El enigma de la naranja holandesa

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El olvido forma parte del territorio de la memoria, podría decirse que aquello que no recordamos, jurisdiccionalmente también es nuestro; como si habláramos de aguas navegables, o caminos del cielo. Si aplicáramos esta tesis al pie de la letra, llegaríamos a la conclusión de que las ciudades y los continentes están rodeados de olvido.

 

Ni la más vaga idea tenía Faba, de que su antecesor nominal –Juan Antonio Vizcaíno– hubiera realizado una imagen como ésta, de perfiles tan blandos y sugerentes. Inmediatamente ha deducido –por la triple efigie que contiene– que debía tratarse de un boceto o preparación del collage, Silueta chino holandesa, publicado hace unas semanas en este mismo blog.

 

Debió tratarse más bien de una variación del primero, una vez que estuviera terminado. Construir imágenes es como escribir o cocinar, se resuelve la tarea con lo que se tiene más a mano. La anterior silueta china, combinada con una serie tipográfica, resulta mucho más cerebral que la presente: todo un trapo rojo al aire, con tres perfiles dentro.

 

En la buhardilla de Don Pedro, 7, la mesa y el estudio de Vizcaíno estaban instalados en la cocina. Es muy probable que al ir a comer alguna naranja aquel invierno de 1994, al ir a tirar a la basura el papel que la envolvía, le llamara la atención su color escarlata, y comenzara a aplanarlo con su mano sobre el hule de la mesa, sobre la que aún debían estar esos trozos sobrantes del primer collage.

 

O quizás sucediera justo lo contrario de lo que aquí se cuenta; la memoria es medusa que flota transparente por las aguavivas del alma; y ,a veces, resulta tan fantástica y caprichosa… no es de confianza. Lo que sí podría reconocerse como cierto es que, sin este papel de naranja no habría nacido este collage; ni tampoco habría podido su enigma plantearse.

 

¿Se atreven a descubrirlo?

 

 

¿Naranja holandesa?

Juan Antonio Vizcaíno

Madrid. 1994.

Collage de fotocopias recortadas,

y papel de envolver naranjas.