Día 34: Curso perdido, lección aprendida

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Es miércoles. En casa llevamos 34 días confinados y el Gobierno celebra hoy la Sectorial de Educación. Están preocupados por cómo terminar este curso. El pasado lunes, como todos los lunes desde que comenzó el confinamiento, nos llamó la “seño” de mi hijo para preguntarnos cómo lo llevábamos, si está haciendo las “tareas” y que cuál era mi e-mail para enviarnos las notas del trimestre pasado. Mi hijo tiene dos años recién cumplidos.

Sé que la maestra de mi hijo nos llama porque 1.Se preocupa por nosotros, 2. La obligan a llamarnos dentro de la normativa académica. También sé que la mujer, que adora a nuestros niños pero está cerca de la jubilación, está aprendiendo a marchas forzadas cosas como hacerse un correo electrónico porque nunca había tenido la necesidad de tener uno. Y que nos pregunta por las fichas aunque “por lo bajini” sabe, por experiencia, que las fichas es lo de menos. Agradezco el esfuerzo de los docentes y valoro que en la escuela se relacione con otros niños, haga ejercicio y aprenda. Pero seamos sinceros, mi hijo tiene dos años, si va a la “guardería” es porque la conciliación en este país es de risa (por no decir de llanto) y nos vemos obligadas a mandarlo para nosotras poder trabajar.

Mi hijo desde casa está aprendiendo en paciencia, porque cada vez que escucha el ascensor corre hacia la puerta porque cree que son los abuelos. Y le decimos que no, que aún no, que debemos esperar para verlos. La misma paciencia que aprende cuando le digo “Espera mi amor, ya te hago caso, que tengo que terminar este texto…”. Está aprendiendo un montón de palabras aunque no vaya a la escuela, porque ahora que pasamos más tiempo en casa, todo el tiempo en casa, hacemos desayunos y almuerzos  sin prisas, saboreando los bocados, pero también nombrando cada alimento. Y le encanta el color rojo porque le encantan las fresas y los tomates. Y cocinamos juntos y con solo dos años le flipa ponerse el delantal y subirse a una silla y darle a la batidora o amasar. Y tiene una escoba y una fregona y le encanta imitarnos mientras limpiamos aunque otra veces lo que hace con los palos es usarlos de palo de jockey. Porque en imaginación es el rey de la casa: a todos sus juguetes le encuentra otras variaciones, pero también a todos los objetos de la casa. Y de una caja de cartón, qué tópico pero qué real, salen mil aventuras.

Y en estos días en casa está aprendiendo a decidir porque si antes con las prisas le sacábamos la primera camiseta del cajón, ahora a él le gusta detenerse y decidir. Autonomía y decisión. Qué importante es que sepan decir sí y no, ¿no creen? Y en casa también corre por los pasillos y salta de sofá a sofá. Y juega, juega mucho, y es así, mediante el juego como lo aprende todo. ¿De verdad quieren evaluar si mi hijo está cumpliendo sus tareas trimestrales?

Y sí, él tiene solo dos años, pero no difiere tanto de todos esos niños más grandes que desde sus casas están también aprendiendo. Quizás no al detalle todas esas tareas, pero sí la biología y la química de este virus y de la vida; las matemáticas de que en lugar de gambas hay patatas para comer porque a papá o a mamá le han hecho un ERTE; la solidaridad de los vecinos en Medio Ambiente y Conocimiento del Medio; el poder de la constancia; la unión de un mundo que debe salir de esta crisis codo con codo: Historia y Geografía. No, no necesito que mi hijo recupere el curso en agosto, lo que quiero en agosto es hacer acampadas perdidos en el campo y ver atardecer desde la playa.

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