El girasol es la flor del gitano

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El girasol es la flor del gitano. Los cuervos sobrevuelan las alambradas, pero sus alas negras nos traen siempre malos augurios. O eso nos dejamos pensar.

Entramos en el Reina Sofía porque la cola ante el Prado resultaba infranqueable. Y mi madre no había viso nunca el Guernica. Pero también se encontró con un Dalí que ella había copiado primorosamente (la muchacha en la ventana), y descubrió el poder de Ángeles Santos. Pero este arte no es el suyo. Me lo dijo en más una ocasión, mientras nos cansábamos.

Pero sí supo ver, leer, escuchar (en una sala Ceija cantaba sobre los lienzos y los espectadores. Y desde la habitación contigua parecía que era alguien cantando efectivamente allí, y de hecho nos acercamos para comprobarlo. Y no había nadie). Pero Ceija Stojka murió en 2013. Aunque conoció su primer campo (Auschwitz) a los diez años (después vendrían Ravensbrück y Bergen Belsen) hasta cuarenta años más tarde no se puso manos a la obra de la memoria: dibujando, pintando escribiendo: Esto ha pasado.

Leímos juntos, en silencio, los textos de las paredes. Ojalá ella pudiera leerlos a nuestro lado. Hubiera sido como una forma de gratitud, de reconocimiento:

 

“El Kapo entró con el látigo y me dijo: ‘Te vas a recorrer todos los camastros y donde haya un muerto, ¡lo sacas! ¡A los de arriba los tiras abajo y los arrastras igual hasta la puerta!’. Y yo… yo hacía rodar los muertos hacia abajo, hacia adelante, hasta que ¡zas!, caían al suelo. Se me hacía cuesta arriba cuando se trataba de niños con los que había jugado o hablado. Pero con el tiempo una se acostumbra, y además no queda otra. Si no lo haces, viene el tipo y te parte la cabeza”.

 

Los perros parecen inherentes a las caravanas. Las carretas son las cunas de los gitanos. Los trenes son como caravanas de carretas. Pero para Ceija Stojka los perros forman parte para siempre del espanto nazi, como los trenes.

 

Esto ha pasado.

No queda otra.

Con el tiempo te acostumbras.

 

Pero hubo otra vida. Habrá otra vida. Si sobrevives. Aunque nunca olvidarás.

El girasol es la flor de los gitanos. ¿Y los cuervos? El crisantemo era la flor favorita de su padre. Fue el primero en desaparecer, en Dachau.

Esto ha pasado

y ya lo

estamos olvidando.

Esto ha pasado.

 

“Me gustan la lluvia, el viento y el rayo

cuando las nubes cubren el cielo

y el viento baila con las hojas del árbol

la lluvia da vida a los árboles

y llena los vasos de nuestra tierra.

Pero las nubes pasan

y el sol se ríe en el cielo

la paz se hace de nuevo en los bosques y lagos.

Las flores se desperezan al alba

y luego vuelve a alzarse el cielo

que roza árboles y bosques como hilos de plata

baila en el sol unas veces hacia arriba, otras hacia abajo

el viento lo levanta y lo aniquila.

Pronto volverán la lluvia, el rayo y el trueno

y así habrá de ser por siempre jamás”.

 

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