El brazo armado del Vaticano

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El nuevo presidente del Instituto para las Obras Religiosas (IOR, más conocido como Banca Vaticana) es un alemán, Ernest von Freyberg, que en los últimos años ha presidido una empresa naval -la naviera Blohm+Voss-, en cuyo historial se encuentra la construcción de buques de guerra para el gobierno alemán.

 

El portavoz del Vaticano, el jesuita Lombardi, respondía así a las críticas sobre el pasado del nuevo gestor económico: «Es presidente de una naviera que construye barcos en todo el mundo, después lo que introduzcan en los mismos no depende de él». ¿No tenían los jesuitas fama de ser elegantes argumentadores?

 

Cuando uno escucha a un portavoz (de lo que sea, eclesiástico o no) casi siempre surge una duda: ¿creen que todos los oyentes son idiotas o los idiotas son ellos? Bueno, salvo en el caso de los  portavoces parlamentarios de los partidos políticos españoles, con los que no caben muchas dudas.

 

Según ese razonamiento sobre el dentro-fuera, continente-contenido, el pío naviero alemán sí tendrá que hacerse responsable a partir de ahora tanto del dinero que entre  en las cuentas vaticanas como del que ya esté dentro. Estamos hablando de unas cuentas que, según algunas investigaciones en marcha, podrían haber servido para blanquear abundantes cantidades de dinero provenientes de lo mejor de cada casa en Italia- políticos, empresarios y mafiosos-, y no sólo de Italia.

 

Ernest von Freyberg sustituye al economista italiano Ettore Gotti Tedeschi, destituido el año pasado de su cargo. Gotti Tedeschi (sin relación, que se sepa, con el mafioso Jonh Gotti) se ha visto envuelto en una investigación sobre blanqueo de dinero relacionado –un solo ejemplo- con Finmeccanica, el ente público italiano encargado de fabricar y vender armas. Desde hace unos meses se investiga si Finmeccanica pagó comisiones para conseguir contratos en India. Hace unos meses, cuando las fuerzas del orden italianas se presentaron en casa de Gotti Tedeschi para proceder a un registro relacionado con este caso, el banquero, con cierto alivio al comprobar que eran los carabinieri enviados por el fiscal, habría comentado: “Pensé que veníais a matarme”. ¿A quién esperaba?