De mi Diario / Semana 4 / 2020

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Weiß/Colonia, 19.1.

2:00 am : Pasaron Bonjour Anne [París puede esperar], que el 7.8. del año pasado me suscitó este comentario en estas mismas páginas: «La primera peli no documental de Eleanor Coppola, la esposa del autor de The Godfather [y madre de Sofía, olvidé añadir entonces]. Es una peli amable, un road movie para entonar un canto de amor a Francia y a la cocina francesa. Pero está hecho con suma inteligencia y gusto por el detalle, lo documenta el personaje de Anne [de a deveras sensacional Diana Lane], una especie de alter ego de la directora, con su cámara siempre dispuesta a captar pormenores de la vida y de su entorno. Peli es esta que me prometo volver a ver». Y esta noche he cumplido mi promesa y he gozado de nuevo al hacerlo.

Fuimos al apartamento recién estrenado de Oskar, muy cerca de Barbarossa Platz. Me recordó un poco el pisito que Antonio [Fernando Fernán–Gómez] le mostraba a su novia Josefina [una deliciosa Analía Gadé] en La vida por delante: «Y esta es la salita de estar de pie». Se nos unió Paul y fuimos al Alfama, que ellos no conocían y donde han comido la mejor carne que recuerdan. Paul comió el doble que Oskar (quien andaba no muy católico que digamos) y hasta se llevó por lo menos 200 gr a casa en un dog bag. Diny, que se contentó con la versión de 250 gr de solomillo, también lo comió todo, así como yo las gambas ensartadas a las que ya se apunta Oskar para la siguiente vez que visite el Alfama. Como en la página web del local había una advertencia diciendo que seguía abierto a pesar de «las actuales circunstancias» y no vemos al dueño, el viejo que siempre nos atendía, al ir a pagar a la Caja le pregunté a la camarera por él y me dijo que había muerto de repente, pero que su hijo continuaba con el local. Y sí, es la vida que sigue, la vida por delante, aunque uno quisiera, como FF–G, tenerla alrededor.

Weiß/Colonia, 20.1.

2:45 am : Un espléndido Macbeth, con una Marion Cotillard y un Michael Fassbender haciendo saltar chispas de la pantalla, tan intensa es la actuación de ambos. Me hacen olvidar todas las anteriores versiones que conozco, porque Macbeth siempre ha sido una de mis obras preferidas entre las de mi colega don Guillermo: he visto y recuerdo las de Orson Welles, Jon Finch, Mark Rowley, Sam Worthington, Jason Connery (el hijo de Sean) y tal vez alguna otra que ahora no consigo ubicar. Ninguna como esta, Y he cerrado esta jornada con el penúltimo capítulo de la serie Fortunata y Jacinta, me va a dar pena penita pena despedirme de ella

Estuvo Diny donde el dentista, y resulta que pasaron mucho tiempo hablando acerca de los viajes por mar, y cuando ella le contó lo del nuestro en un carguero de contenedores, a Buenos Aires, en el 2001, el bueno del Dr, Kleidon quiso saberlo todo acerca de tal posibilidad porque también él, al igual que nosotros, aborrece los cruceros. Así es que le mandé por email el enlace con mi cuaderno de bitácora tal como lo publiqué en Fronterad, traduciéndole la introducción, pero diciéndole que en realidad se lo enviaba para que viera las fotos: «Mi mujer en nuestra sala de estar en la cabina de estribor; mi mujer y yo, cuando por primera vez en la vida pisamos suelo inglés; mi mujer tomando el sol en el puerto de Río de Janeiro (en nuestra Copacabana flotante); mi mujer en el Río de la Plata con uno de los compañeros de viaje, de quien nos hicimos muy buenos amigos; mi mujer en el puente de mando con el primer oficial; and last but not least, el capitán y sus dos oficiales llevando nuestro equipaje hasta el auto de los amigos argentinos que estaban esperándonos (esta foto es casi histórica, porque pocas veces se da tal testimonio de afecto y de respeto a dos pasajeros)». Realmente, a la vista de las fotos y tras ojear el relato del viaje aquí y allá, revoloteando por el texto, me digo que posiblemente haya sido la aventura más divertida que hemos corrido Diny y yo, y hemos corrido no pocas.

Weiß/Colonia, 21.1.

2:15 am : Reencuentro con dos viejos amigos ingleses, los DCI Banks y Barnaby (John, no el pazguato de Tom). Y el décimo y último capítulo de Fortunata y Jacinta. Me ha despertado las ganas de releer la novela, esta vez en la edición de Germán Gullón, que compré en mi último y accidentado viaje a Madrid, en mayo del 2012 y le dediqué una entrada en mi diario de viaje: «Entro en la librería del Corte Inglés y pido que me muestren todas las ediciones existentes de Fortunata y Jacinta para comprar una en un solo tomo y sin aparato erudito. Penas de amor perdidas. Todas las que me muestran son en dos tomos, y con abundante lastre académico. Termino comprando la única en un solo tomo, la de Colección Austral, aunque también venga tocada del ala: introducción, bibliografía y guía de lectura, amén de una tabla cronológica en tres columnas: vida y obra del autor, acontecimientos históricos y acontecimientos culturales. Sabedor de que es aquí donde se esconde siempre la piñata, busco y doy con ella: el recuadro correspondiente a acontecimientos históricos en 1873 está en blanco: ¡se ignora olímpicamente la I.ª República Española! Para más inri, en 1871 sí se nos informa de la fundación de la  III.ª Francesa. ¡Qué país éste! ¡Afrancesado, como si no le bastase con ser tercermundista!»

Acudo a mi cita anual con el cardiólogo. El Dr. Stäblein y yo nos conocemos desde hace ya muchos años y siempre conversamos un rato antes de entrar en harina clínica. Esta vez, como el año anterior, no detecta ninguna nueva calcificación en las arterias que gobiernan al infarto y al derrame cerebral, tan sólo una que ya conoce y tiene documentada en mi historial, como diría Carlitos, «desde el milenio pasado». Y de allì a casa, desde donde por fin puedo llamarle por el telefón que contesta; Diny me dejó su celular para avisarle cuando se terminara mi consulta en lo del cardiólogo y se pusiera en camino rumbo a nuestra casa, pero este nuevo celular de Diny no es como el viejo, que lo abrías y ya podías teclear el número, no, para saber manejar éste hay que saber al menos trigonometría, álgebra y haber leído los Principia Mathematica de Bertrand Russell. La puta que lo recontramilparió, tiene tantas funciones que me extraña que no incluya un horno microondas en miniatura. Lo dejé por imposible en la parada del bus, que tardó 19’ en llegar, la puta que lo recontramilparió, también a él. Y al llamar a Carlitos no me contesta en su teléfono fijo, de manera que lo llamo al celular y resulta que está ya en La Modicana porque se olvidó por completo de que tenía que esperar a mi llamada. Menos mal que el cardiólogo me dijo que mi corazón está en orden, lo que no sé es si me lo volvería a decir ahora, después de hablar con Carlitos, que viene a buscarme. Saldré a la calle para esperarle allí cuando llegue, así ahorramos tiempo, entre unas cosas y otras son casi «lar dos» [sic], como dicen en Madrid.

En La Modicana, esta vez con nuestra querida Claudia, regresada de Colombia y que me trajo cinco ejemplares de La bufanda de Cambridge, ¡hurra! ¡ya tengo seis de los cincuenta que me corresponden según el contrato de edición! En cuanto a la comida, Claudia y Carlitos se decidierron por tagliatelle negras con gambas y calamarcitos, yo pedí que las tagliatelle me las cambiaran por espaguetis y que la porción fuese pequeña. Y fue tan pequeña que después de comer un ⅓ de ella quedó en el plato el doble de lo que yo llamo una porción chica. Me parece que las nociones de magnitud de la signora y la mía no coinciden para nada, de manera que le digo a Carlitos que vaya haciéndose a la idea de que vamos a cambiar de local fijo. Me tiene hasta las narices dejar tanto sin comer en el plato, es un despilfarro imperdonable, y una falta de respeto al cliente, no atender a su encargo específico.

En la programación para hoy de la revista quincenal TV Movie anuncian Clueless en un canal comercial y no hay ni la más mínima mención de que se trata de una versión contemporánea y muy bien armada de Emma, la novela de Jane Austen. A cambio se nos informa que durante el rodaje de Body of Evidence, tanto Madonna como Willem Dafoe renunciaron a los dobles de cuerpo para las escenas eróticas, ciertamente osadas. Y bueno, me digo, si querìan echarse unos polvos de la madre Celestina a costa del presupuesto de la peli, ¿por qué no?

En la conferencia anual de Davos, the fake president se volvió a poner en ridículo al hablar del cambio climático para negarlo. y para atacar, sin nombrarla, a Greta, la joven sueca promotora de los viernes escolares en favor del clima. A las 6:30 pm viene Diny para anunciarme que en Keukenhof, la mayor plantación de tulipanes del mundo, que atrae millones de turistas al año, los tulipanes ya florecen, dos meses antes de lo habitual. ¡Keukenhof en flor y el payaso de la Casa Blanca negando el cambio climático! Se necesita ser estúpido y analfabeta, combinación más difundida de lo que parece, Bastaría con ver las masas que lo aclaman en Gringolandia. Eso me inspira un tuit que le regalo a Pilar y ella lo sube ipso fuckto a su cuenta Twitter: Pilar Marrero @PilarMarrero  La Casa Blanca confirma que the fake president, en su “grande e inigualable sabiduría”, declinó la invitación al campo de tulipanes de Keukenhof, cerca de La Haya, para ver florecido en enero lo que suele florecer en marzo. “La Naturaleza es muy caprichosa”, arguyó. (Ricardo Bada). Poco después, desde la cuenta venezolana @teacher_please, le llega esta réplica: Debería venir a Caracas para que viese los mangos listos para caer en diciembre en lugar de mayo.

Weiß/Colonia, 22.1.

1:30 am : Kramer vs. Kramer, merecidos los Oscars a Meryl Streep y Dustin Hoffman, ¿pero a la peli y a su director? En 1980 estaban nominadas también Apocalypse Now y Norma Rae, nada menos, así como Francis Ford Coppola entre los directores. Y no es que Kramer vs. Kramer esté mal, no Sir, pero es como cuando en 1960 ganó el Oscar la olvidable Ben–Hur estando en la liza Anatomía de un asesinato, y al mejor director Wiliam Wyler por aquel mismo bodrio, estando nominado Billy Wilder con una que se cuenta entre sus muchas obras maestras, Some Like It Hot. Los fallos del Oscar son hasta más clamorosos que los del premio Nobel de Literatura.

Hoy, me dice mi calendario de efemérides, hace 75 años que murió Else Lasker–Schüler. Sigue siendo para mí una de las mayores voces líricas del idioma alemán. Estuve tentado de ponerme a escribir algo acerca de ella, pero releí lo que publiqué años ha sobre su persona y su obra, y el cansancio que siento y que pesa sobre mí como una losa de plomo, amén de una valoración creo que justa (y hasta admirada) de aquel texto, se juntaron para renunciar a volver sobre el tema.

Oskar se olvidó de que tenía que venir esta tarde a nuestra casa para tomarme el pelo, como yo le digo aludiendo a sus artes de Fígaro. ¿Si será que estamos celebrando, sin saberlo, la Semana Internacional del Olvido? Dicho sea de paso, y siempre que no nos refiramos a crímenes de lesa humanidad, el olvido es casi tan importante (o bastante más) como la Memoria Histórica, la que suele escribirse con mayúsculas de una importancia casi siempre sólo ortográfica. La memoria histórica auténtica, la infrahistoria, como la llamaba Unamuno, no necesita altorrelieve gráfico.

Weiß/Colonia, 23.1.

1:40 am : Una peli alemana, Suzannes Tochter [La hija de Suzanne], con Veronica Ferres. Una actriz que me gusta y un tema que me atrajo. La protagonista y su marido son una pareja feliz hasta que el marido trae a casa la hija de 14 años de su antigua novia, traumatizada todavía por el accidente automovilístico que le costó la vida a su madre. Valió la pena verla.

Veo de nuevo, en la videoteca de 3sat, La belle saison [Un amor de verano], ¡Qué distinta es la experiencia cuando se ve en la pantalla de la compu y con los auriculares puestos! Una gozada. Por lo demás, son las 10:30 pm y no sabría decir en qué se me ha ido el resto del día, continúa pesándome el cansancio y a eso se une la desgana, una especie de abulia que no logro sacudirme del alma. Sigue siendo válido, mejor dicho, cada vez es más válido aquello que dijo Philip Roth, que la viejez –como la llama Diny– no es una batalla, sino una masacre.

Weiß/Colonia, 24.1.

En el Kölner Stadt Anzeiger una entrevista a toda plana con Jonathan Safran Foer, de quien aparece en estos días la traducción alemana de su segundo libro de no ficción, We Are the Weather: Saving the Planet Begins at Breakfast [Somos el clima: Salvar el planeta comienza con el desayuno], editada aquí en Colonia por Kiepenheuer & Witsch. Responde así la pregunta de si cree que the fake president será reelegido: «Por desgracia sí, aunque odio tener que decirlo. Los americanos eligen siguiendo más bien a su instinto en vez de a su razón. Eligen a  quien sea más carismático. Este presidente puede no parecer carismático si atendemos a lo que dice, pero en el sentido de que no podemos apartar nuestros ojos de él, es muy carismático. A fin de cuentas, un accidente de tráfico es también carismático, llama la atención». Formidable la imagen, ¡the fake president es un accidente de tráfico en la Historia Universal!

Me escribió BN: «Me está pasando algo tremendo. Ya no quiero aprender nada, Espero que sea un síndrome de los 70. Tú lo tuviste. Ya el mundo se iba a cerrar y mira: estos diez años has sido tan productivo o más que a los cuarenta. Contágiame, por favor», Le contesto: «Es que a la fuerza ahorcan, querida. Si no publico tres o cuatro artículos al mes no podría mantener el nivel de calidad de vida que teníamos antes de jubilarme. Los precios de todo suben y suben y suben, y el incremento anual de las pensiones corre tras ellos con la lengua fuera. Si fuese rico estate segura de que sería infinitamente menos productivo. Lo único que seguiría escribiendo sería mi diario, pero casi por inercia. Todo el tiempo que ahora empleo en investigar los temas para mis columnas y mis artículos, y a escribirlos, lo dedicaría a ver pelis y oír música. Escribir, para mí,  continúa siendo un ganapán, como lo ha sido desde 1965».

También me escribió MM, a quien le recordé un viaje a Toledo que hicimos juntas las dos parejas: «Yo también recuerdo mucho la honda emoción que sentí en Toledo en vuestra compañía. Aún así, no se compara con la que sentí la primera vez que estuve en España, en 1977. Pasé tres o cuatro días sin poder articular palabra, sólo los monosílabos indispensables. Fue una de las experiencias más abrumadoras de mi vida, y constituye la clave de una serie de sueños que empecé a tener desde muy niña, a los cinco años, y que todavía se me presentan a veces. No es el mismo sueño, pero sí el mismo tema». Le contesto: «El tema de mis sueños, una constante que suele aparecer en ellos, desde que los he empezado a recordar (o sea, desde hace relativamente poco tiempo), es la angustia por perder el tren, el autobús, el barco, el avión, no importa donde me encuentre, muchas veces es Buenos Aires. Y en muchos de ellos interviene mi padre, que se fue de mi vida en junio de 1978. Pero lo dicho, es cosa de los últimos tiempos. Siempre me asombró el detalle con que Diny me contaba sus sueños porque yo dormía como un tronco, y si soñaba, lo que no dudo, no recordaba absolutamente nada al despertarme».

Weiß/Colonia, 25.1.

Un día en blanco. Me levanté ya cansado y porque no podía quedarme todo el santo día metido en la cama. Leí el Kölner Stadt Anzeiger desayunando, leí la revista quincenal TVMovie con la programación de las dos semanas siguientes, marcando las pelis y los documentales que quiero ver, despaché correspondencia atrasada, leí varias páginas de la correspondencia entre Luise Mejer y Heinrich Christian Boie, dormí la siesta, acabo de cenar una suculenta tortilla rellena de champiñones y me dispongo a repasar las anotaciones hechas en este diario durante toda la semana, para subirlas luego a la página web de Fronterad. La vida como rutina, como hábito que no hace al monje, «To die: [] ’tis a consummation / devoutly to be wish’d. [Morir: [] es la consumación / que habría que anhelar devotamente]», resume el príncipe Hamlet en la soberbia versión de Tomás Segovia.

*****************THE END*****************

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2 COMENTARIOS

  1. Ay, Ricardo… Te leo y me da vergüenza sentirme vieja a punto de cumplir 60 cuando hay tantas personas como vos que con 80 o más siguen al pie del cañón, intelectualmente activas y curiosas, trabajando por dinero o por gusto. Yo quisiera hacerme monje Zen, y que lo demás me importe un comino. Entré al enlace de tu cuaderno de bitácora y me encantaron las fotos, así que voy a leer toda la bitácora tranquila porque intuyo que no tiene desperdicio. ¡Gracias por compartirla! Un abrazo enorme desde la Córdoba Aryentina, como le decís vos.

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