El ‘DiccioMario’ o el regreso de Coll

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Mario Coll se fue a la India, donde residió durante siete años y buscó el autoanálisis, la introspección y la esencia de la vida. Su dedicación es buscar la esencia de las cosas y atender a sus amigos, más allá de su profesión de psicoanalista y de sus clases. No resulta fácil separarse del padre. Este diccionario es continuación y homenaje al de José Luis Coll

Mario Coll se fue a la India. Podía haber elegido cualquier otro camino más corto: la contestación a la fama paterna, los días de vino y rosas de la movida madrileña o el enchufe oportuno para una colocación a la sombra de la farándula. Pero se fue a la India, donde residió durante siete años y buscó el autoanálisis, la introspección y la esencia de la vida. Su dedicación es buscar la esencia de las cosas y atender a sus amigos, más allá de su profesión de psicoanalista y de sus clases de Lengua y Literatura. Y de aquí, de esta combinación de psicología, filología y enseñanza, sazonada con las gotas de talento que lleva en las venas, surge su vocación por la palabra y, como dice Luis María Anson en el prólogo del libro, su “agudeza y capacidad de invención”.

 

Si no resulta fácil separarse del padre, parece empresa imposible separarse de un genio. Y José Luis Coll lo fue. Llegó a Madrid desde su Cuenca natal con sus complejos y su maleta de cartón, “paseando su seriedad de Buster Keaton”, como le retrató Manuel Vicent. Con enorme esfuerzo y angustia, ejerciendo de negro y con muchas noches en blanco, consiguió encauzar una difusa carrera de escritor, pero no despegaba. Hasta que fue tocado por los dioses de la fortuna y su camino se cruzó con el de Luis Sánchez Polack, Tip, la otra mitad de una pareja inolvidable, inimitable, insuperable. Su humor blanco de honda raíz surrealista era la culminación de la escuela de La Codorniz, de las enseñanzas de Tono, Mihura y Gila, así como el mejor –y único– prisma para analizar la deriva del franquismo. Para los que hemos cumplido los cincuenta años es un referente obligado: aquella pareja omnipresente en la televisión que dejaba siempre para la semana próxima hablar del Gobierno.

 

Coll era persistente y ambicioso y siempre se rebeló contra la atonía que le rodeaba y le asfixiaba. Su diccionario, el Diccionario de Coll, fue un éxito sin paliativos, alcanzó la treintena de ediciones y consagró un género que consistía en retorcer e inventar “palabras graciosas y vivas como sabandijas”, según escribió Camilo José Cela en el prólogo. La fama le sirvió para hacer, por fin, lo que siempre quiso hacer, sin concesiones ni convencionalismos, aunque para ello tuviera que dejar muchas cosas en la cuneta y exponerse sin ambages. “Mi padre era un hombre tan modesto que jamás quiso reconocer que era mi padre”, escribió en una ocasión. 

 

De nuevo parece que los tiempos que corren necesitan audaces interpretaciones y Mario Coll nos ofrece su receta, no en vano es el primogénito de la familia y César González Ruano le sacó de la pila del bautismo. “Estamos ante un ejercicio literario que ensancha el idioma y lo engrandece y perfila”, señala el prologuista (SANSON, Luis María: n. Hombre fuerte del periodismo español).

 

Bienvenido sea este oportuno DiccioMario y no queda más que transcribir, con el permiso del autor, algunos términos y reproducir las palabras de Tip en el epílogo al libro de su padre: “Y este hombre que ha sido capaz de inventar cerca de dos mil palabras, merece mi aplauso, mi abrazo, mi tabaco, mi nuera, mi crobio, mi asma, mi opía…”.

 

 

 

(Del DiccioMario)

 

 

ALPINISTA: m. Dícese del que se sube a los pinos.

 

AÑORAC: m. Prenda de abrigo nostálgica.

 

BACILO: m. Microbio macarra.

 

BÍCTIMA: f Persona agredida con un bolígrafo bic.

 

BOLERO: m. Mentiroso que canta.

 

CAIROTA: adj. Jeta, sinvergüenza del Cairo.

 

CHALADO: m. Loco sólo de un lado.

 

CHINGAPUR: n. Ciudad de la península de Malaca en la que se folla mucho.

 

CHORIZONTE: m. Horizonte de chorizos. (Pasado, presente y ¿futuro? de España).

 

CHUPOPTERO adj, Cargo político del PP que chupa del erario público.

 

CIPOTE: m. Mechero con forma de pene.

 

CIUDADANO: m. Catalán de Convergencia i Unió.

 

COLLECIÓN: f. Conjunto de cosas de una misma clase realizada por un Coll. En el caso que nos ocupa esta colección de palabras.

 

CONCEGUIR: v. Lograr ser concejal en Andalucía.

 

CORRELEGIONARIO: adj. Legionario que corre.

 

COSTE INGLÉS (EL) n. Los productos son manufacturados por asiáticos, vendidos a españoles a precios ingleses.

 

¿DESCARTES?: n. Uno, porque es un póker tapado entre filósofos.

 

DIAFANO: adj. Dícese de la persona que roba de día.

 

DISIMULO: m. Asno que quiere pasar desapercibido.

 

ELEFANTIESIS: f. Erección del elefante.

 

ERRATA: f. Roedor que escribe con fallos.

 

ESPECULACIÓN: f. Suposición del homosexual sobre las posibilidades del culo ajeno.

 

FANÁTICO: adj. Dícese del apasionado por su ático.

 

GALNADOR: adj. El señor X, fundador de los GAL, que se salió con la suya.

 

GAZA (FRANJA DE): n. Zona de Palestina que es considerada por los israelíes coto privado de gaza y por ello van a ella con frecuencia de caza.

 

GORRIÓN: m. Pájaro que ríe mucho.

 

HABILÉS: adj. Ciudad asturiana conocida por la habilidad de sus habitantes.

 

HOLA: f. Saludo marítimo.

 

HORTERA Y GASSET J.: n. Filósofo español de mediados del siglo XX cuyo pensamiento era zafio y ordinario.

 

HÚMERO: m. Hueso del brazo mojado.

 

LENTILLAS: f. Mujeres pequeñas y lentas en su desplazamiento.

 

LLAMAZARES: n. Político de Izquierda Unida que para ser comunista no deja de ser paradójico que llame a los zares.

 

LLANTA: m. Llanto de la rueda neumática.

 

LOGRAR: v. Conseguir volverse un ogro.

 

MAMPORRERO: adj. Dícese del que ayuda a copular a los fumadores de canutos.

 

MARHOMA: f. Soga musulmana.

 

MAS ARTUR: n. Presidente de la Generalitat catalana que lógicamente quiere más para Cataluña.

 

MELOCÍA: f. Música usada en los interrogatorios de la CIA.

 

MILITONTO: m. Militante del partido opuesto al propio.

 

MINESTRA: f. Tipo de sopa que gusta a las ministras.

 

MORSON WELLS: n. Director de cine estadounidense, grande como una morsa.

 

MOTA JOSÉ: n. Popular humorista que “Mota de la risa”.

 

MUDARSE: v. Intercambiarse mujeres mudas.

 

NADIR: v. Ir para nada.

 

NERVIÓN: n. Río nervioso.

 

NORIEGO: adj. Noruego que no folla.

 

OLICARCA: m. Que posee la riqueza y además es conservador.

 

OVISPO: m. Prelado de la iglesia católica que no tiene otra cosa que hacer que aguijonear como una avispa.

 

PP: PreocuPante.

 

PALAMENTARIO: m. Parlamentario que no nos vendría mal si se ganara el sueldo con una pala.

 

PAQUITERMO: m. El termo de Paqui.

 

PASOE: adj. Dícese del que pasa del PSOE.

 

PATINAR: v. Estoy yo, con este ciego que llevo.

 

PAZLESTINA: n. Algo imposible –hoy por hoy- desgraciadamente.

 

PELMÁN JOSÉ MARÍA: n. Escritor español muy pesado, es decir, un pelma.

 

PISCILABIS: m. aperitivo para peces.

 

PIZZARRO: n. Conquistador español del Perú gran comedor de pizzas.

 

POTITÓMANO: m. Bebé adicto a los potitos. (Yo tengo uno).

 

PROUSTATA: f. La próstata de Proust.

 

PS E: 

   O

 

PULERDA: f. Clase de ave tonta.

 

QUEBRANTABESOS: m. Ave carroñera que rompe los huesos a besos.

 

RAJOYNABLE: adj. Dícese de la persona sensata y racional dentro del PP.

 

RAPSODA: m. En la Antigüedad poeta dedicado al Rap.

 

REPSOLVER: v. Resolver los problemas de la compañía española de combustibles Repsol –no importa cómo, especialmente en Sudámerica-.

 

RIDÍCULO: adj. Ano patético.

 

RUIN-GALLARDÓN: n. Alcalde de la capital de un país, cuyo nombre no recuerdo, y a la que arruinó.

 

SANSÓN LUIS MARÍA: n. Hombre fuerte del periodismo español.

 

SELDA: Exclamación de una china cuando se ve traicionada por su mejor amiga.

 

SIEXTA: v. (echarse la siexta) Ponerse a dormir después de comer mientras se ve el Canal 6 de Televisión.

 

SINDIACATO: m. Obediente hasta el servilismo de los dictados sindicales.

 

SOR AYA DE SANTA MARÍA: n. Sin pecado concebida.

 

TAPIES: n. Pintor contemporáneo que para algunos pinta con las extremidades inferiores.

 

TRASCENDENTAL: adj. Que se halla más allá de la dentadura.

 

VINCULAR: v. Unirse por el culo.

 

 

 

 

 

 

Carlos García Santa Cecilia es escritor y periodista. Pertenece al equipo de FronteraD casi desde su fundación, donde ha publicado Pero, ¿dónde está el ‘Titanic’?, Ehrenburg, el otro ruso de la guerra civil, Las dos Españas de Virginia Cowles y Destino fatídico.

 

 

La presentación del DiccioMario será el 23 de abril en el Ateneo de Madrid a cargo del psicoanalista Sergio Larriera y del humorista José Mota

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Autor: Carlos García Santa Cecilia

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Carlos G. Santa Cecilia
Carlos García Santa Cecilia (Madrid, 1957) es doctor en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid. Ha trabajado como redactor y ha sido subjefe de la Sección de Cultura de El País (de 1982 a 1990), ha sido redactor jefe del Área de Cultura de Diario 16 y escribió una sección diaria durante un año en El Mundo (1998). Actualmente colabora con Abc Cultural, entre otras publicaciones. Impartió clases de historia del Periodismo durante cinco años en la Universidad San Pablo-CEU. Es autor de una decena de libros y ha comisariado varias exposiciones, entre ellas Joyce en España y Corresponsales extranjeros en la Guerra Civil española. Ha sido director de Comunicación de ‘Madrid, Capital Europea de la Cultura, 1992’ y de la Biblioteca Nacional. En la actualidad es jefe de la Sección de Publicaciones de la Biblioteca Nacional y responsable de libros y ebooks de fronterad.   El mundo de los libros impresos y el de las bibliotecas (entendidas como grandes centros dinámicos depositarios del saber) se diluye ante el empuje de las nuevas tecnologías, como se derrumbaron en la Edad Media los scriptoria de los monasterios con la expansión de la imprenta. Tal vez a uno de esos desnortados monjes se le ocurrió recoger la pulsión de la atmósfera plácida, culta y decadente que había conocido con el ánimo del ángel psicopompo. Y hablar De libros raros, perdidos y olvidados.