El mondadientes de los dioses

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El bambú es el cerdo de los vegetales: de él, se aprovecha todo. Se comen sus brotes tiernos, (humanos y osos pandas); se usa como tubería, también en la construcción de muebles, objetos domésticos y abalorios; del bambú se obtienen productos cosméticos y medicinales, y además se usa para construir casas. Muchos pueblos orientales usan el bambú como la estructura -vigas y pilares- que sostiene sus hogares. Ocupa en otros continentes, la función que ha tenido la madera en nuestra arquitectura.

 

Las ocho varas de bambú, de dos metros y medio de alto, (que se compraron en una Cestería de la Cava baja, para la presentación del número oriental de la revista Teatra), vivían reunidas en la Cartuja del Retiro, apartadas del mundanal ruido madrileño.  ¿Por qué no construir con ellas un muro peina vientos, siendo tan sólidas como el caparazón de una tortuga?

 

El barandal de la Huerta del Retiro hace ángulo por su extremo oeste, dejando  completamente al descubierto gran parte de la terraza, ante las ventanas indiscretas de en frente. Amarrando las cañas a los balaustres del esquinazo -pensó Faba- se mantendrían erguidas, creando un muro visual para los mirones, a la vez que permanecerían abiertas para el viento.

 

De esta guisa tan poco digna, hallose el noble haz de bambúes, antes de ser izados a su posición definitiva. Su extrema longitud para un objeto doméstico, acentuó la restringida perspectiva de la Huerta, a la par de recordar a las torres de las pagodas asiáticas.

 

De las cinco cañas que se muestran en esta imagen, una aparece agrietada. Su madera no debió soportar un cambio abrupto de temperatura. Una caña de bambú reventada, podría ser un buen emblema de la humildad. Todo apunta en esta imagen invertida, hacia la sombra de aquella chumbera que se puso de pié, y que algunos conocen por La Pauli.

 

Las cañas de bambú son los mondadientes de los dioses.