De mi Diario : Semana 22 / 2021

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Weiß/Colonia, 23.5., Pentecostés

El 1. FC Colonia ganó 1:0 al Schalke 04, así es que no descenderá de categoría de una manera automática, pero tendrá que jugarse la permanencia en la Bundesliga jugando dos partidos de ida y vuelta contra el Holstein Kiel, tercer clasificado de la Segunda División. Oremus.

Vinieron a almorzar Angie & Vincent, y festejamos que tanto la mamá como su hijo terminaron sus respectivos bachilleratos. Todavía no tienen las notas, pero ambos los dos (© by Cantinflas) están seguros de que aprobaron y con buenas notas. Como es costumbre en estos casos, y no sólo en la tribu Bada Hansen, no se van de vacío. Diny recuerda que en sus años adolescentes, cuando traía buenas notas de la escuela, su padre (y su abuela) la recompensaban con «een tientje», esto es, un billete de 10 florines de entonces, que vendrían a ser cinco euros de hoy. Pero los tiempos han cambiado, y además no tenemos once hijos, como mis suegros.

Ayer o antier vino Diny a contarme que había muerto Francisco Brines, y ahora me escribe mi ex yerno para preguntarme si hay poesía suya traducida al alemán, y tengo que contestarle que no sé que le hayan traducido. Desde luego no figura en la antología que hicimos Felipe y yo, Ein Schiff aus Wasser [Un barco de agua], ni tampoco en el volumen de Reclam Spanische Lyrik des 20. Jahrhunderts [Lírica española del siglo XX]. Y eso probablemente tiene que ver con lo que decía Felipe cuando nos preguntaban por qué razón no estaba Brines en la tripulación de nuestro barco de agua: «Es que Brines es un gran poeta en español, pero si lo traduces, adiós poesía».

Después de leer mi diario, mi compadre José María me escribe desde la ribera del Cauca: «La descripción del cómo has edificado tu biblioteca en español y cómo será distribuida luego de tu partida me causó impacto y pensé en la mía, que, inicialmente estaba regalando de a poco, hasta que mi hija menor me dijo que no, que esa tendría que ser herencia para mi nieta. Justo y bueno, porque si mi María José sigue como va, será una gran lectora. Ya tiene su propia bibliteca, inclusive». Y sí, todos los niños son grandes lectores hasta que descubren otros juguetes. Doy fe por experiencia propia con mis nietos, aunque Paul parece haber recuperado el gusto por leer, ojalá no me equivoque.

Y la cosa va de abuelos en el día de hoy. Jaime, desde su Santiago de Chile, me escribe que su nieto Gustavo, «ya de cinco gloriosos años, me ha dado un jaque mate en filosofía alemana. Jugamos a inventar superhéroes a cual de todos más poderosos. Casi ya agotada la existencia en mi débil imaginación me presentó su propuesta: el Todoman. Tratando de reducirlo le pregunté cuál era su enemigo más peligroso. No tiene, me dijo. ¿Cómo que no? contesté, todo superhéroe tiene un supervillano como enemigo, esas son las reglas. No has entendido, Tata, replicó, es TODOman, es decir, también es su propio enemigo Pobre Heidegger, nunca tuvo nietos así, pero de todos modos marcó a fuego a Hanna Arendt».

Weiß/Colonia, 24.5., Lunes de Pentecostés

Pasada la medianoche : Cuarto y penúltimo episodio de la temporada piloto de la serie policial sueca Huss: Crímenes en el fiordo. Mantiene la alta calidad de la serie aunque no logre el nivel de intensidad emocional del tercero, que es el mejor de los que llevo vistos. Falta el último, el próximo domingo, y espero que los productores se hayan convencido de la rentabilidad de su proyecto y pronto pueda ver la primera temporada de la serie. Please!

Hoy es festivo en Alemania y mañana lunes Bob Dylan cumplirá 80 primaveras. En el KStAnz, el escritor Christian Bos le dedica un artículo a más de ½ plana, titulado “80 motivos por los que amamos a Bob Dylan”. Selecciono seis de ellos: «[Después de Elvis Presley y Little Richard] su nuevo ídolo se llama Woody Guthrie. Aprende de memoria 75 canciones del héroe popular y se las canta en su lecho de muerte». «Si hubiera muerto el mismo año que Kennedy [1963, Dylan] seguiría siendo una leyenda». «[Para los hippies es el Mesías pero] Dylan no quiere saber nada de eso, los redentores mueren en la cruz». «¿Puede hablarse de fans en su caso? En realidad todos somos dylanólogos». Y dos reflexiones del maestro: «El mundo está lleno de gente que no oye música». «Cuando dejes de existir ¿a quién querrás echarle la culpa?»

Wolfgang Karrer me cuenta por email desde Berlín un chiste de leperos, y le contesto que «el mejor chiste de leperos es el del Pepillo que se quiere casar con la Bellilla (más de la mitad de las mujeres de Lepe se llaman Bella, incluidas muchas feas), y los amigos están muy preocupaos porque la Bellilla es más puta que las gallinas. Hasta que al fin uno de los amigos se decide a ponerle el cascabel al gato y va donde el Pepillo: “Oye Pepillo, que m’h’enterao de que te quiés casar con la Bellilla” “Pos que sí, tío, ¿y qué?” “Pero, Pepillo, que es que con la Bellilla ya s’h’acostao medio Lepe…” “¡Joder, tío, ni que Lepe juese Nuevayó!”»

Weiß/Colonia, 25.5.

2:15 am : Me jalo de entrada la mitad de la cuarta novela de la saga de Sebastian Bergman; son unos mamotretos de 600 y más páginas, pero no hay manera de dejar de seguir leyéndolos, a no ser los párpados que se caen solos del puro cansancio acumulado durante el día.

Vinieron Ulli & Carlitos, comme d’habitude los martes, y cinco minutos después arribó el mozo del Bistro Verde con los encargos: ratatouille para la doctora Tegtmeier, una ensalada “caprese” de tomate y mozzarella para Diny, filete de salmón noruego son salsa verde de Fráncfort para Carlitos, y espárragos frescos alemanes con huevos revueltos para mí. Le hago a Ulli grandes elogios de las pelis que vi la semana pasada y que todavía puede a ver, en especial Nacidos en el 68, en la videoteca del canal Arte. Y mientras Carlitos se demoraba trasegando su kölsch, dimos cuenta de una botella de Chardonnay frío venido de las bodegas del Paraíso Terrenal, entrando, a mano izquierda.

Weiß/Colonia, 26.5.

2:00 am : Me zampé de dos bocaos, el de ayer y el de hoy, la cuarta novela de la saga del gran Sebastian Bergman, el sicólogo más insoportable de la literatura universal. Anoté esta frase: «Sebastian se preguntó si alguien había investigado qué aspecto debían tener los corredores de los hospitales para que los pacientes quisieran volver a escaparse lo antes posible».

Se me ocurre durante la siesta la primera idea original en muchos días. Escribir un texto donde narre la publicación de tres artículos que hicieron Historia. Tendré que investigar bastante, y en fuentes inglesas y francesas, además de las españolas, pero entre las españolas pienso que voy a contar con la ayuda de un colaborador involuntario llamado Pérez Galdós. Nada menos.

Me cuenta Jorge que vive en Coyoacán, nada menos que frente a la casa original de la Malinche, en restauración, y le contesto ipso fuckto: «La Malinche es mi heroína predilecta entre las latinoamericanas. A la hora de llamar a la protagonista de un cuento mío la nombré con su nombre, La Malinche, al que añadí un apellido de fonética parecida al de la mujer a quien le quise rendir homenaje en ese cuento: uno que no he logrado terminar porque llegué a un punto en que me dolía seguir escribiéndolo, y todas las veces que lo he releído luego, para intentar terminarlo, al llegar donde lo dejé lo he vuelto a dejar, todas las veces».

La catástrofe a la vuelta de la esquina. De los dos partidos en que se juega la permanencia en la Bundesliga, el 1. FC Colonia acaba de perder, acá, en su propio feudo, el encuentro de ida contra el once de Kiel, tercer clasificado de la Segunda División. El partido de vuelta será el sábado en el fiordo del puerto báltico, y si los dioses del Walhalla, amén de los lares y penates romanos, no lo remedian, el 1. FC Kölle, al igual que Orfeo, descenderá a los infiernos. Me apeno pensando en los fans del equipo dentro de mi familia, prácticamente todos menos Diny y yo. Ay ayayay.

Weiß/Colonia, 27.5.

1:45 am : He estado viendo hasta hace unos minutos una serie de documentales sobe las mujeres de los dictadores. Desde las viudas de Pinochet y Mubarak hasta la mítica Evita pasando por no pocas que sucedieron a sus maridos en el poder, pero la serie ya estaba muy empezada cuando llegué a zapearla buscando algo potable para ver. De repente me he perdido a Carmen Collares, la viuda del inferiocre. Trataré de buscar la serie en la videoteca del canal ZDF Neo.

De la aguerrida Carmen, dueña de 100kubik, la galería hispana en Colonia, me llega un email anunciando su nueva exposición y rotulado así: «Con la esperanza de que la luz al final del túnel no sea la de una linterna». Bueh, lo jodido no sería eso, sino que fuese la de un candil. Macilento.

¡Qué regalazo me ha llegado de Huelva! Pepa Feria me manda escaneadas las dos caras de una postal que le envié a su padre, desde Bredá, en 1982, escrita por mí en un francés macarrónico y una dirección asimismo en franchute, pero fetén: «M. le Dr. Ernesto Feria Jaldón, c/. El Mudo, 6, Villeneuve des Petites Chateaux, Huelva, Espagne». En aquellas calendas aún no existían los códigos postales. Pepa la ha encontrado clasificando papeles viejos del legado de su padre. Por fin tengo una prueba que poder mostrar acerca de la eficiencia de los Correos españoles en esos tiempos tan lejanos del pasado milenio, como diría Carlitos.

Averigüé, buscando un enlace como hipervínculo para una entrada de la semana anterior sobre la novela Humo, de Joserre, que en la suya anterior, Insurrección, uno de los protagonistas era el redactor–jefe de una emisora de radio. Se la encargué de inmediato a Blanca y Ana, en Galaxia Gutenberg, me la enviaron sin dilación y acabo de leerla. Demuestra de manera inequívoca la diferencia que va de escribir una buena novela a que te salga un gran libro, como lo es Humo. En esta buena novela que es Insurrección he subrayado la siguiente frase: «No estamos programados para ser felices, sino para sobrevivir».

Weiß/Colonia, 28.5.

2:00 : Pasaron en el canal ZDF Neo un documental sobre, Rungholt, la Atlántida boreal, que se hundió en el Mar del Norte como consecuencia de una inundación tsunámica en el 1362, es una historia tan apasionante como la que cuenta Platón en dos de sus diálogos. Y a renglón seguido acabo de ver Un día más con vida, una peli mixta de animación y entrevistas con testigos, acerca del paso de Ryszard Kapuściński por Angola en 1975, en plena guerra civil tras la independencia, y cómo fue RK (a quien los angoleños llamaban Ricardo) el periodista que destapó la presencia de tropas sudafricanas en el conflicto. La parte de dibujos animados está conseguidísima, a veces tan lograda que nos parece ver a nuestro amigo de carne y hueso, como si le hubiesen filmado a él en persona. En esta casa lo queríamos mucho a mi tocayo polaco, aunque solo estuviese aquí una sola vez, en una cena memorable, que fue, además, una lección de Historia.

Visita fugaz de Rebeca, como en un juego de manos de prestigitación, visto y no visto. No me gusta llamarlas “visitas relámpago”, eso provoca una asociación con la Blitzkrieg, y mi Rebecota se cuenta entre los seres más pacíficos del planeta. Incluso del sistema solar, si me apuran.

Terminé de leer el libro de Sorayda, Por aquí pasó una luciérnaga, una selección bien armada de sus columnas en El Espectador, que fue a través de las cuales descubrí su escritura, tan propia, tan personal y, por momentos, tan deslumbrante. Por cierto que al haberla descubierto allí pensaba que era costeña, de la ribera caribe de Colombia, pero no, es dominicana, y me ha hecho pensar en cuáles autores dominicanos he leído hasta la fecha: Pedro Henríquez Ureña, Manuel del Cabral, Pedro Vergés y, ahora, Sorayda. Sobre PHU recuerdo además lo que Borges opinaba de él: «Tengo la impresión de que Henríquez Ureña –claro que es absurdo decir eso– lo había leído todo, todo. Y al mismo tiempo, que él no usaba eso para abrumar en la conversación. Era un hombre muy cortés y –como los japoneses– prefería que el interlocutor tuviera razón, lo cual es una virtud bastante rara, sobre todo en este país, ¿no?» Y del libro de Sorayda retengo su cita de Ray Bradbury («El polvo de los libros es el mejor polen del mundo»), y aquello que Atahualpa Yupanqui le oyó decir a un paisano: «Un amigo es uno mismo con otro cuero».

Weiß/Colonia, 29.5.

2:00 am : Como no había nada que me llamase la atención en la programación de la tele le metí mano al quinto volumen de la saga de Sebastian Bergman. Es una que crea adicción.

En el cuadernillo de esquelas fúnebres del KStAnz descubro mientras desayuno una con epígrafe tomado de una canción de Barbara, “El águila negra: «Un bello día, o puede que una noche, / cerca de un lago me había dormido  / cuando de pronto  pareció romperse el cielo / y viniendo de ninguna parte / surgió un águila negra».

7:55 pm : He ido siguiendo en el Ticker Live del KStAnz el encuentro de vuelta donde el 1. FC Colonia se jugaba la permanencia en la Bundesliga, contra el Holstein Kiel, tercer clasificado de la Segunda División. El de ida, acá en Colonia, lo perdió el 1. FC por 1:0, así es que en Kiel tenía que dar el do de pecho. Y lo ha dado, ganó (acaba de terminar el partido), ganó por un inapelable 5:1. ¡Qué suspiro de alivio en la familia Bada Hansen! Me fijé, mientras escribía estas líneas, en un posavasos de cerveza que tengo en el atril, un posavasos de la firma Gaffel, con una cita de Carolin Kebekus, la kabarettista más “mijor” de por estos pagos: «Colonia es como entre bastidores: nada fina, pero auténtica». Y de pronto me digo que la cita es aplicable también a este deslavazado diario mío.

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Ricardo Bada (Huelva/España, 1939), escritor y periodista residente en Alemania desde 1963. Autor de numerosísimos libros, desde La generación del 39 (cuentos, Nueva York 1972) a El Canto XXV (novela breve, Copenhague), es o ha sido colaborador de medios como Revista de Occidente, ABC y Cuadernos Hispanoamericanos (España), El Espectador y El Malpensante (Colombia), Nexos, La Tempestad y La Jornada (México), La Nación (Costa Rica)…

2 COMENTARIOS

  1. Hombre, no: tu diario tiene una elegante ironía, y nada deslavazado.

    Se entiende que una joven Hanna Arend se sienta deslumbrada y se enamore de Martin Heidegger, un filosofo de una mente poderosa, y que su admiración por él perdure siempre. Lo que ya se entiende menos -al menos yo no lo entiendo-, es que el afecto le durara hasta el último día de su vida.

    He leído la correspondencia entre ambos repetidas veces, y cada vez me resulta más antipático el enrevesado filósofo.

    • Gracias, Manu, por tu generoso comentario acerca de mi desvencijada prosa.
      En cuanto a la relación Hannah Arendt/Heidegger, la única explicación que le encuentro es la vieja sabiduría de que el amor es ciego. Claro está que si la ciega es Hannah Arendt, a uno le duele esa ceguera como propia. Pero no es el único caso que conozco en el mundo germànico. La infeliz Dorothea Sternheim (a) Mopsa se enamoró locamente de Gottfried Benn, quien no le hizo el menor caso, y ella emperrada en seguir amándolo aunque no tan a ciegas, porque alguna vez escribió acerca de él que era “tan gordo y desagradable”. Ya sabes, Manu, lo que decían las gentes de mi edad, porque no sé si lo siguen diciendo así, como lo hacía mi abuela Remedios: que hay gustos que merecen palos. Vale.

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