De mi diario / Semana 43 / 2019

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Weiß/Colonia, 20.10.

En el Kölner Stadt Anzeiger un reportaje a doble página, con amplia ilustración, acerca de un fenómeno geográfico–político de lo más curioso. Al acabar las guerras napoleónicas, el Congreso de Viena (1815) tuvo entre sus objetivos restablecer las fronteras europeas anteriores a 1789, esto es, a la Revolución Francesa, que fueron desquiciadas por las conquistas de Bonaparte. Y así, Prusia y los Países Bajos consensuaron su frontera desde el Mar del Norte hasta Luxemburgo, a excepción de un par de km donde se encontraba el municipio de Altenberg, codiciado por los prusianos y los neerlandeses a causa de encontrarse en él la mayor mina de cinc de toda Europa. De hecho, La Haya y Berlín acordaron enviar respectivos delegados a la zona, para mantener ambos sus pretensiones. La situación ni siquiera cambió en 1830, cuando se funda el Reino de Bélgica, al que hubiera debido pertenecer Altenberg. De manera que ese lugar fue algo así como un mini Estado independiente, sin ejército ni policía, pero sin la prerrogativa de emitir moneda ni sellos de correos propios. Aunque sí con la posibilidad de tener un idioma propio, y en principio todas las cartas apuuntaban a que fuese el esperanto. Esta situación anómala concluyó más de un siglo después, 1919, con el tratado de Versalles, donde Altenberg pasó a ser parte de la geografía belga. Este caso tan simpático me recuerda el de Llivia, un enclave español al norte del Pirineo, es decir: en territorio francés. Y eso desde 1659, desde la Paz de los Pirineos, por la cual todos los pueblos españoles del Rosellón en la vertiente norte pirenaica pasaron a ser dominio de la corona francesa. Un diplomático español despabilado hizo notar, tras la firma del tratado, que Llivia no era pueblo, sino villa, y gracias a eso ha seguido siendo española enmedio de la dulce Francia.

Pasaron El salario del miedo en una versión restaurada que es un auténtico lujo. Esta es una peli que se encuentra en el nicho de las inmortales, con El tercer hombre, Ciudadano Kane, Las reglas del juego, Pygmalion, La diligencia, Casablanca y muy pocas más, todas en blanco y negro. No se sabe qué admirar más en El salario del miedo, y en la duda se admira toda, en bloque. Rara vez una peli consigue esa condensación de elementos que terminan cristalizando en un diamante.

Después de El salario del miedo un documental sobre Clouzot, uno de los directores que más han dado que hablar en la historia del cine. Execrado en principio por su aparente colaboracionismo con los ocupantes nazis, respondió a su manera, con una obra maestra detrás de la otra: El salario del miedo, Las diabólicas, El misterio de Picasso, Los espías, La verdad (cou una Brigitte Bardot a la que supo sacarle todo su partido como actriz), El infierno (con una Romy Schneider a quien no tuvo necesidad de enseñarle nada) No de otro modo reaccionó Elia Kazan frente al vacío que le hicieron en Hollywood por su actitud –en verdad lamentable– frente al Comité presidido por el odioso senador McCarthy. El artista debe pelear con sus armas. Por mucho que nos cueste tragar alguna que otra pìedra de su molino.

Weiß/Colonia, 21.10.

1:20 am : No me resistí a ver de nuevo The Age of Adaline [La edad de Adaline] porque es como un cuento contado por Cherazade. Sólo funciona si se suspende la pretensión de credibilidad, si no la peli no resistiría la prueba de fuego, los versos de Gil de Biedma: «Pero ha pasado el tiempo / y la verdad desagradable asoma: / envejecer, morir, / es el único argumento de la obra».

Todo el día dedicado a despachar correspondencia y a planchar erratas en el texto sobre Eunice Odio que ya entregué a Andrés para El Malpensante. Es increíble cómo se producen tales erratas, se diría que hay un espíritu burlón que anda por ahí haciendo de las suyas y dejando caer comas en los lugares más impensables, hasta volverlos ininteligibles. Verbigracia, en los versos de Eunice «Miliciano español, / poblado hermano nuestro», ¿quién fue quien los transcribió intercalando una coma entre “poblado” y “hermano nuestro”, reduciendo una epifanìa a un sinsentido? Me decía alguien, creo que Arcebelle, que Eunice le tenía terror a las erratas, una vez estaba furiosa porque su editor en vez de poner «dame consejo», puso «dame conejo». Bien cínico, el viejo Borges se preciaba de que las erratas mejoraban sus textos: me gustaría ver su cara al enterarse de que un linotipista errático convirtió su Historia universal de la infamia en una de la infancia.

Weiß/Colonia, 22.10.

2:30 am : Clueless es una de las mejores demostraciones, junto con Pride & Prejudice en la versión del 2003 así como Lost in Austen, de que las tramas de Jane Austen siguen funcionando en nuestros días si se les aplica un tratamiento inteligente. Si el tratamiento es tan sólo un empeño de reconstrucción histórica, como en la versión protagonizada por Keira Knightley, la peli no resiste la comparación con las tres que digo, ni mucho menos con las dos miniseries asequibles de la BBC, la de 1980 y la incomparable de 1995.

Hoy en La Modicana con Diny. Ella y Carlitos encargan lasaña, yo los mismos spgahetti marinara del martes pasado, siempre que la ración sea menor. Al final Carlitos deja media lasaña y yo me como todos los tropezones de pescado y de marisco pero dejo más de la ½ de los espaguetis, no tengo hambre, sencillamente. La persianita le hace un dog bag a Carlitos con nuestros restos, así tiene resuelta su cena.

Paso gran parte del día dedicado a terminar de leer un texto de Francesco Varanini sobre el tema de la traducción de títulos, centrándose en la traducción italiana de Boquitas pintadas. Un texto apasionante, pero en el que leo a velocidad de tortuga coja y con la impagable ayuda de DeepL. Luego le escribo una larga carta a Francesco, con mis observaciones de lector. Es una persona a la que respeto y admiro mucho, a él se debe una de las más profundas calas que se han hecho en la narrativa latinoamericana, y sabe más de ella que muchos latinoamericanos y no pocos españoles empiringotados que escriben de oídas, no han leído con la atención empática de Francesco.

Weiß/Colonia, 23.10.

2:00 am : Siguiendo con la inmersión en el mundo de Jane Austen, vuelvo a ver Emma, con Gwyneth Paltrow. Y evidentemente es una buena versión, pero Paltrow es demasiados años mayor que Emma, por eso sigo prefiriendo la versión con Kate Beckinsale, con su carita de adolescente que nunca ha roto un plato pero está estudiando con ahinco para poder hacerlo.

El 16.3. del año pasado estuve viendo acá, en la pantalla, Pigmalión en la versión de RTVE, y le dediqué una extensa entrada a su final, que siempre ha sido el caballo de batalla de las versiones de esta inagotable comedia de Bernard Shaw. Hoy he visto por fin la versión neerlandesa, que se filmó un año antes (1937) que la famosa de Wendy Hiller y Leslie Howard. Y también aquí hay un final distinto: sigue en líneas generales el segundo que tuvo que escribir Shaw porque a nadie le convencía el final original, y así, después de que Liza (¡una sensacional Lily Bouwmeester!) le replique a Higgins que sea él mismo quien compre lo que le acaba de encargar, se sube al taxi y marcha a la boda de su padre en compañía de la madre de Higgins. La novedad es que la escena se traslada a la iglesia donde tiene lugar la boda, y vemos de pie, al fondo de la misma, al coronel Pickering, Mrs. Higgins y Liza. Se oye un ruido en la cancela y es Higgins, que la abre y entra silencioso desplazándose de izquierda a derecha hasta quedar ligeramente detrás de Liza y le pregunta susurrando si no deberían hacer ellos lo mismo. «¿Qué cosa?» «La que está haciendo tu padre». «¿Casarnos?» «Sí». Liza lo mira y deniega primero con la cabeza, para luego sentenciar altiva: «No. Eso es para los tontos». A Shaw le disgustó profundamente este final, según informa mi dilecta amiga Miss Hortensia Google. Claro, es que Shaw era un cascarrabias, y no soportaba que sus personajes, sobre todo los de Pygmalion, se independizaran de su texto. Pero lo cierto es que los tres finales distintos que conozco, los de las versiones española, inglesa y neerlandesa son mejores, o dicho de otro modo, más creíbles que el final del original de Shaw. Y como descubrí que la versión neerlandesa existe en DVD, le voy a pedir a Willy que nos la compre, porque verla en la pantalla de la compu es muy cansino, y además en el DVD se pueden eliminar los subtítulos ingleses, que están bien para quienes no entiendan el neerlandés, sólo que me repatean el hígado ya por su mera presencia, además de estar en un idioma que no domino. Bada retro!

Leo La jugadora de ajedrez, la novela que dio pie a la versión para el cine con Sandrine Bonnaire y Kevin Kline. En la novela, que se lee muy bien, la acción transcurre en Naxos y no en Córcega; la protagonista no se llama Hélène sino Eleni, el contrincante que le enseña a jugar al ajedrez no es un solitario expatriado gringo –el Dr. Kröger– sino su viejo maestro de escuela, Kouros, y el torneo de ajedrez al final no se juega en un club de Atenas sino que es el campeonato corso, en Ajaccio, donde Hélène gana la partida final, mientras que Eleni pierde la suya en Atenas. Me ha gustado mucho el perfil del maestro Kouros, de quien la autora, simpatizando con su misantropía, asegura que «había alcanzado el privilegio de no tener nunca más que aburrirse en sociedad», algo que practico cuanto puedo y las circunstancias me dejan. Otro dato digno de registrar es que la autora de la novela es alemana, al escribirla llevaba 16 años viviendo en París, donde se casó, y la novela la escribió directamente en francés para que la pudiese leer su familia.Hubiera sido lindo leer la traducción alemana hecha por ella misma. Ojalá que al menos la haya supervisado.

Weiß/Colonia, 24.10.

2:30 am Prosigo con la inmersión en el mundo austenita, esta noche con una de las dos versiones que poseo de Persuasion, la de 1995, con Amanda Root, anterior en doce años a la de Sally Hawkins, que también poseo y la recuerdo como más viva, o sea, más vivaz que esta, en la que detecto un cierto envaramiento. Aunque, desde luego, es una muy buena versión.

Estos días, con motivo de la discusión sobre la exhumación de los restos del inferiocre, he recordado un libro que leí en Madrid, 1961, lo tenìa mi primo Antonio Mérediz en su biblioteca, donde pululaban los libros prohibidos por la censura, y ese era uno de los más perseguidos por la policía secreta: Otros hombres, de Manuel Lamana, el minucioso relato de cómo se escaparon de Cuelgamuros él y el hijo de Claudio Sánchez Albornoz, que estaban condenados a trabajos forzados y los cumplían en la construcción del Valle de los Caídos. Consiguieron huir gracias a dos muchachas gringas, ambas llamadas Barbara, la una Probst Salomon, la otra Mailer (hermana de Norman). Ellas los llevaron en el auto de Norman hasta los Pirineos (que cruzarían a pie), en un tiempo cuando en España no había autopistas. Es más, casi no había autos. Jugábamos al fútbol en las calles y rara era la vez que teníamos que interrumpir un partido para dejar pasar un Balilla, es la marca que más recuerdo, era una especie de premodelo del actual Fiat 600. Tendría que volver a leer el libro de Lamana porque creo recordar que, como crónica, era excelente.

Weiß/Colonia, 25.10.

2:45 am : Primero estuve viendo, hasta la medianoche Side Effects [Efectos secundarios], una peli de Steven Soderbergh, del 2013, que me produjo desde el primer momento una sensación de déjà vu, sensación que creció conforme avanzaba el metraje, hasta que me di cuenta de que ya la había visto alguna vez, pero, ¡misterio!, por completo olvidado. En la pausa antes de seguir con mi ciclo Jane Austen, repasé este diario desde el 2013 hasta hoy, y no hay la más mínima mención de ella, lo que vuelve la cosa todavía más misteriosa. Sea como fuere, me gustó, volveré a verla si la pasan de nuevo. Y en mi ciclo Jane Austen, hasta ahora mismito, la segunda parte de Persuasion, que anoche no alcancé a ver entera. Me encanta su final, con la farándula de titiriteros italianos por las calles de Bath, haciendo propaganda de su circo, la atmósfera está logradísima.

Hoy, en el Kölner Stadt Anzeiger una esquela fúnebre con un epígrafe de Schopenhauer: «Creo que cuando la muerte cierra nuestros ojos, nos hallamos en una luz de la que nuestra luz solar es nada más que una sombra». Hoy también, continuando con mi lectura de la correspondencia entre Astrid Lindgren y Louise Hartung, esta última le hace el 3.1.1959 un par de recomendaciones a su amiga por lo que se refiere a lecturas filosóficas; y después de todo un largo párrafo elogioso que le dedica a Ortega y Gasset, añade lo siguiente: «Idiomáticamente, el más hermoso y claro alemán lo escribió Schopenhauer; Heidegger por el contrario casi inventó una nueva oscuridad verbal». Tampoco a mí me gusta Heidegger, lo poco que he leído suyo, pero le debemos una bella metáfora, o imagen, la del idioma como «la casa del ser». Aunque cabe preguntarse en qué clase de inhóspito tugurio medieval vivía el ser de Heidegger, a juzgar por su idioma.

Termino de leer el último número, extraordinario (por lo supernumerario y por su contenido), de Cuadernos Hispanoamericanos, dedicado monográficamente a la crónica y en el que están representados todos los países de nuestra lengua, con la sola excepción de Ecuador y República Dominicana, amén de Estados Unidos, donde se escribe mucho y bueno en español. Le escribo a mis amigos del directorio BOCCATI DI CARDINALE: «Quienes tengan cerca una biblioteca o un centro público donde se reciba Cuadernos Hispanoamericanos no se pierdan este volumen excepcional. Pienso en el Instituto Iberoamericano de Berlín, en las bibliotecas de los Centros Cervantes en toda Europa, en las bibliotecas nacionales como la Luis Ángel Arango en Bogotá, en las de los departamentos universitarios de Románicas en todo el mundo, seguro que lo encuentran. Lo dicho, no se lo pierdan». Es un número de a deveras fabuloso. Por supuesto hay lunares: la crónica de Guatemala es un coñazo (cosa rarísima porque la firma Rodrigo Rey Rosa, que es un escritor estupendo). Y la de Honduras es prescindible, como la del Paraguay, pero el resto es formidable, en especial la de Héctor en Colombia, la de Jorge Eduardo Benavides en el Perú, la de Karla Suárez en La Habana, y todo el resto. ¡Qué banquete para los ojos y el alma!

Weiß/Colonia, 26.10.

2:30 am : Al igual que anoche, primero estuve viendo The Insider [El dilema], con un fabuloso reparto, pero sobre todo un sensacional mano a mano de Al Pacino con Russell Crowe (creo que esta es la mejor actuación suya entre las que le conozco), gran peli de Michael Mann, quien tiene en su haber otro mano a mano memorable, el de Al Pacino con Robert de Niro en Heat [Fuego contra fuego, sea ello lo que fuere, se tituló en América Latina]. Y siguiendo con mi ciclo Jane Austen, esta noche Sense & Sensibility, de la que tengo cuatro versiones: me decidí por la mejor, la de Emma Thompson, que consiguió con ella el Oscar al mejor guion adaptado. Ay pena penita pena que su contraparte fuera un tipo tan requetesoso como Hugh Grant.

Y esta noche volveremos a atrasar una hora los relojes (excepto los digitales, que lo harán motu proprio) e inauguraremos una nueva temporada del horario de invierno. El tema divide a Europa, no hay mayoría por la subsistencia del sistema actual, ni por la posibilidad de un horario único, ni por nada. El único país que parece tenerlo claro es Portugal, que de manera categórica excluye que se cambie el sistema en vigor. Tal como anda de desquiciado el mundo, no sería descabellado pensar que a la vuelta de 20, 30 años, quien viaje de Madrid a Varsovia tenga que cambiar cinco o seis veces la hora de su reloj de pulsera, o del incorporado a su celular. Nada de «O brave new world, that has such people in’t!», como le hiciera decir Shakespeare a Miranda en La tempestad: «¡Oh espléndido mundo nuevo, que tales gentes produce!» Nada del mundo feliz que profetizó Aldous Huxley en su Brave New World [Un mundo feliz]: vamos derechitos y de cabeza al mero mero caos.

*****************THE END*****************

1 COMENTARIO

  1. Cuando leí «Ser y tiempo» rondaba la treintena y la curiosidad por entender y llegar a una conclusión pudo más que la obscuridad del texto y el esfuerzo que tuve que hacer para entender. Ahora ni queriendo podría, además de que no quiero.

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