De mi Diario : Semana 49 / 2010

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Weiß/Colonia, 14.11. (1)

Berlanga, en ABC: «El dolor me jode, pero morirme me jode más». Ayer, además de Como era gostoso o meu francês (pero eso fue a la noche, después de dar la última puntada a la reseña del libro de Cortázar), en las pausas del trabajo reví El verdugo y ¡Bienvenido Mr. Marshall!  Y sí, Berlanga era un genio. Espero que Allá Arriba se haya formado un comité, con Ernst Lubitsch, Billy Wilder y Luis Buñuel, para recibirlo con todos los honores.

 

Weiß/Colonia, 14.11. (3)

Regresa Diny de Ámsterdam y me trae un reportaje del entierro de Harry Mulisch, aparecido en una revista allá. Cuando sacaron el féretro de su casa y lo subieron a la lancha automóvil que lo llevaría por los canales hasta el cementerio, en el cielo de la ciudad, limpio por la lluvia, se alzó un arcoíris como de cine en 3D. «Típico de Harry», comentaron sus amigos, sonriendo entre lágrimas. La foto es en verdad emocionante, conociendo el contexto y lo que dijo su editor en la loa durante las exequias: «Harry era alguien que le daba color al gris». Me trae Diny también unas pastas deliciosas, recién salidas del horno de la panadería cuando las compró, unas pastas con relleno de yerbas aromáticas y almendras que se derriten en la boca. El neerlandés, quién lo dijera, es un pueblo tan goloso que no hay más remedio que ponerse a pensar en la emigración judeo-portuguesa a esas tierras: por ahí me parece que habría que ir a buscar la liebre.

 

Weiß/Colonia, 15.11.

Voy a Rodenkirchen a hacer unas gestiones en el Banco y a despachar los últimos correos quelonios. Luego, en el bus de vuelta a casa, se sube una chica con bici e indumentaria hípica: seguro que bajará conmigo en la parada de Weiß y seguirá en la bici al picadero del final de nuestra calle, para hacer gimnasia o deporte ecuestre. No es muy agraciada de cara, pero tiene un culo soberbio, realzado por esos pantalones de amazona. Dos paradas más allá se acerca a la puerta de salida otra chica de ± su misma edad, algo más bajita, pero guapa y bien proporcionada. Lo que pasa es que o bien se puso mal los pantys o se puso los de su hermana mayor, y le hacen bolsas y arrugas en torno a las rodillas, desgraciando el conjunto. Cuatro paradas después, Weiß Friedhof, bajamos la amazona y yo, como me había figurado. La veo alejarse, aupada en la bici, y su culo es casi regio, por el trono que le presta el sillín.

 

Weiß/Colonia, 16.11., primera hora del día

Qué buen cine hacen los canadienses y qué poquito lo conocemos y qué buen sabor de boca me llevo de Colonia con esta última peli que veo acá antes de mis vacaciones: La grande séduction. En el fondo, dice Milan Paulović, mi crítico predilecto, es la historia de Local Heropero si así fuera, esto lo digo yo, entonces al revés: y no sólo al revés, sino que sin Burt Lancaster y sin que  Holywood respalde el producto con el poder de sus cadenas de distribución. Merde alors!Y no, mi estimado Milan Paulović, permítame que le contradiga: no es la historia ni siquiera al revés de Local Hero, sino una reedición de ¡Bienvenido, Mr. Marshall! con un final feliz. Véala de nuevo y me dará la razón. Hasta el título inglés de la peli, Seducing Dr. Lewis, es un doblete del clásico de Berlanga. Ay, menos mal que la tele alemana es de luxe. La no comercial, claro. La otra es tan bosta acá como en Perú, Colombia o Argentina. Y de la española mejor ni hablo.

 

Weiß/Colonia, 16.11., antes de partir hacia el aeropuerto

Leo en el blog de Juan Cruz, con fecha 14 de este mes, un comentario muy comedido y serio acerca de la visita del señor Ratzinger a España y de sus alusiones al laicismo agresivo de los españoles. Dice Juan que eso ha sido «una falta de respeto (una más) a la sociedad laica que aquí se construye en medio de enormes dificultades y de periódicos retrocesos». Por mi parte no tengo otra cosa que decir sino que cuando la prensa seria y responsable informe diciendo que el Jefe del Estado de la Ciudad del Vaticano, en visita oficial a España, se inmiscuyó en la política interna de ese país, es decir, cuando se lo reduzca mediáticamente al nivel que le corresponde, sólo entonces empezaremos a sacarnos de encima la rémora de la Iglesia.

 

Aquí deberían seguir los apuntes de nuestro viaje a San Sebastián, Madrid y Santander, desde el 16.11. al 1°.12., viaje que estaba previsto que continuase por Cáceres y/o Huelva, y terminara el recién pasado viernes 10 con el regreso a Colonia. Razones de fuerza mayor hicieron que se interrumpiera de un modo abrupto, y quienes se interesen por ellas las podrán leer en mi diario de viaje, cuando dé fin a la transcripción (aún no iniciada) de los dichos apuntes. Vale.

 

Weiß/Colonia, 1°.12.

396 mails esperándome en la estafeta, y 312 que borro sin misericordia de ninguna especie. Por lo demás, decidí que hemos regresado a Colonia de riguroso incógnito. Esto es, exceptuando con quienes saben lo que me pasó, o con Pepe Luis, Vanesa y Oscar, las citas ya apalabradas para reunirnos en Madrid, no reanudaré mi correspondencia natural hasta el 11, el día siguiente a aquel en que estaba previsto que regresáramos.

 

Weiß/Colonia, 2.12. (1)

El día entero dedicado a limpiar los establos virtuales de Augías y a concertar citas con mi cardiólogo y mi médico de cabecera, amén de atender el teléfono por las llamadas de Huelva, de Madrid y de Holanda, todos preocupados por mi salud. Es un estado mental muy especial y no sé si escribir que apetecible, el mío de ahora, éste de estar de incógnito en la propia casa. Durante la siesta imagino un Estado policial donde semejante constelación sería imposible. Y lo peor de todo es que no me cabe la menor duda de que un Estado Scarfacebook lo conseguirá.

 

Weiß/Colonia, 2.12. (2)

Diny estuvo ayer repasando la pila de diarios acumulados en estas dos semanas de ausencia y me ha dejado recortado sobre el plato del desayuno un artículo donde se afirma que en este pais se producen al cabo del año unas 300.000 hospitalizaciones (de las que 25.000 terminan mortalmente) a causa de los cócteles de medicamentos que ingieren los enfermos. Luego, como compensación, cuando regresa de la compra, me cuenta que aprovechó para pasar por casa de Montse y me trae la maravillosa noticia de que Henri ¡¡toca la guitarra!!  Una guitarrita con una sola cuerda que le han regalado y con la que parece feliz, todo lo feliz que se puede ser a los once meses de edad e interpretando el más intuitivo Concierto de Aranjuez de toda la historia.

 

Weiß/Colonia, 3.12.

Visita al cardiólogo. La primera buena noticia es que he perdido 5 kilos, peso tan sólo (ay) 101. La segunda es que el estado de mis arterias (carótida, cerebral, etc.) continúa siendo idéntico al de hace un año por estas mismas fechas, lo que significa que no hubo más calcificación. Pero de todos modos me suspende la ingesta de Aspirina300, siguiendo la pauta que me recomendara el médico jefe de Urgencias en el Clínico de Madrid.

 

Weiß/Colonia, 4.12. (1)

Estoy a punto a llamar a Carlitos para preguntarle algo, cuando me acuerdo de que se ha ido a Oberhausen, a recoger al Fantasmista para traerla de vuelta a casa. Carlitos, por cierto, no dice nunca Oberhausen sino Obergrausen. Lo que viene a ser algo así como si yo, hablando de Cumbres Mayores, el pueblo de la sierra de Huelva, lo llamase Cumbres Peores. Y mientras escribo estas líneas la oigo gritarme a Diny desde la cocina: «¡Vuelve a nevar!»  ¡Qué bello es estar bien refugiado entre las cuatro paredes de tu casa y en traje de faena, leyendo, oyendo música, viendo buenas pelis! ¡Que nieve afuera todo lo que le dé la gana al puto Bóreas!

 

Weiß/Colonia, 4.12. (2)

Distribuyo urbi et internet el texto de Kike Patiño donde enumera sus “libros de la década”, y lo hago comentando que es una buena lista referencial, pese a incluir un bodrio indeglutible del ya parece que inevitable Bolaño. Y me llega ipso fuckto, desde Tubinga, esta descalificación de Rafael: «Que te metas con Muñoz Molina ya es fuerte, acabo de terminar La noche de los tiempos y me ha encantado; pero con Bolaño no te lo perdono. ¿Podrías fundamentar algo estas opiniones? Aunque en realidad no creo que haya mucho que fundamentar, es cosa de gustos: unos mejores y otros peores (para mí, por supuesto). Un abrazo de quien creía en tu buen gusto». A lo cual le contesto: «No, si ya me lo estaba temiendo, que al final hasta va a ser obligación que a uno le gusten los subproductos del tal Bolaño. Hay que tener tupé para no perdonarme que no me guste. Joder. Pa ti pa siempre, hijo. Y que conste que no me meto con tus gustos: un millón de moscas no puede equivocarse, etc.» 

 

Weiß/Colonia, 4.12. (3)

Comienzo la lectura de Rosario Tijeras, el ejemplar que me trajo Marcela de regalo desde Colombia. Está escrita en una prosa tensa y tersa, me gusta esa prosa. No me convence en cambio el sicograma de la protagonista, ni siquiera si fuese fiel trasunto de un caso real. Sea como fuere habrá que esperar a ver cómo termina la historia. Será mañana, me caigo de sueño.

 

Weiß/Colonia, 5.12.

Terminé Rosario Tijeras con la convicción de haber leído un buen relato, en una prosa de pura fibra, sin grasa. La reserva mental es que soy de Huelva, y es tan sabrosa la grasa del jamón de JabugoSi me pongo a buscar pelos en la leche, la frase inicial («Como a Rosario le pegaron un tiro a quemarropa mientras le daban un beso, confundió el dolor del amor con el de la muerte») suena bien pero se cae de literaria: ¿qué dolor del amor hay en un beso?  Y last but no least, el relato en sí creo que adolece de un fallo narrativo, y es que en ningún momento se nos explica ni se nos cuenta por qué el narrador está ahí tan oportunamente a mano cuando asesinan a Rosario, siendo el caso que llevaban (creo recordar) tres años sin verse. Pero bueno, sí, salvo por esos detalles, también creo que es una narración excelente. Aunque a la protagonista sigo sin poderla encajar en el todo, y eso a pesar del plus que se le otorga desde el título. No es que no sea creíble, es que lo es demasiado, y se puede pecar tanto por exceso como por defecto. Virginia Buendía, la Candela de Angosta, de Héctor, esa sí que es creíble hasta un punto que no me lo parece Rosario Tijeras. Esta es un personaje, cómo decirlo, de diseño, y no de dibujo.

 

Weiß/Colonia, 6.12. (1)

Ha corrido tanto la voz, que mantener mi incógnito en Colonia hasta el viernes se encuentra amenazado: Ángeles informa en su post de hoy, entre otras novedades, acerca de sus amigos,  que yo me puse enfermo. AyPero luego se me ocurre pensar que justamente si ando enfermo (y en principio lejos de mi casa) tengo la mejor de las excusas para no atender el correo. Vale.

 

Weiß/Colonia, 6.12. (2)

Estuve en la consulta del Dr. Ruppert, que leyó atentamente el informe de mi cardiólogo y el boletín médico del Clínico de Madrid, estudiando las imágenes de la panendoscopia y llegando a la misma conclusión que llegaron sus colegas: no hay motivo ninguno para inquietarse. Así es que el resto del día lo dedico a leer una nueva policial de Viktor Arnar Ingólfsson: es la cuarta suya que cae en mis manos, y cada vez me gustan más las policiales islandesas. Suelen ser muy dialogadas, lo que me lleva a pensar que ese es un pueblo altamente comunicativo, a despecho de lo que podría suponerse aplicando un módulo prejuiciado acerca del hermetismo nórdico. (No es hermetismo la palabra, me afano en encontrar otra en mis células grises y el resultado es negativo. Tal vez mañana aparezca sola y por su cuenta). [Apareció: taciturnidad].

 

Weiß/Colonia, 7.12.

A las 9 se va Diny de casa, rumbo a la estación central y camino de Ámsterdam. Anoche la llamó Willy, con fiebre alta y sospecha de pulmonía. Ay. Y es otro Willy, Willy Brandt, el que me salta a la vista desde las páginas de opinión del diario, durante el desayuno. Hoy se cumplen 40 años del día en que Brandt se arodilló delante del monumento a los caídos y asesinados en el gueto de Varsovia. Esa foto es un icono, pero el gesto que registra es una lección de vergüenza y de dignidad. Creo que son pocos, por no decir ninguno, los políticos conscientes de que la mayor dignidad puede demostrarse arrodillándose. Brandt lo cuenta en sus memorias: «Una y otra vez me han preguntado qué significaba ese gesto, si es que lo había planeado. No, no fue así. Mis más cercanos colaboradores no quedaron menos sorprendidos que los reporteros y los fotógrafos a mi alrededor, y todos aquellos que no habían acudido porque no esperaban nada “nuevo”. Yo no había planeado nada, pero abandoné el Palacio Wilanow, donde estaba alojado, con el sentimiento de poner de relieve lo especial del recuerdo que implica el monumento del gueto. Ante el abismo de la historia alemana, y bajo el peso de los millones de asesinados, hice lo que hacen las personas cuando se quedan sin palabras». Nada más, y nada menos.

 

Weiß/Colonia, 8.12.

Afuera nieva todo el día, con pausas para tomar aliento. Adentro yo leo Krimis ingleses y oigo música todo el tiempo. Le gano a los elementos por 2:1.

 

Weiß/Colonia, 9.12. (1)

Hoy se entrega en Pekín el premio Confucio de la paz. Se lo han sacado de la manga (ya se sabe por la iconografía que los mandarines las tienen muy anchas) los capitostes del PC chino, como contrapartida del Premio Nobel de la Paz que se entregará simbólicamente mañana en Oslo a un disidente a quien dichos capitotes mantienen encarcelado, Liu Xiaobo. La situación recuerda sin falta de un detalle la de cuando el Comité Noruego concedió ese mismo Premio Nobel de la Paz en 1936 al pacifista alemán Carl von Ossietzky, a quien los nazis habían internado en un campo de concentración. Los nazis hicieron todas las presiones habidas y por haber para evitar que se le concediera, y una vez concedido hicieron sobre von Ossietzky todas las presiones habidas y por haber para evitar que lo aceptase. Pero von Ossietzky, uno de mis héroes alemanes, lo aceptó, y la réplica directa, a través del propio Hitler, fue la prohibición oficial de que ningún ciudadano alemán aceptase nunca más un Nobel, de la Paz o de lo que fuesey crear un premio propio, como contrapartida. Véase pues en cuánto coinciden los comunistas chinos y los nazis. Hasta en los campos de concentración donde obreros esclavos trabajan en condiciones infrahumanas, con los nazis para la Wehrmacht y la industria bélica, con los chinos para firmas occidentales en régimen de maquila. La puta madre que los parió a unos y otros, sin distinción de ideologías.

  

Weiß/Colonia, 9.12. (2)

Me escribe Josefa Cortés, desde Malpartida de Cáceres, acusándome recibo del envío de un texto de María Elena Walsh en defensa de la ñ, y me cuenta que su abuela María, a la tilde, al “peluquín medio despeinado” que distingue a esa letra, lo llamaba “la carguita de leña”. Qué imagen tan bella Se me figura que su abuela María y mi abuela Remedios hubieran hecho las dos muy buenas migas, y apenas lo escribo (en sentido figurado) recuerdo que mi abuela las hacía también muy buenas, las migas, en sentido real, en la cocina.

 

Weiß/Colonia, 9.12. (3)

En la tele un reportaje sobre las islas Lofoten, y en él un espacio dedicado a una chocolatera que fabrica pralinés de tan suculento manjar en una de ellas. Fabricar chocolate más allá del Círculo Polar Ártico manda carajo. Pero aunque el hecho de por sí es curioso, más lo es la ilusión de esa chocolatera, que noruega y todo se llama Jeanette: una ilusión consistente en llegar a fabricar un día unos pralinés de chocolatey pescado. Seguro que Moctezuma se moriría de la impresión si se llegase a enterar. De todas maneras me lo imagino revolviéndose incómodo en su tumba.

 

Weiß/Colonia, 10.12. (1)

Voy al centro, a ventilarme un poco después de tres días de encierro en casa, y para hacer unas compras, entre ellas un regalo para Arcebelle. Pero es inútil, ninguno de los DVD que le quiero regalar existe en estas latitudes sino con el código 2 (Europa), ni uno solo con el 1 (América) o el universal (0). Tendré que pensar en otra solución. Sea como fuere ello me hace reflexionar en que la tan cacareada globalización no es capaz de solucionar un problema tan sencillo como que todos los DVD del mundo se fabriquen con el código 0. Y lo reflexiono frente a un cuenco de  riquísima sopa de pescado, enriquecida con un pincho de gambas a la plancha, en el Mar del Norte de la zona peatonal. Luego, cuando abordo el tranvía 16, pienso que si no hubiésemos regresado intempestivamente de España hace diez días, en ese mismo momento me encontraría volando desde Madrid, aproximadamente a la altura de San Sebastián. Pero en cualquier caso, sea con el avión o con el tranvía 16, de vuelta a casa.

 

Weiß/Colonia, 10.12. (2)

No hubo discurso de Liu Xiaobo, hoy en Oslo, pero Liv Ullman leyó su alegato final del 23 de diciembre del año pasado, frente al tribunal que lo condenó por subversión. Me conmueve de él en especial un largo párrafo que le dedica a su esposa, la poetisa Liu Xia, y todavía más la bella declaración de amor con que lo cierra: «Even if I am crushed into powder, I will embrace you with the ashes». Lo firmaría Quevedo: «Polvo serán, mas polvo enamorado».

 

Weiß/Colonia, 10.12. (3)

Como es lógico, el espacio cultural diario del canal 3sat se dedicó hoy a la entrega del Premio Nobel, y empezó con Vargas Llosa. La presentadora anunció, entre otras cosas, que acababa de aparecer el último libro de Mario, y nos obsequió con lo que ella cree que debe de ser su título en castellano: El sueno del kelta. La pena es que la tele todavía no es interactiva, si no le hubiese llamado la atención acerca de la falta de “la carguita de leña”. Hija de mi vida.

 

Weiß/Colonia, 11.12. (1)

Regresó Diny anoche de Ámsterdam, tarde, casi a las 11.00 p.m., y hoy, a las 12.00, tendremos que ir al cementerio, al entierro de Elisabeth Barooah, una vieja amiga, colega de la radio y ex vecina nuestra. La pobre Elisabeth, cómo luchó y con qué denuedo, para obtener su doctorado, y cómo la vida se la jugó feo, mandándole un cáncer cuando se doctoró. Pienso en Nimrod, su marido indio, un caballero a carta cabal, y en sus dos hijas, que eran con las nuestras la alegria de estas casas, el 11a y el 11b del Pflasterhofweg. Eheu! Fugaces labuntur anniPero no sólo los años, también los días corren veloces, hoy debo poner fin a mis vacaciones y al periodo que he pasado de incógnito en Colonia. Y me da tantísima pereza, ay.

 

Weiß/Colonia, 11.12. (2)

El diario le dedica una página íntegra a las recomendaciones de sus redactores para regalos en las fechas festivas que se acercan, tomando en cuenta los cuatro tipos de temperamentos típicos del ser humano: coléricos, melancólicos, flemáticos y sanguíneos. El crítico cinematográfico les recomienda a los melancólicos el DVD de Waltz with Bashir, y a los coléricos, boletos para ver la peli The Tourist, con Angelina Jolie y Johnny Depp, argumentando de una manera que no admite réplica: «Es tan aburrida que a uno lo abandonan hasta las fuerzas para un ataque de ira».

 

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1 COMENTARIO

  1. Que se mejore, no soy Doctor

    Que se mejore, no soy Doctor en Medicina pero me parece bien que le quiten la aspirina (soy bioquímico)

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