De mi Diario / Semana 42 / 2015

4
612

Marilyn Monroe podía llegar a una habitación llena de gente y saber al instante quienes de los presentes eran huérfanos o habían pasado por un orfelinato. 

 

Weiß/Colonia, 11.10.                    

Me quedé el jueves con sangre en el ojo porque no pude colaborar con Kathyushka cuando me preguntó si podía escribir algo sobre Svetlana Alexiévich. Ya esa misma noche empecé a darle vueltas al asunto sobre si no se podría decir algo acerca de ella y de su premio, y que no fuese el forraje una y otra vez rumiado por las agencias de prensa. Finalmente decidí que el nicho estaba en Fráncfort, en el Premio de la Paz de los Libreros Alemanes, que SA recibió hace dos años, y he pergeñado un artículo que le mandaré mañana a K con la ilusión de “hacerle el día”. 

 

Julio ya es catedrático en la Universidad de Fráncfort. ¡Y en qué Facultad de esa Universidad! Aprovecharé la primera oportunidad que se me presente para enviarle correo quelonio. Me tira al monte la cabrita de escribir :

«Herrn Professor Dr. Julio Mendívil

Goethe-Universität Frankfurt am Main

FB 09 Sprach- und Kulturwissenschaft

Institut für Musikwissenschaft

Senckenberganlage 31

60054 Frankfurt am Main»

Es exactamente la misma dirección a la que había que dirigir las cartas a Theodor W. Adorno. «Waw!», como dijo sabiamente Julia Roberts en Pretty Woman.

 

De repente, una vez más sin decir ¡agua va! porque mi cuerpo ya es un saco de miserias,  me da un dolor lancinante, insoportable, en el omoplato derecho. Le aplico termoterapia durante más de hora y ½, tendido en la cama, pero nada. Recién después de la cena, con unas friegas que me hace Diny, con aceite, el dolor se calma, sólo resta su fantasma, pero con él basta y sobra. Ay.

 

En la bandeja de spams encuentro uno que es el epítome de la necedad y la incongruencia, de veras que si hay gente que se engaña al leer tales cosas, es que merecen que los engañen. Este dice así: «Hola mi amor, Acabo de leer a través de tu perfil hoy y me interesé en ti y me gustaría tener una buena relación con usted y, Me gustaría saber algo más mejor, ya que estoy buscando una relación duradera. Mi nombre es xyz, y yo soy una mujer, y tan pronto como he oído de ti que le dirá más sobre mí mismo demasiado cuando llegue su respuesta utilice esta dirección de correo electrónico x@yz para enviarme un correo electrónico y lo haré también enviaré mis fotos para los dos de nosotros para proceder a conocerse mejor en el futuro. no tener un buen día». Juro solemnemente sobre mi ejemplar de Pride & Prejudice que la transcripción es facsímil, repito, fac–sí–mil. Y si no, que venga Mr. Darcy y me lo demande.

 

Weiß/Colonia, 12.10.

Desde ayer leyendo y releyendo Cuaderno de las islas, un libro hermoso “demais”, como diría un brasileño. Le escribo a Andrés: «Precioso libro, mi querido Andrés, no puedes imaginarte cuánto te agradezco el habérmelo dado a conocer. Lo he leído dos veces entre ayer y hoy, ayer de una manera caníbal, devorándolo como si me lo fuesen a quitar de las manos antes de haber terminado con él; hoy de manera  mucho más morigerada, deteniéndome en todas las señales que fui dejando durante la lectura de ayer para repetirla ahora como dejando que la chocolatina se derrita en la boca al calor del propio cuerpo. Me encantó la frase “La infancia, hermosa isla de la que fuimos expulsados”. Registré que Antonio Udina Burbur, el último hablante del dálmata, falleció a las 6:30 am del 10.6.1898, es decir, exactamente 41 años antes de la hora en que yo mero naciera. Anoté decirte que en alemán es como en francés, tú vives in Tegueste [el pueblo] pero vives auf Teneriffa [la isla]. Anoté decirte también lo feliz que Huxley se sentía porque el título danés de su novela Island era en sí mismo una isla : Ø  Anoté decirte asimismo que la isla de Pascua no es el lugar más apartado del planeta, ese lugar es otra isla (¿cómo si no?), la de Tristan–da–Cunha. Pasé al archivo de las epifanías los versos “Toda mi vida está ligada a ti / lo mismo que en la noche las llamas a lo oscuro”. [Me hicieron recordar el fabuloso  epigrama de Carlos Martínez Rivas: «–Yo pintaré un hombre con una linterna. / –Hazlo. Pero ¿qué le pondrás / alrededor, para que se vea? / –Pues, noche –dijo, ya iracundo». Se titula «El pintor español» y nada podría denotarlo mejor que el inteligente uso de las comas en el cuarto  verso]. En fin, como ves, la lectura fue una fiesta. Y sí, las islas siempre han sido particular objeto de mi devoción, date cuenta de que he nacido a la orilla de un estuario, en una ciudad que en los tiempos antiguos se llamó Estuaria, y que en los veranos, antes de que construyesen la carretera a Punta Umbría, todas las semanas recorría el estuario ida y vuelta en los vaporcitos que hacían el transporte de viajeros, y siempre, al pasar por la isla de Saltés se me encendía la imaginación porque el arqueólogo alemán Adolf Schulten escribió un folleto –que conservo– donde aportaba pruebas que apuntalaban su sospecha de que ese fue el lugar donde Ulises conoció a Nausica. [Los vaporcitos que hacían el trayecto Huelva–Punta Umbría eran el Rápido, el Chimbote, el Yate, La Belleza de Alicante, la Ángela Marisa y la María Luisa. Esta última era  tan vieja que en Huelva decíamos que Colón descubrió América con la Pinta, la Niña y la María Luisa]. Last but not least : Debo poseer una de las mayores colecciones que haya en el mundo, de chistes gráficos con náufragos e islas desiertas. Y en mi filmografía creo que no falta ninguna peli de esas que los alemanes llaman «Robinsoniaden». Mira a quién fuiste a regalarle tu libro».

 

11:30 pm : Al cabo de los años vuelvo a ver por el Canal Arte El expreso de Shanghai, de 1932, que quién sabe por qué pasó a convertirse, 1951, en El expreso de Pekín. Es una gozada en blanco, negro y todos los matices del gris, y es al mismo tiempo un Salgari en imágenes, aquí funciona al 100% lo de la suspensión de la credibilidad, te crees lo que ves porque lo ves, pero sabes de sobra que nunca hubiera funcionado así porque la vida no sigue los parámetros de un guión de cine, pensando en las expectativas de los espectadores, sino los de la dura realidad, que si acaso siguen algún designio será el de un Dios hijueputa y caníbal con sus hijos.

 

Weiß/Colonia, 13.10.

En el diario la reseña de un libro sobre animales “delincuentes”: el lucio (más temible que el tiburón, de una voracidad insaciable); la ardilla, ladrona y asesina; la mantis religiosa, que ya sabemos del pie del que cojea (cuando coge); el buitre barbudo o quebrantahuesos, filicida, que deja morir de hambre a su segunda cría si la primera crece saludable; la avispa llamada “lobo de abejas”, que se les acopla y las chupa estrujándolas como si fuesen un tubo de pasta dentrífica, para luego llevarse los cadáveres a su nido y dárselos de alimento a sus larvas (de 3 a 6 si las larvas son femeninas, sólo dos o tres si son masculinas, estas hijueputas tienen un cerebro que les funciona como una compu)Todos estos ejemplos y muchos más en un libro de Bärbel Oftring que se titula Tatort Natur (Lugar del crimen: la Naturaleza). Creo que lo voy a comprar y a leerlo a la par que releo los deliciosos y alucinantes pequeños thriller de Patricia Highsmith agrupados en The Animal Lover’s Book of Beastly Murder, un libro cuyo título fue torpemente traducido al castellano como Crímenes bestiales. Ejemplo de los mismos: esa traducción.

 

En La Modicana, con Diny (siguen las vacaciones escolares), y charlamos sobre todo del libro de Andrés, a la par que damos buena cuenta de una lasaña, Diny, y de canelones, Carlitos y yo, con una propina para él que consiste en Apfelstrudel con helado. El Apfelstrudel lo hornea la signora con las manzanas del patio, y está riquísimo, Álvaro Mutis haría estragos en la cocina si viviera y estuviese con nosotros, ese era –con la torta de Santiago– su postre preferido.

 

Weiß/Colonia, 14.10.

Mi horóscopo de hoy me amenazó con una jornada plena de suspenso, «como en una novela de Agatha Christie». Por lo pronto Diny se siente enferma, y tras desayunar se va a la cama, en la que luego no resiste ni siquiera una hora. Pero todo el día se la ve enferma, al final de la cena hunde la cabeza entre los brazos y no se levanta de la mesa hasta después de que la despejo por completo. Poco antes de las 7:15 pm viene a despedirse de mí, se va de nuevo a la cama y casi está sin voz, mientras conversaba hace un rato, por teléfono, con Riet, se le fue la voz y tuvo que cancelar la llamada. Me deja profundamente nervioso, porque el hecho de que yo me ponga enfermo es lo natural, y el que se enferme ella lo contrario a la naturaleza de las cosas. No sé qué hacer, esperemos que mañana el horóscopo me anuncie una jornada à la Corín Tellado.

 

Weiß/Colonia, 15.10.

0:10 am : He visto seguidas dos pelis que me dejan bastante desconcertado. La primera es una francesa, La désintégration, cuyo título alude a la falta de integración de los jóvenes franceses de origen árabe, en la periferia de las grandes ciudades, y cómo ello los vuelve carne de cañón para los proselitistas del fundamentalismo. Está muy bien actuada y el conflicto se expone sin ambages, pero el final es por completo inesperado e inexplicable y deja el mal sabor de boca de lo irresuelto. La segunda peli es una alemana, Love Steaks, ganadora del Festival Max Ophüls del año pasado, pero no creo que el patrón del premio habría votado a favor de ella: demasiadas pretensiones y demasiado poco para respaldarlas.

 

En el diario, la esquela fúnebre de Hanno Murena. Tres años más joven que yo. Nunca supe con certeza cuál en qué se desempeñaba en los pisos altos de la Torre de la Deutsche Welle, donde estaban los despachos del intendente y de los directores generales. Era una persona muy culta e inteligente, y sospecho que su tarea consistía en vigilar el mantenimiento de ciertos estándares (elevados) de calidad. Fue uno de mis valedores más influyentes en la aprobación de mis ideas. Alguien le dijo alguna vez que el nuevo proyecto presentado por mí era una locura; Hanno le  contestó que sin duda no era una idea convencional, pero que los premios internacionales que conseguía la Deutsche Welle eran por mis programas. Y cuando tuve el brutal enfrentamiento de 1993 con mi jefa directa, la Dra. Stausberg, vino Hanno a mi despacho, me tendió la mano y me dijo sonriendo: «¡Bravo! Por fin encontró la horma de su zapato». Todos los años coincidíamos al menos en un viaje de servicio común, a la feria del libro de Fráncfort. El martes se inauguró la de este año, y ni Hanno ni yo estamos allí. Desde hace años. No nos hemos perdido gran cosa.

 

No consigo arrancar con el artículo acerca de la exposición de Schalcken, que tenía que haber entregado el lunes pero se metió en medio doña Svetlana Alexiévich y me trastocó el plan de trabajo. En realidad la culpa es mía por haberle propuesto este artículo a Luis. Las pocas veces que hasta ahora he escrito acerca de pintura, sentí vivamente que había tocado techo con mis “poderes” taumatúrgicos. La pintura no es mi campo de trabajo. La pintura me gusta o no, y ya. Más allá no voy. A mí toda esa mierda que llaman arte, casi todo norteamericano, empezando por la obra (¡obra!) de Andy Warhol & Co., me la trae floja. Hasta el mismo “Guernica” me inspira una fuerte desconfianza. Lo creo un buen boceto para una estampilla de Correos, pero no mucho más que eso. Y la estampilla, por cierto, la tengo, la compré apenas apareció.

 

11:00 pm : Un documental de 80’ acerca de Gerhard Hauptmann, un autor del que he leído casi todo (al menos todo su teatro y su novela La isla de las mujeres, una Robinsoniada que haría las delicias de las feministas hasta que nace el crío de la embarazada), pero de quien nada sabía como persona. Inevitablemente establezco los paralelos y pienso en García Márquez. Este silesio Hauptmann fue como un Gabo a caballo de dos siglos. Pero sic transit gloria mundi, sí, porque si no hubiese sido premio Nobel, y alemán, ¿quién lo recordaría hoy a no ser la TV alemana?

 

Weiß/Colonia, 16.10.

Científicos de la Universidad de Alberta, en el Canadá, han probado experimentalmente que un vaso de vino tinto es tan bueno para el cuerpo como una hora de deporte. Al parecer ello tiene que ver con una sustancia llamada resveratrol, que se encuentra en las frambuesas, las ciruelas y los cacahuetes, pero sobre todo la que se encuentra en las uvas es la que puede sustituir de una manera bien agradable la visita al gimnasio. Ergo Cheers!

 

Diny compró pez espada, un pescado que es raro verlo acá en las pescaderías, y me pregunta cómo quiero que lo guise. Le pido que busque la receta de la aguja palá en el libro de la cocina de Huelva, de Bernardo. Y se lo pido porque previamente la he buscado en su blog, que tantas buenas recetas incluye, pero en él la aguja palá brilla por su ausencia. Misterio. Y ahora que lo pienso, a pesar de las muchas veces que he ido a Huelva desde entonces, la última vez que he comido allí una buena aguja palá fue en junio o julio del 68, cuando llegó el equipo de la tele alemana que venía a filmar un documental sobre Juan Ramón y Moguer. Fui el intérprete del equipo y me invitaron a cenar con ellos la noche de su llegada, a condición de hacerlo en un lugar arquetípico y una comida auténticamente onubense. Así es que (¡claro!) los llevé a cenar En la esquinita te espero y yo mismo elegí la comida: una fuente de choco frito como entrada, para picar todos, una aguja palá de plato fuerte, todo ello regado con Paternina banda azul, y de postre sólo recuerdo el mío, requesón con miel. Quedaron encantados, y no era para menos.

 

Al día siguiente rodamos en Moguer por la mañana y hasta la hora del almuerzo, almorzamos en un restaurante frente al convento de Santa Clara; y por la tarde fue la filmación de las últimas escenas, en La Ribera, en la finca de los Clauss, donde Heike nos tenía un burro platero para protagonizar el final. Y esa fue una de las dos veces en mi vida que he sido Premio Nobel.


[La foto es histórica, seguramente de principios de los años 40, porque al lado de La esquinita se ve la oficina de Damas, es decir, que aún no existía la estación de autobuses en la Avenida de Portugal. En l968 la fachada era mucho más elegante y la palabra Café había sido sustituida por la pareja Restaurante/Freiduría. Lo que no había cambiado era la calidad del choco frito y de la aguja palá, que nadie que los haya probado allí podrá olvidarlos por muchos años que viva].

 

Weiß/Colonia, 17.10.

Como no hago vida social ni participo de ninguna manera en el tinglado intelectual, recién por la lectura del diario, mientras desayuno, me entero de que durante lit.cologne (uno de los muchos eventos literarios en el cronograma anual de la ciudad) pasaron por acá Javier Marías e Isabel Allende. ¡De lo que me he librado gracias a la jubilación! Si estuviera todavía desempeñándome en la Deutsche Welle hubiese tenido que ir a entrevistarlos. Quelle horreur!

 

Siempre suelo echar una ojeada a algunas columnas de El Espectador, y hoy me ha sorprendido leer la de Sorayda Peguero, ayer viernes, sobre Helen Keller. No conocía esas palabras de HK, pero me hicieron pensar en mi diario y que en él procedo como ella quería que procediésemos. Le escribo a Sorayda para darle las gracias por esta revelación.     

                                                                                                                  

Hoy es el centenario del nacimiento de Arthur Miller. Mi homenaje ha sido, tras la siesta, releer de sus memorias, dos horas largas, hasta que Diny me llamó para la cena. Me conmueve también en esta relectura el momento en que habla de su padre, que se crió yendo de mano en mano de unos padres adoptivos, cuando los suyos emigraron a los Estados Unidos con los tres hermanos y las tres hermanas mayores, dejando al pequeño Isidore en Polonia porque no les quedaba más dinero para pagar su pasaje. Cuenta Miller: «¡El pobre Izzie! Tras tantos meses de vivir así, debe haberse sentido huérfano, un pensamiento que recién lo he tenido en los últimos tiempos, luego de conocer la historia durante sesenta años. Su vida como huérfano tiene que haber contribuido a ese cariño especial que siempre le dispensaba Marilyn Monroe, mi segunda esposa. Ella podía llegar a una habitación llena de gente y saber al instante quienes de entre los presentes eran huérfanos o habían pasado por un orfelinato. Yo también he adquirido ese instinto, pero no soy tan infalible [como ella]. En los ojos de un huérfano se encuentra la pregunta “¿Me quieres?” Es un ruego suplicante, nacido de una soledad inconmensurable, una que nadie que tuvo padres puede haber conocido realmente en esa forma». Ay sí, Marilyn y sus talentos ocultos.

 

************FIN************

4 COMENTARIOS

  1. Estimado D. Ricardo: soy
    Estimado D. Ricardo: soy Dr.J. Le comento algo que no viene muy a cuento de esta entrada pero en fin… Hace unos días encontré un ejemplar descabalado de «Conversaciones con Serrano Suñer» (Grijalbo, 1981) de Heleno Saña ¡tremendo nombre! Es algo mayor que usted (creo que sigue vivo) y se fue a Alemania unos años antes. ¿Lo ha conocido personalmente o por referencia? ¿Ha leído el libro? ¿Cree que hoy día sería posible escribir (y publicar) algo así en España? Gracias de antemano, aunque no comente le sigo leyendo

    • Estimado Dr. J, gracias por

      Estimado Dr. J, gracias por seguir leyéndome, hay gustos que merecen palos, pero en fin, de repente no me lee por gusto. En cuanto a sus preguntas: a) no, no he leído ese libro de que me habla, de tal manera que no puedo contestarle si sería posible escribir y/o publicar algo así hoy en día en España, pero ¿por qué no?, que yo sepa no hay censura; y b) sí he conocido personalmente a Heleno Saña, e incluso ha dormido una noche en mi casa. Debe de haber sido allá por 1992 ó 93. En la Radio Deutsche Welle implementamos una tertulia en el aire, con participación de las grandes radioemisoras exteriores de Europa (a excepción de la BBC, que no quiso ser de la partida). Conectábamos semanalmente en cadena cinco o seis emisoras (Colonia, Madrid, París, Roma, Estocolmo, por ejemplo) y cada redactor acudía a su respectivo estudio con un invitado experto en el tema a discutir, que se fijaba con un mes de antelación en cada caso. Yo participé la primera vez como dizque experto en literatura latinoamericana, y la segunda vez siendo el tema «el sentido del humor». Y un par de veces, por ausencia del conductor principal (que era siempre mi colega de la Deutsche Welle), fui yo quien condujo el debate. Una de esas veces, nuestro invitado era justamente Heleno Saña, y como tenía ganas de conocerlo personalmente (lo había leído mucho en Índice) acordamos que ese día del debate, después del mismo, viniese a nuestra casa a cenar y a dormir. Entre la cena y la cama hubo una larga sobremesa en la que intercambiamos nuestras experiencias en el país, y en España, antes de decidir trasplantarnos de una manera definitiva, tanto en su caso como en el mío. Al día siguiente regresó a Darmstadt, donde creo que sigue viviendo, y nunca más he vuelto a saber nada de él, hasta hoy que usted me pregunta. 

  2. Leerlo, don Ricardo, es toda

    Leerlo, don Ricardo, es toda una delicia. Cada vez salgo más hambriento de la lectura de su diario; la verdad. Y claro: más lleno de muchas cosas y esperando la próxima dosis de Modicana o de doña Diny. Gracias por ello.

    • Gracias, don José María. A

      Gracias, don José María. A comentarios como el suyo no sé qué responder porque me siento como gallo en corral ajeno. La persona a quien le dicen esas cosas no puedo ser yo. En fin, es una cuestión de perspectiva.

Comments are closed.