De mi Diario / Semana 3 / 2016

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Rosa Luxemburgo: «Mira que sigas siendo un ser humano. Y eso significa ser firme y claro y alegre, sí, alegre, a pesar de todo».

 

Weiß/Colonia, 17.1.

1:50 am : Pasaron el concierto de la orquesta de la Gewandhaus, de Leipzig, con motivo de los 80 años de Kurt Masur, recién fallecido, un concierto hermoso que terminó con una versión para gran orquesta de “La chica de Ipanema”. Y a continuación, en otro canal, Chloe [que en México la titularon Una propuesta atrevida, y en Venezuela El precio de una traición]. Chloe es una peli que vive y muere con sus actores. Pero no me importaría volver a verla.

 

2:30 am : Asimismo en la tele, esta noche, un reportaje sobre la conquista de México donde se menciona constantemente a Cholula pero llamándola, todas las veces, Chilula, y se habla de un Carlos V rey de España, que es un monarca español que nunca ha existido, excepto en la rama carlista, que nunca gobernó. Apago el televisor y me voy a dormir.

 

Cuando me despierto y abro la ventana para orear el dormitorio, me encuentro con los tejados blancos de escarcha y luego cae un aguanieve desde las 10 am. Brrrrrrrrrrrr

 

Diny fue al acto de homenaje póstumo a Brigitte Lang, en la Casa de Todo el Mundo (de la que Brigitte fue una de sus más comprometidos activistas), y se devolvió al cabo de una hora, enojada contra la falta de organización que no previó la asistencia masiva de gente, y que ni a ella ni a Carlitos les permitió poder seguir lo que decían los oradores de turno: yo me quedé en casa para recibir a Henri cuando nos los trajeran. He recortado del diario la esquela de Brigitte con su epígrafe de Rosa Luxemburgo: «Mira que sigas siendo un ser humano. Y eso significa ser firme y claro y alegre, sí, alegre, a pesar de todo».

 

Oskar nos trae a Henri para que duerma esta noche con nosotros y Diny lo lleve por la mañana al Kindergarten. Pasa por mi cuarto, Oskar, y me pregunta si ya saben en Huelva que se va a alojar en casa de Reme. Le digo que no, que les vamos a dar una sorpresa. Me mira desconfiado y al cabo sonríe, “Este abuelo no tiene remedio”, debe pensar para sus adentros.

 

Weiß/Colonia, 18.1.

0:30 am : Mississippi Burning se cuenta entre las pelis que más veces haya visto en mi vida. Ni una sola de las veces que la programan he dejado de verla, aunque sólo fuese –a causa de otras preferencias puntuales– el principio, el medio o el final, por lo general esa ½ hora final que es de antología. Creo que tiene que ver con mi innato y acendrado sentido de la justicia: para mí el Mal debe terminar siendo castigado, por más que sólo sea en la pantalla. Además, y eso va de suyo, porque actuaciones como las de Frances McDormand y Gene Hackman son de aquellas que uno quiere volver a ver una y otra vez, hasta el límite del masoquismo en el caso de ella, esa mujer honesta, desamparada y limpia, en el sucio, sucio sur de los Estados Unidos.

 

Javier sube a su cuenta de Twitter un tuit que me sale del alma cada vez que releo a Galdós:

 

Todo el día trabajando sin levantar cabeza. Y mientras escribo la frase comienzo a oír viniendo desde la sala, la Obertura de Los esclavos felices, de Arriaga. ¡Qué timing!


11:45 pm : También enésima vez que veo Efter brylluppet [Después de la boda]. Pocos hay en este mundo que sepan trasplantar, esquejar, injertar tragedias familiares en la botánica y en la zoología del cine, como los escandinavos. Su referente inicial es el teatro de Ibsen. Y Después de la boda es una joya. Y bueno, Susanne Bier es quien es porque labra joyas como esta.


Weiß/Colonia, 19.1.

En La Modicana espaguetis con almejas y mejillones de una calidad 8 en la escala Mancinone. Sólo echamos en falta la bendita soledad en que solíamos comer acá los martes, hoy había 16 comensales más, una multitud, en opinión de Carlitos, que es quien más padece este rechazo.


Comienzo a leer una policial inglesa que transcurre en el siglo XVIII con Hänsel y Gretel de protagonistas. Es la tercera de una serie y al menos la traducción suena como el alemán de aquel siglo, si persiste en ello puede volverse tan indeglutible como La gloria de don Ramiro y todas las obras de Larreta, aquel argentino que se empeñó en escribir en el español de Cervantes, en el que ya no se escribía ni siquiera en la propia España. Veremos, según decía el compay Homero.


Estoy de enhorabuena con la programación lunera (del lunes) del canal ZDF, donde a partir de las 8:15 pm pasan dos episodios de la serie inglesa Lewis y uno de la irlandesa con Jack Taylor como Homo ex machina. Yupiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii…


Weiß/Colonia, 20.1.

Recibo un email de Clodia, desde Montevideo, agradeciéndome un envío, y le contesto casi sin dar crédito a mis ojos: «Clodia querida, me contestás el 20 de enero de 2016 un email del 30 de noviembre de 2014. Me parece prodigioso, me recuerda el caso de las cartas de correo quelonio que el cartero te entrega con 70 años de retraso. Alabado sea el santísimo sacramento del altar». Clodia me contesta: «Juro que me aparece luego del último envío semanal y antes de los dos últimos Twitter Digests 747 y 748. Cosa del diablo, pero bienvenido». Le respondo con aquello que me enseñó Arzola, mi manitas: «¿Viste como la Cibernética no es una ciencia exacta?».

 

Me trajo el cartero un abultado sobre conteniendo Con quien paces, un libro de memorias de Víctor Canicio. Tomando en cuenta la intensa relación amistosa que mantuvimos durante un ¼  de siglo, sospecho (o mejor o peor: me temo) que apareceré en él más de una vez. Oremus. Víctor, a quien le envié las líneas anteriores, como acuse de recibo, me contesta ipso fuckto: «No temás, forastero, hablo de vos, pero no jusgo». Le respondo con un juego de palabras a partir del «Dein Wort im Gottes Ohr [“Tu palabra en el oído de Dios”, la forma alemana del “Dios te oiga”]». Le respondo, pues, «Dein Wort im Gottes Sonotone [Tu palabra en el Sonotone de Dios]».

 

Weiß/Colonia, 21.1.

Leo en el diario, mientras desayuno, un resumen del informe de Greenpeace donde se afirma que la única especie piscícola que no se encuentra en vías de extinción es la carpa. A fuer de piscífago impenitente, me temo que después de este informe, y a consecuencia del mismo, en muy corto plazo la carpa ingresará en esa lista de Greenpeace, para completarla. Ay.

 

Salgo a tomar el bus hasta la oficina postal de Rodenkirchen, para enviarle a mi deuda estherna el que va a ser su primer Simenon, y que es, a su vez, la primera entrega de la saga de Maigret. Al llegar a la parada, en el banco hay sentadas dos personas. La sentada junto a la pared de cristal es alguien a quien conozco de vista en Weiß, un gigante desvalido, creo que retardado mental. La sentada en el extremo opuesto es una mujer de unos 60 años, menuda y gafuda, con un gorrito picudo de lana beige desteñido, y que está leyendo un diario amarillista. Como queda libre el asiento de enmedio, saludo y me siento, con el resultado de que la buena señora se levanta y dice en voz ácida y destemplada que no se siente cómoda con tan poco espacio, a lo que añade que padece dolores de espalda. Le contesto que yo también y ella me replica con la misma voz dos octavas más alto: «Aber ich bin eine Frau! [¡Pero yo soy una mujer!»], en vista de lo cual me levanto y hago un amplio gesto mosqueteril que le copio a Errol Flynn en Robin Hood, al tiempo que le digo, remarcando mucho el retintín: «Bitte schööööön! [¡Por favooor!»] Y el caso es que la hijueputa se sienta sin más y sin ni siquiera darme las gracias y sigue leyendo el diario. Las feminazis me producen tanto repudio que si me aguanto las ganas de mandarla a la mierda es pensando que ese debe ser el lugar donde siempre se sentirá cómoda: en casa, vamos.

 

Susanita desde Punta del Este en la Banda Oriental, y Manolito desde la Colonia que no es el del Sacramento, han chateado esta tarde europea sobre el tema de la jubilación de los escritores, a quienes el Estado ningunea no sólo en España sino también en la Argentina.

 

SUSANITA: Olvidé aclararte que por ahora lo de la jubilación del escritor lo paga sólo la Legislación de la ciudad de Buenos Aires, si vivís en el resto del país no existe.

 

MANOLITO: ¿Cuando me decís que si vivo en el resto del país la jubilación del escritor no existe, estás quizás queriéndome dar a entender que la Argentina existe más ayyyá de los límites municipales de mi Güeno Saire querido que yyya no volveré a ver? ¡Qué lo parió, ahora me explico los chistes acerca de la inmodestia de los argentinos! Sin ir más lejos, como diría el impertérrito locutor de Les Luthiers.

 

SUSANITA: Así me lo contaron No te lo puedo asegurar porque yo veraneo en el Uruguay Pero efectivamente, cuando los argentinos se ponen a alardear somos unos fanfarrones. Eso sí, estafados por la Seguridad Social.

 

MANOLITO: ¿Viste? O sea, que hay unos argentinos que viven bien a costa del resto. ¿En qué, pues, se diferencian ustedes del resto del mundo, si ahora resulta que incluso la mejor carne del planeta es la de una raza especial japonesa? But don’t cry for you, Old Palermo! 

 

SUSANITA: ¿Que algunos viven bien a costa del resto? ¡Chocolate por la noticia! And Old Palermo doesn’t cry, ¡en Palermo no está la carne sino los pingos! Y esas vaquitas de ojiitos rasgados ¿a quién le ganaron?

 

MANOLITO: En cuanto a las vaquitas de ojos almendrados, vea sumercé este enlace.

 

SUSANITA: Las conocía porque donde nos hospedamos siempre en Londres, abajo hay un restaurant que ofrece «Kobe filet» y nunca lo probé pero sé que es carísimo. Pero entre nous, brocuánta grasa que se ve en la foto. Saturada, insaturada, pero grasa igual. Un buen bifacho de lomo nuestro es mucho más magro. Y no hace falta que ningún gaucho ande masajeando bueyes. Japoneses maricones


MANOLITO: Koshina envidia la que traslucen tus palabras, hermanita. Fijate bien que los mejores jamones (el de Jabugo, el de Parma) se notan justamente por el marmoleo, es decir, por el entreverado de grasa.

 

SUSANITA: Mucho marmoleo, pero ¿y el colesterollll?


THE END

 

Weiß/Colonia, 22.1.

En la primera página del diario, ocupando cinco de las seis columnas, una “Kölner Botschaft [=Mensaje coloniense]”, y en el interior toda una plana dedicada al mismo, un claro mensaje suscrito por la crème de la crème de la ciudad y resumido en cuatro puntos: «1.º, tolerancia nula de las agresiones sexuales; 2.º, lucha contra la criminalidad pandillera; 3.º, esclarecimiento del porqué del fracaso de las autoridades; y 4.º, punto final al acoso xenófobo. Alemania continúa siendo un país hospitalario». Creo, como los firmantes, que el 31 de diciembre se merece una respuesta fulminante e inmisericorde, es lo menos que le debemos a quienes sufrieron esa noche el acoso de la jauría desatada. Y hago mías las palabras de los muchos sirios y marroquíes que llevan años viviendo en este país y se conduelen de lo pasado, pero además se ven ahora en el punto de mira de conciudadanos con quienes convivieron pacíficamente tanto tiempo: ni se puede transigir con la plebe, ni se debe confundir las churras con las merinas.

 

Dedico prácticamente todita la mañana a leer cuanto puedo de y acerca de Rubén Darío, para mi artículo en La Jornada mexicana, y de repente le encuentro la punta al ovillo cuando ya empezaba a desesperar de que me saliese algo con pies y cabeza. Es decir, algo que no fuese recaer en la pesadilla de los lugares comunes, algo que en el caso de Rubén va a estar a la orden del día en los suplementos que le dediquen alrededor del 6 de febrero, centenario de su muerte.

 

5:40 pm, una sorpresiva llamada de Isabel & Pablo desde Huelva. ¡Gente tan querida! Somos, además, los padrinos del tercero de sus hijos. No nos vemos desde el 19.5.2007, así ha quedado el registro en mis diarios de viaje: «A última hora de la tarde, después de merendar en casa de Elena, nos aventuramos –fiándonos de la memoria– hasta la última casa a mano derecha de la calle Sanlúcar de Guadiana, y hasta un timbre. Y la memoria no nos falla, por el interfono suena la voz inconfundible de Pablo. Pasamos un par de horas deliciosas con él e Isabel, rememorando el feliz y lejano 1964 que vivimos en una casa común, el n.º 10 de la Bellermannstrasse, en Berlín, un Berlín entonces dividido por el muro». Releyendo este registro, después de colgar el teléfono, me echo a reír al ver lo de «la voz inconfundible de Pablo», y me río porque hoy, al llamarme, lo primero que hizo fue preguntarme si yo sabía quién era, y le tuve que decir que no. ¿Por qué?  Pues posiblemente porque tocando un timbre de una casa en la calle Sanlúcar de Guadiana, en Huelva, y yéndolos a visitar, su voz resultó inconfundible, y hoy, en frío, por teléfono, y después de casi nueve años de no oírla, casi se explica que ni siquiera de lejos la reconociese. ¿O será que también voy perdiendo facultades en mi memoria sonora? Ay 

 

Weiß/Colonia, 23.1.

En el diario, hoy de nuevo tres columnas en portada y una página entera, la 3, dedicadas al “Mensaje coloniense” de ayer. La mejor Colonia lucha por recuperar su buen nombre, y sobre todo por no perder ella misma, su tradición liberal y tolerante, pero una cosa es que uno sea liberal y tolerante, y otra que te tomen por el pito de un sereno.

 

Durante el desayuno, también en el diario, veo una esquela cuyo epígrafe es la tercera estrofa de uno de los más intensos poemas de Auden, “Stop all the clocks, cut aff the telephone”: «He was my North, my South, my East and West, / My working week and my Sunday rest, / My noon, my midnight, my talk, my song; / I thought that love would last for ever: I was wrong». Dice al pie del epígrafe que es una traducción libre, y lo es, el cuarto verso nada más, que en alemán suena así: «Das wird immer mir bleiben, das ist, was die Liebe macht. [Esto es lo que me restará por siempre, eso es lo que es el amor]». Busco en el Museum der modernen Poesie, por si acaso es una traducción de Enzensberger, pero no, el buen Hans Magnus no seleccionó este poema de Auden en su formidable museo de la poesía moderna; sí en cambio el alucinante “Spain, 1937”. Siempre nos olvidamos de que Auden peleó en las Brigadas Internacionales.

 

Para que Diny no tenga que cocinar hoy la invito a almorzar en el Bistro Verde, que es toda una institución en Rodenkirchen y, cosa curiosa, nunca hemos ido a comer allá. Diny pidió enrollado de ternera y yo Rievkooche con salmón ahumado y salsa de eneldo, Diny el blanco de la casa, yo un Merlot. Nos ha gustado tanto todo, la comida y el ambiente, que ya hemos casi decidido volver el próximo sábado. Por cierto que al pedir la cuenta, pagar y despedirnos, el camarero le dijo a Diny: «Tot ziens!» «¿Se me nota tanto?”, le pregunta Diny. “Con ese acento usted no puede ser sino neerlandesa». Un profesor Higgins en Rodenkirchen. Laus Deo!

 

**********FIN**********

 

4 COMENTARIOS

  1. Voy a tener que creer en las

    Voy a tener que creer en las casualidades. Estaba escuchando la obertura de los Esclavos felices cuando comencé a leer tu diario. Lástima de la tempranísima muerte de Arriaga.

    • Y de la de Mozart, el Arriaga

      Y de la de Mozart, el Arriaga austríaco, como yo lo llamo.

  2. Con absoluta certeza y a

    Con absoluta certeza y a pesar de todo, eres un caballero, maese Bada. En manos mías, esgrimo los anulares de ambas manos ante la etiqueta de la feminazi y me explayo sin misericordia en el asiento de paradero. Eres casi un santo.

    • Escríbele al Bergoglio ese, a

      Escríbele al Bergoglio ese, a ver si me canonizan. Ya es hora de que haya un santo agnóstico en el santoral, carajo. Siendo católico no tiene ningún mérito.

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