El alma de las mujeres

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El alma de las mujeres (2017) es un libro atípico. No tanto por el tema que trata como por lo novedoso de las tesis que presenta y por el origen y la forma en que está estructurado. El alma de las mujeres es un libro escrito a cuatro manos: lo firman Cecilio de Oriol, un autor anónimo, y José Lázaro, un conocido intelectual madrileño, autor, entre otros textos, de Vidas y muertes de Luis Martín Santos,  XXI Premio Comillas de Historia, Biografía y Memorias (Tusquets, 2009). Fue Lázaro quien recibió hace unos años por correo electrónico un manuscrito, de unas sesenta páginas, enviado desde Granada por Cecilio de Oriol. Por la misma vía, Lázaro le contestó que le habían asombrado las ideas contenidas en el texto, pero que su exposición le parecía confusa y requeriría bastantes explicaciones para ser comprensible. La respuesta fue que el texto era perfectamente claro y que si Lázaro no lo entendía seguramente era por la simpleza de su mente masculina.  Así empezó un ciberdiálogo que duró dos años, pues ambos autores nunca se han visto personalmente ni han tenido más vía de contacto que el correo electrónico.

La idea central del libro es que la más radical y completa igualdad de derechos entre hombres y mujeres tiene que ser defendida a la vez que se comprende la profunda diferencia antropológica que hay entre ellos. En palabras de Cecilio de Oriol: “La sensibilidad de las mujeres —lo mismo que la inteligencia, el sentimiento o la intuición— es exactamente igual que la de los hombres”. Ahora bien: “La mujer es un ser plenamente instalado en su cuerpo, mientras que el hombre vive el suyo como un simple instrumento; lo que no significa que la mujer esté presa de su fisiología. La capacidad femenina para llegar al deseo a través del amor contrasta con la dificultad masculina de alcanzar el amor a partir del deseo”.

Ante esto a Cecilio de Oriol cabría objetarle que, ahora que los acontecimientos alrededor de la mujer se suceden a velocidad de vértigo, pareciera que el concepto de mujer tal y como siempre lo hemos planteado y ha existido deba cambiar las tornas y casi autodestruirse para renacer cual ave fénix, todos estos planteamientos pierden todo su sentido cuando toca hablar de amor. Aún más tras leer El alma de las mujeres. Con las cosas del querer las diferencias entre hombre y mujer quedan al aire y las preguntas se agolpan escudadas en la sensibilidad femenina: historias de desamor, la pasión que precede al caos, las dudas de la falta de compromiso, de que es imposible amar o es imposible ese amor que nos explicaron y que hemos soñado, el que me han contado que existía. El deseo, el amor, la pasión, la complicidad… pocas mujeres lo han encontrado. Cuando despiertas de esas expectativas amorosas descubres que han influido en tu visión y a la hora de ejecutar cualquier relación íntima. Casi determinan en adelante tus elecciones vitales. Recuerdo siempre unas palabras de la dramaturga Paloma Pedrero y que son inevitables aplicar a las relaciones amorosas: “No podemos depender de los demás porque entonces estamos atados de pies y manos y en cualquier momento nos podemos romper y es preferible encontrar el centro de uno mismo. Es un poco aceptarse, saber que uno puede vivir con su cabeza y con su cuerpo sin necesitar muletas. En Locas de Amar una de sus protagonistas decía algo así: Mi vida empezaba en tu frente y acababa en tus pies, y no se puede vivir en un espacio tan limitado”. 

La perspectiva que Oriol y Lázaro buscan para su libro está bien reflejada en su cita de apertura: “Yo hice una película que se llama Eva al desnudo. Si hubiera querido hacer Adán al desnudo, no me habría dado ni para un cortometraje”, (Joseph L. Mankiewicz). Y esa simplicidad de los mecanismos masculinos es una peligrosa fuente de problemas para la relación entre ambos sexos, sostiene Oriol en varios pasajes.

Cuentan los autores que hasta el momento de enviar la obra a imprenta dudaron si emplear en el título la palabra “alma” o “esencia”: “Optamos por la primera en recuerdo de la leyenda según la cual la Iglesia Católica se habría negado durante años a admitir que las mujeres tengan alma. Para nosotros el alma existe porque lo demuestra la conducta femenina. Nuestra verdadera duda es si tienen alma los hombres”, afirman los autores.

Está claro que hombre y mujer somos diferentes como diferentes son los cuerpos en forma y sustancia. Y no es nada nuevo. Descubrir que muchas mujeres que han sido educadas para ser la costilla de Adán descubren un día que ellas mismas tienen muchas costillas. Costillas que se mueven al respirar, al sentir… y que forman parte de un cuerpo con el que buscarse ricamente la vida (Locas de amar). Y nos cuesta reconocerlo. Y ya Simone de Beauvoir explicó en qué consistía la desigualdad de género. Ser chico, decía la autora, ya traía consigo una subjetividad que le permitía aparecer como seres que tomaban su iniciativa y creaban su propia vida con iniciativa propia. Una vida individualizada. A la mujer, por el contrario, todo esto le estaba vedado. Por propia educación. Esta autorrealización es terreno cercado para ellas, que deben dedicarse primero a prestar atención a los demás antes que a ellas. La autonomía y la individualidad del varón iba recortando derechos, inevitablemente, a la mujer que quedaba ante el exterior más como ‘objeto para’ que como sujeto. De ahí que afirmara: No se nace mujer, se llega a serlo.

Es evidente que el tema de esta obra es parecido al de numerosos bestsellers de esos que ubican a los hombres en Marte y a las mujeres en Venus o de las ‘Sombras de Grey’, pero el estilo y las ideas son totalmente distintas de ellos. Las lectoras con las que he podido cambiar impresiones suelen coincidir al expresar la sorpresa de que un hombre pueda exponer de esa manera las sutilezas del alma femenina. Quizá el tema más habitual de los que toca el libro sea la relación entre el deseo y el amor, pero incluso ahí la forma de expresarlo es infrecuente.

De todas formas, opino como Pavarotti, “si puedes explicar el amor, entonces no es amor”. Si a ello añadimos las diferencias entre hombre y mujer prefiero quedarme con las palabras de Pedro Salinas que sobrevolando el omnipresente estado amoroso decía que: “El amor no es otra cosa que localizar en un ser, en un nombre, en una vida, dentro de los límites de un rostro y un cuerpo, todo un mundo de abstracciones y anhelos, de espacios infinitos e irrealidades sin medida. Todo toma cuerpo y carne”. Sin medidas, sin límites, sin diferencias. Seres humanos que aman y sufren.

Porque, al final, lo que interesa es si hay o no posibilidad de un auténtico encuentro equilibrado entre una mujer y un hombre. El conocimiento entre ambos, les parece a los autores, es el imprescindible paso previo para una relación amorosa estable y satisfactoria. Aunque se declaran desconcertados: “Y ¿eso cómo se hace?”.

Inevitablemente, llegamos a la conclusión de la existencia del amor efímero. Y nos preguntamos si visto el ritmo, la velocidad de la vida o la falta de compromiso no sería esto la mejor solución. Aunque sea duro reconocer que todo se debe al fracaso del compromiso y de la fe en el amor duradero. A la negación del discurso prediluviano de una relación estable, de un amor eterno, de un amor verdadero que cada vez más o, incluso, necesariamente desembocan en la rutina. Cuánto daño ha hecho el mito del amor romántico que ha terminado conduciéndonos bien al fracaso o bien a la entrega del amor efímero que desemboca en impedir establecer una relación duradera y sólida.

No puedo evitar referirme de nuevo a Paloma Pedrero y emplear lo que en su propia dramaturgia escribe y podríamos aplicar a la vida: “Yo creo que cuando se escribe (ama) con sangre, desde dentro, cuando se escribe desde la verdad, aunque utilices una técnica (…) cuando tú escribes de tus sustancias más hondas, entonces salen diferencias. Si alguna vez una mujer quiere seguir los esquemas masculinos es porque no está siendo verdaderamente auténtica con su creación sino que está intentando imitar o está intentando llegar a un público o llegar a ser algo que no es”.

No, no es fácil hablar sobre sobre el alma de las mujeres porque no es fácil hablar sobre el Amor: hay demasiados ingredientes, demasiada subjetividad, demasiados factores culturales, contextuales o biográficos. Pero está claro que el Amor es el Tema. Un tema decisivo porque está detrás de muchas decisiones. Como lo está de muchos placeres y de muchos dolores. La forma de vivir el sentimiento amoroso varía en función de cada cultura. Pero en todas ellas el Amor aparece como el más poderoso de los autoengaños porque integra a la vez ilusiones y decepciones. A este revuelo emocional hay que unirle las distorsiones cognitivas tan frecuentes como típicas del proceso de enamoramiento. Muchas personas que consultan a psiquiatras o psicólogos por sufrimientos derivados de sus relaciones amorosas. Si analizamos sus discursos, en muchos casos podríamos tildarlos de “delirantes” cuando simplemente son “ideas sobrevaloradas”. No están enfermos, simplemente están….enamorados.

Nuestra sociedad actual aparece muy influida por modelos éticos que obligan a sacar tajada de cualquier toma de decisiones relegando las actitudes altruistas a un plano muy secundario. Así, no es frecuente que hoy en día se apueste por un valor poderoso como es el amor estable y duradero, por “el duro deseo de durar”, que escribió Paul Éluard.

En España, en el año 2017, se separaron legalmente 102 000 parejas, aunque la tendencia de los últimos diez años tiende a la baja. La mitad de los matrimonios acaba por romperse. La supervivencia media de las parejas españolas ronda los 15 años: es de las más bajas de la Unión Europea. Y las cosas no van mejor en los sucesivos intentos. Las separaciones se incrementan hasta un 60% en los segundos matrimonios y llegan a un 75% si se celebran unas terceras nupcias.

Visto lo visto parece que necesitamos manejarnos con más seguridad por estas relaciones tan humanas y tan importantes. Y no tenemos una hoja de ruta que evite sinsabores. Cierto que la literatura sobre el Amor desborda los anaqueles de librerías e implica cada vez a más disciplinas: desde neurobiólogos a lingüistas pasando por filósofos, antropólogos, bioquímicos, psiquiatras, etc. Pero esta proliferación de estudios apenas ha rendido resultados. Día tras día, las consultas de psiquiatras y psicoterapeutas se llenan de personas que sufren a causa de sus relaciones amorosas. Y es que ¡si al menos supiésemos por qué duele el amor…!

Tal vez Oriol y Lázaro estén en lo cierto y podamos resolver algunas dudas y temores conociendo con mayor detalle el alma de las mujeres para intentar comprender qué es lo que quieren los hombres.

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