El callejero. Sin techo. ¿Cómo vivir sin dirección?

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New Haven, como Manhattan, es una ciudad cuadriculada. Fundada por puritanos que huían de la persecución, el nuevo asentamiento no se inspiraba en Filadelfia, sino en la ciudad ideal de los levitas, tal y como se describe en la Biblia (Números 35, 1-6). Los puritanos trazaron las calles dibujando cuadrados de doscientos cincuenta metros por lado, según las dimensiones extraídas de Ezequiel 45, 2, con un tabernáculo central copiado del Éxodo 26. [1] La manzana central se convirtió en el parque New Haven Green, un lugar para rezar y tomar el aire, adonde llevarían a ejercitarse a los cautivos que había tomado el barco de esclavos La Amistad.

Los puritanos también diseñaron el parque para albergar a todas las personas que se salvarían en la segunda venida de Cristo (calculaban que serían 144.000, la población aproximada de Dayton o Pasadena). En la actualidad parece que alberga al mismo número de personas sin techo que la ciudad posindustrial ha desterrado. Cualquier día, bajo la sombra neogótica de la Universidad de Yale, la gente sin hogar usa el parque para pasar el rato.

Aquí, casi cuatrocientos años después de la llegada de los puritanos, Sarah Golabek-Goldman, estudiante de primero de Derecho en Yale, fue en busca de personas sin techo para hablar con ellas. Poco antes había tenido una experiencia preocupante en un Starbucks durante una tormenta de nieve. Starbucks era como cualquier otra cafetería en cualquier ciudad universitaria en época de exámenes, estaba llena de estudiantes que se afanaban ante sus ordenadores y libros de texto, pasando la tarde con el mismo café latte. Sarah estaba estudiando para su examen de Contratos, con sus libros en la mesa. En plena tormenta de nieve entró una mujer despeinada con el pelo blanco y cargada de bolsas de plástico. Se sentó sin comprar una bebida. Sarah levantó la vista cuando un agente de policía comenzó a gritarle a la mujer que se marchara. Cuando Sarah corrió a comprarle una taza de café para pagar por su asiento, la mujer salió huyendo. “Los estudiantes de Yale no entienden nada”, le gritó el agente a Sarah cuando esta corrió detrás de la mujer. La perdió en mitad de la ventisca.

Antes de ir a Yale, Sarah había trabajado en temas de derechos civiles y había grabado un documental que se emitió en la PBS sobre la búsqueda de la tumba de su abuela en un cementerio destruido por los nazis. Sarah es una persona idealista, pero también práctica. En realidad no sabía lo que necesitaban las personas sin hogar. Entonces hizo lo que haría cualquier joven que aspirase a entrar en una universidad como Yale: los deberes.

Cuando acudió sola a New Haven Green, no estaba segura de quiénes eran personas sin hogar. Comenzó buscando gente con muchas bolsas, como la señora que había visto en Starbucks. Tras explicar que estaba investigando sobre las personas sin hogar, la persona en cuestión le contestaba o le remitía a algún conocido que fuera sintecho. Al final llevó a cabo decenas de entrevistas tanto con personas sin hogar como con los servicios sociales de New Haven, Washington D. C. y Los Ángeles, y lanzó una encuesta nacional con la ayuda de una organización que apoya a los sintechos.

Casi de inmediato, descubrió que muchas de sus suposiciones sobre las personas sin hogar eran erróneas. Antes creía que encontrar un albergue adecuado en New Haven era el mayor problema. Aunque la gente del parque carecía de lugares limpios donde pernoctar, sobre todo durante los duros inviernos, también mencionaron el acoso policial y la escasez de servicios de salud mental. Pero esos problemas no representaban lo que más necesitaban. Lo que necesitaban de verdad, le dijeron, era una dirección postal.

La gente sin hogar no tiene hogar por definición. Pero una dirección no es un hogar. Una dirección, hoy en día, es una identidad; es la forma que tiene la sociedad de comprobar que eres una persona y que eres quien dices ser. ¿Cuántas veces me han pedido un documento que acredite mi dirección para matricular a mi hija en el colegio, para votar o para abrir una cuenta nueva? No sirve para que mi gestor bancario venga a buscarme a mi puerta. Es que en el mundo actual tú eres tu dirección.

Mucha gente asegura que quiere salirse del camino establecido, marcharse a buscar aventuras en autocaravana. Pero la gente a la que Sarah entrevistó quería seguir el camino y todo lo que conlleva: hogar, facturas, cuentas bancarias. En resumen, todo lo necesario para la vida moderna. Sobre todo querían trabajos y para trabajar necesitas una dirección. Un hombre le dijo: “Antes trabajaba, pero ahora no tengo dirección”. Sarah halló pruebas que confirmaban que las personas sin techo son trabajadores eficaces porque agradecen especialmente el trabajo.

Sarah, a punto de graduarse en la Escuela de Negocios y en la Facultad de Derecho de Yale, comenzó a recoger solicitudes de trabajo en Starbucks, Macy’s, JCPenney y GAP. Una y otra vez, comprobó que en estos formularios solicitaban la dirección a pesar de que lo normal es que te contacten por teléfono o email. En algunas solicitudes advertían que podría llevarse a cabo una verificación del currículum para comprobar el “estilo de vida” del aspirante.

En Los Ángeles, donde se había criado, Sarah realizó entrevistas en lugares donde se pagaban salarios bajos. En Pizza Hut, un empleado le contó que “no había muchos requisitos” para trabajar allí. Pero “necesitas mantener la misma dirección postal durante unos cuantos años. La gente sin hogar no podría trabajar aquí, lo cual es una lástima porque quieren progresar”. El dueño del restaurante Denny’s le contó que pedía la dirección postal a los candidatos porque quería saber “si estaban arraigados en algún sitio. No contrataría a un sintecho porque olería mal e iría sucio. Empatizo con su desgracia, pero a veces son ellos los que eligen no tener casa”. El dueño de un pequeño comercio le dijo a Sarah: “nunca contrataría a una persona sin hogar porque trabajo con niños pequeños y sus padres. No les gustaría ver que uno de mis empleados va desaliñado, huele mal, es un adicto, un alcohólico o un enfermo mental”. [2]

La discriminación descarada de los jefes se basa en parte en estereotipos sobre las personas sin hogar. Dennis Culhane, ahora profesor en la Universidad de Pensilvania, vivió unas semanas durante la carrera en un albergue para hacer una investigación. Cuando regresó unos meses más tarde, se dio cuenta de que muchas perso- nas que había conocido ya no estaban; habían pasado por una mala racha y habían vivido en el albergue de manera temporal. Solo una décima parte de los usuarios eran sintechos permanentes. [3]

Hoy sabemos que, aunque los problemas de salud mental y las adicciones afectan más a la población sin hogar, la mayoría están pasando un mal momento (las enfermedades mentales severas son más visibles en las personas que viven en las calles, pero no si viven en sus coches o en el sofá de sus amigos). Un tercio de la población sin hogar son familias con hijos.[4] Y mucha gente sin hogar permanente ya trabaja: en ningún estado de Estados Unidos nadie que trabaje por el salario mínimo puede permitirse un piso de dos dormitorios.[5]

Pero los estereotipos sobre las drogas y la criminalidad permanecen. No tener hogar constituye un estigma profundo. Erving Goffman, uno de los sociólogos más influyentes del siglo xx, pasó años pensando y escribiendo sobre los estigmas de aquellos que viven sin aceptación social: discapacitados, adictos y enfermos mentales. Describió un estigma como “una identidad manchada”.

Entrevistado para un estudio que sigue la estela del pensamiento de Goffman, un joven dijo que lo más difícil de vivir sin hogar era “acostumbrarse a la forma que tiene la gente de despreciar a la gente de la calle. Es muy difícil sentirse bien contigo mismo cuando casi todo el mundo te desprecia”.[6] Cuando a los participantes de un estudio les mostraron imágenes de personas sin hogar, su actividad cerebral sugería que las veían como seres “infrahumanos o deshumanizados”.[7]

Goffman describió cómo algunas personas intentaban evitar el estigma intentando parecer “normales”. Por ejemplo, una persona estigmatizada por una deformidad en el rostro se haría una cirugía plástica. Para las personas sin hogar, una forma de afrontar el estigma sería adquirir una dirección postal, lo que significaba que no tenían que identificarse como tales ante el médico o un posible empleador. Porque es esencial tener una identidad positiva. El psicólogo Abraham Maslow tiene la teoría de que la gente necesita satisfacer primero sus necesidades básicas –techo, comida, agua, etcétera– antes de centrarse en sus necesidades psicológicas y de realización personal. Pero esta secuencia puede no ser tan sencilla: ¿y si la gente que lucha contra el desamparo necesita una identidad positiva antes de salir de la pobreza?

En un estudio clásico, los investigadores de la Universidad de Texas descubrieron que las personas sin hogar encuentran fórmulas para adaptarse a su situación: se distancian de otras personas sin hogar (no son como “ellos”), aceptan su estatus (como “buscavidas”, “trotamundos” o “vagabundo jipi”) o incluso inventan historias fabulosas sobre sus vidas.[8] Un hombre sin techo, antes de irse a dormir al suelo de hormigón de un antiguo almacén, le dijo al entrevistador: “Mañana voy a buscar mi dinero y diré: ‘Que le den a esta mierda’. Voy a tomar un avión a Pittsburgh mañana por la noche. Me daré un baño caliente y cenaré linguine y vino tinto en compañía de una mujer en mi propio restaurante”. Cuando se encontraron otro día, le dijo que no podía disponer de su dinero “por una disputa legal”.[9] Otro se jactaba de su trabajo patrullando la frontera entre Alaska y Siberia (no existe tal frontera) y de trapichear con vodka con los guardias rusos.[10] Las historias no revelaban necesariamente un trastorno mental; eran una forma de salvaguardar una identidad positiva en unas circunstancias degradantes.

Por este motivo las personas sin hogar no tienen un aspecto definido. No siempre van sucios o huelen mal. Hay muchos que pasan por ser gente con hogar, gracias a que duermen en el sofá de un conocido, utilizan los servicios de las gasolineras y consiguen reunir unas monedas para la lavandería. Se pasan el día en las bibliotecas y en las estaciones de tren en lugar de en la calle, y quizá busquen distanciarse de otras personas sin techo. Un estudio con niños sin hogar mostraba que solo se quedaban con la ropa más estilosa de las donaciones y que a veces se negaban a llevar abrigo si este no era lo bastante resultón. Los investigadores incluyeron una conversación en la que una niña, Rosina, les dice a sus amigas Shelley y Linda que odiaba al chico que dormía “a tres camas” de la suya.

Shelley: Chsss, calla, alguien te puede oír y entonces sabrá que no tenemos casa.

Rosina: Me da igual.
Shelley: A mí no.
Linda: Y a mí tampoco. Deberías decir que no te gusta Jamal, que vive a tres casas de la tuya, así la gente pensará que estás hablando de un niño de tu barrio.[11]

Puedes decir que vives tres casas más abajo, pero no puedes dar la dirección de esa casa. Y vivir sin dirección es duro. Quizá puedas usar la dirección de un amigo o de un familiar, aunque muchas personas sin hogar no tienen redes de apoyo. O podrías usar la dirección de un albergue, pero con eso no engañarás a los empleadores. “¿Bulevar Ella T. Grasso? –le preguntaron a una solicitante de empleo en New Haven–. ¿Dónde vives? ¿No es una zona de negocios?”. “Sabía adónde querían llegar –le explicó esta persona a Sarah–. Pero es el único lugar que conozco que es habitable. Y entonces te dan las gracias por tu tiempo”.[12]

La oficina de correos recibirá y conservará el correo que llegue a tu nombre si lo envías a la oficina (se llama poste restante o lista de correos, y es un sistema que se remonta a los primeros tiempos del servicio postal). Ronald Crawford le dijo a un periodista que le encanta la propaganda que recibe, que recoge en una ventanilla específica en la oficina principal de correos de Nueva York. “Tengo algo donde aparece mi nombre y se me reconoce, por eso lo aprecio, la verdad”.[13] Pero el servicio postal no ofrece lo que necesitan de verdad las personas sin hogar: una forma de que no las identifiquen como tales.

La solución de Sarah era prohibir las direcciones. Es decir, prohibir a los empleadores preguntar por la dirección antes de extender una oferta de trabajo. Los empleadores contactan con los candidatos por correo electrónico o por teléfono, ¿para qué necesitaban la dirección? Si se quitaba esa casilla de la solicitud se terminaría con la discriminación, y quizá diese a las personas sin hogar la confianza suficiente para solicitar ese empleo.

Prohibir preguntas en un formulario de solicitud no es una novedad. Dorsey Nunn fue condenado a cadena perpetua en 1969. Cuando lo pusieron en libertad doce años más tarde, montó una organización para expresidiarios. Una de las innovaciones que promovió fue “prohibir la casilla”, la que preguntaba si el candidato había sido condenado por algún crimen. ¿Y si los empleadores hacían la pregunta después de revisar la solicitud? Nunn viajó por todo el país para vender su idea. Cuando Walmart quitó la casilla de su formulario, otras empresas –Target, Bed Bath & Beyond, Starbucks– los imitaron. En trece estados han prohibido esa casilla.[14] Ahora hay más de doscientos millones de estadounidenses que viven en lugares donde preguntar por los antecedentes penales en la solicitud está prohibido por ley. La postura de Sarah para atajar el problema tiene sentido. Si los empleadores no te pueden preguntar por tu dirección, no sabrán si tienes casa o no. Es una respuesta barata y sencilla a un problema costoso y complejo.

Aún mejor que prohibir las direcciones habría sido darle una a cada persona. Y entonces encontré a alguien que había dado con esta solución.

A un océano de distancia de New Haven, en la terraza de un soleado café en Hammersmith, en Londres, Chris Hildrey me contó su genialidad. Rondará los treinta y cinco, aunque parece más joven, lleva el pelo muy corto y tiene cara aniñada. Con dieciocho años sacó la nota más alta del país en su examen A-level de la asignatura de Dibujo. Hoy es un arquitecto de renombre. Cuando lo conocí en 2018 estaba restaurando la entrada principal del Museo de Historia Natural de Londres, a un kilómetro de donde estábamos sentados.

Desde que Chris comenzó su carrera como arquitecto, Londres se ha visto envuelta en una tremenda crisis de vivienda. Los precios de las casas se han disparado (en mi propio distrito, Hackney, han subido casi un 600 por ciento en veinte años) y nadie construye viviendas asequibles.[15] No obstante, y a diferencia de otras ciudades en las que he vivido, la particularidad de Londres es que los ricos y los pobres suelen vivir muy próximos. Hay casas en mi barrio que cuestan un millón y medio de libras junto a bloques de viviendas de protección oficial. La torre Grenfell, una vivienda social de gente trabajadora donde murieron setenta y dos personas en un incendio en 2017, estaba en uno de los distritos más ricos de Londres, Kensington y Chelsea, donde el precio medio de la vivienda en 2019 alcanzaba los 1,77 millones de libras.

Claro, la solución ideal para los sintechos sería darles uno a todos. Utah redujo su tasa de personas sin hogar en un 91 por ciento en una década ofreciéndoles viviendas gratis o muy baratas. En el Reino Unido, las personas sin hogar han aumentado durante los últimos años, algo asociado a los recortes conservadores en gasto social. Entre 2010 y 2018, el número de personas que dormían en la calle aumentó un 165 por ciento.[16]

A medida que la crisis en la vivienda se iba cociendo, el Gobierno comenzó a exigir a los constructores que incluyeran una determinada cantidad de viviendas asequibles en sus edificios. Chris me contó que los constructores diseñan ampulosos recibidores y atrios para sus pisos a precio de mercado y entradas separadas para las viviendas asequibles, las llamadas “puertas de pobres”.[17] En Fitzrovia, unos apartamentos de lujo construidos donde antes había un asilo de pobres tienen su propia entrada y su patio; la entrada de los pisos asequibles da a un callejón. Un constructor solo dejaba que jugaran en el parque infantil los niños de las viviendas a precio de mercado. Otros inversores pagaban una suma de dinero para librarse de la obligación de incluir viviendas asequibles. Los arquitectos no tienen mucho que decir en estas decisiones, por eso la falta de vivienda asequible no es un problema que pueda resolverse con mejoras en el diseño o rascando un poco más de espacio. Lo que pasa es que los constructores quieren construir para la gente rica. “Si la única herramienta que tengo contra el desamparo es construir más viviendas –me dijo Chris–, no es muy efectiva”.

Otras innovaciones podrían hacer la vida más fácil para las personas sin hogar. Hay arquitectos que han sugerido instalar cápsulas en el exterior de los edificios de Nueva York, construir apartamentos con impresoras 3D o crear cápsulas de madera para dormir temporalmente. Pero como le dijo a Chris la trabajadora de un albergue: “No construyas una tienda de campaña mejor”. Decidió que no solo quería hacer la vida más fácil para las personas sin hogar, ni mucho menos más aceptable a ojos de los demás. Como Sarah, comenzó a hacer preguntas y llamó por teléfono a los albergues para hablar con los funcionarios. Y, como Sarah, llegó a la misma conclusión. La falta de una dirección postal impedía que se materializaran las oportunidades de conseguir una casa de verdad.

Chris hizo una lista en el ordenador con todas las cosas que no puedes hacer sin dirección: conseguir un carné de identidad, un pasaporte. No puedes hacerte con una licencia matrimonial sin una dirección, ni tampoco utilizar un apartado de correos, al menos en el Reino Unido. Las agencias de crédito las usan para calcular tu capacidad crediticia. Para informar a los pacientes de sus citas, el Servicio Nacional de Salud te envía cartas. Esto lo sé porque lo he experimentado: he perdido algunas citas médicas de las que no tenía noticia por no prestar atención al correo. Y, aunque técnicamente se puede votar sin una dirección postal, te costará obtener alguna identificación que pruebe tu condición para ejercer ese derecho.

Para recibir ayudas por desempleo –lo que en el Reino Unido se conoce como “subsidio para buscar trabajo”– el solicitante debe ir en persona a una oficina de empleo. Estas también te envían las citas por correo postal. Si pierdes una cita después de que te envíen una carta, te pueden sancionar y perderías los beneficios, según me dijo Chris, entre cuatro semanas y tres años. Le quitaron el subsidio a un hombre que fue a visitar a su madre en el lecho de muerte, a pesar de que avisó a la oficina de empleo de antemano.[18] Sancionaron a otro que sufrió un ataque al corazón durante un chequeo para medir su grado de incapacidad para trabajar.[19] Según un estudio reciente, el 21 por ciento de las personas sin hogar que hacen uso de los servicios sociales han terminado en la calle por culpa de las sanciones.

Chris se dio cuenta rápidamente de que, incluso siendo arquitecto, no podía construir hogares para las personas que no lo tenían. Pero quizá podía darles una dirección. Primero se le ocurrió poner buzones en la parte trasera de las placas de las calles, así los sintechos podrían utilizarlos para recibir el correo (“Fue una idea terrible”, le dijo a Wired. “Me dedico a diseñar, estoy acostumbrado a construir cosas”).[20] Pero en una visita al departamento de correos donde clasifican la correspondencia tuvo una epifanía cuando vio que los trabajadores reenviaban el correo de una dirección antigua a otra nueva. Una dirección postal no tiene que estar conectada con una casa real. Si escribes a Santa Claus a principios de diciembre y se la envías a la Casa de Papá Noel en Reindeerland (la Tierra de los Renos), código postal XM4 5HQ, él te contestará. Por lo visto, Reindeerland está en Belfast (qué decepción). Si Papá Noel tiene una dirección falsa, ¿por qué no pueden tenerla las personas sin hogar?

El servicio de correos le entregó a Chris un listado con todas las direcciones postales del Reino Unido. Comenzó a analizarlo rápidamente y a extraer cifras y estadísticas. Descubrió que en las calles del Reino Unido que llegan al número 14, el 34 por ciento (¡en Birmingham es el 74!) no tienen casas con el número 13 por pura superstición. ¿Y si les daban esos números abyectos a las personas sin hogar? Pero el sistema de reenvío de correos no funciona así. A menos que seas Papá Noel, la dirección tiene que ser real.[21]

Se percató de que me costaba entender la idea del todo bien. Por eso utilizó otra analogía. Antes teníamos teléfonos fijos. Estábamos acostumbrados a llamar a un lugar. Ahora rara vez llamamos a los lugares, llamamos a las personas (me di cuenta de que tenía razón cuando desistí de enseñarle a mi hija de cinco años las anticuadas fórmulas de cortesía al teléfono: “Disculpe, ¿puedo hablar con fulano de tal?”; no me la imaginaba diciéndolo). ¿Por qué iban a ser distintas las direcciones?

Entonces Chris cayó en la cuenta: ¿por qué no dejar que las personas sin hogar utilizaran las direcciones de las casas vacías? Es curioso que en Inglaterra, donde los precios están disparados y hay tanta escasez de viviendas, existan más de doscientas mil casas vacías durante más de seis meses al año y al menos once mil deshabitadas durante más de diez años.[22] En Kensington y Chelsea hay más de mil seiscientas casas desocupadas; sus propietarios son oligarcas ucranianos, empresas offshore, miembros de la realeza extranjera e incluso Michael Bloomberg (tiene una mansión antigua de siete dormitorios valorada en dieciséis millones de libras, por si te pica la curiosidad).[23] En 2019, había unas 216.000 viviendas vacías en Inglaterra por valor de más de 53.000 millones de libras.[24] A veces se debe a circunstancias normales: alguien ha ingresado en una residencia o ha dejado la casa para reformarla. Pero hay muchos inversores que consideran que las casas londinenses son cuentas bancarias de ladrillo.

A Chris le resultó divertido que le preguntara si les importaría a los propietarios. Me contó que la gente siempre le preguntaba “cómo iban a entrar” los sintechos. No lo pillaban: la dirección era solo un marcador de lugar. Lo que posees es la casa, no la dirección. De hecho, se podría hacer también con casas que estuvieran ocupadas, pero eso sería un cambio demasiado radical. La gente quizá no comprendería que no entrañaba ningún riesgo y se quejaría.

Chris me mostró una hoja de cálculo en su portátil y me contó cómo funcionaría el plan. La persona sin hogar recibe una dirección de una casa vacía, luego la introduce en una base de datos online con la dirección a la que quiere que se la reenvíen (a un albergue, a casa de un amigo, etcétera). La oficina de correos después redirige el correo a esa ubicación. Un empleador nunca sabría que la persona sin hogar no vive en la dirección que tiene asignada.

Tanto Sarah como Chris habían identificado un dilema para las personas que pierden su hogar. ¿Lo aceptas o lo niegas? Aceptar el desamparo puede ser positivo. Puedes conseguir el apoyo de otras personas, acceder a las ayudas, encontrar albergue. Pero también puede ser peligroso. Pensar que estás temporalmente sin hogar implica que tendrás uno en el futuro. Aceptar la idea de que vivir sin hogar es un estatus prolongado, no una situación temporal, puede llevar a la desesperación. Me cuentan que es uno de los motivos de que haya personas sin techo que podrían acceder a servicios especializados que no los aceptan; si quieres salir de esa situación, a menudo tienes que fingir que tienes un techo, e incluso creértelo. La ficción de tener un hogar puede ser el primer paso para conseguir uno.[25]

Después de hablar con Chris, cogí el metro para ir a ver el número 1 de Hyde Park en Knightsbridge, uno de los edificios nuevos más decadentes. Había oído hablar mucho de este proyecto, incluía el apartamento más caro jamás vendido en Londres, un ático de 160 millones de libras. Desde el exterior parece un hotel de categoría, pero su interior alberga saunas, una piscina de ozono, un simulador para jugar al golf, una cancha de squash y habitaciones del pánico: todo por el módico precio de 78.000 libras el metro cuadrado. En 2019 había un apartamento en alquiler: cos- taba cuarenta mil libras… a la semana.[26]

La mayoría de los apartamentos se usan como segunda, tercera o cuarta vivienda y están completamente desocupados.[27]  Si pasas junto al edificio de noche, como ha señalado el periodista John Arlidge, lo verás a oscuras. “No solo un poco más oscuro que los edificios colindantes, sino completamente apagado. Solo alguna que otra luz encendida…, parece que no hay nadie en casa”. Me quedé mirando a uno de los guardias de seguridad uniformados con bombín (entrenados, por lo visto, por las Fuerzas Especiales Británicas)[28] y me devolvió la mirada.

En la actualidad, Chris trabaja con el Ayuntamiento de Londres para probar su brillante idea. Si el proyecto se implementa alguna vez a gran escala, alguien que haya perdido su hogar en la ciudad quizá tenga una dirección en el 1 de Hyde Park. Me gustaba lo subversivo de la situación, que un sintecho pudiera tener la dirección de Knightsbridge por la que un billonario había desembolsado tanta pasta. ¿Por qué no dársela a alguien que pudiera usarla? Quizá la casa esté vacía, pero la dirección no tiene por qué estarlo nunca.

 

Este texto corresponde al último capítulo de El callejero. Qué revelan los nombres de las calles sobre identidad, raza, riqueza y poder que, con traducción de María Porras Sánchez, ha publicado Capitán Swing.

Notas:

[1] Lewis, Michael J., City of Refuge: Separatists and Utopian Town Planning, Princeton: Princeton University Press, 2016, pp. 79-80.
[2] Golabek-Goldman, Sarah, ‘Banthe Address: Combating Employment Discrimination Against the Homeless’, Yale Law Journal 1801, n. 6 (2017), p. 126, disponible en: https://www.yalelawjournal.org/note/ban-the-address-combating-employment- discrimination-against-the-homeless.
[3] Gladwell, Malcolm, ‘Million-Dollar Murray’, The New Yorker, 5 de febrero de 2006, disponible en: http://archives.newyorker.com/?i=2006-02-13#folio=100.
[4] Consejo Interdepartamental de Estados Unidos, ‘Homelessness in America: Focus on Families with Children’, septiembre de 2018, disponible en: https://www. usich.gov/resources/uploads/asset_library/Homeslessness_in_America_Families_ with_Children.pdf.
[5] ‘How Much Do You Need to Afford a Modest Apartment in Your State’, Out of Reach, 2019, National Low Income Housing Coalition, disponible en: https://re- ports.nlihc.org/oor.
[6] Snow, David A. y Leon Anderson, ‘Identity Work Among the Homeless: The Verbal Construction and Avowal of Personal Identities’, American Journal of Sociology 92, n. 6 (mayo de 1987), p. 1340.
[7] Harris, Lasana T. y Susan T. Fiske, ‘Dehumanizing the Lowest of the Low: Neuroimaging Responses to Extreme Out-Groups’, Psychological Science 17, n. 10 (octubre de 2006), pp. 847-853, disponible en: DOI:10.1111/j.1467-9280.2006.01793.x.
[8] Snow y Anderson, ‘Identity Work Among the Homeless’, p. 1355.
[9] Ibid., p. 1362.
[10] Ibid., p. 1360.
[11] Roschelle, Anne R. y Peter Kaufman, ‘Fitting In and Fighting Back: Stigma Management Strategies among Homeless Kids’, Symbolic Interaction 27, n. 1 (in- vierno de 2004), pp. 34-35.
[12] Golabek-Goldman, ‘Ban the Address’.
[13] Alfano, Sean, ‘Home Is Where the Mailbox Is’, CBS Evening Newswith Norah O’Donnell, 24 de marzo de 2006, disponible en: https://www.cbsnews.com/news/ home-is-where-the-mailbox-is/.
[14] Avery, Beth, ‘Banthe Box: U.S. Cities, Counties, and States Adopt Fair Hiring Policies’, NELP, 1 de julio de 2019, disponible en: https://www.nelp.org/publication/ ban-the-box-fair-chance-hiring-state-and-local-guide.
[15] Ivey, Prudence, ‘Top Borough: Hackney House Prices See Highest 20-Year Rise in UK, Boosted by Tech Sector and New Homes Building’, Evening Standard, 6 de junio de 2018, disponible en: https://www.homesandproperty.co.uk/property-news/ hackney-house-prices-see-highest-20year-rise-in-uk-boosted-by-tech-sector-and- new-homes-building-a121061.html.
[16] Ministerio de Vivienda, Comunidades y Desarrollo Local, ‘Rough Sleeping Statistics Autumn 2018, England (Revised)’, 25 de febrero de 2019, disponible en: https://assets.publishing.service.gov.uk/government/uploads/system/uploads/atta- chment_data/file/781567/Rough_Sleeping_Statistics_2018_release.pdf.
[17] Wall, Tomy Hilary Osborne, ‘Poor Doors Are Still Creating Wealth Divide in New Housing’, Observer, 25 de noviembre de 2018, disponible en: https://www. theguardian.com/society/2018/nov/25/poor-doors-developers-segregate-rich-from- poor-london-housing-blocks.
[18] Butler, Patrick, ‘Benefit Sanctions: The 10 Trivial Breaches and Administrative Errors’, The Guardian, 24 de marzo de 2015, disponible en: https://www.theguardian. com/society/2015/mar/24/benefit-sanctions-trivial-breaches-and-administrative-errors.
[19] Rampen, Julia, ‘A Kebab with Debbie Abrahams: My Constituent Was Sanctioned for Having a Heart Attack’, New Statesman, 28 de noviembre de 2016, disponible en: https://www.newstatesman.com/politics/staggers/2016/11/kebab-debbie- abrahams-my-constituent-was-sanctioned-having-heart-attack.
[20] Manthorpe, Rowland, ‘The Radical Plan to Give Every Homeless Person an Address’, Wired UK, 14 de marzo de 2018, disponible en: https://www.wired.co.uk/ article/proxy-address-design-museum-homelessness.
[21] Ibid.
[22] Smith, Sophie, ‘Number of Empty Homes in England Rises for the First Time in a Decade’, The Telegraph, 10 de mayo de 2018, disponible en: https://www.tele- graph.co.uk/property/uk/number-empty-homes-england-rises-first-time-decade/.
[23] Walker, Peter y David Pegg, ‘Huge Number of Empty Homes near Grenfell Simply Unacceptable’, Guardian, 2 de agosto de 2017, disponible en: https://www. theguardian.com/uk-news/2017/aug/02/revelations-about-empty-homes-in-grenfell- area-simply-unacceptable.
[24] Batty, David, Niamh McIntyre, David Pegg y Anushka Asthana, ‘Grenfell: Names of Wealthy Empty-Home Owners in Borough Revealed’, The Guardian, 2 de agosto de 2017, disponible en: https://www.theguardian.com/society/2017/aug/01/ names-of-wealthy-empty-home-owners-in-grenfell-borough-revealed.
[25] Para más información, véase Randall E. Osborne, ‘I May Be Homeless But I’m Not Helpless: The Costs and Benefits of Identifying with Homelessness’, Self & Identity 1, n. 1 (2002), pp. 43-52.
[26] Batty, McIntyre, Pegg y Asthana, ‘Grenfell: Names of Wealthy Empty-Home Owners in Borough Revealed’.
[27] Arlidge, John, The Sunday Times, citado en Nicholas Shaxson, ‘A Tale of Two Londons’, Vanity Fair, 13 de marzo de 2013, disponible en: https://www.vanityfair. com/style/society/2013/04/mysterious-residents-one-hyde-park-london
[28] Shaxson, Nicholas, ‘The Shadowy Residents of One Hyde Park—And How the Super-Wealthy Are Hiding Their Money’, Vanity Fair, abril de 2013, disponible en: https://www.vanityfair.com/style/society/2013/04/mysterious-residents-one-hyde- park-london.

Deirdre Mask (Boston, Estados Unidos, 1980) es escritora, abogada y académica. Se licenció en el Harvard College en 2002 con la máxima calificación. Tras un año en la Universidad de Oxford con una beca Harlech, volvió a Harvard para estudiar Derecho. Posteriormente fue editora de la Harvard Law Review, y pasó tres años trabajando como abogada y secretaria judicial federal, antes de completar un máster en Escritura en la Universidad Nacional de Irlanda como becaria Mitchell. El callejero es su primer libro. Cuando vivía en Irlanda, al comprar un sello para enviarle una postal a su padre pensó que le estaba dando a Irlanda todo el dinero, a pesar de que la entrega y gran parte de la tramitación se haría en el extranjero. Se le ocurrió buscar rápidamente cómo recibía su parte Estados Unidos y fue entonces cuando se topó con el sitio web de la Unión Postal Universal. Allí había artículos sobre la cantidad de personas que no tienen una dirección y cómo el hecho de asignar una es una de las formas más baratas de ayudar a salir de la pobreza. Cuando se enteró de que incluso algunas partes de Estados Unidos no tienen dirección postal, pidió prestado el coche de su padre y fue a comprobarlo por sí misma. Sus trabajos han aparecido en medios como The Atlantic, The Guardian, The New York Times, The Economist, Lit Hub, The Harvard Law Review, The New Hibernia Review, The Dublin Review e Irish Pages. Vive con su marido y sus hijas en Londres.

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