El principito (Antoine de Saint-Exupéry) y el movimiento de los planetas

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—Me encanta ver las puestas de sol. Vamos a ver una puesta de sol…

Pero tenemos que esperar…

¿Esperar qué?

Esperar a que el sol se ponga.

Al principio pareciste muy sorprendido; luego, te reíste de ti mismo. Y me dijiste:

¡Me creo siempre en mi casa!

En efecto. Todo el mundo sabe que cuando es mediodía en los Estados Unidos el sol se pone en Francia. Bastaría ir a Francia en un minuto para asistir a la puesta del sol. Desgraciadamente, Francia está demasiado lejos. Pero sobre tu pequeño planeta te bastaba mover tu silla algunos pasos. Y contemplabas el crepúsculo cada vez que lo querías:

—Un día vi ponerse el sol cuarenta y tres veces.

La primera vez que escuché hablar de El principito fue en Verano azul: un niño le preguntaba a su padre qué veía en el dibujo del principio del sombrero y/o la serpiente. El padre, por supuesto, veía un sombrero y esto hizo resoplar a su hijo. Tanto en el el libro como en la serie se transmite la idea de que los adultos son un poco estúpidos por definición. Uno es capaz de reconocer la superioridad de la infancia, pero cree que hay formas más elegantes de expresar esa idea que la de estas dos obras.


Comentario propiamente científico: dejando a un lado la densidad media del planeta capaz de crear un campo gravitatorio para sujetar al principito veo otro pequeño problema de distancias relativas y perspectivas para que un planeta tan pequeño (llamado en el libro asteriode B612) provoque puestas de sol. Pero estas son palabras de un adulto sieso sin fantasía ni imaginación.

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