El cincel es el lápiz del escultor

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El cincel es el lápiz del escultor. La maceta multiplica la fuerza del brazo, para perfilar y modelar la piedra, resucitando (Buonarruotti dixit) a los seres ocultos que duermen dentro de ella.

 

La culpa de todo la tuvo Miguel Ángel.

 

Impulsado por la tía Isabel al estudio y enfrentamiento directo con el monstruo italiano de la historia del arte, descubrió Faba no sólo las forzudas líneas de sus dibujos, sino también el inextricable encanto de sus esculturas inacabadas.

 

La posibilidad de insertar dibujos en la piedra a base de golpes, resultóle una aventura artística apetecible. Y, ni corto ni perezoso, en su siguiente paseo por el Rastro, adquirió los dos instrumentos básicos del escultor.

 

Ansiaba nervioso su primer encuentro con la piedra, como un joven a punto de perder la virginidad. Y a golpe de maceta pudo llevarse en trozos (en su carrito de la compra) la mismísima lápida bautismal de Quevedo, que yacía partida y tirada en un contenedor a la entrada de la iglesia de San Ginés.

 

Poco más allá de esta hazaña paleolítica llegó Faba con sus nuevas herramientas artísticas. Su segunda tarea fue tan innoble, como la de liberar de cemento los azulejos que había ido rescatando de los ilustres escombros de su barrio.

 

Aunque eso sucedió más tarde, cuando resolvió pintar con cerámica, pero eso ya es otra entrada.

 

Foto: Gabriel Faba