De mi Diario : Semana 43 / 2020

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Weiß/Colonia, 18.10.

Pasada la medianoche : En el canal ZDF Info un largo reportaje, más bien una crónica sobre el Mossad, y en ella aparece varias veces Abdallah Frangi, quien era el representante oficial de Arafat ante el gobierno de Bonn. Nos conocimos e incluso cenamos juntos una vez y me trajo de vuelta a casa, una noche de invierno, muy fría y con la autopista helada. Al abandonarla para venir hasta Weiß, de repente un tipo a todas luces borracho cruzó el bucle de la salida haciendo eses, Abdallah frenó en seco y los dos salimos disparados hacia adelante, por suerte protegidos por los cinturones de seguridad. Abdallah estaba pálido cuando reanudamos la marcha: «¿Te imaginas –me dijo– el titular de mañana en el Bild si no hubiese frenado a tiempo?: REPRESENTANTE OFICIAL DEL PLO ATROPELLA A UN TRANSEÚNTE AL SALIR DE LA AUTOPISTA». Es un gran tipo, y su poeta preferido Ibn Hazm de Córdoba, acerca del cual platicamos mucho, supo por mí que está enterrado en Huelva.

[El Bild es ese pasquín repugnante al que Böll puso en solfa en El honor perdido de Katharina Blum. Inolvidable la advertencia inicial: «Si en la descripción de ciertas prácticas periodísticas han surgido similitudes con las prácticas del diario Bild, tales similitudes no son ni intencionadas ni casuales, sino inevitables». Nuestro ejemplar de la novela, primera edición, 1974, fue el regalo de nuestros hijos a Diny, por su cumpleaños, estaba recién publicada].

La relectura del opus imperecedero de Gibbon me ha despertado la curiosidad por saber algo más acerca de su traductor, que es en realidad a quien estoy releyendo. Azorín le dedica un capítulo extenso en sus Lecturas españolas, libro que compré en Bonn, marzo 1965, según consta en la página de guarda, una buena costumbre que perdí como tantas otras. Don José Mor de Fuentes fue todo un personaje, y me divierte que en 1965, al leer el libro de Azorín dejé señalado un párrafo donde MdF da cuenta de sus impresiones transpirenaicas: «Al viajar por Francia se ve que el país está en prosperidad, pues, por dondequiera andan construyendo, mejorando y adelantando, lo que seguramente no sucede en Aragón, Castilla, Extremadura, Andalucía, etc., donde si cae una casa, allí se queda; si se inutiliza un camino, un puertecillo, etc., así se está; pero con tal de que tengamos muchas secretarías y oficinas, con secciones y subdivisiones, y sueldazos bestiales, con alamares y relumbros, poquísimo importa que expire la labranza entera. Está demostrado que todas las plumas imaginables de todas las oficinas del universo, ni producirán una espiga, una aceituna o un racimo, ni plantarán jamás un telar o un ramo de industria. Pero vamos adelante, y ¡viva el delirio!». Viendo la inflación burocrática que implican las nosécuántas Comunidades del Reyno Desunido de la Ex Gran España, MdF se llevaría las manos a la cabeza: ni en sus peores pesadillas hubiese llegado a imaginar ese mundo kafkiano en que se ha convertido su país.

Guglielmo lee en mi diario lo de la abuela serbia que vio por primera vez a un negro y me cuenta que le pasó «algo similar en Roma (1957). Yo estaba en una heladería famosa, Le tre scaline, en la Piazza Navona, cuando entró una negra con su hijito. Y había una italiana con un hijo como de 8 años, que se quedó mirando al negrito y le dijo a su mamá: “Non è bello, mamma; non è bello”. A lo que la madre le dijo: “Nel suo paese è bello”». Le contesto: «Linda la anécdota tuya en Roma y ejemplar la respuesta de la mamá a su hijo. A Diny le pasó algo similar acá en Colonia, yendo en el tranvía con Montserrat, de unos seis años. En una parada subió un africano y se sentó frente a ellas. Montse lo miró muy fijo y le comentó a Diny sin cuidarse de hacerlo en voz baja: “Mamá, este hombre es azul”. Y el africano sonrió y le dijo: “Y tú eres rosé”». Entretanto me da en la nariz que terminaré escribiendo una columna sobre el primer negro que vimos en nuestras vidas.

Weiß/Colonia, 19.10.

1:00 am : Pasaron por fin el primer episodio de la tercera temporada de Brokenwood, la serie policial neocelandesa. Sigue siendo una de las mejores de los últimos tiempos. Y la maquinaria del quinteto protagonista está muy bien lubricada, cada uno de ellos se luce en su desempeño sin robarle el show a los otros. Me entero por TV Movie, la revista con la programación de TV, de que Fran Sutherland, la actriz que incorpora a la DC Kristin Sims al lado de Mike Shepperd, el Detective Senior Sargent, no era aficionada a las policiales, hasta que empezó a trabajar en esta serie, y se ha vuelto de tal manera adicta a ellas que se la pasa pensando en unas maneras de matar que puedan funcionar en la serie, claro está.

Joaquín, desde Barranquilla, después de leer mi artículo sobre Gabo y el lenguaje infantil, me escribe lo siguiente: «Creo que tu interpretación sobre ese pasaje de las memorias de GGM es inobjetable. No hay hermenéutica que pueda rebatirla. La reacción de la niña es comparable con la de un caballo que figura en el poema “Sarta del río Cauca“, del poeta colombiano (nadaísta) Jaime Jaramillo Escobar. Te cito el pasaje pertinente: “Durante el viaje, yo le recitaba a mi caballo todos los poemas de Porfirio Barba–Jacob, los cuales se esparcían por las desiertas montañas. No recuerdo ningún comentario de mi caballo acerca de los poemas, pero si yo dejaba de recitar, él se detenía”». Le contesto ipso fuckto: «¡Qué bueno ese caballo, pana! ¡Le tienes que dedicar una columnaaunque sólo sea por el caballo de Calígula que él nombró ministro y, que se sepa, nunca dictó un edicto, a diferencia de otros equinos harto conocidos en la historia veterinaria de la política colombiana de los últimos tiempos».

Weiß/Colonia, 20.10.

Hoy, en La Modicana, cuatro parejas estratégicamente aisladas entre sí y nosotros en la mesa redonda cerca de la cocina. Ravioles triangulares para Ulli & Carlitos, sopa de calabaza para Diny, sopa de almejas y mejillones, con abundancia de ambas especies, para mí (y Carlitos la anota mentalmente para pedirla el próximo martes, si es que la sigue habiendo en el menú). En realidad estamos todos un poco apocados por el desarrollo de la pandemia, ya que la segunda ola llegó, si no con la fuerza de un tsunami sí con la que más se le parezca, la de un maremoto. Y lo que nos tememos no tiene curiosamente nada que ver con nuestra salud sino con el hecho de que de repente otra vez no podamos volver a venir todos los martes a La Modicana. Parece ser que por el momento no hay ese peligro, pero la espada de Damocles del confinamiento está presente y amenazante en nuestros cráneos, no tan privilegiados como lo es el de Don Latino de Hispalis en Luces de bohemia. ¡Qué grande Valle–Inclán!

Weiß/Colonia, 21.10.

1:50 am : Acaban de pasar Die bleierne Zeit [La Edad de Plomo, hermoso título descafeinado en español como Las hermanas alemanas] y la vuelvo a ver con gusto, porque las actuaciones de Jutta Lampe y Barbara Sukowa, la periodista y la terrorista hermanas, son un prodigio tras el que anda la mano bonísima de Margarethe von Trotta. La admiro por el mucho tiempo que dedica a traer mujeres fuertes a la pantalla: Rosa Luxemburgo, Hildegard von Bingen, Hannah Arendt También la Katharina Blum de Böll, pero esa a ½ con su entonces pareja Volker Schlöndorff.

Luego de escribir lo anterior veo en la estafeta un breve email de mi pequeña Phoebe donde me encarga que escriba un artículo con motivo del bicentenario del nacimiento de Friedrich Engels. Y tengo que entregarlo a más tardar el sábado 24 porque la efeméride es el miércoles 28, así es que me pondré a estudiar la vida de Engels, de la que sé poquísimo, vamos a ver cómo le entro al tema. Una idea podría ser recoger todo lo que acerca de don Engels escribieron las hijas de Marx, cuya correspondencia leí creo que el año pasado, aunque también puede haber sido en el 2018; para octogenarios jubilados, como yo, el tiempo se vuelve un chicle que se estira y hasta se masca, y a veces le revientan los globos de las pequeñas amnesias.

Weiß/Colonia, 22.10.

Anoche, de repente, me quedé dormido delante del televisor, poco antes de que terminase Zero Dark Thirty. me desperté sentado en el sillón de Diny a las 4:00 am. Lo único que lamento de esto es que Diny se despierta y acude al salón, según me confesó, temiendo que haya muerto. No estaría mal, pienso, morir así, durmiéndote sin darte cuenta. Pero mejor después de una buena comedia, o algún capítulo de Pride & Prejudice (BBC 1995).

Ya encontré la manera de armar el artículo sobre Engels. Me acordé, leyendo su biografía, de que tuvo un pecado (literario) de juventud, escribir un drama sobre Cola de Rienzi, texto que se creía perdido pero cuyo manuscrito se encontró en 1974 y se editó con el facsímil de los manuscritos de Engels, ¡y la editorial me mandó un ejemplar al publicarlo! (era la editorial alemana de Ernesto Cardenal y de Eduardo Galeano, y yo tenía una muy buena relación con Peter Schulz, su director). Mira por donde, al cabo de 46 años ese libro me va a sacar del apuro, porque aunque publiquen cientos de artículos en todo el mundo con motivo del bicentenario de su nacimiento, apuesto mi única corbata de Armani a que nadie (al menos en nuestros medios en español) le dedicará una sola palabra a ese pecado de juventud. Y hablando de corbatas

Rebeca en casa para continuar con el zafarrancho de limpieza. Hoy le tocó el turno a nuestros armarios empotrados del corredor. Es increíble la cantidad de cosas que una familia acumula a lo largo de 45 años de vivir en el mismo lugar. Por ejemplo: en el lado interno de la puerta del armario a la derecha hay colgadas no menos de 20 corbatas. Y son más de 20. ó 30, los años que llevan ahí colgadas, como si se hubieran ahorcado desesperadas por su desuso.

Me llamó el Dr, Ruppert para informarme de los resultados del último análisis de sangre. Los valores son prácticamente los mismos que la vez pasada excepto en el caso de los leucocitos, que me dice que tendremos que hacer pronto una nueva extracción de sangre porque ese valor puede ser síntoma de una incipiente leucemia. Hay tantos casos de leucemia en mi familia por parte neerlandesa (tres cuñados y un concuñado) que no me asusto con el aviso, mucho menos cuando mi Dr. Ruppert me dice que su próxima visita será el lunes. O sea, que no es tan fiero el león como lo pinta el logo de la Metro Goldwyn Mayer.

Weiß/Colonia, 23.19.

Abriendo la compu al levantarme, antes de desayunar, veo que me han publicado en Vasos Comunicantes el artículo sobre una palabra intraducible en un verso de Bertolt Brecht. Bien arranca el día, es un gran estímulo para pergeñar mi texto sobre Engels. Pero antes que nada, desayunar leyendo el Kölner Stadt Anzeiger, consumiendo “a pequeñas diócesis” el müsli nuestro de cada día. Alabado sea el santísimo sacramento del altar.

Todo el día trabajando a contrarreloj en el texto sobre el pecado de juventud de Engels, que debo entregar mañana a mi pequeña Phoebe en la redacción de Nexos. Acabo de repasarlo para peinarlo bien peinadito con la raya en el medio, y me parece que ya se encuentra en estado de revista (según el lenguaje militar), de manera que lo dejo descansar esta noche y mañana lo releo de nuevo y lo mando camino de México lindo y herido. Ahora puedo decir que en la investigación que me llevó muchas horas de ayer he aprendido un montón de cosas que me eran por completo desconocidas, sobre Engels, sobre Cola de Rienzi, sobre el cisma de Aviñón, y que lo he pasado muy bien pergeñando el texto, me he sentido cómodo haciéndolo. Como la vez pasada con mi artículo sobre el discurso de ingreso de Delibes en la Real Academia, esta vez también estoy seguro de que ninguno de los medios en español que le dediquen espacio al bicentenario lo harán desde el nicho que lo hago, pero Miguel Sáenz me hizo saber que Aurora Egido le dedicó asimismo un recuerdo a ese discurso de Delibes el mes de junio. Oremus.

Ayer olvidé comentar que en medio de mis tareas sobre el padrecito Engels me quedó tiempo para distribuir urbi et interneti el estupendo artículo de Marcos sobre la personalidad de la primer ministro neocelandesa, Jacinda Superstar, y mi compadre José María me comentó desde La Pintada, a la orillita del Cauca: «Doña Jacinda se ha ganado el corazón de muchos; algo casi imposible en política, maese». Le contesté ipso fuckto: «En Huelva, allá por los años sesenta, tuvimos un alcalde que se hizo querer de tirios y troyanos, Federico Molina Orta, y corría por la ciudad una aleluya que decía “Eres guapo, eres joven y eres rico, / ¿qué más quieres, Federico?” En Nueva Zelanda, si hablasen español podrían decir: “Eres sabia, eres joven y eres linda, /¿qué más quieres tú, Jacinda?”. Esta sí que es una auténtica princesa de los corazones».

Weiß/Colonia, 24.10.

2:15 am : De la serie del joven inspector Morse empezaron a pasar por TV las cuatro primeras temporadas en el 2017, y cuando pasaron el último episodio de la 4.ª registré en este diario mi esperanza de poder ver las que siguieran, es una serie excepcional. Pues bien, a partir del mes pasado empezaron la transmisión de la 5.ª temporada pero a una hora imposible para mí por ser una de las “horas de Diny”, que son intocables. Y me perdí toda la temporada, porque es una  serie que no admite el paso por la compu. Y ahora la gran sorpresa: programan la 6.ª temporada ¡íntegra!, cuatro episodios, de las 11:30 pm de ayer hasta las 5:30 am. La recontrarremilputa que requetecontrarremilparió a estos programadores de mierda, coño. No he visto nada más que el primer episodio, y decidí no seguir viendo,  no sólo porque no podía quedarme en vela hasta las 5:30 sino porque además hay continuas referencias a la 5.ª temporada, sin las que muy poco se entiende de las situaciones personales de Morse y el resto de la comparsa. Ni siquiera quise  ver el segundo episodio a pesar de que ofrecía la novedad de estar dirigido por el propio actor, qué pedazo de actor, Shaun Evans, quien incorpora el papel del joven Morse. Porca miseria!

En el cuaderno de esquelas fúnebres del Kölner Stadt Anzeiger, una de ellas con un epígrafe que es un refrán africano: «Vuelve tu cara al sol y dejarás la sombra a tus espaldas». Me hace recordar aquél día lejano, agosto del 2001, en que registré en este diario una de las mejores anécdotas que me pasaron con Pauli cuando niño, tenía entonces cuatro años. Copio el pasaje:
«Paseando con Paul Louis, llegamos a la orilla del Rhin con el sol a la espalda, y luego de estar arrojando piedras al río, cerca de las seis de la tarde, nos acercamos al picadero. A medio camino, de pronto, Paul Louis me mira parpadeando a causa del sol:
–  Opa, warum gehen wir nicht weiter mit uns? [Abuelo, ¿por qué no seguimos caminando con nosotros?]
Lo inesperadamente metafísico de la pregunta me deja mudo. Mi nieto despeja el misterio al advertir mi perplejidad: se limita a señalar el suelo donde ya no nos preceden nuestras sombras».

******************THE END*******************

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6 COMENTARIOS

  1. Abdalla Frangi, otro herido por el Collar de la Paloma:

    “Indicio del pesar son el fuego que abrasa el corazón
    y las lágrimas que se derraman y corren por las mejillas,
    aunque el amante cele el secreto de su pecho,
    las lágrimas de sus ojos lo publican y lo declaran.
    Cuando los párpados dejan fluir sus fuentes,
    es que en el corazón hay un doloroso tormento de amor…… ”

    -Ibn Hazm de Códoba-

    • Bravo, Manu, fuiste a dar con uno de mis pasajes favoritos del Collar de la Paloma… Gracias por leerme, dicho sea de paso,.
      Vale.

  2. Hace unos meses leía “Los fusiles de la señora Carrar”, esa pieza sobre la guerra civil que B. sitúa en una familia de pescadores del sur de España, y se me quedó grabada en la memoria la coplilla que los chavales le gritan a uno de los hijos de la sra. Carrar:

    “Juan no quiere ser soldado
    porque está muy asustado.
    Juan, que es tonto y un cagón,
    se ha escondido en el colchón.”

    Supongo que es un recurso habitual en Brecht: recoger literatura popular e incoporarla, casi como en un collage, en sus propias obras literatria. Un gesto -a mi parecer- noble de re-apropiación.

    Confieso que me gusta la primera versión (la literal) del poema de B. sobre la muerte de su hermano aviador, que la versión del “ataúd”. Un saludo

    • Gracias por leerme, doctor Golfín, pero permítame decirle, “con muchísimo respeto”, como el alcalde de Zalamea a don Lope, que si le gusta más la versión literal del poema de Brecht que la mía apoyada en el sustantivo “ataúd” usted tiene para la poesía el mismo oído que un sordo ante el cuarto movimiento de la 7.ª de Beethoven: dirá que le parece el sonido y la furia de un cuento contado por un idiota. Como no creo que usted sea un idiota, lo que le recomiendo es que acuda con premura a la consulta de un otorrinolaringólogo, porque su oído está en unas condiciones desastrosas. Y conste que con ello para nada quiero defender mi traducción: perdóneme la arrogancia, pero ella se defiende por sí sola, si no no la hubieran publicado en el órgano de la Asociación Profesional de Traductores e Intérretes Españoles.

  3. Efectivamente, tengo poco oído musical y, me temo, que poco oído para la poesía. No pretendía hacer de menos su versión, ni mucho menos. Simplemente me parece más eficaz la versión literal. Por ejemplo, “Mi hermano es un conquistador. / A nuestro pueblo le falta espacio” me parece con mayor fuerza que “Mi hermano era un conquistador, / nuestro pueblo vive estrecho”. Tal vez porque asocio la palabra espacia a Lebensraum. Pero no sé alemán, no soy traductor, ni tengo oído para la poesía ni, desgraciadamente, para la música. Así que estos comentarios son ociosos.

    En cambio, la palabra “ataúd” me parece un gran hallazgo. Me ha recordado el conocido verso machadiano: “Un golpe de ataúd es algo / perfectamente serio” de las “Soledades”: http://www.abelmartin.com/guia/antol/sol_2.html

    No se enfade.
    Un saludo

    • Para nada me enfado, Doctor Golfín, y lamento que su oído musical y para la poesía no sean buenos, lo lamento muy de a deveras, por ko mucho que se pierde, Fíjese que en ese mismo ejemplo que me pone, usted deja de ver que “espacio” no tiene rima asonante con “sueño”, y en verdad que los alemanes se sienten “geengt” (“estrechados, estrechos”) a causa de su sitio en el mapa, entre Francia y Rusis, la consecuencia fueron dos guerras mundiales, la conquista del Lebensraum, del que descubrí que su anagrama es “mensurabel” (=mensurable, en español), pero seguramente ni el káiser ni el cabo austríaco lo sabían. Y la paz, como terminaba sus glosas un viejo redactor del diario Odiel, de Huelva, donde hice mis primeros pìnitos. Él terminaba siempre con esa muletilla (“Y la paz”) y a continuación firmaba con su seudónimo: Bélico. Era un viejo con un gran sentido del humor.

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