El encuentro Biden-AMLO. Las penas ajenas

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Si se revisan los reportes de los expertos y especialistas en la relación entre México y Estados Unidos (o para el caso cualquier relación, flora y fauna incluidas), casi todos mencionan que el encuentro virtual entre los presidentes Biden y López Obrador (AMLO) se dio en un ambiente cordial, de respeto y bla-bla-blá. Como si esto fuera noticia. Como si este tipo de reuniones entre mandatarios, así sea entre un político de altos vuelos y un mercenario de larga data venido a más, fueran a empezar con reclamos y acabar con mentadas de madre.

O los expertos no lo saben, o sus fuentes nunca les han comentado que este tipo de encuentros ocurren, al menos en la parte pública, en estricto apego a un guión previamente negociado y aprobado. A puerta cerrada ya es otra cosa, ni siquiera en esas condiciones las cosas suelen salirse de cauce.

También se ha mencionado el buen humor con el que respondió Biden ante las peroratas de AMLO respecto a Juárez y, peor aún, ante el chistorete invertido respecto a Porfirio Díaz , la lejanía de diocito y la cercanía de Estados Unidos. Dejo aquí el vínculo al fragmento en Youtube. La única que sabía de qué estaba hablando AMLO era la ex embajadora en México Roberta Jacobson y actual coordinadora de la frontera sur en el Consejo de Seguridad Nacional. Mientras AMLO arroja su lenta perorata, incluso detrás de su cubre bocas resulta notorio que Jacobson ya está a la espera de una salida de tono por parte del mandatario mexicano. Pero risas de Biden, hacia el minuto 7, nada. Otro invento de quién sabe quién.

Con anterioridad al encuentro, AMLO, sea por su profundísima rusticidad o bien asesorado por su no menos rústico aspirante a Cardenal de Richelieu, creyó que bastaba con declarar horas antes que pediría, por justicia, que no por su propia impericia y la de su cardenalicio homme forte, un envío de vacunas a Biden. De igual manera, dado que el tema de la migración estaba en la agenda de la reunión, flotó la idea de que no habría mejor momento para exigir un nuevo Programa Bracero.

Me llama la atención, más bien me aburre, que nuestros expertos en la relación México-Estados Unidos, y sobre todo en AMLO, no agoten el tema del presidente que quiere regresar, con su estilo personal de gobernar, a la década de 1970. A lo mejor en política exterior no estaría tan mal. Echeverría creó para Jorge Castañeda Álvarez de la Rosa, la subsecretaría encargada de la planeación política en la Secretaría de Relaciones Exteriores.

No le revelo nada al mundo cuando digo que, actualmente, en esa dependencia no sólo se privilegia, sino incluso se alienta la improvisación como medio para alcanzar objetivos que poco o nada tienen que ver con planeación alguna, ni siquiera en política exterior.

Si fuera el caso, en lugar de delirar con el regreso a los años cuarenta del siglo pasado y proponer un Programa Bracero,  se podría desarrollar una estrategia para trabajadores agrícolas temporales no desde un poco factible acuerdo federal, sino entre las entidades estatales de México y aquellos estados que como Michigan, Washington y otros, no sólo ven con buenos ojos un acuerdo entre estados de ambos países, sino que además cuentan con el respaldo de los empresarios y agricultores locales en tanto tienen serios problemas para reclutar mano de obra y evitar, cada temporada de cosecha, perdidas no menores y rendimientos decrecientes.

Es cierto que las visas H2A son expedidas por el gobierno federal, pero para eso existe en Estados Unidos un proceso político y legal que genera estatutos y reglamentos específicos. No se necesita ser abogado constitucionalista, pero sí poner a trabajar en generar apoyos locales a los 50 consulados en ese país.

Ah no, cómo va a ser. Ni AMLO ni su Cardenal de Richelieu, no se diga sus pequeñitos acólitos, escuchan a nadie, por no mencionar que, me consta, con dificultades pueden escribir un memo sin incurrir en errores básicos de gramática y sintaxis en idioma español. De su inglés ni hablar.

Regresando a las vacunas y el plan bracero de tiempos de la Segunda Guerra Mundial que AMLO buscaba empujar, el par de disparates ni siquiera llegó a la mesa de la reunión bilateral. Horas antes, la vocera de Biden, Jan Psaki, le bajó los humos de un tirón a AMLO: no habrá vacunas para usted, siñor president.

Le dejo al lector comparar las declaraciones conjuntas de las reuniones sostenidas por Biden con Canadá y México. La primera es no un “road map”, esa expresión tan cara a los expertos en todo y nada, sino un paquete de acciones concretas acordadas por los líderes de Estados Unidos y Canadá en ámbitos que van del combate al Covid, el recurso al multilateralismo y las alianzas estratégicas para avanzar en ello; el relanzamiento económico integrado de ambas economías a través de múltiples esquemas, apoyos y actores (emprendedores, pequeños negocios), y en donde el tratado de libre comercio TMEC apenas tiene un papel de mediana importancia como facilitador de las cadenas productivas, por ejemplo en los planes para utilizar en Estados Unidos las materias primas canadienses necesarias para producir la próxima generación de baterías en los autos con cero emisions.

Al contrario, en el caso de la declaración conjunta con México, lo que hay es la diplomática expresión de buenas intenciones por parte de Estados Unidos, que con certeza incomodaron  a AMLO, al proponer integrar, en el tema de migración, a las malqueridas, corruptas y conservadoras organizaciones de la sociedad civil, no se diga de los adversarios del sector privado, más una cortina de humo arrojada por Biden en el tema de apoyo a México en el combate a la pandemia y, por último, lo que debió caer como un plomo en los juanetes del presidente mexicano, la presión nada implícita de revisar los temas alrededor del cambio climático y la expansión de las energías renovables (algo que ya había manifestado de manera menos diplomática el gobierno estadounidense respecto a la contrarreforma energética en curso a través del Departamento de Energía).

A diferencia de Canadá, el verdadero socio norteamericano de Biden, con México hubo cero planes, cero acciones y cero entregables a ser desarrollados por los respectivos gabinetes. Eso sí, buen y pausado rollo por parte del mandatario mexicano que incluyó una desconcertante pero predecible alusión a Benito Juárez (al menos hubiera dicho lo obvio para sacar a los presentes del marasmo: el benemérito y Abraham Lincoln compartieron tiempos difíciles).

Todavía en la conferencia mañanera del día después, AMLO tuvo los arrojos de asegurar que hubo acuerdo en el tema de la cooperación para el desarrollo, así, en plan genérico y sin detallar si se refería a Centroamérica, a la frontera entre México y Estados Unidos, a los poblados y el campo mexicano.

Sé que una persona muy cercana a AMLO pensó en estos términos al inicio del sexenio, incluso en propuestas enmarcadas en los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030 de Naciones Unidas. Este tipo de enfoque, más cercano a la verdadera planeación estratégica de largo plazo, no tardó en chocar con los intereses de aquí a mañana de los todólogos del momento, hasta que dicha persona decidió que ya era momento de marcar un límite.

Todas y todos tenemos nuestro límite, incluidas las instituciones, por destartaladas que estén o sean usadas para beneficio político propio.

Hasta donde sé, en los consulados en Estados Unidos se carece de insumos para trabajar, de libretas de pasaporte de las cuales se utilizan miles cada día. Al mayor centro manufacturero de pasaportes que yo conozco, el consulado en Chicago, se le agotaron dichas libretas el pasado jueves 25 de febrero (sí, ya sé que me pueden desmentir, pero no así a las 500 personas que entran a ese consulado todos los días). Al parecer la rebatinga de insumos entre consulados y las peticiones diarias a México están peor que en tiempos neoliberales. Claro, la austeridad ayuda siempre y cuando sea mi austeridad. Lo mismo ocurre con la incierta situación de los empleados locales. ¿Qué se les va a ocurrir cuando muy probablemente los echen en el mes de agosto y la demanda de servicios crezca por el proceso de regularización migratoria prometido por Biden? En tiempos de derroche neoliberal, ante la expansión del programa DACA por parte de Obama, la contratación de empleados locales no fue un lujo sino que respondió a una necesidad.

Sin embargo, qué le vamos a hacer. Ya no hay corrupción ni impunidad en México, pero sí en  el consulado de México en San Antonio, donde el compadrito que funge al frente de la representación tuvo a bien recibir a sus cuates magistrados para que recibieran en tiempo y forma su vacuna. No se necesita ser adivino para saber que se utilizaron los vehículos del consulado y que se utilizó la dirección de la casa de la que goza el tal cónsul a costa del erario, para registrar a sus amigotes como receptores de la vacuna (como decía Gabriel Zaid, el uso privado de los recursos públicos).

De los arreglos hechos en lo oscurito para colarlos en la fila no tengo nada que decir, no es el tipo de usos y costumbres que yo comparta ni conozca siquiera de lejos. Si las cosas marcharan de manera menos tétrica, este Sancho metido a diplomático tendría que rendir cuentas, como antes las rindieron, en tiempos del neoliberalismo conservador, cónsules borrachos o que se dedicaban a hacer negocitos on the side.

Pero ahora, se sabe, todos lo sabemos, en México las cosas ya no son como antes, ya cambiaron.

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Bruno Piché es ensayista y narrador. Ha sido editor, periodista, diplomático y promotor cultural. Realizó estudios en la Concordia University de Montreal, El Colegio de México, King’s College de Londres, Instituto de Investigaciones Sociales UNAM Es autor de los libros Robinson ante el abismo, Noviembre, El taller de no ficción, Los hechos y La mala costumbre de la esperanza. Es miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte de México desde 2012. Su novela más reciente, 'La mala costumbre de la esperanza', (2018), apareció bajo el sello editorial de Literatura Random House. En 2015 publicó la novela 'Los hechos', acerca de la cual Juan Villoro escribió: “Bruno H. Piché entiende la historia del mundo como una diáspora: datos en fuga que al articularse conectan la vida pública con la esfera privada. Podemos escapar de nosotros mismos pero no de Los hechos, es decir, del flujo incontenible de la historia.”   Vivir en Comala City es un blog sin fronteras temáticas y en la que las sombras y presencias fantasmales remiten al escurridizo entrecruce entre los géneros literarios. En Comala todo es literatura y nada es lo que parece.

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