De mi Diario : Semana 4 / 2021

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Weiß/Colonia, 17.1.

Cero recuerdos de lo que ví anoche en la tele.

José Luis me escribe desde su Nicaragua, Nicaragüita, dándome cuenta de que consiguió hacerse con ejemplares de Juan Belmonte, matador de toros, de Chaves Nogales, y Max Havelaar, de Multatuli, cuya primera lectura tanto le envidio, y me dice: «Este año ha estado lleno de primeras lecturas de clásicos mayores y menores: Yo, Pierre Rivière, de Foucault, Plata quemada, de Piglia, Todo fluye, de Grossman, Cuentos de Odessa, de Babel, Archipiélago Gulag, de Solzhenitzyn, El gran Meaulnes, de Fournier, La sonrisa etrusca, de Sampedro, Los seis libros de la república, de Jean Bodin, Fahrenheit 451, de Bradbury, Anatomía de un instante, de Cercas, varios de Marx y Proudhon, y pronto disfrutaré esos otros dos. ¡Ah! olvidaba La Plaza del Diamante, de Rodoreda y Nada, de Laforet. Desde mi eterno verano, con un tinto de ídem, va un abrazo hasta tu speakeasy, con añoranza de tu plática». Le contesto: «Mare mía de mi arma, Hozé Luí, qué panoplia de lecturas la que me enlistás. Yo, a cambio, casi no he hecho otra cosa que releer, si exceptuamos la lectura de novelas policiales. Y sí, releí sobre todo bastante teatro, que con la poesía, lo prefiero mucho más que a la novela. Estuve releyendo Ibsen, Pirandello, O’Neill, Miller, T. Williams, un par de Shakespeares (en español, en especial la versión modélica de Hamlet por Tomás Segovia), Molière, Eurípides, Buero Vallejo, Hochhuth, Schiller en fin, lo dicho, mucho teatro, que además tiene la ventaja de que cada obra la leés en un par de horas».

A José Luis: «Después de la siesta, durante la cual he recordado más del teatro releído en el año pasado: Thornton Wilder y Saroyan, ambos tan buenos narradores como comediógrafos; un volumen de teatro medieval neerlandés (donde en Mariquilla de Nimega, de autor anónimo, se inventa el recurso del teatro dentro del teatro); Chéjov, y una obra maestra donde las haya, La casa de té, de Lao She, a quien la Revolución Cultural empujó al suicidio, si es que no lo mataron directamente (su muerte nunca se aclaró). No te la vayás a perder, es algo grandioso».

Finalmente le contesto a Francesco, aunque no a su disertación teórica sino a una observación que me hizo sobre una columna mía en EE: «Estoy completamente de acuerdo contigo en lo que se refiere a esos poetas italianos que mencionas (alguno de ellos me lo has descubierto tú), pero creo que no has entendido a cabalidad el “mensaje” de mi columna; y no es otro sino el que la Academia Sueca no suele meter la pata al conceder su premio a un poeta. A ti y a mí nos gusta mucho más y hasta nos parece mejor Ungaretti que Quasimodo*, pero no olvidemos que los señores de la Academia Sueca también tienen su gusto personal, y hay que respetarlo. En España, los dos Nobel a poetas son inapelables, Juan Ramón Jiménez y Vicente Aleixandre. Con todo, pienso que habrá en España voces que lo pongan en duda, por más que yerren. Y en Polonia son no pocas las voces que clamaron por el Nobel para Zbigniew Herbert cuando se lo concedieron a la Szymborska, que también fue un acierto de la Academia. Y cuánto gran poeta no se ha muerto sin el Nobel. Pienso en Robert Frost, por ejemplo. O en el neerlandés Gerard van ‘t Reve. O en el turco Nazim Hikmet. Eso para no hablar de Jacques Brel y de Leonard Cohen. Etc. No sé si te lo he contado ya. La dueña de la trattoria que era mi restaurante fijo de los martes, con mi amigo Carlitos Müller, antes del confinamiento, la signora Mancinone, es de Modica, en Sicilia, y nació a un tiro de piedra de la casa donde nació Quasimodo. Y otra cosa: el título nobiliario “condesa de Módica” es uno de la treintena que acumuló a lo largo de su vida la duquesa de Alba. Vale».

Weiß/Colonia, 18.1.

2:20 am ; Pasaron el primer episodio de la 21.ª temporada del DCI Barnaby, y repitieron el inicial de la primera del junge Morse. Dos gozadas, en especial la de los comienzos del gran Endeavour Morse, que ha conseguido la hazaña de superar la mítica serie de su madurez como inspector, y no sólo esa sino también la del DCI Lewis, que fue el DS de Morse.

No conservo un solo recuerdo de lo que pasó este lunes.

Weiß/Colonia, 19.1.

1:45 am : Pasaron La Baule–les–Pins [también conocida como C’est la vie, el título alemán es Un verano junto al mar], de Diane Kurys, pero que también podría ser de François Truffaut, y si esto no es un elogio, no sé qué pueda serlo. ¡Es tan francesa, tan liviana, tan viva! Ya desde el título, que no puede ser más francés, el nombre de una playa atlántica por la parte del Loira, que es un referente toponímico sólo inteligible por los franceses. Aunque gran parte del protagonismo se lo llevan los niños, tiene un aire que recuerda también las aventuras playeras de Monsieur Hulot, y ya estoy alerta para volverla a ver apenas la repongan en la programación.

Vinieron Ulli & Carlitos, pero ella se quedó en el auto, Diny salió a saludarla desde la terraza, a estas conductas hipocondríacas nos han obligado los protocolos sanitarios. Luego, en Aldi, donde fuimos a hacer las compras de la semana, la cajera mayor de todas, que es gente de muy malas pulgas, se enojó con Carlitos porque había olvidado ponerse la mascarilla. Menos mal que el buen Carlitos es paquidérmico y tales retos le rebotan como la pelota en un frontón vasco.

Me escribe Julio Olaciregui, desde su Caimanópolis caribe, para enviarme el enlace con una de sus entrevistas para la Agencia France Presse, en este caso con Carlos Saura acerca del flamenco. Le contesto casi ipso fuckto: «Gracias por tu envío que me ha hecho recordar una semana del cine español, acá, en la Cinemateca de Colonia, al pie de la catedral. Ningún diario español se hizo eco de esa semana, de manera que el único periodista que estuvo allí toda la semana fui yo, y así pude pasar ratos buenísimos con Saura, Mario Camus, José Luis García Sánchez y un par de teóricos del cine de cuyos nombres lamento  no acordarme. Como las sesiones eran muy seguidas y sólo había una pausa de dos horas para almorzar, el primer día salimos juntos de la Cinemateca y me preguntaron que dónde podían comer bien y auténtica comida alemana, o de Colonia. Los llevé a una de esas cervecerías típicas alemanas a dos cuadras de la Cinemateca, en este caso la Sion, que además tiene carnicería propia, y les gustó tanto que todos los días fuimos a almorzar allá. Uno de ellos fue mi cumpleaños, y al enterarse Saura me trajo al día siguiente un ejemplar de su libro Carmen, con un dibujo suyo ad hoc y una dedicatoria muy personal, y me prometió que al regresar a España me mandaría una videocasete de su última producción, Sevillanas, promesa que cumplió. Tengo ese libro y esa videocasete como un tesoro en mi biblioteca. Y el recuerdo de unos días inolvidables, con charlas, risas y brindis con aguardiente de cerezas, de la congeladora, después de una buena comida regada con cerveza coloniense (ellos) o vino del Rhin (yo). Todo esto me has hecho recordar con tu texto. Gracias, Julio».

Le escribo a BDW después de recibir un email suyo: «Bueno, al fin encuentro un punto de desacuerdo entre nosotros. Era hora. Y se trata de algo tan cotidiano como el clima. El nieto de mi abuela Remedios no soporta ni el calor ni el sol, en cambio aguanta muy bien el frío. Cuando alguien de acá me conoce y se entera de que soy andaluz, como los alemanes son heliofílicos fanáticos me suele preguntar cómo así se me ocurrió venirme a vivir a Alemania, y le contesto siempre lo mismo, que huyendo del sol y del calor. Aunque la verdad, aquí entre nosotros, yo de quien huía era de la censura franquista, estaba hasta la coronilla del bozal que me impusieron, prohibiéndome publicar mis opiniones. [] En cuanto a tu carácter, cada uno es como es, y lo bueno del caso es cuando uno se conoce tan bien como parecés conocerte vos, porque gracias a ello tenés más capacidad de maniobra para lidiar con el mundo y la gente que te rodea. Si yo pienso en mi carácter, y después de leer lo que me contás del de tu compañero y el tuyo, podría describírtelo como una mezcla de ambos, en la que a veces tiene la primacía la improvisación inspiradora de decisiones fulminantes, y a veces la reflexión y el ir por sus pasos contados. Como decía el rey de Prusia, amigo de Voltaire, cuando le plantearon el tema de la libertad de cultos: “Que cada cual sea feliz a sa façon”».

Weiß/Colonia, 20.1.

2:00 am : Como no había nada remarcable en la tele, programé el DVD de Adivina quién viene a cenar esta noche, que es una peli de culto para mí. El monólogo final de Spencer Tracy es uno de esos momentos estelares del cine, imposible de olvidar y que siempre me saca lágrimas, como a Katherine Hepburn, quien sabe en la peli que a Spencer le queda muy poco tiempo en la vida real (de hecho murió 17 días después del rodaje). Es una prestación suprema, como actor y como ser humano, porque cuando dice en la peli que si la joven pareja se quiere aunque sólo sea la mitad que él y su esposa, eso es ya suficiente, en realidad se lo está diciendo a KH en la vida real.

Nos sentamos ante el televisor atrasando una hora la de la cena para poder presenciar la toma de posesión de Biden. Cuesta trabajo pensar que ese sitio donde se ha dado una prueba irreversible de coraje civil, fuese hace tres semanas el escenario del desenfreno incivil de unas hordas a cuya espalda se sentía el chasquear del látigo del domador. Para mi gusto, lo mejor de todo el programa fue el recitado de la joven poeta Amanda Gorman, admirable como recitadora, una chica que era tartamuda, como lo fue Biden en su juventud. A ninguno de los dos se les notó.

Le escribo a Marcos, quien parece haberse reído con la nueva entrega de mi blog en EE: «Sólo he hecho una vez el recorrido completo de los 18 hoyos, en ese club de Don Torcuato, con mi amigo Jorge Fantón, a quien está dedicado el texto. Además de eso me llamó un par de veces para reunirnos en un hoyo determinado y acompañarlo hasta el final, en la casa social, cuyo bar alegraba los sentidos con whiskies de lo mejorcito. Ocurre que nosotros estábamos alojados en la casa de nuestra amiga Malala, que vivía dentro del perímetro vallado del country donde se encontraba el club, y Jorge, el compañero de Malala pero, recalcitrante soltero, vivía en la casa social, que disponía de pequeños apartamentos para los miembros singles del club. Así es que en el mes que vivimos allá (diciembre 2001/enero 2002) tuvimos golf hasta en la sopa».

También a Karakogrado, en Venezuelistán, le escribo a Violeta: «No sé si conoces la existencia del premio Bulwer-Lytton que se concede anualmente a la peor frase inicial de una novela (en los diversos géneros: narrativa pura, policial, de aventuras, histórica, etc.), en honor de la mítica “Era de noche y sin embargo llovía”. Cuando leo lo que me dices de tu nietastra, que no ha conocido sino enclaustramiento, me acuerdo de que una vez quise concursar en ese premio, con la frase “Acabo de cumplir nueve meses, llevo fuera de mamá tanto tiempo como estuve dentro de ella, creo que es hora de hacer balance”. Lo que pasa es que la frase debe estar en inglés, y se la di a traducir a siete amigos míos que lo dominan y cada uno me pasó una traducción distinta, ninguna de las cuales me acabó de gustar. Qué lindo que me lo hayas hecho recordar, gracias».

Weiß/Colonia, 21.1.

1:50 am : La vi de nuevo, Children of Men [Hijos de los hombres], por la novela de P.D. James, por ser de Cuarón y porque es una de las mejores pelis en lo que va de milenio.

Aunque aparece fechado el sábado 16, no lo he visto hasta hoy, un nuevo artículo mìo en Árbol Invertido. Es todo lo que puedo recordar de este día que fue jueves, como Jueves fue uno de los personajes de Chesterton. Me parece curioso que otro personaje de la literatura universal con el nombre de un día sea también habitante de la narrativa inglesa: el Viernes de Robinson Crusoe.

Weiß/Colonia, 22.1.

2:00 am : También sin programas atractivos en la tele, programé el DVD de The Chorus Line. Pocos musicals pueden competir con este, es una gozada casi orgásmica el trabajo del reparto coral bajo la batuta de Attenborough. Sin embargo la peli no tuvo el éxito que alcanzó en los escenarios. Misterio insondable, más que la fosa de las Marianas.

Pepe Juan me envía desde Huelva una columna de Ignacio, en ABC, donde me nombra y me cita, pero no se la puede leer en pantalla si no eres suscriptor del diario. Le explico a Pepe Juan: «Ignacio es un fan de mis fandangos. En el libro que recoge todos los monos de Mingote con ocasión de la muerte de gente célebre, las notas explicatorias son todas de Ignacio y en ellas cita varios de mis fandangos. Amén de lo que suele citarlos en su blog. Y como es lector de mi diario, y es taurómaco de marca mayor, por eso ha recogido mi referencia a las memorias de Arruza, que, cosa de lo más curiosa, están traducidas y publicadas en inglés, pero nunca aparecieron en forma de libro en español. Ignacio me escribió para decirme que va a remover Roma con Santiago hasta dar con ellas y editarlas. Veremos, como decía Homero plagiando a Borges. Pero ya te das cuenta de lo que significa una generación. Ignacio es 19 años más joven que yo, y aunque es autoridad en materia de tauromaquia, ignoraba que Arruza hubiese escrito y publicado sus memorias en el semanario Dígame, donde yo las leí antes de que él hubiese nacido. Y las recuerdo de manera indeleble, sobre todo una foto en que se ve a Arruza con doña Angustias Sánchez, la madre de Manolete, que lo quería a Arruza, amigo íntimo del Monstruo, como si fuese un hijo propio. Ya ves lo que es la memoria, al mismo tiempo mi bendición y mi maldición».

Hoy hemos recibido Diny y yo la carta de la Municipalidad avisándonos que a partir del lunes podemos pedir día y hora para nuestra vacunación. La carta viene formulada como invitación, porque no es obligatorio vacunarse, pero nosotros lo vamos a hacer. Es lo menos que le debemos a nuestros tres hijos, cuatro nietos, dos nueras y nuestro yerno. Que tendrá que llevarnos al centro de vacunación porque es al otro lado del río, allí donde empieza Siberia, según el viejo canciller Adenauer cuando era, antes de los nazis, burgomaestre mayor de la ciudad.

Escribo de un tirón el artículo que me aceptaron en El Espectador, Bogotá, sobre los 85 años de la primera piedra de Cinecittà, y que debo entregar sin falta a la redacción el lunes a las 7:00 am (hora santafereña y mediodía en Europa). Lo leo y me deja satisfecho, pero lo pongo a dormir el sueño de los justos hasta el domingo, que lo releeré para editarlo de manera definitiva.

Weiß/Colonia, 23.1.

2:00 am ; Tercera noche casi consecutiva sin nada que ver en la tele, de manera que programé el DVD de El cisne negro, para saborear como una cucharada de caviar seguida de un vodka helado la interpretación de Natalie Portman. Es portentosa. No se cansa uno de verla.

En el cuaderno de esquelas fúnebres del KStAnz una que evidente la escribió o la dictó la finada. Dice así: «Quería cumplir los 100 años ¡y lo conseguí el 3.1.2021! Muchos de mis deseos y de mis expectativas se cumplieron y miro hacia atrás y veo que tuve una vida buena e interesante. He visto mucho, algunas cosas que se deberían olvidar (pero no se puede) y muchas que no se quisieran olvidar. El 16.1.2021 me dormí pacíficamente y con la esperanza de reencontrarme con mi Bruno. Que os vaya bien, seguid sanos y recordadme de vez en cuando. Katharina Tönnissen». Es impresionante, sobre todo si piensas que lo único que no escribió o dictó fue la fecha de su muerte. Me hace recordar el email que nuestra queridísima, inolvidable Helen dejó escrito antes de morir, para que su viudo nos lo hiciera llegar al día siguiente de su muerte. Hay alguna gente que sabe despedirse con estilo.

Vino Angie para salir a pasear con Diny por la orilla del Rhin, al final de nuestra calle, y yo me enfrenté a una de las tareas más desesperadas que me han tocado en suerte. Esta mañana, al activar la compu y abrir la estafeta virtual, luego, por no sé regla de tres, el archivo de este diario, vale decir: sólo el de 2021, había desaparecido como por ensalmo y no había manera de recuperarlo, como me quedó claro tras una larga charla telefónica con Arzola, y si él no veía la manera, quién entonces. La suerte es que sólo se perdían las entradas correspondientes a esta semana, porque las tres anteriores las recuperé por el procedimiento de copiar y pegar a partir de la publicación en Fronterad, más fiable que las copias enviadas en anexos a mis amistades: esas copias, al tratar de copiarlas y pegarlas, sí que lo hacían, pero se perdían las cursivas y los hipervínculos. Con las copias de Fronterad resucitaba mi original completo. Quedaba entonces por resolver el problema de las entradas de esta semana, que he podido reconstruir, en gran medida, gracias a mi bandeja de envíos postales y a la revista con la programación quincenal de la TV. Pero sé de sobra que se han perdido alguna anotaciones personales. No me quejo. Lo que me sorprende es darme cuenta de que lo que he recordado lo he recordado de manera casi literal con lo que escribí en el manuscrito perdido. Es decir, mi memoria es más sensible a la palabra escrita que a los hechos de la vida, lo que hago y deshago, lo que pasa a mi alrededor. Pero alabado sea el santísimo sacramento del altar.

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Ricardo Bada
Ricardo Bada (Huelva/España, 1939), escritor y periodista residente en Alemania desde 1963. Autor de numerosísimos libros, desde La generación del 39 (cuentos, Nueva York 1972) a El Canto XXV (novela breve, Copenhague), es o ha sido colaborador de medios como Revista de Occidente, ABC y Cuadernos Hispanoamericanos (España), El Espectador y El Malpensante (Colombia), Nexos, La Tempestad y La Jornada (México), La Nación (Costa Rica)…

3 COMENTARIOS

    • Gracias por leerme, Manu, y te cuento que cuando me pasa algo parecido (por dicha son pocas las veces) siempre impetro la protecciòn celestial de la esposa de Tolstoi, quien tengo entendido que copió en limpio, ¡¡tres veces!! el manuscrito de “Guerra y paz”. Y pienso en la flagrante injusticia de que la Iglesia Ortodoxa Rusa no la haya entronizado en sus altares.

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