mis latidos. El miércoles próximo repetiremos la experiencia con otra aguja. Hoy ni siquiera me inyecta suero a cambio de los 100 ml de sangre, y cuando le pregunto el por qué, argumenta que mi organismo está en condiciones de soportar esa pérdida.  Los dioses le oigan. Pero la verdad es que no me siento nada mal después de esta sangría, hasta más liviano. Dicen que siempre hay una recaída de optimismo antes de la recta final. Veremos.

 

Weiß/Colonia, 14.1. (2)

Un correo exprés me trae un paquete con las memorias de Marcos Ana, dedicadas de manera muy cariñosa. Es un regalo de Félix, mi compañero de blogs dominicales en Fronterad y gran amigo del poeta. Un regalo de lujo, porque además del libro de MA vienen dos volúmenes más, de unas ediciones no venales, preciosas, de Sino sangriento, Homenaje, a voz ahogada, para Miguel Hernández, escrito y realizado en el Penal de Burgos, Otoño 1960 (cuando Miguel habría cumplido cincuenta años), y Muro, Páginas de la prisión, la revista de los presos políticos españoles, reproducción facsimilar de un número especial –agosto 1961– dedicado a los pueblos de América Latina. Testimonios indestructibles de la dignidad humana, pisoteada por el general inferiocre durante casi cuarenta años de oprobio. Lo que no logró impedir que a ese Penal se lo conociera como “la Universidad de Burgos”, con todo derecho. Las dictaduras pasan, las Universidades quedan. Estoy en deuda, y muy crecida, con Félix.

 

Weiß/Colonia, 15.1.

Vamos a la Ópera, es el autorregalo que nos hicimos en el International Gift Day. La puesta en escena de Kiss Me Kate fue reseñada como algo sensacional, y de manera merecida. Claro está que con una Dagmar Manzel en el mejor momento de su carrera, qué otra cosa podía esperarse. La Manzel es una de esas lumbreras del teatro y el cine de la RDA que cuando la unificación alemana empezaron a conquistar el teatro y el cine de todo el país, como el malogrado Ulrich Mühe (La vida de los otros) y la también fabulosa Katrin Saß (Good Bye Lenin!) [A propósito: una tocaya suya, Kathryn Grayson, fue quien interpretó en el cine, con Howard Keel, el doble papel de Lilli Vanessi/Katharina de Kiss Me Kate. La recuerdo muy vagamente, sólo la he visto una vez, a mediados de los cincuentas. En imdb descubro que en esa peli actuó Bob Fosse, que veinte años más tarde cosecharía ocho Oscars con su Cabaret]. Salimos muy contentos con la  Manzel y el magnífico elenco que la acompaña, y tarareando dos lindos temas de Cole Porter

http://www.youtube.com/watch?v=aSmZfnax1yw&feature=related

http://www.youtube.com/watch?v=I480EqK2rwQ&feature=related

y tenemos suerte con el tranvía y el bus, regresamos a casa en un tiempo record. En el tranvía vine leyendo la revista de la Ópera, donde encontré un anuncio a toda página solicitando perros bastardos para actuar como comparsas en Los maestros cantores de Nuremberg. Es una de las óperas de Wagner que tengo pendientes, prometo mi asistencia aunque sólo sea para ver como ladran sus melodías los perros que la Ópera reclute.

 

Weiß/Colonia, 16.1., recién pasada la medianoche

Uno de los posts del último número de fronterad que más repercusión ha tenido es el que Jesús Mahler le dedica a la censura cinematográfica en tiempos de Franco. Me llegaron ya varios mails donde me lo comentan, y a todos les contesto lo mismo, que lo dejen dicho en el espacio de comentarios del post, y todos me contestan lo mismo, que el sistema de fronterad para dejar comentarios es bastante complicado. Sea como fuere, y aunque propiamente no se trate de cine, sino de teatro, este post me ha traido el recuerdo de lo que pasó la noche del estreno en Madrid de Lo que no dijo Guillermo [=Shakespeare]. En esa obra, Carlos Llopis –el comediógrafo de éxito en aquel entonces– reescribió la historia de Romeo y Julieta, aunque desde un punto de partida absolutamente contrario: las dos familias, Capuletos y Montescos, son amiguísimas, y los dos jóvenes protagonistas se odian a muerte. Lógicamente, el resultado final es el mismo que en la tragedia, y a mí me parece una obra muy lograda, pero el público no estaba preparado para semejante tour de force de Llopis (de él se esperaba cada vez otra ración de lo mismo de siempre), así es que fracasó. Esa noche del estreno, en 1947, según lo contó al editarse la obra en la Colección Alfil, Carlos Llopis se mezcló entre el público a la salida del teatro y captó el siguiente diálogo de un matrimonio:

– Esto no tiene gracia alguna.

– De acuerdo. A mí me ha parecido una lata.

– ¿Y por qué se llamará Lo que no dijo Guillermo?

– (El marido, encogiéndose de hombros:) ¡Lo habrá tachado la censura!

 

Weiß/Colonia, 16.1.

Como se ha decidido que el International Gift Day 2009 fue el último que pasamos juntos toda la familia, Diny ya tiene un plan para este diciembre. Llega a mi despacho encareciéndome leer un reportaje que acaba de leer en una revista, acerca de un viaje en barco carguero por las Rutas Hurtig (las de los buques correo en el norte de Noruega), desde Bergen al Círculo Polar Ártico pasando por las islas Lofoten. Es el sueño de su vida, llegar en barco hasta donde luce el sol de medianoche, y además, pero de eso me entero recién al cabo de más de 44 años de conocernos, viajar en un trineo tirado por huskies, durante una de las escalas del barco. Y la verdad es que leo el reportaje y, mentalmente, ya estoy alistando la mochila para partir hacia el Norte.

 

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